domingo, 5 de noviembre de 2017

Trail de Montanejos: Hola Anabel!!

Y el viernes 27 Anabel vino y dijo hola. Lo hizo bien. Así, para empezar, tenía ya los dos días de descanso del finde. Por aquel entonces, ya estábamos inscritos para La Vuelta al Charco de Montanejos pero, ahora, además, cabía la posibilidad de recibir una invitación para el bautizo express de la chiquilla para el sábado 4 y, lamentablemente, no poder acudir a la cita.

El lunes miré el buzón y nada. El martes, lo mismo. Así llegamos al jueves donde apareció, por arte de magia, una carta que no era del banco, ni de Hacienda, ni de un un magnate ugandés que me regalaba sus minas de oro y diamantes a cambio de no sé qué...no, la carta sospechosa que vino fue esta...


Todo dulzura, todo amor...pero ni rastro de una citación para el sábado para cualquier cosa. De todos modos, muy orgulloso de ostentar mi liderazgo mundial en la categoría de "tío de sobrinas molonas". Por otra parte, señores, creo que nos toca ir a Montanejos.

Y eso. Tocho va.

¿Truco o trato?, ¿sigue o cierra?. Tan solo adelantar que los acontecimientos que se desarrollarán a continuación no tienen nada que envidiar a cualquier película de terror en la que estés pensando. O actuación de Leticia Sabater, que creo que entran en la misma categoría.

Y el viernes noche aparecimos en Montanejos. Me di cuenta que C no quería que cenara con ellos. Me da igual. Él tampoco me cae bien. Problema resuelto.

Desayuno, vaselina, pomada, coger dorsal, ver a Óscar, felicitar a Óscar, dejar a Óscar que ayude a los verdecitos a que esté todo preparado, coche, vaguear, salir del coche, cargar el ponchino (daban lluvia -ja-), ir a la salida. E ir por propia voluntad, por delante 55 kilómetros, a la salida. Lo normal sería que alguien te cogiera por los pies y te arrastrara allí y tú, intentándolo evitar, dejaras marcas de tus uñitas en todas las esquinas y las paredes...pero no, somos así, vamos a hacer una carrera de 55 queriéndola hacer.

Incluso, cuando te encuentras con tus semejantes, sonríes. Y hasta saludas. Y a algún amiguete de Segorbe que solo hará de los veinte primeros. Un paquete, vamos. Impresionante Julio. 

Y me metí superrápido al corral. Y, entonces, el resto de mis gatos, aparecieron girando la esquina. Es lo que tiene cuando se alojan en el quinto c*ño. En efecto, su balcón daba a la plaza. 

Así que nos dio tiempo para hacernos la foto de salida. 


Si quieres dejar de leer, te adelanto acontecimientos: menos la fuente y la niña, todos llegaron por delante. Sí, hasta el anticenas de C, puahg.

Así que esperamos a que dieran la salida. Por nuestra colocación en la misma, nos hicimos a la idea que lo que ocurrió en 2016, eso de "S, no esperes a C, que tienes ahí a la tercera" no iba a pasar. Solo teníamos las vallas detrás.

Y se dio la salida. A Vicen nos dio para verle como tomaba la primera curva. Y ya. El resto salimos ahí, tranquilamente. M se fue a su marcha. C y S se quedaron disfrutando de ir los últimos y yo, pues haciendo palmas: estos tres kilómetros iniciales tan llanos y corredores es lo que más le mola a mi tendón. Ah, también al gemelo. Se suma a la fiesta. Óscar, mientras tanto, sigue enseñando fotos de Anabel.

Entonces llegó la primera rampa y la carrera se convirtió en una marcha senderista. "Haber corrido más en el llano". Pues eso. Y la primera bajada, se convirtió en una bajada senderista. "Haber subido más rápido". Pues eso. Luego un tramo de pista y primer avituallamiento. Llevamos ya una hora. Cansado no voy mucho. Los entrenes me aseguran que puedo llegar medio decentemente al quince. Y los dolores, pues no van a más. Así que rellenamos el agua y seguimos...

Bajada de senda y, a lo lejos, se oye un grupo de batucada con sus tambores. Vale. Somos nosotros al pasar por un puente de madera. Seguimos bajando hasta que dejamos de hacerlo. Merda. Nos acercamos a "El Chorro". Hoy chorrillo. Apenas nos mojamos. 



Ni que estuviéramos en sequía. Ah, vale, que los informativos solo hablan de Cataluña. Bueno, eso, seguimos. Volvemos a subir. Primero un tramo asfaltado. Una vez corones, ahí, a la izquierda, se desvían los del 15K. Tentador no, lo siguiente. Ea, a la derecha. Lloros. Tierra. Rampón. Presa. Asfalto. Llano. Mi tendón. Más lloros. Llevamos 11 kilómetros. Una quinta parte. No es reconfortante, la verdad. 

Dejamos el asfalto, la pista y cogemos la senda. Iremos rodeando durante un par de kilómetros el Embalse de Arenoso. Un subebaja bastante corrible hasta que, de repente, te alejas un poquito, atraviesas un campo y te encuentras una rampa a la derecha que te hace ver rápidamente que eso...pues no es corrible. Pero es solo una rampa. Después un falso llano y luego ya, sí, la cosa se vuelve a poner seria. En unos dos kilómetros y medio se salvarán casi 300 metros. No es mucho, ya, pero eso, hablamos del kilómetro 16. Fuera, fuerísima de mi zona de confort. 

Pese a todo, subiremos a un ritmo no muy malo. Incluso, en la parte más alta, donde las vistas del embalse son sencillamente espectaculares, nos engancharemos a un grupo para volver a quejarme de lo de la marcha senderista. De los cinco minutos que me tiraré en el avituallamiento no, de eso no diré nada. 


Esa sensación de estar rodeado de montañas y mirar hasta donde la vista alcance y, ahora sí, darte cuenta que tu coche está aparcado detrás de la última cumbre, esa sensación es sencillamente inenarrable.

Tras el avituallamiento, vendrá un tramo de subida bastante trotable donde recuperamos parte del cuarto de hora que nos hemos dejado devorando lo que había por ahí. Tras coronar, entramos en el tramo más insulso de la carrera, cuatro kilómetros de pista ligeramente descendente en los que el tendón, bueno, eso, que está ahí. 

Afortunadamente, se pasa rápido. Volvemos a coger senda...y volvemos a coger tapón. Nos aseguramos llegar a La Monzona decentemente. El avituallamiento aquí es líquido. Y el siguiente está cuatro kilómetros así que...seguimos sin parar. Este tramo es otro continuo subebaja pero con un primer repecho en el que vamos a darnos cuenta de una cosa: no estamos bien.

Pero no de la cabeza, eso ya es irremediable, si no físicamente. Correr es costoso y empiezo a notar las piernas bastante cansadas. Van 27 kilómetros y casi cuatro horas. A Óscar le queda el 34% de batería tan solo. En los tramos llanos me apetece andarlos y los ascendentes, gatearlos. ¿Y si lo dejamos en Puebla de Arenoso con 30 kilómetros dignos y en paz?. Por delante, 25 kilómetros con subidas ahí, allí y a la Maimona.

Mira a  Froome: ¿cuántos años ha ido a la Vuelta y no la ha ganado?...pues yo lo mismo con Montanejos, ya la acabaré algún año y en paz...Es más, que Froome tampoco ha venido a Montanejos, igual tampoco acaba...

Y cuando crees que nada puede ir peor, te das cuenta que te equivocas. Oyes una voz familiar. Oyes a C. Te paras. Miras al cielo. Extiendes los brazos con las palmas hacia arriba: Señor, ¿por qué a mí?.

Me cuenta que S ha sido conservadora (y lista) y que él se ha puesto a correr y tal y cual. Yo le miro atentamente, haciéndole pensar que le escucho pero realmente pienso cómo leches lo ha hecho para no pillar tapones.

Le digo que estoy para todo menos para correr así que...sigue. C se está yendo para delante. Involución completada. Más bajo no puedo caer. Bueno, sí. Puedo tropezarme y caer al embalse, pero me refiero metafóricamente. 

Llegamos a Puebla de Arenoso. Ahí está M esperando. He tenido que ser terrible en una vida anterior, confirmado. No solo eso. Kike Moret hace de speaker y pone el Despacito. No tengo ni idea de cómo torturarán en Guantanamo, pero muy diferente a esto no puede ser.

Por otra parte se confirma que, en los avituallamientos, la Coca Cola es Zero. Que sí, que a mi madre le va muy bien para quitar los chicles de las camisetas pero a mí no me va. En carrera menos. Me parece loable lo de preocuparse por nuestra salud y el tema del azúcar...pero se están ofreciendo chucherías en los mismos avituallamientos. Ni Cocacola ni Aquarius. Esto, junto a la compañía, es la única pega que le encontraré a la carrera. 


Tengo que aguantarles 25 kilómetros y no puedo ni con los huevos. 

Esta frase es de M, de siempre...¿por qué la estoy pronunciando yo?. Es más, 25 kilómetros y los dos primeros hay que salvar otros 300 metros de desnivel. 

Así que, al lío. La subida fue una fiesta, claro. Así que vamos a saltarnos esa media hora. No nos sentamos en ninguna piedra y tampoco vimos a un Megane. Una vez arriba, C, poseído. Se fue. Y yo me quedé con M. O M se quedó conmigo.

Nuestros trotes en los tramos trotables eran cercanos a inexistentes. Tan solo lo hacíamos si la senda era realmente descendente. Era lógico, por tanto, que Ricky viniera desde atrás, viéramos que estaba bien tras su elegante aterrizaje y le diéramos permiso para ir a por C.

Poco a poco llegamos a Los Calpes. Otro poco de agua y a buscar El Morrón. Kilómetro 36. En breve nos ponemos otra vez a subir y, viendo como la gente venía, nos superaba y desaparecía en la lejanía empezamos a hacer cálculos: si C se ha ido en el 33 y quedan 22, si nos saca dos minutos por kilómetro que, a este ritmo es bastante posible porque lo estamos haciendo todo andando...nos saca tres cuartos de hora.

Vamos, como si hubiera puesto urnas. La reacción fue instantánea, aprobamos con carácter de urgencia la "Operación Maquillaje" que consistía no solo en intentar cazar a C, si no, en la medida de lo posible, reducir la distancia a su mínima expresión (es decir, que en vez de 45 minutos, sean 42 ya es un avance)...vamos, que habrá que trotar algo.

De momento, como el tema era serio, lo primero que hicimos fue parar a mear.

Y luego, sí, trotamos. El resto de la subida a El Morrón, por pista, se hizo bastante decentemente (vamos, que no nos pasaron más de diez...más). Avituallamos arriba y nos tiramos para bajo. En esta bajada, hace dos años, un pinchazo en el gemelo me tiró por tierra la carrera. Este año, la venganza fue allí. 

Bajando, fuimos cogiendo gente. Si es que, cuando ponemos en marcha una Operación, le ponemos todo el empeño. Así que, bajando y adelantando, M se quedó ligeramente cortado. Como solo quedaban 12 kilómetros por delante...se me olvidó parar. Yo creo que es Alzheimer y me preocupa, eh.

Y seguimos, seguimos, recuperando posiciones y sensaciones. También vi como Ricky paraba a mear. Fabulosa sensación, sí. Joer. Pues eso, ahí seguíamos y los kilómetros pasaban. Solo quedaba enfrentarnos a la Maimona...poco a poco.

Pero, mientras se seguía en ese tramo rompepiernas, en un giro a la derecha...zas, vacío. Creía que me  quedaría sin fuerzas subiendo la Maimona, pero no 300 metros antes de llegar. Así que, imaginad como fue. Sobretodo ese primer tramo inicial por senda. Y encima se puso a llover. Lo pensaba y lo pienso, me merecía que lloviera y todo lo malo que pudiera pasar en ese preciso momento. 

[interrupción lector]

- "Oye, perdona, que si dices que te mereces que te lloviera...también se mojaría M"

- "Daños colaterales".

[Fin...retomamos crónica]

¿Cómo se puede hacer para pegar dos petadas en 15 kilómetros?...ven, que yo te explico...

Tras ese tramo de senda, le siguió uno de pista. Duro, pero caminable, pero la sensación de ko técnico era irremediable. Y luego, un avituallamiento.  Y vinieron Ricky y M. Y se fueron por delante. Y Ricky se fue. Y M se esperó. Estás que yo le esperaría...Me puso al día de los 312 mensajes del grupo de Whatsapp. Que Vicen había llegado dejando un surco en la senda de la velocidad...pero C todavía no. Si C no llegaba, los tres cuartos de hora no iban a caer porque ya habíamos acabado la subida y nos quedaba el tramo del cambio de nivel (en los carteles marcaba unos 200 metros de barranco...genial la sugerencia de caerse a la derecha) y luego la bajada a meta.

M*erda, a las 15:41 llegaba C. Yo ya no puedo, los tramos ligeramente ascendentes ni se contemplan,  ni con los tramos llanos. Los primeros tres metros de la inercia tras la bajada sí, pero ya. M me dice que ya estamos, que el pueblo está ahí. Ah, vale, entonces así sí. El ritmo es lamentable a la entrada del mismo. La gente no sabe si animarnos u ofrecernos una silla. La silla, malditos :p.

Giro a la derecha, paso de peatones, más bajada, 150 metros, giro a la izquierda, 50 metros. Meta. 8 horas y diez minutos o así. Le he fastidiado a M bajar de ocho horas. Ea, una lástima. Eso le pasa por esperarme.

Qué buenos somos, hemos perdido solo 35' con C. Distancia perfectamente recuperable en la próxima  volta a peu que hagamos.


De hecho, esta imagen, de la salida, demuestra que ya firmábamos entonces el perder esa minucia de tiempo.

También puedes darte cuenta, que en estos piques nunca metemos a Vicen o al chico este de Segorbe que vuelan bajo.

Estoy tan cansado que voy a poner frases sueltas y au.

Y también voy a poner el perfil, para que veáis que fue de verdad:


Y había bocadillo en meta. Y bebidas carbonatadas con azúcar. Y un portal muy majo en la plaza para degustarlo todo. 

Y ver venir a C con sus chanclas de Sablemón con calcetines. Correrá mucho y pasará de mí en las cenas, pero bueno, se le disculpa si tiene ese gusto para combinar prendas. 

La carrera está muy bien marcada, precio normal, el trato al corredor es exquisito (porque se nota cuando los que están detrás son corredores), voluntarios en los avituallamientos muy dispuestos a ayudar, las vistas son espectaculares. ¿Que le ponga un pero? Si acaso la falta de Aquarius o CocaCola pero vamos es como si te viene la Johansson y la pega que le encuentras es que el flequillo no lo tiene bien cortado.

¿Y lo de los kilómetros llanos? Yo ya voy sabiendo que hay 2400 metros en 55 kilómetros...que es bastante corredora.

Agradecer a M que se haya quedado y a C que se haya ido. Toma ya. (seis bailarinas flamencas)


martes, 12 de septiembre de 2017

Desafío Urbión: el de la Laguna Negra!!

Inicio de la crónica:

Viernes: trabajo. Sábado: ir a Covaleda, ver la Vuelta, ver el briefing, cenar. Domingo: correr Desafío Urbión y volver a Valencia. Lunes: despedido por dormirme/cojear/soñar con hayas...o todo junto.

Fin de la crónica.

Ya te has quedado con lo importante pero, si te parece, desarrollamos un poquito más los puntos excepto el del viernes y el del lunes, si podemos elegir. 

El sábado, en Valencia, soplaba un interesante poniente. Un día genial para no hacer nada. Entonces, recibí un mensaje que me alarmó del hijo de la Tomasa.



Me faltó tiempo. Camino de Soria, el termómetro marcaba once grados y llovía como si hubieran plantado tres fallas de especial juntas. Coche limpio. Cristal limpio. Así que se podía ver la indicación de la N-234 (Burgos) perfectamente. Lógico, por tanto, que apareciéramos en la A-15 dirección Madrid. Gajes del oficio.

En Duruelos de la Sierra (centro de operaciones) nos instalamos a las cuatro. Cielo nuboso. Aire. Rasca. Obviamente, la ropa de invierno portada se concentraba en una chaquetilla birriosa. Volveré constipado.

¿Y qué vamos a hacer allí? Lo primero y básico: no hacer el ridículo. Complicado. Lo segundo: participar en el Desafío Urbión. Un nombre molón para una carrera de esa misma característica. 36 kilómetros y unos 2500 positivos. Punto a favor con respecto al año pasado: este año estoy. Punto en contra: a la entesitis/tendinitis le gusta más el monte que a mí y creo que quiere dar guerra.

Tras ver a Froome ganar de una p*ta vez la Vuelta, nos dirigimos a Covaleda a ver a Ernesto y a Vicen. Y luego al briefing. Importante la información dada pero me temo que a las aportaciones de Manuel Merillas no las hizo pensando en mí: habla que en la segunda subida ya habrá que ponerse a andar. Vamos que da por hecho que la primera, la de los siete kilómetros, se hará corriendo. Justo lo que pensaba...

Y de ahí nos fuimos a cenar. Y, por decoro, no diré nada acerca de Vicen y es que el que se fuera a Soria a pedir sepia...bueno, eso, que no digo nada. Ale, rapidito. Vamos a dormir.

Y a las siete sonó el despertador. Y a las 8.00 estábamos prestos y dispuestos para no salir. Leches, qué frío. A las 8:15, tras una serie de refunfuños estábamos prestos y dispuestos para no salir pero ahí, bastante monos frente al arco de meta. Nuestro objetivo, esta vez en serio, es llegar antes que lo desmonten.



Y a las 8:30, Merillas dio la salida. Y para que no se avergonzara de nosotros, el rato que nos podía ver, lo hicimos corriendo. Ahí es nada. Como la élite. El hecho que los 300 primeros metros fueran descendentes es irrelevante.

Lo fuerte es que, una vez ya puestos en la subida, que nos llevaría un rato -es lo que tienen 700 metros de desnivel, así, de inicio-, en algún rato trotaríamos. De todos modos, esa osadía merillera se traduce pronto en que me canso. Vamos, que troto, me canso, ando y me pasan los dos, recobro energía -o sea, que baja la pendiente-, troto, me canso, ando y me pasan los dos, hasta que a la tercera...desaparece el troto y solo queda el ando, ando, ando más lento...vamos, resumiendo, que en vez de contemplar el bosque de pinos tan fastuoso que estamos recorriendo, mi visión básica se limitará a esto.


Así que eso, a ver como duermes ahora. Lo siento. Debí avisar.

Tras un breve contacto con la civilización -cruzamos una carretera-, la senda seguía subiendo...así hasta el kilómetro seis. Ahí, la pareja se paró porque a Ernesto se le había enganchado algo...vamos, cosas de torpes. Y Vicen le ayudaba.

Mientras mis compañeros de batalla, mis amigüitos, mis compinches de aventura, mis iguales (aquí parece que os quiera vender un cupón) lidiaban con esa incontinencia, yo hice lo que se suele hacer en estos casos...echar a correr. 

Conseguimos coronar. Va poco más de una hora. Nos encontramos el primer avituallamiento, pero pasamos de largo. Hay que aprovechar que el tendón apenas molesta y que Pili&Mili van por detrás. A ver cuánto dura esto...De momento, aprovechamos la bajadita y el hecho que no haya dolor.

Por lo menos, hasta la Laguna del Hornillo. Así, si me dicen algo ya les podemos contestar, "ya, pero hasta la Laguna del Hornillo no hubo huevos". Algo es algo. Por cierto, bastante apañadita.


Tras esta primera laguna, toca subir al Mojón Alto. La falta de vegetación a estas alturas (coronaremos cerca de 2000 metros), permite que, en una visión rápida, se vea por donde hay que subir. También se ve, cerca de coronar (o, lo que es lo mismo, donde dejan de verse puntos de colores fluorescentes), un caballo. Eso es bueno. Se puede subir a cuatro patas.

Coronado el Mojón Alto, un descenso ligeramente empinado nos conduce a la Laguna Helada. El hecho que allí sople el viento como ...[pon aquí la exageración más bestia que se te ocurra, que seguro que se queda corta]...pues eso, hace que rapidito estemos en el avituallamiento.

Por cierto, el trabajo de los voluntarios es de quince sobre díez, pero el de la chica de la foto es para hacerle una reverencia. Los que pasamos por ahí sabemos que calor, calor...no pasó.


Así que, en el reparto de notas, un quince para todos y un diecisiete para ella.

Este avituallamiento lo disfrutamos un poco más. Pero nos damos cuenta de una cosa...y es que no hay isotónico/Coca Cola. Bueno, mejor dicho, no lo veo. Yo esperaba ahí mis botellitas y no estaban. Así que llenamos todo con agua, comemos algo y nos tiramos para abajo, pero antes posaremos con el palo para selfies tan guapo que me encontré allí.


Las condiciones climatológicas...pues un poco cambiantes. Un frío del carajo a primera hora (hasta cuatro grajos vimos andando), durante la primera subida momentos de calor (manguitos fuera), frío (manguitos dentro), un poco de chispeo, luego un poco de niebla...pero íbamos avisados: en la charla comentaron que, en el Urbión, el sábado, nevó.

Toma ya. Por cierto estamos sobre las dos horas y seguimos bajando hacia la joya de la carrera. A mano izquierda, aparece, por fin, la Laguna Negra. Nada, no hay calificativo que describa lo que ven nuestros ojos (aparte de las piedras de la senda, de cajón). Fascinante es poco. Asombroso, también. Una p*ta pasada, igual queda algo poligonero...pero vamos, es algo que no hay que dejar de ver.


Si os fijáis, detrás del tipazo del muchacho de la foto -bueno, de lo poco que deja ver el comeflanesdelasp*lotas-, se ve de lo que hablo...a que es impresionante!!!.

Y seguimos bajando. Y sigue un tramo bastante técnico que nos llevará a rodar unos metros junto a la misma Laguna. Esa porción de agua tan impresionante, ahora estamos rodando junto a ella...¿sabes lo que eso significa?. Sí, ¿verdad?...en efecto, toca subir. 

Vamos por los doce kilómetros y pico y empezamos a ascender el Zurraquín. Aquí ya empieza a pesar la alegría con la que estamos intentando no esperar a Vicen y Ernesto, vamos, que estoy cansado. La pendiente, además, no ayuda, la verdad. Este ascenso se puede dividir en dos partes, un primer kilómetro en el que subirás unos 240 positivos, terminados con un tramo rectilíneo en los que ponen una cuerda para terminar de desmoralizar. Por cierto, 18' de kilómetro, je. Y una segunda parte de unos setecientos metros en los que apenas subes otros cien positivos que el Merillas se los hará a 4'20'' pero yo...oye, no.

Eso sí, el Zurraquín se conquista y aquí los voluntarios nos hablan de las bondades del cortavientos o lo que sea que abrigue porque el aire vuelve a soplar con fuerza. Así que con él iremos un tramo. Bajaremos -casi nada, inapreciable- y empezaremos a subir nuevamente. Aquí las cosas no van bien por dos motivos: a la altura de la Laguna Larga noto que no puedo trotar -y es un tramo que invita a algo más que andar- y noto el estómago cerrado. Caquita. Llevamos tres horitas y la niebla baja.

Y ahí, se ve el Pico Urbión. ¡Qué va!, no se ve nada. La niebla se torna más espesa por momentos pero se puede ver a unos metros. Mira (risas) el lado bueno: no se ve lo que queda. Pasas por debajo de una roca, rodeas esa piedra, sigues esa marca, evitas un pedrolo y, magia, aparece un avituallamiento. Eso quiere decir que has coronado el pico más emblemático de la carrera y las vistas son...ya les vale!! Esto lo hacen para que volvamos, no hay duda :)

Para llevar 18 kilómetros y tres horas y media, la cara no es de esforzarse mucho vaguete.


Por cierto, tras una sucesión de kilómetros de 11', 18', 12', 11', 13'...ya me voy haciendo a la idea que una media por debajo de los 10 el kilómetro, como que tampoco. Ea, depresión al canto.

Mientras enjuago las lágrimas por saber que mi tiempo va a ser el que me merezco y no el que soñaba (igual entrenar más podría ayudar a conseguirlo, quién sabe) en el sucedáneo de isotónico que ofrecen en los avituallamientos al que, por cierto, le encuentro un ligero sabor a mazapán (atención, empresas de alimentación, tomen nota de este hueco de mercado), comienza la bajada. Aquí nos desharemos de la niebla -bien!!- y del cortavientos -bien!!-. Es más, sale el sol. 

Y cuando sale el sol, te empiezas a notar cómodo en la bajada y empiezas a pasar corredores con cierta plasticidad pasa lo que pasa siempre, que te desvían a la derecha y esa zancada elegante, marcando los ritmos de pisada, con las pulsaciones adecuadas bueno, eso, que todo eso se va a freír gárgaras. Que te aparecen los recuerdos del "mono de Nogueruelas" y la liamos.

[El "mono de Nogueruelas" es un ser mitológico que, en el Trail de Nogueruelas, les ayuda a marcar el recorrido. Es una carrera, cuyas ascensiones se caracterizan por una fuerte pendiente y por no tener una senda clara y, por tanto, a la hora de marcar el recorrido, van a la parte más baja del ascenso, cogen a un mono y le dan veinte cintas de marcaje (la especie da igual, con que no se coma las cintas es suficiente) y le sueltan.

Para conseguir su premio -generalmente un plátano en la cima- el mono ha de dejar las cintas de tal forma que no se las lleve el viento: las ata a un árbol, las pisa con piedras, las clava con un piolet en un tramo de pared lisa...lo que él considere.

Días después, el sábado de esa semana, los corredores del Trail han de coronar las montañas siguiendo esas cintas colocadas a modos de orientación]

Y esto a qué viene, pues a que a la altura del kilómetro 20 -más o menos coincidiendo en el tiempo con la llegada a meta del primero (ahí es nada!!)- nos encontraremos una pared de no más de 300 metros para salvar un centenar de metros positivos. Ojito a las zetas, pues, que nos marcamos en esta parte. 

Sé que subíamos por ahí...¿al final quién nos esperaba?. Esto lo dejo a tu opinión...


Tras subir esa pared y saber que ya no ganamos aunque lo queramos mucho mucho mucho, seguimos con un par de kilómetros de bajada para encontrarnos el cuarto avituallamiento y, a continuación, una nueva subida. Esta es bastante tendida. Así que estos dos kilómetros caen en poco más de 25 minutos. Estamos a punto de entrar en la fase de restar kilómetros. Nos acercamos al kilómetro 24 y sus cuatro kilómetros principalmente descendentes, ya que siempre hay algún repecho que se escapa. 

Pero en vez de cuatro son cinco y el avituallamiento lo tenemos en el 29. Más agua de mazapán, más plátano y un poco de sinceridad. Queda El Hayedo. ¿Es tan duro?. Le pregunto a una chica del control -que sí, que también le podía haber preguntado a ese hombre de anchas espaldas y barba espesa perooooo...es que ella estaba más cerca-. "Es largo pero duro", dice.

"Vale, levántate de esa silla, que me quedo."

De pequeño fue el coco, luego el hombre del saco, después los programas del corazón, luego vino Messi para los madridistas...siempre ha habido alguien que te generaba terror. En esta ocasión, ese ente tenía una forma distinta: era un frondoso bosque de hayas (o haigas -que me lo veo venir con las sucesivas evoluciones del diccionario-). Señores, tengo el honor de presentarles a...[música de El Canto De El Loco...o sea, terrorífica]: El Hayedo.

Así, a ojo, 1,8 kilómetros con 326 positivos. Afortunadamente, son bastante constantes. Tan solo habrá tres tramos especialmente duros. En uno de ellos, además, hay una cuerda que juraría que tenía forma de soga...cosas de la mente. Y arriba hay un avituallamiento.

Pero como tenemos bebida y quedan cinco kilómetros principalmente de bajada, pasamos de largo. Y bajamos. Y bajamos. Y pasan a quedar cuatro y tres. Y hay más y más voluntarios. Somos 222 inscritos y tengo dudas que el ratio sea inferior a 1. Y cada uno de ellos te anima. Y te hacen poner buena cara donde te pondrías a andar gustosamente. Y de tres a dos. Y luego uno. Y luego medio. ¿Y te acuerdas de ese tramo asfaltado del principio?. ¿Ese que bajaste como si no hubiera mañana?...pues ahora súbelo, listo :)

Y lo subimos. Chocamos alguna mano a niños que hay por ahí..."mamá, el de la cara desencajada que parece que le va a dar un patatús me ha chocado la mano"...y nos acercamos a meta. A ese arco tan original al que precede un pasillo humano que te aplaude. Y, claro, no podemos menos que devolverles el aplauso. Y, por fin, nos olvidamos de relojes y de tiempos.

Toca, por fin, tomarse una CocaCola y arrearse unos torreznos. Ole. Al poco viene Vicen. Vale, no paré en el último avituallamiento porque intuía que venía disparado. Y así venía. En el Urbión el mozo no pilló niebla. Ja. Le pilla un radar y le cruje. Inconsciente, ay. Un par de Mundiales de Fútbol después, entró Ernesto. 

Ah, el perfil...visto así, tampoco es para tanto:



Pues el resumen es que solo éramos de la partida 222 corredores (el tope son 350). El precio era normal, la bolsa del corredor más que aceptable, el recorrido es lo más espectacular que he visto en una carrera de montaña: la Laguna Negra es una maravilla natural que merece ser visitada; pero tanto ella como su entorno: inmensos bosques de pino o hayas que hacen que el recuerdo en la retina perdure bastante tiempo.

Pero lo mejor, como tantas y tantas veces, son los voluntarios: son muchísimos, repartidos por todo el recorrido. Pasando frío y penurias en el Zurraquín, en la Laguna Helada (que si le cambian el nombre a la Laguna y La Voluntaria Helada como homenaje tampoco pasaría nada), en la niebla de Urbión...y encima, sacándote una sonrisa, unas palabras de ánimo...cosas que se agradecen mucho. Y es algo que pienso mucho: Nosotros, sin vosotros, no somos nada.

Y como el tendón me ha dejado correr -no me lo esperaba lo más mínimo vistos los antecedentes-, yo cumpliré mi parte del pacto y toca tomarse unas semanas de descanso. Haremos bici y seguiremos comiendo flanes. Ea, es sacrificada esta vida, qué se le va a hacer...

lunes, 14 de agosto de 2017

Trail Moixeró: Yo hice esto y luego me cansé

Vas a una carrera, coges la bolsa, te pruebas la camiseta, subes la foto a veintisiete redes sociales diferentes y ya. Y no hay problemas. Todo se queda ahí. En cambio, si hurgas en la bolsa aparecen los marrones. Así aterrizamos en Bagà para conocer su Moixeró Trail.

La bolsa era la de Berga y en ella aparecía un pequeño anuncio. Hablaba de dos distancias y una fecha: 13 de agosto. Como destacamos por el sentido común y el conocimiento, ahí que nos apuntamos. A la corta no, a ésa no, no vaya a ser que acabemos con ganas. Total, son 2500 positivos -como el Tour 98, más o menos- y la enteritis/tendinitis no nos deja correr con asiduidad. ¿Qué puede salir mal?

Pues nada, generalmente nunca sale nada mal. Porque el hecho de despertarse un domingo a eso de las seis es muy recomendable y lo cuentas por ahí y todo el mundo te envidia. Aunque, en la realidad,  finjan y el diálogo más estandarizado suela ser éste de

- ¡Qué bien!, son las seis de la mañana. Me voy a una carrera.

- Tú eres tonto.

Dos notas: a) es ficticio y b) a que te has quedado flipando viendo que la exclamación inicial, la del puntito arriba, existe 

En fin, eso, que son las 7.00 y estamos en Bagà. Tenemos el dorsal y sabemos que va a haber una zona al pie de la C16 en la que saldrá un bonito rosal. ¿Qué tal si nos cambiamos y nos vamos a la salida?. Hecho.

Baga. 7:45. Salida. Somos cerca de 300. Con lo cual, el objetivo ambicioso de seguir siendo top100 va a estar complicado. Adiós contrato con Salomon, adiós. La confirmación llegará en cuanto den la salida. Por delante, 39 kilómetros y 2500 positivos. Salen como tiros. En vez de ser Bagà, llega a ser el 1500 de Londres y llegan treinta, lo menos, por delante del Menchaal éste.

Y el problema no es ese, si no que la primera rampa de asfalto al salir del pueblo la medio salvamos pero la siguiente, la del puente de la C16 la tenemos que subir andando.Y llevamos un kilómetro. Y se ve por donde va la carrera. Llevamos ocho minutos y algunos están ya allí. Lo que te diga, se funden a los keniatas.

Llegamos a la tierra. Algo así dijo el Neil Armstrong hace la tira de años. Trotamos. Empezamos a recuperar alguna posición. Sí, una solo. La pista se torna senda y para arriba. Ligera mirada atrás. Vale, somos de los cuarenta últimos. El consuelo es que, en la senda, se hace tapón y podríamos decir que vamos en el grupo de los ochenta últimos. Por cierto, la senda se endurece por momentos pero, en algún momento, nos permite trotar. Porque, aunque sean 7 metros, a eso lo llamaremos trotar.

La senda dejará paso a una pista en la que se puede alternar el correr con el andar y, ahora sí, empezamos a recuperar alguna que otra posición. Pasamos por un avituallamiento improvisado y volvemos a coger otra senda. Ésta es la que más me gustó de la carrera, con su pendiente interesante, sus zonas completamente cubiertas por vegetación y en las que, sobretodo, se podía seguir cogiendo gente y eso, quieras que no, motiva. Al adelantado, el que piensa "joer, me ha pasado éste", no, pero bueno, es lo que hay.

Atravesamos la carretera del Coll de Pal y seguimos con la senda. Por cierto, van 7 kilómetros, andamos sobre la 1h20', los 1000 positivos y llega, por fin, una bajada. Y no solo eso, si no que además, acaba en el avituallamiento del Refugio de Rebost. Vamos, un combo. Comemos y bebemos como si fuera una boda. La alegría durará poco. Salimos hacia arriba. Bastante hacia arriba. La senda se convierte en prado y parece buen momento para ver qué leches pasa a la cámara. Que, sin testimonio gráfico, le cuento a mi madre que me he ido a correr y, claro, no me cree. Problemas existenciales del corredor de montaña, como bien comprenderás.



Y, en efecto, parece que ya va.

El prado se convertirá en pista, el agua en vino y la subida en bajada. Estamos ya en el kilómetro 10 y cerca de las dos horas. Cruzamos nuevamente la carretera de Pal y la seguiremos por un camino al lado. A tramos trotable, a tramos andable. Es decir, cuando te ahogas y te quieres morir, entonces andas. Jugando con el altímetro, el avituallamiento andará sobre los dos mil metros y con más de la mitad del desnivel de la carrera hecho. Y más o menos eso pasa en el 13. Damos buena cuenta del avituallamiento. En plan solidario, no dejamos nada para los que vienen por detrás. Ea. Así que, hechos una bola, continuamos con la subida.

A 1500 metros, las sendas suelen ser entre pinos. A partir de los 2000 los árboles desaparecen y, si levantas la mirada, se ven hormigas fosforitas que marcan el camino a seguir. Pues allá vamos. Este primer tramo tras el avituallamiento es el más duro tanto por la pendiente como mentalmente. Más que nada porque estás ahí abajo y has de subir ahí arriba. Que pasen los minutos y pases a ser una hormiga más. Objetivo humilde. 

Si en algún momento te preguntas porque me está saliendo una crónica tan brillante, mira esto:



Pues eso, volvamos al tema que nos ocupa.

El desnivel, afortunadamente, se reduce. Más que nada porque se acaba la montaña. La senda no. Así que enfilamos un pequeño tramo de bajada y nos enfrentamos a la siguiente subida. Aquí, la inercia (en la que ha de influir mucho la masa) hace que algún tramo se haga corriendo. Que coincida con el tramo donde se oían voces femeninas animando es eso, mera casualidad. Lo que sí es cierto es que, a partir de aquí, los tramos ascendentes se pueden hacer andando (opción recomendable) o trotando algunos tramos (esto solo a) si eres muy bueno o b) tienes un blog y quieres contarlo). 

Pues ya ves, el que no corre a nivel del mar lo está haciendo a 2300 metros. Lo normal.

Y así trotando, andando, trotando y...joer, qué rampón previo al avituallamiento, o sea, andando, andando, andando...nos plantamos en el avituallamiento/oasis de Niu d'Aliga, a 2500 metros, con algo más de dieciséis kilómetros y 3h10' de carrera. Lo de avituallamiento está claro. Lo de oasis va porque, tras bajar unos escalones, ahí estaba la gente tomando el sol en hamacas. Eso fue muy sufrido. Así que posamos.


Y, a continuación, vino un tramo de bajada. El comienzo era muy técnico. Vamos, que casi deseábamos seguir subiendo. Después, la bajada ganaba en corribilidad y ahí aprovechamos un rato. Además, estamos cerca del kilómetro 17 y hasta ahí, Alfonso me dijo que fuera controlando. También me podía haber dicho que en menudo sitio me metía, pero se le olvidó.

A la bajada, le siguió un repecho, luego más senda y luego apareció la subida al Moixeró. Tramo de pasos cortos y coger la mínima inclinación posible para castigar las piernas lo menos posible. Como ese tramo fue especialmente duro, coincidió con que nos acercábamos al 22 e íbamos por las cuatro horas, fue un buen momento para sacar la cámara por última vez e inmortalizar el paisaje. Oh.



Y después de eso nos pusimos a bajar como un Granada de la vida. Algún tramo complicado. Lo de las cuerdas tampoco me lo avisó Alfonso, muy majo, sí sí. Pero vamos, muy corrible todo...si tienes piernas. Y, de momento, tenemos. Al kilómetro 24, le siguió el 25, el 26...obvio. Y tras el avituallamiento, la pendiente descendiente decreció. ¿Eso qué quería decir? pues, sencillamente, que había que correr.

O trotar o lo que fuera. Y así empezamos. Ya no es que los kilómetros pasaran lentos. Es que los hectómetros iban lentos. Llevar un rato y ver que, desde la última vez que miraste, habías trotado 180 metros. O 200. Y te quedan doce kilómetros. Once...

...Y atravesar un río. Lo atravesaremos una, dos, tres, cuatro...dieciocho, diecinueve...ochentaycuatro, ochentaycinco ...bueno, lo atravesamos un montón de veces. Por curioso que parezca, no me mojé los pies en el primer cruce, que es lo normal. Fue en el último. Cagonlaleche. Me quedo en este tramo con dos detalles: el primero es que un niño me dijo que descansara (si me quedo quieto no me muevo le contesté) y el segundo es que, cruzando el río con los brazos extendidos sobre las piedras, otro niño me chocara la mano. Yo creo que con eso me convalidan segundo de equilibrismo.

Al río le siguió un falso llano descendente. ¿Que qué es eso? Pues que había que correr. Y quedaban ocho kilómetros, siete, seis...cuando marcaba 32 el gps, avituallamiento. Marcaba punto kilométrico 33,5. Les pregunté si realmente quedaban esos 5,5 en vez de 6,5. Dijeron que sí. Bien. Un kilómetro menos. Seguimos.

Spoiler: una m**rda lo de un kilómetro menos.

Intentamos amoldarnos a un ritmo de 7'/km más o menos. Queda media hora, queda media hora. Recuerda la última vez que corriste media hora. Se pagaba en pesetas. Vale, no es buena idea. Y ahí apareció.

Inapreciable, imperceptible al ojo humano. Pero si te fijabas, en el dorsal, había una mínima elevación en el kilómetro 35. Quedan siete horas, quedan siete horas. De ir en paralelo al río, pasamos a no verlo. Esto tampoco me lo dijo Alfonso. Bueno, toda la culpa es suya. No va a ser mía, hombre, que soy yo el que no entrena.

Una vez pasamos ese K2 con sendas, cogimos un puente colgante y de ahí pasamos a una especie de vía verde, la "Via del Nicolau" y la asociación la realizamos porque había un vagón en mitad del camino. Tanto CSI tiene que servir en esta vida, está claro. Marcaba 36. 

Por fin se empieza a ver Bagà. Ahí, a tu izquierda. Así que lo normal es que el camino vaya hacia la derecha. Es mi sino. Pero un rato solo. Luego un túnel. Después más recto. Bagà a la izquierda. Y llegamos al desvío. Y bajamos escalones. Y nos encontramos de bruces con la rampa que sube a la iglesia. Y de la iglesia a meta hay 50 metros y esos sí, se corren. Pero porque luego me siento. Básicamente. 6 horas y 23 minutos para volver al mismo sitio. Mis tendones llegaron bien entrado el lunes.

Lo único que echo a faltar es el recuerdo de meta, el de "hice esto": una medalla, un pin, una piedra que ponga Moixeró 2017, algo. Y es que una tralla como esto, igual se lo merece:

Visto el perfil y como soy un poco bruto, plantar otra subida en la parte final y queda un carrerón de la leche. Que igual luego no se apunta ni dios, está claro, pero te plantas en 3000 positivos y sin la parte corredora del final. Ufffff :). Mis tendones se han puesto a hacer palmas con solo oírlo.

Otra perspectiva del perfil:



En cuanto a un análisis más detallado y serio, poco más que decir de la carrera: que tiene unas cuantas subidas, que el paisaje es una pasada, que el tramo que va de Pal hasta el Moixeró es sencillamente espectacular, que está muy bien marcada y que los voluntarios siguen haciendo grandes a pruebas así.

En fin, que si te gusta la montaña, hay que hacerla.



domingo, 2 de julio de 2017

Bronchales: agua!!

Y cualquiera diría que, por el módico precio de 0 euros, le estamos haciendo propaganda subliminal a cierto producto mineral de cierta cadena hacendada de supermercados.

Pues a lo mejor sí, vete tú a saber pero, vamos, que me da un poco lo mismo. Si lo quisiera hacer, hablaría de sus polos de horchata y las panacotas de gordo ésas...por las que la cajera de turno me pregunta que cuántos hijos tengo a mi cargo y yo le tengo que contestar que compro tanto porque abastezco a un colegio.

Y me quedo tan tranquilo.

Y sin hueco en el congelador. 

Pero bueno, todo esto no venía a cuento. Novedad también. Hoy se celebraba el Trail de Bronchales. Y como nos apuntamos de subidón (fue tras Berga, lo cual tiene todo el sentido del mundo), resultó que el sitio más cercano para alojarse (el raso lo descartamos) estaba a 30 kilómetros. Y Teruel a 60. Allí establecimos el centro logístico.

Allí recogimos el centro logístico a las p*tas 5:20 de la mañana. Fuera marcaba 6 grados. Dentro marcaba sueño. Mucho.

En Bronchales, una hora más tarde, el M guay vio el termómetro del coche y dijo que mejor me iba yo solo a por el dorsal.


Y fui. Y volví. Y, a la vuelta, unos colaboradores decían "Ay!!, cuando viene la mañana, cómo se nota!!!". Y esa fue el mensaje de ánimo definitivo para meterme en el coche y no salir hasta las 7.10.

Abrimos la puerta, sacamos la patita, la volvimos a meter y vimos que no tenía ninguna capa de escarcha, rocio o similares, así que nos preparamos. Será rápido todo. Mucho. La cámara tiene una raya (Maradona ya está llamando) de batería. La cámara se queda. Maradona se desilusiona. 

Pues vamos a la salida, a ver al bueno de Vicen. La semana pasada se fueron a hacer la Carros de Foc. Lo único que le pedí a C, M y S fue que lo trajeran cansado. Y un poco de nieve. 5:55 ha hecho. Ni una cosa ni la otra. 

Mientras estamos esperando, Hanna nos inmortaliza. Mayayo también.


Dijimos que nos preparamos muy rápido...¿no?. En efecto, nos falta el chip. Subimos corriendo a por él. Y ahí ya nos damos cuenta de una cosa: el tendón duele. Bueno, ha dolido siempre. La cosa está en que el dolor remita con el paso de los kilómetros. Emoción, intriga...de momento, el chip está. 

Y nosotros en la salida. Son las 7.30. Pum. Salimos. Vuelta al pueblo. Pasando cerca de la churrería. Abierta. Es una tentación. Pasamos de largo. Mejor seguimos a todos que van dirección al monte por esa pista. El tendón molesta. Bueno, entra en lo normal...y más si es por pista o asfalto. Vicen se va. Senda a la derecha, subimos.

Si había una senda como tal, la hemos convertido en una pista. Demasiados corredores, creo. Juraría, que, por momentos, podemos estar subiendo cuatro en paralelo. En fin. Coronamos. Bajamos. Sigue habiendo mucha gente. En el tramo de senda tengo la sensación de estar mordiendo polvo. Y volvemos a subir otra. Aquí ya podemos corretear un poco. Solo al principio, hasta que se acabe la inercia, claro. Vamos camino de los cinco primeros kilómetros.

Bajamos, pasamos junto a un avituallamiento y nos acercamos a la parte que más miedo da de la carrera. En efecto: la parte llana. Y es que nos vienen ahora diez kilómetros muy corribles, llanos, picando un poco hacia abajo o hacia arriba donde deseamos que empiecen a aparecer las típicas molestias que salen en cualquier parte de la pierna y hace que la molestia del tendón sea superada y siga, pero no se note tanto.

Adelantamos que no se va a producir. Cada zancada va acompañada de un "ay" interno. Se le añade el terreno irregular. Con lo que a veces el ay se agudiza. Hay cintas que marcan el recorrido pero no una senda propiamente, si acaso la hierba chafada de los tropecientos que me preceden. Tropecientos tres. Luego tropecientos seis, diez...no somos capaces de seguir a nadie y se empiezan a intercalar tramos a pateo para relajar molestias.

Nada. El único consuelo es el llegar al tramo duro, a volver a enfrentarnos a subidas y bajadas que ahí se sufre bastante menos...pero es que falta taaaaaaanto. Y en el kilómetro doce y medio, cuando faltarían menos de cinco para llegar a la carrera en sí, ahí digo que ya. Que ya no corro más. Que no estoy disfrutando absolutamente nada. Que me meto las manos en los bolsillos y ahí se acaba todo.

La verdad que viendo el perfil, me quedo con el tramo de los kilómetros 2 a 5 y el resto lo considero de sufrimiento extremo. A lo mejor, el resto, piensa lo contrario ;p

Pues nada, a buscar carreras con cuestas de cabras, que las corredoras no son para mí :)

Porque la otra alternativa: la de recuperarnos...ésa la vamos a descartar porque ya paramos y no se notó ninguna mejoría. O, bueno, ya veremos...



lunes, 5 de junio de 2017

Trail de Berga: El ponchino que ganó a Salomon

Y vimos lo de los 3300 positivos (casi los mismos que saqué en toda la EGB en milquinientas vidas). Y ubicamos Berga en el mapa. Y nos apuntamos. Y reservamos hotel. E hicimos tres salidas de nueve kilómetros la semana previa y ya vimos que estábamos listos. Sobrados. Bueno, mi madre añadió cordura con la famosa coletilla "veo que has ido andando" tras enviarle el recorrido del segundo día. A ver, que la intención no era ganar...eso ya ha quedado claro.

Y como daban agua para el finde, poco faltó para que en Tarragona diéramos la vuelta (llovía mil) y luego en Manresa (llovía dosmil) pero, por fin, a primera hora de la tarde, aparecimos en Berga. Ni una gota. Y ni un metro llano, tampoco. Bueno sí, unos cuantos, en la zona donde daban los dorsales. "Chubasquero obligatorio", dicen. Perfecto, no hay problema. El chubasquero está en el armario, debajo del todo, hecho un ovillo. A 340 kilómetros. A veintipico euros de peaje (un poco menos si no te equivocas de enlace de Lleida para coger...hay que ser inút...digo, uno que se despista, jiji).

Como la opción de volver la descartamos, pasamos al plan b. Buscar una tienda de deportes en Berga. La hay. Y buscar un chubasquero. Salomon, muy ligero. Solo vale 200 euros. Tirado. Bale costó más. Y Neymar, je. Entonces pasamos al plan b2 (que es como el b pero con la salvedad que nos permita llegar a fin de mes). Buscamos un bazar en Berga. También lo hay. Y de un chino. Veamos. Lo que buscamos está ahí. Ante mis ojos. Un poncho garrulo de un euro. Bale costó más. Y Neymar, je. Pero con esto y con el cortavientos encima más un poco de labia, se podrá conseguir que cuente como material obligatorio. Y como soy un excelso literato, de un poncho y un chino, nos sale el ponchino.

Abreviando soy la ost*a.

Superamos la lluvia, superamos el tema chubasquero, la Juve nos tuerce un poco la noche y lo que ya fastidia el tema motivación precarreril es despertarse a las 5:15. ¿Es necesario?. Bueno, chico, la carrera es a las siete, así que...y es que venir a Berga y no correr es como, no sé, ser un fiscal anticorrupción y tener una sociedad en Panamá, por ejemplo.

A las 6.45 estamos listos en el único tramo llano de Berga. A las 7.00 la salida. Tan solo 160 inscritos a la carrerita. 42 kilómetros por delante. La cuarta fila está bien. Salimos. Asfalto. Me pasa hasta uno que pasaba por ahí. No quiero ni mirar atrás. Cogemos una calle que ya se dirige a la montaña. ¿Es grave que quiera caminar ya?. 9 horas dan de plazo...malos augurios.

Al asfalto le sustituyó el cemento y, a éste, la senda. Empieza el trail de Berga. En algunos tramos se puede correr. La única pega es que, los que van por delante, se alejan más...el consuelo, que los que vayan detrás les costará un poco más cogerme. De momento, el pronóstico meteorológico lo cumplen: sale el sol. Y el pronóstico atlético también lo cumplo: más cerca del final que de la mitad.

Estamos subiendo La Figuerassa. Es la primera de las subidas con una particularidad y es que, en menos de cinco kilómetros, te plantarás ya en cerca de los 800 metros positivos y en la primera hora. Otra podría ser que, en algunos momentos, se recomienda el uso de frontal (vegetación frondosa no, lo siguiente).

Albert Garrido me saca este fotón con Berga de Fondo. Sé hacer el arquero mejor pero es que si no tapaba el pueblo, ejem...

[Spoiler: con el brazo izquierdo pretendía reflejar el desnivel de la subida del kilómetro 20...visionario que es uno]





Y, ahora que me doy cuenta, tampoco llegué con tanta hambre, porque mira que dejé cosas en la mesa...En fin, sigamos. Por cierto, van cinco kilómetros y dos avituallamientos.

Tras una bajada en la que me acuerdo, por orden, de la tendinitis, de la periostitis, de Kurosawa y de las molestias de la rodilla (ésta es nueva, de hará un mes aproximadamente), se consigue rodar con un mínimo de estilo atlético porque hay que aprovechar cada tramo llano/descenso para ganar tiempo al reloj, que el horario límite es yendo a poco más de 12 minutos el kilómetro (5 km/hora). Y en los primeros cinco ya me fui a la hora y cuatro minutos.

En el Santuari de Corbera (k 6,3), nos encontramos el tercer avituallamiento y el inicio de la segunda subida. Así, como dato, cuando llevemos siete kilómetros y medio, andaremos sobre la  hora y media (12' clavados)...y mil positivos. Y un poquito más adelante, en La Font de Tagast, en apenas 8 kilómetros, nos encontraremos el cuarto avituallamiento. De momento, seguimos acumulando desnivel positivo, evitando la lluvia y posando metiendo estómago, que tiene bastante mérito, la verdad.


Esta subida es la que más me gustó. No era sencilla pero te permitía levantar la mirada más allá de los 45º que te hacen ver la senda y el espectáculo era fascinante. Es lo que tiene moverte a los 1500-1800 metros, que está todo como un poco más puro. Alguna gotilla cae. De momento, ponchino sigue en el banquillo.

Volvemos a la carrera y rapidito que, tras coronar, nos vamos a por el quinto avituallamiento. Para llegar a él solo hay que bajar por los postes del telesilla de la estación de Rasos de Peguera. Van doce kilómetros, llevamos 1500 positivos y casi 2h20. Seguimos igual, esto es, trotar lo que se pueda bajando/llaneando (ojito con las piedras resbaladizas) y las subidas, pues a la marcheta. Hoy, por fin, el perfil del dorsal ayuda.

Con la experiencia de Nogueruelas, la bajada posterior no tenía mucha complicación; tan solo había que ir de cinta a cinta por un prado sin senda marcada. Lo único que había que evitar eran los cables de las vallas. En efecto, en uno como en el que me enganché. A eso le sigue un tramo de pista trotable y más lluvia. ¿Te imaginas que tienen razón los del tiempo?. Solo pido, por favor, que no.

La tercera subida nos iba a llevar cerca de los 2250 de altitud. Teniendo en cuenta que nos movíamos en los 1600 se olía la presencia del pepinaco. Y, como estaba aburrido, me dio por fijarme en el dorsal que antes del 20 ya teníamos que estar arriba. Y que, a partir del 16 (sexto avituallamiento), el perfil, como que subía así bastante recto para arriba. De todos modos, para asegurar que la dirección del matadero era la correcta, pregunté a los voluntarios..."se sube un collado y a mano derecha".

Y menos mal que dijo un collado, porque llega a decir que se sube el K2 y luego a mano derecha y tampoco habría dicho una gran mentira. La traducción es que, en poco más de 2,2 kilómetros se salvarán (bueno, no se salvará nadie, vamos a morir todos!!) 650 metros de desnivel. Al principio con una senda que simplemente te quita la respiración y las ganas de mirar arriba, la verdad. Después, esa senda da paso a una subida a cuatro patas por un tramo de piedra en el que agradeces que no haya llovido mucho porque eso, resbaladizo...telita. Y ya, para acabar, pues otro tramo de cuatro patas para salvar el último bloque de piedra. También añado una cosa, para que un cagado como yo lo haga sin ponerse a llorar, rezar, redactar el testamento con un martillo y escarpe (chubasquero no, pero a veces cargo con unas cosas que mejor no te lo explico)...pues eso, que es un tramo técnico sin más.

Cresteo, cruz, refugio Ensija, 2400 positivos, cuatro horas, 20 kilómetros y toca bajar...


Tenemos nubes altas, nubes bajas y un tramo de bajada con unos primeros metros...entretenidos. Es que califico así las bajadas sin senda, evitando neveros en las que, además, se salvan 300 metros de desnivel en un kilómetro. Después, eso sí, la bajada se vuelve más humana, con su sendero y sus piedras resbaladizas con las que tanto ojo había que tener...y que no lo tuve. Nada grave. Se agradece que, en un párrafo, nos ventilemos cuatro kilómetros y nos dé hasta para ir al baño.

Nos plantamos en el séptimo avituallamiento, van casi 25 kilómetros y toca la última subida dura. Que, al final, no va a ser para tanto, porque la subida dura se puede resumir en un kilómetro duro. Eso sí, un kilómetro Cofidis...al 30%. Pero antes de llegar a ese kilómetro (casi 21 minutos de kilómetro) se puso a llover fuerte y como no había nadie alrededor que me pudiera filmar -la vegetación, además, era bastante espesa con lo que el riesgo de ser cazado por un paparazzi, ya de por sí ínfimo, pasaba a ínfimo++) saqué al ponchino de su ostracismo y me lo puse.


Igual el azul era un poco más intenso...

Afortunadamente, la lluvia amainó pero justo después que un arbusto me dejara el trasto al 50% de su efectividad así que se hizo una bola y a la mochila. Ahora sí, ya se podía disfrutar de esa subidita sin nada que nos achicharrara...solo la propia senda. Un bloque de anuncios de la Sexta más tarde, ya habíamos coronado. 27 kilómetros en casi 5horas y cuarto. Bajar de las siete horas iba a ser complicado. Bueno, imposible. Que quedaba alguna que otra cuesta, empezaba también a estar algo cansado y porque, en los avituallamientos, comía y posaba. Y, oye, así no se puede...



Tras el avituallamiento del 28, giro a la izquierda...y a subir una pista. Al principio, se sube zigzagueando hasta que vemos que no es para tanto, así que nos limitamos a subir a pasitos cortos (iba a darlos largos, pero no me apetecía, ejem) y a acabarla en cuanto ya no quede más...que no puede ser mucho. 

Y así fue. Después, tramos de senda, pista...todo bastante corrible hasta un momento en que las sendas pasan de estar secas y pasan a ser una trampa resbaladiza. No quiero imaginar esta carrera con lluvia. En una de éstas, un compañero y su desgracia (un hueso roto) nos hace confirmar lo que veíamos: que no hay que arriesgar lo más mínimo.

Y bajando, bajando como un Osasuna de la vida, nos plantamos en el repecho del 38. Aquí, ilusionados con que todo estaba hecho y resuelto y ahí estaba, escondido en el perfil, un ligero repunte hacia arriba. Un repunte en forma de escalones. Esos escalones que, en el cinco, los haces corriendo pero, a estas alturas, un piolet no te vendría mal. En fin, los superamos. Luego otros pocos más. Luego escalones con tablones de subida. Escalones con tablones de bajada. Santuario de Queralt. Escalones prefabricados para turistas. Yo creo que la sección del Ikea no puede ser muy diferente...ni tener mucho más surtido.

Berga está ahí abajo. Hay un parking de coches al pie del Santuario. También hay una senda que empieza con setentaycincomil escalones que sale a mano derecha. Por ahí va el recorrido. Los cien mil escalones dan lugar a empedrado tipo vía romana. Lo que vulgarmente se conoce como salir de Guatemala y entrar en Guatepeor. El único consuelo, quiero creer, es que los kilómetros van descontando.

Luego asfalto, luego senda, luego gente de Protección Civil en los cruces. Kilómetro 40. Luego bajada de asfalto. De hormigón. De escalones en hormigón. De no sé qué. Kilómetro 41. Aplausos, ánimos. ¿Dónde está el Paseo de la Industria?...o sea, la meta. Ahí, bajando esas escaleras. Oye, pues es verdad. 7horas 11 minutos.

Una medalla de finisher de madera que no me cabe en el cabolo. Unos tragos de Kas (Existe ;p) y, mientras estamos sentados recuperando el aire, buscar motivos para no volver el año que viene. Nada, no hay ninguno.

Carrera para volver, está claro, aunque me tiene intrigado el que el número de inscritos sea tan bajo. En fin, ellos se lo pierden. Auténtica carrera de montaña, de ésas en las que solo pasas por un pueblo que, curiosamente, es la salida y la meta. Carrera dura, porque es dura. Siempre hay alguien que la gana en poco más de cuatro horas y media...pero la carrera es dura. Es bonita. Los paisajes son espectaculares. La subida a la Cruz del kilómetro 20 también. Los voluntarios son una pasada. Los voluntarios son siempre lo mejor de la carrera...y aquí, también. Además te hacen fotos metiendo estómago, esto no se paga con dinero. Ni se publicaría, claro. Trece avituallamientos durante la prueba. Toma ya. Te ponen nubes y un poco de lluvia para refrescar. Con sol sales moreno de ahí. Negro de la subida del 20.

El perfil es bonito...no da miedo


















domingo, 26 de marzo de 2017

Trail de Nogueruelas: el de la sudadera cuca

La verdad que, durante la semana la previa, la única preocupación que teníamos era el tiempo que haría. En esos siete días, los pronósticos para Nogueruelas oscilaban entre lluvia, lluvia torrencial, sol con viento, nublado, frío, sol, frío de c*jones...resumiendo, nada que no quepa en 16 macutos. Al final, el viernes ya se atrevieron a pronosticar algo de lluvia leve por la tarde acompañado de una temperatura máxima de ocho grados. Solo que ese mismo viernes daban mucha lluvia y temperatura muy muy baja...¿capítulo de Narcos?

Aunque, como imaginarás, la preocupación no era tal pues iba a ser el mismo viernes a las 21.00 cuando empezaríamos a preparar los trastos. Y a las 21.15 vimos que Nogueruelas estaba algo más lejos y que tocaría levantarse a las 3:30. Buena hora. Poco tráfico. Buenísima hora, sí.

Y a las 5:20 estábamos en Nogueruelas. Y a las 5:25, en el bar. Ahí estaban Vicen, C y S. Bueno, perdón, rectifico, Vicen, C y el 33% de las chicas inscritas. Esperemos que el otro 66% no esté tan motivada como la nuestra, porque si no...ufff.

Tras el café y robar un cartel -llevarnos una mesa, oye, nos parecía exagerado-, nos fuimos a cambiar. Como bolsa del corredor, nos dieron una sudadera pero, como aparcamos en una zona con poca luz y, básicamente, porque íbamos con el tiempo pelado, no hicimos ni pase de modelos ni nada. Vamos, que si la pareja quiere cambiar la talla lo tendrán que dejar para cuando acaben.

Y, visto lo visto, sufrido lo sufrido, cuando llegues a meta a Nogueruelas, lo que menos te va a preocupar es la talla de la sudadera, créeme.

Una vez listos, nos dirigimos a la salida. Bueno y S a por agua. Ya se iba despertando, algo es algo. Vicen me deja los palos un momento para ponerse guapo para las fotos y pienso en no devolvérselos. Ahí estuvo uno de mis fallos, claramente. Decíamos que íbamos a la salida, plenamente concentrados en la carrera, nada más que en la carrera, porque vamos superconcentrados pero C ve un coche con escarcha y yo un pájaro...total, que las primeras palabras que oímos al speaker fueron cinco, cuatro, tres, dos, uno...



Así que esta es la foto más parecida que encontramos de la salida. No sé qué hace M ahí vestido de Capitán América, pero bueno...

Los primeros metros son por el casco urbano de Nogueruelas, flanqueados por antorchas. Afortunadamente, el frío que hace es bastante soportable y no hace falta que nos llevemos una. Lo que es de delito es el olor que sale del horno. Por lo menos es en tramo de bajada, pero eso está en subida y nos paramos ahí todos. Y si no todos, por lo menos cuatro que yo me sé...

Salimos del pueblo, evitamos un charco, subimos por pista, cogemos la senda y la escarcha pasa a ser nieve. Y apenas llevamos un kilómetro. Hace un par de años, cuando lo dejamos en el siete, no vimos nada de nieve. Hoy nos la encontramos nada más salir...pues nada, vamos a pensar en un paisaje muy bucólico y que no sea todo así. O sí, no sé. La verdad que, cuando te quedan 68 kilómetros por delante, hay cosas que mejor no pensar.

Nos quedamos un rato, pensando porqué en la pista la nieve no cuaja y sobre la vegetación sí. Luego nos daremos cuenta que sobre las boñigas también se queda, nada, solo por un poco de información cultural. La teoría del quitanieves gana enteros. Hablando de quitar, ese café inicial igual...así que en el desvío del cinco, yo seguiré recto unos veinte metros a disfrutar de las vistas.



La verdad que el ángulo está muy logrado. Cinco minutos después, tras poner la fotito en dos grupos de wasap y en el tuíter, volvemos al lío. Y del lío volvemos al sitio de marras que nos hemos dejado los guantes. El móvil no se olvida, eso no, mira.

Sigue estando todo muy blanco. Aparecemos en el tramo corrible donde abandonamos hace dos años. Ponemos pues, la música de ElHombreYLaTierra que esto es nuevo. Faltan 63.

Un rato después, Vicen está liberándose de la pesada carga del café. No le espero. Me coge. Un poco más tarde, cogemos a la segunda clasificada y a la segunda pareja mixta. Resumiremos en S y C. La chica va desganada. Se le nota. Se pone a correr y nos deja tirados. Está en ese "modo Sobrarbe" que le gusta tanto a C.

Desvío a la derecha. Se acaba el jijijaja de Nogueruelas. Estamos en el 12. Empieza el trail. Toma rampón. Aquí de las cintas no nos vamos a preocupar mucho. Está todo muy nevado, por tanto, lo único que hay que hacer es seguir las pisadas. O hacer alguna trazada nueva, ampliando el giro para reducir la pendiente. De todos modos, hay tramos que empezamos a subir con mucha elegancia a cuatro patas. Bajamos, avituallamos y, mientras esperamos, nos hacemos una foto con el coche de Protección Civil.


En vistas que no venían, seguimos la marcha. Aprendimos de Vall d'Uxó que hay que comer en todos los avituallamientos, beber y, si tienen prensa, sentarse y leerla si es necesario. En cambio, lo que sí tienen es el perfil hasta el siguiente avituallamiento -lo bueno de Nogueruelas es que el primero está en el 13, pero la distancia entre los demás, nunca será superior a los nueve kilómetros-...en este caso, lo que hay por medio es una subida a La Nevera. Mira por donde, hoy el nombre le queda bastante bien.

Este tramo está muy nevado también. Es curioso el sonido de la nieve al pisarla. O infrecuente. También son curiosas las cosas que piensas cuando ves un tramo en el que hay que subir con una cuerda para salvar un par de metros de desnivel y ver que eres un absoluto inútil en estos menesteres. ¿Y todavía hay un tercio de las chicas de la carrera que quiere que vaya a escalar?, ¿para qué?, ¿para quedarme atascado en el primer ripio?...tras pasar ese tramo y romper una rama con la cabeza (y no sería la única). Pero sin ver cuerdas, sigues pensando lo de la nieve. Y mirando arriba. Y viendo...o mejor, no viendo el cielo. Todavía queda subida, entonces. Entonces, un voluntario -increíble su trabajo hoy, como en todos sitios son lo mejor de la carrera-, te dice que ahora va la subida a La Nevera, que es duro. Pues menudos falsos llanos se gastan en estas zonas...

Empezamos a bajar. Tras una leve caída en la que el teléfono sale indemne, que es lo verdaderamente importante, empezamos a desentendernos de las piedras que no estén cubiertas por nieve...porque están heladas. Otra bajadita más, en la que Camilo Nevot no nos saca del todo mal, y, por arte de magia, aquí se acabó la pasta para paisajes bucólicos de la Diputación de Aragón. Es decir, desaparece la nieve.




Y desaparece la nieve, pero tras una leve mirada por la pista a nuestra izquierda se vislumbra un cortafuegos. Y cuando la senda se desvía a la izquierda, bajas, te ves en un barranco y el desvío ahora pasa a la derecha. El cortafuegos dejas de vislumbrarlo. Lo disfrutas. Exacto, lo subes a cuatro patas. 

Y nos plantamos en el segundo avituallamiento. Va una veintena de kilómetros. Y, a partir de ahora, seremos más breves. Extenderse más es complicado. En este tramo creo que pasaremos a 8 o 9. Es el tramo que más me gustó de la carrera porque, básicamente, era el que mejor estaba. De cajón, vamos. También va a ser el único tramo con una subida, digamos, tendida. Así que, como lo que vende aquí, es hablar de penurias, por arte de magia nos plantamos en el tercer avituallamiento, ya van 30 kilómetros. Solo quedan 40. 

Se ve todo verde. Se ve una pista ahí abajo. Pues vamos a bajar. Cincuenta metros, un par de ciervos cruzan la pista. Menos mal que solo lo he visto yo. Lo llega a ver algún organizador, mete cuatro cintas y nos toca bajar por ahí. 

Luego cogeremos la pista, y una senda para evitar un riachuelo. Muy corrible todo aunque se empiezan a notar los efectos esos que notas cuando llevas treinta kilómetros por el monte. No sé si me explico. De todos modos, la pista se torna ascendiente, un cartel nos desvía a la derecha y lo que se ve me cuesta describirlo con palabras.

Empiezan los kilómetros de quince minutos. Empieza la sucesión de rampones increíbles con porcentajes de dos cifras que ninguna bajará del 22%. Y la que tiene el 22 es porque tiene descansos que le hace bajar el porcentaje. Así que, sin más dilación, les presentamos la primera gran p*tada que hay que superar: un cortafuegos que, en la página de la carrera, hablaba de un 50% de pendiente media. Da igual, hay que subirlo haciendo eses para rebajar la pendiente a un comodísimo 36, 38 o 40, añadiendo, además, la subvención de la Diputación. Está nevado.


Aquí también está Nevado.

Pues eso, volvemos a subir a cuatro patas pero es un recurso que se debe ir eliminando porque se empieza a cargar bastante el antebrazo y no sabría cómo explicar una rampa ahí, la verdad. Así que eso, a cuatro patas, agonizando, heladito...el cuatro patas requiere que la mano se meta en la nieve. Por no decir que se meta en la nieve y luego te claves la zarza o la piedra de rigor que, oh, no sé ni siquiera cómo estoy escribiendo del dolor.

En fin, que pasamos el cortafuegos de los c*jones -me ha salido natural, lo siento-, y vamos a buscar el siguiente avituallamiento, que ya va siendo hora. Insisto, los voluntarios son lo mejor de la carrera, pero también son crueles, ahí estamos nosotros con nuestros Aquarius, plátano...y ellos ahí, preparando las brasas. A cambio, nos llegan a ofrecer incluso cerveza. No es lo mismo, el mal ya está hecho.

Ahora seguiremos bajando. Nogueruelas desde la subida al cortafuegos se convertirá en un diente de sierra que...bueno, ojalá fueran así los dientes de sierra. Ahora toca un tramo descendente con alguna cuesta en pista y nos vamos a buscar Cerro Antona. A éste le ponían un 22% así que eso es un Calicanto de la vida. Haremos pasos cortos y a la marcha. Van cuarenta kilómetros pero, muscularmente, vamos medianamente enteros. En La Vall, hace un mes, por ejemplo, éramos un saco de calambres.

Cerro Antona son dos tramos duros con un tramo intermedio para recuperar (que igual tiene un 10%, pero bueno). En el segundo, volvemos a recuperar las subidas en zeta para reducir la pendiente porque sigue quedando treinta kilómetros, más que nada.

En el avituallamiento estará Paco Calabuig, al que vi brevemente antes del 3, 2, 1 de la salida, todo cuadraba, las sendas de Paco, las famosas PSP, pero esas PSP no son nada comparadas con las de hoy. Ni con las que quedan. Me dirá que él no tiene nada que ver con el recorrido de hoy. Solo me queda decirle que me dan más miedo sus secuaces que él mismo...Por cierto, hay macarrones. El estómago tampoco es que los acepte muy bien, así que medio plato ridículo y al lío.

Otro poco de pista, podemos correr. Eso es bueno. A ver, no nos acercamos a la plasticidad de Gebrselassie -la velocidad por descontado- pero en los tramos llanos, descendentes, nos defendemos. Así que, tras subir el Alto de la Cervera, podremos seguir haciéndolo en un tramo descendente y digo tramo y no senda porque aquí el recorrido pasa a estar marcado por cintas y lo que hay que hacer es ir llegando de cinta a cinta. En las bajadas vale pero en las subidas, ay en las subidas...

A partir de aquí, las subidas van a seguir idéntico patrón: patapum pa'rriba, esto es, coger una elevación y sortearla a la brava, sin senda, siguiendo las cintas que están puestos cada cuatro árboles o la distancia que la cabra viera bien dejarla. El primer patapum (descontados ya el cortafuego y Cerro Antona) es El Royal. Que, además, viene tras un tramo descendente. La carretera que sube a Linares se queda ahí abajo. Ya te lo he dicho todo.

Bajamos, avituallamiento. Ya van 50. Que nos deparará el recorrido. 4,5 hasta el siguiente avituallamiento. Una subida por medio: Peña Calva. Trote. Seguimos trotando. Desvío a la izquierda.  Patapum. Peña Calva, 44%. Fin del trote, obvio. Ante nuestros ojos, una subida, unas cintas y montaña bastante despejada. Las cintas aquí las pusieron en helicóptero. Pasos cortos, haciendo zetas y evitando los tramos de mucha piedra suelta. Le pones un par de monos que te tiren cocos y creo que tienes un videojuego en potencia. Ale, ahí dejo la idea, que yo tengo bastante con lo mío. Coronamos. "Vas el 23". Joe, ahora ya no puedo abandonar. Aquí, por otra parte, el promedio ya empieza a ser superior a los 10 minutos kilómetro. Paquete.

Bajas, siguiente avituallamiento. Ahora un bucle de poco más de tres kilómetros para volver al mismo avituallamiento. No me j*das, un bucle ahora. Patapum. Cabezo de las Cruces -segundo pico más alto de Castellón-, un huevo %.  Viene el 24, adiós patrocinadores. Bajas. Te saltas el avituallamiento que hay que intentar salvar la posición. Ir por el 22 también, pero vamos a lo factible.

Bajas otra vez. Patapum. Loma del Mosquito, siguelascintasjaja %. Ya empezamos a estar un poquito hartos. Echo de menos las subidas normales. El consuelo es que es el 60 ya. Y que, en el perfil, solo queda la subida a Nogueruelas. Así que nos ponemos a correr hasta que soy el 24. El chico va como un tiro. Toso del polvo que levanta. 

Otro avituallamiento. Llevamos un rato descontando ya no kilómetros, si no hectómetros. Así que, cualquier zancada, resta. Además, queda un repecho aún...donde dije repecho has de entender repetición de blasfemas, tacos y quéco*ohagoyoaquí unos 25 minutos. El único consuelo es que el perfil del dorsal no es del todo correcto ya que los últimos dos kilómetros serán llanos y no ascendentes. De hecho, me alegra mucho ver mi coche. Lo que no me alegra tanto es que a, apenas cincuenta metros, hay una rampa de cemento muy chula para entrar a Nogueruelas. Lo que no me gusta nada es que ahí hay una cinta.

Chico, llegamos. 11 horas y 42 minutos después, hemos vuelto al mismo sitio. Con una ligera sensación de cansancio, la verdad, pero bastante mejor que en La Vall y eso que esta me ha parecido mucho más dura.



Conclusiones:

- Lo mejor de la carrera son siempre los voluntarios. Y en un gélido día como éste, ni te cuento. De once sus palabras de ánimo, preocupaciones, descripción del recorrido...Muchas gracias, de verdad :)

- Carrera muy bien marcada, teniendo en cuenta la inexistencia de sendas en una parte importante, tener que marcar uno de cada tres árboles tiene un mérito que hay que destacar.

- El recorrido es espectacular; con la subvención de la nieve, ni te cuento. La frondosidad de los bosques hacía que te preocuparas únicamente en buscar las cintas y no fueras consciente de hasta dónde tenías que subir...excepto en Peña Calva y el cortafuegos.

- ¿Volver?, no sé, ayer decía que no porque tanto patapum me ha cansado más de coco que de físico, hoy ya lo veo de otra manera así que, si todo sigue su normalidad, el martes empezaremos a pensar en qué fecha se hará la edición del año que viene (26 de marzo?)

- A ver quién tiene huevos a releer esto por si hay alguna errata, ufff