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domingo, 14 de octubre de 2018

Hoy hacemos el ridículo en....Sueras!!!

En el siglo XIX, en los suburbios de Londres, se sabe de la existencia de un asesino que aprovechaba la nocturnidad y las bondades del clima londinense, esto es, sus famosos bancos de niebla, para cometer las más atroces maldades. Notoria era su violencia y pavor era el que causaba el filo de su cuchillo...y más si te matan, claro...es que si ahí no te mueres de miedo, pues eso, que ya no lo haces. Volviendo al tema, como decíamos, aprovechaba la densa niebla para acechar a sus víctimas...

...Pues bien, llega a encontrarse la niebla que había hoy en Catarroja al salir del garaje y el tío no sale de casa del miedo que le habría dado. Y ahí estaba yo, todo valiente, despierto a las 6:23 un p*to domingo para, cinco meses después, tratar de afrontar una carrera con algo de éxito. Esto es, acabarla. Ya lo de dignamente ni nos lo planteamos. 

Como decíamos, desde el pasado mayo, aparecieron una serie de problemas que nos hizo tomarnos un descanso (si eres de mi generación pensarás en Ross y Rachel. Si no lo eres, pues no) de esto de correr. Se intentó en Vall de Almonacid y se intentó en Linás de Broto -ya que vamos a hacer el ridículo...pues nos vamos lejos- pero nada, hubo que parar. Y aquí se podría poner cualquier cosa de De Gea, pero creo que ya se dijeron todas...

Por la inactividad en el blog, obviamente, no temimos en ningún momento: si no nos lo han quitado cuando escribíamos, pues imagina cuando no lo hacíamos. 

Por fin, el primer día de octubre hicimos cinco kilómetros no muy ridículos en Calicanto, otros catorce a la semana siguiente en Olocau y cuatro más el pasado martes. Conclusión: igual nos daba para acabar una carrerilla. La elegida fue Sueras con su Vuelta a la Campana: 23 kilómetros con unos 1300 positivos.




Y Sueras nos recibió así de majestuosa, con un cielo mayormente despejado pero con unos pronósticos que daban algo de lluvia durante el día. Ahí, a la izquierda, se ve la iglesia. Ahí, a sus pies, está la Plaza de la Iglesia. Ahí hay que ir a por el dorsal. No queremos ser alarmistas...pero ya nos cuesta subir a por él, uffff. Bajar no tanto, mira.

Objetivos humildes los de hoy así que otra victoria fue cuando no me pinché con ningún imperdible. Poco a poco.

Tras unas palabritas y consejos del CXM Pablo, se dio la salida. El consejo era que llegara con fuerzas al kilómetro catorce. "No sé qué hay después del km 14 desde hace meses, hulio"...así que intentaremos llevarlo a la práctica lo mejor que se pueda.

Y si la crónica se te está haciendo tediosa, pues nada, Andrés Last Race Studio te propone un entretenimiento: la versión chachi de Dónde está Wally??



Sigamos. Esto...ah, sí..a las nueve se dio la salida, una primera vuelta por el pueblo. Traduciendo, salimos de arriba, de la Plaza de la Iglesia, la calle obligatoriamente tira para bajo y, para volver a a pasar por el arco, hay que subir. Muy acertada esta carrera para el retorno, sí, no hay duda. Palmas con las orejas. A todo esto, creo que seré el único torpe que mete el pie en un enrejado. Por lo menos no me he caído. Ni me he puesto andar. Van, eso sí, 800 metros.

Salimos de Sueras y nos adentramos en lo desconocido. Tramo de pista para volar unos, correr otros y simplemente trotar el resto. Porque, claro, montaña hemos hecho poca pero tramos llanos de correr...pues eso, intentando que no se salga el corazón por la boca y ya vamos bien. La pista coge algo de pendiente y nos seguimos defendiendo. Por fin, cogemos senda a la derecha y...cachis, tapón. Cosas que pasan cuando se sale a la misma hora la larga y la corta...que no cabemos. 

Aquí estaría bien saber, los que corremos, que los tapones se producen porque no cabemos todos. Cosas de las sendas y la física: una persona por senda al mismo tiempo, nada más. Si fueran dos, se podría intentar, pero una de ellas se comería las zarzas, se iría montaña abajo o se daría porrazos con  los pinos. Por tanto, mejor ir de uno en uno porque no caben más. Que sí, que es una faena pero a lo que iba...estaría bien que, si llegas a un tapón, respetes la cola que hay delante. Esa gente que está ya en la cola ha llegado antes que tú por algo, un poco de respeto.

Salimos del tapón y nos encontramos la primera subida. La hacemos no muy mal...al trote en algunos tramos, pidiendo la hora en otros...vamos, como siempre. Después, una bajadita y primer avituallamiento. No llueve, no sé cómo es el paisaje, pero estamos rodeados de verde. Sé que volveré aquí porque, una de las cosas buenas -innumerables- es que el recorrido está marcado con carteles.

[Inciso: Andrés Last Race Studio, camino del avituallamiento, me hace el primer robado de la temporada

Fin del inciso]

Tras este primer avituallamiento, tramo de senda, espectacular, con sus subebajas, mayormente trotable y rodeados de vegetación. De momento, seguimos con la misma táctica porque hay fuerzas: esto es, trotar y, cuando se pueda, adelantar sin poner en riesgo al resto. Esta táctica, que también se ha utilizado toda mi vida, tiene un límite claro: hasta que no pueda con mi alma...

Esa senda subebaja da lugar a una senda que sube y luego a una bajada que nos lleva al segundo avituallamiento. Por ahí en medio hacemos la primera hora con cerca de siete kilómetros. Dudo que dé para ganar. Seguimos bajando y empiezo a percibir un cambio de la táctica cuando nos acercamos al kilómetro 9,5 -que es cuando los de la corta dicen "ahí os quedáis" y nos dejan el marronaco de la larga al resto- y es que, en efecto, estoy cansado. Ya ves, quién me lo iba a decir...Ah! y a ratos llueve. Tanta épica para un mismo día puede que sea demasiado...

Y los de la corta se van dirección a sus cocacolas fresquitas, cervezas fresquitas, Aquarius fresquitos...y nosotros nos vamos a subir al Castillo de Mauz, 220 positivos en poco más de kilómetro y medio. Sería asumible si no fuera por algún tramo intercalado en el que se puede correr. ¿Comentamos algo de la vegetación de la carrera?...en efecto, se ven carteles anunciando el Castell, el Castell...pero no se ve el Castell. Eso sí, cuando se ve, nos da para decir "joer, pues aún queda". 

Y como me pareció bastante cuco y en la página de FB de la carrera pusieron una foto muy chula, pues la ponemos por aquí y felicitamos a David Melero por la misma.



Ah, en efecto, no tengo ni idea de por dónde subimos :)

Tras la subida, llegó la bajada. Algo complicada en la primera parte pero corredora el resto...imagino que si no tienes bursitis retroaquílea doble y la rodilla te responde, debe de ser una gozada, pero no hemos podido confirmarlo.

Abajo, junto a unas fuentes, otro avituallamiento. Aquí, la gente que estaba cansada de senda, tiene un rato para no quejarse tanto y coger un tramo de pista bastante corredor...en el que noto que la rodilla molesta un poco. Así que trotaremos y andaremos hasta que un voluntario nos indica que hay que girar a la izquierda, por una senda trotable en principio, fangosa a continuación y que ya pica más para arriba hasta que podamos dar rienda suelta a nuestra vena percusionista: estamos llegando a la campana. Sé que es bueno porque queda menos para meta.

Y si los voluntarios se suelen merecer un once sobre diez...los de este avituallamiento, con un doce o un trece tampoco estarían mal valorados: llueve y, a cada uno que pasa, tolón que te pilló. Avituallamiento patrocinado por un otorrino, creo...

Aunque yo prefiero el timbal, pero bueno.

Tras la campana, la senda se volvió -siguió- ascendente (novedad). Estábamos en la segunda hora y llegaba el tramo que me había indicado Pablo en la salida: ahí debía tener fuerzas para aguantar lo que podría interpretarse como un falso cresteo, ya que era una sucesión de tramos ascendentes y descendentes pero, para variar, rodeados de pinos. A ratos, eso sí, cuando no arrastrábamos los pies, echábamos algún vistacillo a la derecha que nos permitía ver -si no estoy muy equivocado- los órganos de Benitandús e, incluso, allí abajo del todo, el embalse de Benitandús. La verdad es que, con la tontería del subebaja, media hora estabas por ahí aguantando lluvia, sol y cualquier fenómeno meteorológico que quisiera añadirse (excepto huracanes y ciclones, a poder ser, que tampoco quiero constiparme) y esto es bueno, porque mira, ya estamos casi en el kilómetro 20, casi en las tres horas de carrera y, por tanto, en el final de la crónica.

Un aplauso pues a ese cresteo tan entretenido.

Luego empezamos a bajar. Al principio con mucha precaución porque, muscularmente, no estamos muy finos y, sobretodo, porque la última leve lluvia ha convertido las piedras en bonitas rampas deslizantes sin frenos. Luego, cuando ya desaparece este riesgo, entonces las curvas son tan cerradas  y continuas que tampoco es que puedas bajar muy a gusto, la verdad.

Pero vamos, otro repechito y, ahora sí, una descripción envidiable por parte de otro voluntario: una bajada, luego pista, asfalto y pueblo. Y lo clavó.

[Inciso: vaya, ya es casualidad, otro robado de Andrés Last Race Studio.

Que, misteriosamente, dijera eso de "ah, estás ahí" y dejara de arrastrar inmisericordemente los pies es pura coincidencia.


Fin del inciso]

Y así llegamos a meta, 3h25' después de empezar en una digna posición 198 que, para ser el dorsal 199, no está tan mal.

Mychip inmortaliza el momento...



Si llego a ser el dorsal 2, entonces gano. Y si hubiera corrido hora y media más rápido...igual también.

Pues, en el plano personal, bastante contento con haber elegido Sueras como lugar para volver a esto de ponerme un dorsal: un acierto. La carrera es puro Espadán, mucha senda entre árbol, mucho verde,  vistas espectaculares...vamos, que lo de volver a disfrutarla más tranquilamente no es un comentario gratuito. Que sí, que es una pena que cuando lo haga no estarán esa gran cantidad de voluntarios preocupándose para que todo salga perfecto pero, bueno, para eso ya estará la carrera de 2019.

Plenamente recomendable, claro.

Es que, joer, acabas reventado (doy fe que así acabé) y el coche está abajo (todavía me emociono :P)

Bueno, aquí dejo el perfil con algún nombre puede que inventado


domingo, 25 de febrero de 2018

Trail de Moixent: siete años ya...

¿Qué paso hace siete años?

Va, rápido, contesta, contesta.

Vale, eso no. Lo de que tenías menos lesiones musculares sí, te lo compro. Eso también pasaba. Te entiendo.

Lo que pasó hace siete años fue que, entre las múltiples donaciones a carreras, ésta fue la que más alegría me ha dado. Y me dará. 27 de febrero de 2011. Torrevieja. No sé qué leches hago inscrito en una Media Maratón de asfalto, pero ahí estamos. Y mi cuñado...también. Y mi hermana, en modo Manolo el del Bombo pero sin ser Manolo -mejor- de siete meses. 

Era viernes. 25 de febrero. Ni que decir tiene que ambos estábamos en los mejores momentos de forma de nuestra vida atlética. Igual ahí también teníamos sobrepeso...pero era todo músculo. Seguro. O músculo y fibra. Vamos, que ese día teníamos ya la táctica clara: "Guillermo, tú me lanzas el primer kilómetro a 2'58'' y luego ya hago yo el resto para bajar de la hora". Supersencillo. Superaccesible en ese momento. 

Pero mi hermana, apasionada y fascinada por nuestros humildes objetivos hizo una pequeña modificación. Rompió aguas. Y nos fuimos de hospital. Y primero vino Tomás. Y luego vino Sofía. Y Torrevieja se quedó ahí, aparcada. Luego vino nuestro declive físico. Pequeños daños colaterales.

Años después, Sofía me hizo este dibujo y como mola, pues lo pongo.


En cambio, Tomás es más de Fifa pero es un rollo jugar porque se le desmayan los jugadores y me expulsan por hacer teatro, oh.

Y, bueno, ya sabes lo que pasa cuando la introducción a una carrera es tan extensa. En efecto, que ésta es otro rotundo fracaso así que...vamos al lío.

Domingo con despertador a las 6.30. De momento nos aseguramos el sueño. El termómetro no pasa de cinco grados en todo el trayecto. Frío y sueño. Le sumamos la bursitis y ya tenemos un combo la mar de interesante. No sé qué puede faltar..."atropella a ese gilip*llas". Ah, sí, faltaban las palabras de recibimiento de Manoli. No sé si prefiero un recibimiento suyo o de los ultras del Athletic, la verdad ;p

A la línea de salida. Un hola a Yola, otro a Javi y al mogollón. Tres, dos, uno. Pum. Salida. Tramo inicial de asfalto para engañarnos, para hacernos creer que Moixent es llano. Giro a la derecha. Moixent no es llano. Rampita de cemento y, por fin, senda. No da tiempo a estirar mucho la carrera pero tampoco se montan grandes tapones y, dentro de lo que cabe, la senda es trotable.

De hecho, aunque tampoco te lo creas, el tapón no lo hago yo pero eso no es óbice para que una voz con acento del sur me pida salir en la crónica. Entre jadeo y ahogo, tan solo me salen tres palabras: cinco, mil y euros. Es un honor presentarles a Jose María (@Flecharondenya). Su locuacidad y conversación se enfrentan a mis monosílabos agonísticos. De hecho, es un detalle que no me mandara a la m*erda, sin más. Se agradece su ofrecimientos de jueves tarde y le cuento lo del jueves noche pasado en Calicanto, donde iba tan ricamente con mi frontal y me crucé con tres en una senda. Joer, qué susto. Sí, señores, esta semana he salido dos veces a entrenar (12 kms en total). Estamos que lo rompemos.


Que sí, que es verdad lo del jueves.

Volvemos a Moixent. Recalculando. Tras este primer ascenso, nos encontramos un avituallamiento. Ahí, JM me deja tirado y me cambia por lo que hubiera en la mesa (ahora es cuando pillo la indirecta, porque solo había agua...vaya) y yo me quedo disfrutando de un tramo de pista ligeramente ascendente pero que todos los demás corren y, claro...pues eso. ¿Que qué pasaría si se tiraran por un puente?...afortunadamente, a la izquierda volvemos a coger senda.

Esta senda tiene algo ya más de pendiente, así que no es extraño que este kilómetro se nos vaya por encima de los diez minutos. Muy bucólico esos tramos con escarcha. Afortunadamente, el frío que hacía a las ocho (chocante eso de ver pingüinos acercarse a la lumbre) va desapareciendo progresivamente...Eso sí, en este tramo lo que hay que hacer es mirar a la izquierda. Allí abajo, eso tan pequeño es Moixent. Bueno...tampoco es tan pequeño pero ya hemos salvado cuatrocientos metros de desnivel.

Y una senda de bajada algo técnica y un poco de senda y algún repecho intercalado y una subida más. Después, otro tramo favorable (llevamos una hora ya de carrera con más de ocho kilómetros -casi casi en los tiempos de 2011-) y allí, abajo, pero ahora a la izquierda, se vislumbra un pequeño lago. Bueno, pues mira, un apunte cultural para la crónica. Está demasiado bajo, parece.

Pero nada está demasiado bajo si en un kilómetro bajas 230 metros. Tan solo has de poner cuerdas y cuerdas para que no nos despeñemos y voilá...el lago pasa a ser el Embalse del Bosquet de Moixent y pasas a estar a ese nivel. La bajada es técnica, sí, pero para nada peligrosa. Y para que yo la vea así...ha de tener más parecido a una autovía que a una senda.

En ese embalse hay un avituallamiento, ahí ya cogeremos plátano y llenamos isotónico. Va 1h20', estamos en el kilómetro 11,5 y aguantamos medio dignos. Queda un poco menos de la mitad y, según el perfil, un par de subidas duras y unos repechos finales. Repechos dice.

También esta Vicent J. Gandia Adria que lo hace lo mejor que puede y me saca de esta guisa...



Tras dar la vuelta al embalse encaramos, por tanto, el primero de esos ascensos. Empieza a pegar el calor. Analizando a posteriori (porque lo de ver los perfiles antes oye, en eso seguimos igual) la cuesta no llega al kilómetro, eso sí, con otros casi 200 positivos, lo que sería dos calicantos de la vida pero con una salvedad, lo más duro está al principio. Resumiendo: subimos al trantran porque más rápido no podemos. Un tramito de cresteo, una senda de bajada de piedra algo suelta que pasa a pista y en el kilómetro 13,8, con gente animando, giras a la derecha.

Importante, muy importante lo que te voy a decir si vas a correr el año que viene. NO mires la montaña que quedará a tu derecha. Bueno, lo harás. Pero no mires fijamente arriba del todo. Esos puntos de colores llamativos  son luciérnagas autóctonas, para nada son corredores. Por si acaso, como estarás en un tramo de pista...sigue trotando.

Y sigue y sigue...porque se puede trotar (si tienes una bursitis y no entrenas en llano igual te cuesta más, pero tú ponte un ritmete y olvídate del resto...que seguro que entrenan más) y cuanto más trotes, antes llegas al avituallamiento del 16. Y ahí comes como un marranico porque te queda la subida esa dura del perfil...pero también te quedan solo seis kilómetros. No será tan dura, ¿no?.

Sí, la respuesta es sí. Con la tontería vuelven a ser otros 250 positivos en poco más de un kilómetro. Eso sí, espectaculares para los sentidos...bueno, menos para el del gusto, que tampoco es plan de ponerte a comer piedras o tierra, que luego se te queda la boca pastosa. La táctica de pasos pequeños y no parar es la más apropiada, sin duda. Olvidarnos del reloj y esos 18 minutos que marcará este kilómetro. Recoger a alguno que vaya peor que tú y a la marcha. Una vez arriba, nos pondremos a crestear, con lo que a ese kilómetro se le sumará otro de doce pero es lo que tienen los cresteos tras dos horas de tralla...que pasan factura.

Eso sí, los paisajes...espectaculares. Si miras a la derecha, ahí abajo, el giro del 13,8. En efecto, lo de las luciérnagas era falso. En fin...ah, si miras hacia la izquierda...intuyes Moixent. Y la meta. Faltan dos repechos, pero antes hay que bajar. Y bajamos. Y ya nos plantamos en el 19 y aquí se deja de bajar y se llanea. Y ese llano, tras girar a la izquierda, se convierte en el primero de los repechos, de pista...pero con pendiente. Y con calor. Es lo que pasa cuando te llevas a las carreras las térmicas que te gustan...que luego te da palo tirarlas. Así que nada, salvaremos esto cansado y achicharrado. Volvemos a bajar.

Y aquí hay poco a la imaginación. No hace falta que te preguntes por dónde está ese último repecho. Frente a nosotros se encuentra la Torre de Coloms (es que esta crónica me la he preparado un poco) y, como es de esperar, está ahí arriba, a solo trescientos metros y son solo 50 de desnivel pero...aquí es cuando ya aparece todo lo malo. En una subida tan ridícula se me va a hacer casi de noche..."estás enganchado??" me preguntarán..."no, voy así de mal"

Escalerillas de bajada y más escalerillas y más escalerillas y saltamos un canalillo (de agua, mente sucia) y cogemos la carretera y entramos al pueblo y, al ritmo de despacito, en la parte ésa de pasito a pasito hacemos la entrada en meta más acompasada con la música que se recuerde.

Y, bueno, en el plano personal, vamos mejorando poco a poco pero seguimos sin entrar de los 100 primeros (106 esta vez) ni estar a menos de una hora del primero pero bueno, todo se andará, que en eso nos defendemos medianamente.

La carrerita tenía alguna que otra cuesta...


Pero, resumiendo, la carrera está muy bien. No solo por los 1250 positivos en 22 kilómetros ni por los paisajes que, la verdad, tampoco es que los terminemos de disfrutar del todo...pero tiene todo: mucha senda, avituallamientos correctos...y hasta gazpacho en meta había, bien marcada, mucho voluntario, bolsa, su repecho de la muerte al final, precio aceptable y a tres cuartos de hora de Valencia...para llegar rápido a los posibles cumples que pudieras tener :)

Así que se puede volver sin temor a equivocarse.

sábado, 27 de enero de 2018

Asimilando el finiquito. Hoy: Llaurí

Y acabamos Puzol. Y nos acercamos al doctor Plaza. Nos diagnosticó: bursitis y calcificación retroaquílea. Vamos, que la mutación a superhéroe sigue su ritmo. Más o menos estuve así:



En fin. Díez días de reposo. Donación al Valle Trail incluida. Decíamos que díez días de reposo. Vacío legal. Corrimos el día 13. Llaurí es el 26. Por misterios de la informática...aparecemos inscritos.

Las crónicas son muy repetitivas. Antes de cualquier carrera ya es norma habitual que el Madrid pierda. Esta vez se veía venir: Fuenlabrada, Numancia, Leganés...la parte difícil del cuadro. Así nadie puede ganar una Copa. Inhumano. En fin. Eso. Que el despertador suena a las siete. Esta vez un sábado. A las 8.30 ya estamos allí. 

Me encuentro con Jose y Manuel. Nos va la marcha. El motivo para venir aquí es que, en 18 kilómetros, nos vamos a encontrar 1300 Remigios (nueva unidad de medida). Y se ve. Tan solo girando la vista, nos encontramos unos peñascos la mar de interesantes...

Y vamos a la salida. Con cero entrenamiento en estas dos semanas mi colocación en esa ubicación se puede considerar cuanto menos arriesgada. Eso sí, lo de los peñascos...se ve que no era exageración.



Como decíamos, esa ubicación nos permite escuchar las indicaciones previas: "los de larga seguís al de la bici roja". Y le vemos. Lo único que puede pasar es que, una vez dada la salida, pues no le veamos más. Y eso es lo que pasó.

Pequeña vuelta por Llaurí para alargar la carrera. Salimos las dos distancias juntas. Así que, pese a marcar un primer kilómetro en unos estratosféricos 4'47'', nadie se sorprenderá que me pase hasta el apuntador. Y yo esperando una carrera lenta.

Lenta fue. Pero solo la mía. Llevábamos dos kilómetros de asfalto y ya hiperventilaba. Afortunadamente, la zona corredora desapareció y cogimos senda y, en breve, pendiente. Pero ahí tampoco cogíamos ritmo. Solo aire. Y cada vez más. 

Ese primer contacto con las subidas, donde salvamos casi 100 Remigios en poco más de 400 metros nos ayudó a comprender dónde estábamos y que, salir de esto, iba a ser complicado. Y más aún cuando, tras un leve llano, nos enfrentamos a otros 200 metros al 25%. Hasta para Cofidis es abusivo. Y menos mal que era pista. 

Si coger ritmo era complicado, entonces volvimos a una senda y se nos añadieron los corredores de la corta. Y como justamente no eran los más rápidos, pues los tapones que originaban nos venía bien para: primero, recuperar el aire; segundo, disfrutar de las vistas y, tercero, incluso correr en algunos tramos. 

Pero tampoco mucho, no te vayas a creer. Estamos llegando al punto más alto del recorrido (+-450 metros) y Alejandro (ALV) nos saca medianamente presentables.


Y veníamos de ahí abajo (bueno, eso es Corbera...Llaurí está tres kilómetros más hacia mi culo). Como decíamos, coronábamos el punto más alto, nos queríamos morir pero no mucho, ya que quedaban unos ochocientos de desnivel por delante y empezamos a bajar. Aquí sentimos algo de alivio, porque la montaña es todavía más alta. Pero el alivio se olvida pronto. La bajada es bastante técnica: mucho desnivel, saltos, piedras...complicado también coger ritmo. 

Me empiezo a dar cuenta que "imposible coger ritmo" es válido en cualquier párrafo de esta o de cualquier otra carrera. 

Pero eso, que la bajada era peligrosilla a veces. Del avituallamiento pasamos y, ahí delante, se hacía la separación corta-larga. En efecto, ya no podré culparles de los tapones. Ahora los haré yo. Maldición. "Volved, volved, os quiero"...tarde.

Seguimos bajando-llaneando-repecheando hasta que un barranco húmedo con piedras resbaladizas nos llevó a un muro de medio metro, luego a unas escaleras, luego a un tramo de cuerda...dios mío, estábamos en una Eternal Running!!. 

Peor. Salimos a una carretera flanqueada por chalets. Si te gusta la bici no te compres un chalet en Sant Sofi. Este es el mejor consejo que te puedo dar. Prácticamente este kilómetro asfaltado se hizo andando. A mínimos tramos se trotaba, pero esas pendientes continuas del 14/15% invitaban a tomárselo con tranquilidad. Vamos, imposible coger ritmo, ¿sabes?

Avituallamiento. Coca Cola y plátano. Lo que recomiendan los nutricionistas, vamos. Y al lío. Ahora una senda para correr algo, yuhu!!. Otra cosa no, pero exceptuando el kilómetro vertical éste de Sant Sofi y el posterior de la cantera, la carrera es muy de senderos. Complicado adelantar. Bueno, y más en mi situación, ja!.

Un tramito trotable nos llevará al kilómetro 10 donde nos encontraremos una cantera. Intentamos hacernos una idea del recorrido, porque hay gente subiendo una senda (ésa es impepinable que va ahora, porque la tengo delante) pero luego, ahí gente por ahí arriba, otros que vienen, otros que bajan...Y me parecían complicados los problemas de trenes. 

Mientras buscamos la solución, el primer repechaco nos lo ventilamos. Después, llaneamos y, salvando un par de cuestas más, nos volvemos a encontrar los famosos 200 metros al 25%...pero esta vez de bajada. Aquí nos quejamos menos. Pero a esos 200, se le añaden otros 200 y otros 200...resumiendo: estamos bajando un huevo. Afortunadamente giraremos a la derecha, porque me parecío ver una flecha que indicaba, cogiendo la izquierda, Núcleo de la tierra: 2,5 kilómetros. 

Y tras esta bajada tan pronunciada, esta subida tendida despertó sensaciones olvidadas como la del dolor de piernas que te cagas, qué co*o haces aquí y cosas así. De momento, entró calor, así que manguitos fuera. Más calores entraron con la primera rampa que había en la cantera. Y con la segunda...ni te cuento. 

Aquí, exactamente aquí, se podía haber terminado la carrera. Bueno, y si hubiera sido tras la primera vuelta por Llaurí tampoco habría hecho ascos. Pero ahora iban 13 kilómetros, comíamos algo en un avituallamiento y, según el dorsal, nos quedaban algunas bromitas escondidas. Bueno, no tan escondidas. Estaban en todos los kilómetros. Con especial atención a la subida del 15. 

Hemos pasado de hacer carreras largas, más largas, la ostia de largas...a temer a la subida del 15 (que fue lamentable) en una carrera de 18. Patrocinadores, venid, venid. Pues sí. Y también me dio canguelo la del 16 (dramática), pavor el repecho del 16,5 y vergüenza ajena el del 17,1. Hasta el último repecho tenía trampa: fotografía. Que sí, que eran un metro de desnivel pero el postureo hace que no lo haga como lo desearía...andando. Ahí, Alejandro preguntará por Miquel (CXM) y yo le responderé que estaba...preparando el finiquito.



Después, por fin, apareció el asfalto y en modo safety car llegamos a meta. 2h48'. En una flamante posición 86. La posición 86 es muy importante en las carreras, así que estoy muy orgulloso de no haberme quedado por ahí tirado porque...ufffff, mucha tralla. El nombre de la modalidad, por tanto, muy acertado.

Voy a poner el perfil para ver si consigo algo de solidaridad y a ti también te habría costado coger ritmo en algún lado, no te digo en todo, que en todo es bastante difícil (eso sí que es un mérito, ahora que caigo):


En cuanto al análisis de la carrera: bien marcada, buenos avituallamientos, mejores voluntarios, terreno para todos los gustos, con bajadas muy técnicas, subidas escarpadas y vistas maravillosas del Golfo de Valencia (pon aquí el nombre de ese amigo tuyo que sale tanto). ¿Lo mejor?...que nos hemos encontrado una zona de entrenamiento a media hora de casa :)

Una pena que vaya a promover en el change.org ése el que cierren la cantera de Llaurí, o, por lo menos, que se carguen los caminos de arriba, que ahí ya no van a coger piedras seguro. 

La única pega, por ponerle alguna...el que los de la distancia sprint no compartan el mismo recorrido y salgan 45 minutos más tarde (para evitar que los primeros cojan a los últimos en la primera subida).

Por cierto, ya van llegando muestras de solidaridad acerca de la dureza del recorrido.

Julio considera que exagero mucho porque solo había una subida y todo lo demás bajada, salvo los dos repechos finales, que a esos no les afecta el descenso.


Y visto así, razón no le falta.




miércoles, 29 de noviembre de 2017

Maratón de Montaña de la Marina Alta: doce años después...

"Cariño, me voy a por tabaco"...y volvimos doce años después. Nada, que no encontraba las llaves.

Gata de Gorgos. 3 de abril de 2005. Hacía sol. O por lo menos no era un día de perros. Pequeños recuerdos. Una cuesta de la muerte que se veía desde la autopista. Una interesante potada negra -ea, nadie dijo que todo fuera a ser bonito-. Un muchacho de aire jovial que te adelantaba con unas zapatillas de asfalto. La libretita en la que apunto las carreras indica que tardé poco más de cinco horas. Yo tampoco me lo creo. A lo mejor hice la mitad, no sé...

Gata de Gorgos. 27 de noviembre de 2017. Doce años después, las cosas apenas han cambiado. El Barça sigue siendo el mejor. Gata sigue siendo atravesada por una maldita nacional. Y no es que haga sol, es que no llueve desde aquella vez que llovió. Igual fue 2005 también. Ah, el muchacho de las zapatillas de asfalto ahora tiene unas de monte pero sigue corriendo como un tiro. Que si por debajo de las tres horas en Valencia. Que si en la víspera se hace un diezmil por debajo de 40. Que se queja un poco de piernas cargadas...nenaza. Incombustible Javi Muñoz.

Y en primera línea salió. Y en meta le vi. ¿Yo? hecho polvo. ¿Él? Pues como si no hubiera corrido. Y así podemos estar otros doce años más. O veinticuatro. 

Por lo menos soy más alto.

Fin del consuelo.

Inicio de la crónica. 

Tras la explosión sin vísceras de Montanejos, había ganas de monte y ya no te digo de acabar un poco más decentemente. Porque peor es complicado, obvio. Así que iniciamos una fase intensiva de entrenamiento. Esto es, salimos un par de horas los domingos y ya. Y con eso y una frase en el reglamento se nos hicieron los ojos chiribitas y para allá que nos apuntamos: ¿Cerveza gratis?, ¿escaleras mecánicas?, ¿cierran telecinco?...no, mejor que eso, la frase era "nueve horas y media de tiempo límite". 

Igual me he pasado con las expectativas, pero un poco solo.

Menos mal que no puse lo de la Schiffer.

Apuntarse uno fuera de hora, conlleva el que te quedes sin camiseta. Lo asumimos. Así que, al recoger el dorsal, no habrá sorpresas. Ni bolsa. Dorsal e imperdibles. Y ya. A ver la zona de salida y meta.

Despertador a las seis. Un sueño que te c*gas. Literal. Jiji. De agradecer eso de dejar las llaves de la habitación y te permitan volver a la media hora. Lalala. Miradas al techo. Silbidos. Tres kilos menos.  Suspiros de alivio. Protocolo antigases creo que se activa unos minutos. Yo me voy a la salida que no sé de qué me hablan. 

91 inscritos. Javi Muñoz en primera línea. El menda, en tercera. Dan la salida y el primer kilómetro es hormigón por el paseo que bordea el barranco. Muy corrible. Las molestias del tendón siguen ahí. Me las quedo para siempre. Pero lo remarco. Hay que dar toques épicos a la historia. Y dramáticos también. Así que, las terribles molestias del tendón apenas le permiten trotar. Chapeau. Y, no solo eso, si no que salimos airosos de este primer tramo. En efecto, no vamos los últimos. Flamenca del whatsapp por tres.

Atravesamos el barranco y empezamos a subir. Una subida trotable pero con ese punto de pendiente que hace que trotes y te ahogues. Ese punto de pendiente que hace que, si trotas, no pillas a nadie. En cambio, si caminas,  entonces te pasan ocho. Sí. Y te pasan. El 10% del pelotón. Alternamos trotes y pateos hasta que llega el primer avituallamiento. Estamos en el tres y aquí la pendiente va a aumentar. Se deja de correr. Se dejan los chistes. Bienvenidos a Gata. 

Vamos cogiendo pendiente. Empieza la subida a Serrellars. No es bosque frondoso, lo que nos permite ver por dónde se sube. Ah, pues se llega alto. Ah, pues al primero no le pillo. Ni al segundo. Por si habían dudas. Pese a ser noventa en la salida, lo curioso es que estamos en un grupo de ocho subiendo y, por detrás, a unos metros se aproxima otro grupo igual de numeroso. De todos modos, no nos agobiamos...acabamos de empezar.

Y tras la primera subida, vino la primera bajada. Dejamos de ver Gata. Dejamos de ver la horrible montaña infestada de adosados. Tiene que ser la leche eso de contar que te has comprado un adosado en la montaña y estás rodeado de más gente que se ha comprado un adosado en la montaña. Envidiable. El promotor se tiene que estar riendo todavía. 

Volvamos al lío. Coronamos. Bajamos. Y, rápidamente, subimos otra vez. Rápidamente porque la subida vuelve de sopetón, no vayamos a creer cosas que no son...Por cierto, se produce la fusión de los dos grupos. Unos quince/dieciséis. Casi nada. Una sexta parte de los inscritos estamos ahí, juntitos, apretaditos. Nos estiraremos un poco en la bajada a la autopista. Un tramo ligeramente peligroso para la gente con algo de vértigo o simplemente cagada como el que escribe. 


Uno, dos, tres, cuatro...quince y dieciséis. No hay fotografía que inmortalice el pelotón, pero esto es lo más parecido.

Ya lo sé que hay solo quince :).

Y una vez abajo, segundo avituallamiento -que, al parar, hace que se vayan trece de golpe- y túnel bajo la autopista. ¿Recuerdas en 2005 con la subida aquella tras la autopista?...pues parece que es un principio básico de Gata: si bajas a la autopista, agárrate los machos, que la subida es de aupa. Y así será la subida al Tossal de Llecinta. Una pared inicial y luego algo más caminable/trotable. Hay que reconocer que la subida de hace doce años me dio más miedo que ésta. 

Y, otra vez, nos pusimos a bajar. Como un Alavés de la vida. Y esta bajada me sonaba. Esta vez sí. Descendíamos a la autopista nuevamente por donde subimos en 2005. Daba miedecito pero, no sé, la imaginaba mucho más terrible. Al final resultará que soy un poco exagerado y todo.

En esta bajada, volveremos a enganchar a un grupo de 6 o 7. Se acerca un tramo llano y puede venir bien. Otro avituallamiento. Hay jamón con jamonero. Y luego un barranco. No tiene casi piedras. Lo que hay que agradecer, aunque los agricultores de la zona discrepen algo, es que el terreno esté seco. El grupo va a su marcha y yo les sigo a unos metros. Entonces, se equivocan de camino. Jose va a su marcha y el grupo le sigue a unos metros. 

Y, de repente, abandonamos el barranco y enfilamos el tercer ascenso de la jornada: la Solana Lliber. En esta subida, lo duro es la parte inicial por el desnivel y por el tipo de terreno: la clásica senda de piedras afiladas que complican bastante el correr. Bueno, ya te imaginas, si la primera subida ya se hacía andando, vamos a andar ahora con exquisiteces de "como el terreno no es chachi, pues no se puede correr". Eso sí, superada esta primera parte, le seguirá un tramo ascendente corrible en algunos tramos. Por otra parte, el grupo de atrás, poco a poco, va dejando de oírse.

Tras quince kilómetros, por fin estamos solos. Si vas buscando tranquilidad y tu propio ritmo, verte embotellado en mitad de un grupo de quince pues igual no es la mejor opción. Ahora sí, se trota, camina...a tu gusto. Añade, además, otro avituallamiento con plátanos partidos en transversal. Como la Diana comiéndose los ratoncitos en V. Si has nacido en los noventa, ni te molestes en intentar entenderlo.

Y empieza lo serio. Empieza la subida al Tossal Gran. Esta a subida, a diferencia de la anterior, tiene tres tramos bastante diferenciados: uno duro al principio, luego menos duro, después otra vez duro y, ya, para acabar, el de hacer eses. Media hora de bicharraco para subir algo más de cuatrocientos positivos. Y, pese a que parezca lo contrario, subimos a buen ritmo, cogiendo alguno que otro. Ya estamos en el kilómetro 20 y hemos superado las tres horas de carrera. 


Y lo celebramos posando. Las vistas lo merecen. Ahí detrás, el peñón de Ifach. Enfrente mismo, el Castell d'Aixa. Tiene truco.

Y claro que tiene truco. Bajamos y nos encontramos a un voluntario. De la montaña de enfrente, bajan corredores. No hace falta tener convalidado tercero de CSI para saber que por ahí bajamos. Lo único que necesitamos saber es en qué momento empezamos a subir. De momento, la senda baja. Y baja. Y baja. Y nos alejamos del peñasco. Y la senda se convierte en asfalto. Y seguimos bajando. Y el montañón pasa a verse inmenso. Y tú, ahí abajo, diminuto del todo.

Por si acaso...seguimos bajando. Y llegamos a un avituallamiento. Y no tiene Coca Cola. Rompo a llorar. Se sube por ahí. Ah, pues algo de pendiente sí que tiene este tramo inicial. Pasos pequeños y cogerse a las ramas. No incrustárselas en la cabeza. Nos ha llevado unos años, pero ya hemos aprendido. Superado este tramo inicial, un tramito llano y, otra vez, a subir. Mucha pendiente y luego se suaviza algo. Arriba, nuevamente, vistas espectaculares. El Castillo...pues con no muchas puertas o ventanas, entra demasiado el aire.



Y la bajada hasta el voluntario es algo técnica. Podemos decir que este bucle nos ha llevado unos 45 minutos. Vamos camino de los 26 y estamos un poco por encima de las cuatro horas. El objetivo, por cierto, es intentar bajar de las 7 horas. Una media de diez minutos el kilómetro. De momento, por poco, lo cumplimos. 

A continuación, un tramo descendente con algún tramo complicado y otro avituallamiento. Y ahora llega la fase con más miedo de la carrera. Y es que, hasta este momento, en todas las subidas intuías por dónde iba el camino. Pero, en ésta, el último ascenso serio, el de la Lloma Gran, simplemente ves que la senda se adentra pero no sabes si has de subir la montaña de la derecha, que da miedo o la de la izquierda, que da pánico. 

Una personita por ahí, la primera fémina por allí...vale, subimos la montaña de la derecha. De hecho, una vez la senda abandona la espesa vegetación, en dos minutos se acaba el ascenso. A continuación, un tramo de falso llano en la que correremos más por amor propio que por fuerzas. Bueno, no, trotamos para acabar antes, ni más ni menos, pero lo otro quedaba más del rollo esfuerzo y superación. En fin, nos juntaremos un grupito de tres y parece que mi ritmo cansino les va bien. 

Otro avituallamiento y, en el 32, cogeremos la parte más fea de la carrera. En todos los sitios pasa, es muy normal. Por ejemplo, el Mapoma. ¿Qué tiene de feo el Mapoma?...¿El paso por el Bernabéu, quizás?. Silencio. Silencio tenso. Cambiemos de tema. Volvamos a la carrera. Al kilómetro 32. A esa senda que le llamamos senda por no llamarle campo a través. Casi dos kilómetros de piedras, césped, piedra y césped, saltos... Esa senda hace buena a las piedras del barranco.

¿Piedras del barranco?. Diablo invocado. Merda. 

Cuando acabamos ese tramo, aparecemos nuevamente en el barranco. Con sus piedras. Sus tomateras. Sí, las hay, palabra. Su avituallamiento. Aquí, uno del terceto ve que está fuerte (eso ya lo sabía dos montañas atrás, pero bueno...) y hace marcha. Los otros dos nos quedamos a salvar los muebles. Justo antes de la senda del 32, ya empezaba a aparecer el cansancio. Correr en llano, ufff, insufrible.

Y la pequeña subida del 36, por pista, muy cómoda. Alternaremos el andar con el trotar. Le ofrezco que haga marcha, que me deje tranquilo. Estoy en modo M. O sea, no puedo con los wevos. El chaval, muy amable, dice que no, que agradece el ritmo en la bajada previa y que le da lo mismo tres minutos más o menos. Pues nada. Tendré que esprintarle...

Por fin reconocemos el camino. Esa senda que empezamos a descender es la senda por la que subimos al principio. No pueden quedar más de tres kilómetros. Dos. Nuevamente bajamos al barranco. Eso implica que hay que subir para salir de él. Y una vez sales estás en el tramo homigonado. Y de ahí a meta hay un kilómetro. Y unas escaleras. Y una nueva oferta de abandono. Por fin me hace caso. Se va. No me gusta hacer de lastre/freno/olasdoscosas.

El reloj lo paramos un poquito por encima de las seis horas y media. Doy la enhorabuena a los dos compis del terceto. Unas palabritas con Javi y a descansar un rato. Qué bien sienta una silla después de esto, no me había dado cuenta. Que luego tardes más en levantarte que lo que has estado por los montes es otro tema que trataremos en otra ocasión.

Este es el perfil.

Y de la carrera, pues qué decir. Me gustan todas. Y las carreras también. Y esta...pues también. Muy bien de avituallamientos, de voluntarios, de recorrido (espectacular). Lo único que no me ha gustado ha sido el tramo del 32/33. 

Es de estas carreras en las que te preguntas qué más necesita para ser un carrerón y, salvo unas pocas cintas más en los tramos de barranco, no se me ocurre nada. Ah, sí, un par de personas en Aixa...para que me hagan una foto molona, que luego mi madre no se cree que he subido allí arriba :).

Que me den Gata y me quiten Valencia :)