domingo, 1 de marzo de 2020

Hoy hacemos el ridículo en...Vall d'Uxó

"Con la de 63 ya voy bien..." dijo Dinio. No, qué leches, lo dije yo. Y así acabamos apuntados al TES (Trail Espadán).

Había opción de una de 17 y otra de 80000. Así que eso, a la intermedia. La de los 4000 positivos. La que salía a las seis desde las Cuevas de Sant Josep. La que te obliga a despertarte a las 4:30 en el hotel con más corredores por metro cuadrado después del de Chamonix ése a finales de agosto.

Dorsal, firma del pliego de responsabilidad (me apunto al TES y, si me muero, es culpa mía) y al coche. Nos ponemos monos. Y frontal. Recuerdo la última vez que lo usé como si fuera ayer. Fue el jueves. Para comprobar que iba. Va. ¿La vez anterior?: No sé, solo que las pilas eran Tudor.

Al acercarnos a la salida, nos dicen de ir entrando a la cueva para dar la salida. Entramos de los primeros. Tiene dos pedrolos bajos para crear "cuidado una cueva" sin ningún problema. Primera cagada. Si entras de los primeros y te vas al final cuando den la salida, saldrás de los últimos y a 200 metros hay una subida fuerte con el consiguiente tapón.

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Recreación de la entrada de la cueva no sujeta a la realidad, pues íbamos con dorsal y con los frontales apagados.

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Y entre que se da la salida, evitas los pedrolos y sales en el vídeo en el segundo 39 de los 48 que dura ya sabes lo que va a pasar. Sí. Con patatas. Te comes el tapón. La subida tiene desnivel y algunos tramos de trepada. Habrá momentos de estar parados. De todos modos, en esta primera subida, salvo alguna mirada para ver como nos alejamos de la Vall, solo me fijaré en los calcetines amarillos y la cosa esa de compresión de sóleos negra del de delante. El primer kilómetro es de 24 minutos. A este ritmo, el martes en meta.

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Si llego a saber que Andrés -Last Race Studio- iba a hacer ese fotón, dejo de correr ya mismo porque todo lo que hiciera a continuación sería estropearlo...

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Afortunadamente, todo se arregla con una leve bajada y se desarregla con la subida final al Pipa. Y peor va a ser la bajada. Sigue siendo de noche aunque ya llevemos una hora de carrera. Seguimos bajando en grupo (más o menos) hasta que llegamos a la zona de la cuerda. Ahí, sin luz ni focos, volvemos a hacer un tramo de descenso especialmente vergonzoso lo que va a hacer que, por arte de magia, ya no bajemos en grupo.

Eso sí, al final del descenso, volvemos a cogerlos y nos encaminamos a cruzar la carretera de Fondeguilla para subir el muro. Es bastante útil, antes de empezar el muro, correr un poquito y recuperar alguna que otra posición porque, pese a subir en procesión, nunca se sabe dónde se va a hacer el corte. Por cierto, ya es de día. Ya veo (Mateo, 6,24).

Ya sé que no es. Chafachistes.

De momento, seguimos en hilera. Esta vez son calcetines naranjas. Demasiada pendiente tiene esto, así que vamos en fila. Cuando se suaviza, empezamos a pasar a alguno que otro. Sigo viendo, eso sí, los calcetines naranjas. El de delante, colega suyo, me dice que me conoce. Le enumero todas las discotecas a las que iba. Me dice que no, que era en Dements o de Mamova...no sé, a una no he ido y a la otra creo que solo fui a llevarme las dos medallas con la M, hace tiempo ya. Seguimos subiendo, pasa ya la segunda hora y va siendo hora de girar a la izquierda y bajar a Fondeguilla. 

A diferencia de la vez anterior, con mucha humedad, hoy el día es seco con lo que se baja relativamente cómodo. Eso sí, el ir el último del grupo hace que pase a uno o ninguno bajando. Da igual. Es muy largo esto. Son poco más de las ocho, llevamos casi diez kilómetros...y hemos conseguido bajar un poco la media por kilómetro. Algo más de doce (aunque esos cuatro kilómetros de la primera hora nos va a lastrar ligeramente)

Fondeguilla, avituallamiento y tras unos rampones de asfalto nos vamos a buscar la subida a Cantallops (o eso dice el Strava, que yo esa zona no me la conozco). Vamos en grupo y, por circunstancias, me quedo delante...y arrancamos la moto. Quedan 50 kilómetros y 3000 positivos y pienso lúcidamente que es buen momento para irse en solitario. Bebemos, comemos, vamos tomando sales y subimos la cosa esta relativamente bien. Luego nos encontramos una bajada de pista de 1,5 km en la que mis amadas calcificaciones siguen dando por el c*lo. La verdad es que hoy están molestando bastante desde el inicio.

Aparecemos en una pista de subida -que me suena del primer TES- y que nos conduce a la Nevera.  Voy a por un flan, que me ha dado hambre. Soy fácil de sugestionar, asumido. Esta subida tiene menos pendiente. La moto tira menos, pero seguimos cogiendo gente. Sobretodo corremones. Si hay jamón al club más numeroso...creo que tocan a media loncha. Cuando llegamos al tramo divertido, en el que zigzagueas en una ladera desprendida, quien dice que me conoce ahora es un chaval de Xàtiva. Le pregunto si le debo dinero, y espero que diga que no, porque tiene bastones y la caída aquí es bastante seria. Creo que he de cambiar la pregunta, por si acaso. Así que, de cháchara pasamos un rato hasta que dice que me pire, que le estoy aburriendo. Que voy más rápido dice, sin reírse. Es elegante. 

Seguimos. Coronamos. Bajamos por pista. Los tendones me duelen mil...pero seguimos. No sé yo si las ondas están haciendo mucho efecto. Pero si la carrera es en sábado, veo las estrellas al trotar. En cambio, si es en domingo y la víspera se ha podido pedalear..como que va mejor. Menudo drama lacrimógeno te he soltado. Te aguantas. Carta de Pablo a los romanos. 

También me lo he inventado.

Un poquito de pista, un poquito de senda y nos plantamos en Chóvar. Ahí vemos a Anna que dice que Vicen está por delante. Ya la hemos liado. De todos modos, da igual. La táctica se mantiene fija: trotar en los llanos/bajadas y caminar en las subidas. Repostamos en Chóvar, comemos y al lío. Llevamos poco más de 20 kilómetros y camino de las cuatro horas. Estamos ya por los 12 el kilómetro. La velocidad media de ir paseando por ahí, vamos. Menos por Colón, claro.

Ahora vamos a buscar el punto más alto de la carrera: Penya Blanca. No tendrá nada que ver, pero un saludo al City y su 1-2 en el Bernabéu. Estoooo...que me lío, salimos de Chóvar con la compañía del setabense y hacemos un pacto no escrito: yo me piro subiendo, que él me coge bajando. Así que hago marcha. Aquí la moto tira lo suficiente para no caerse uno de ella. Este tramo de subida dará para coger a un corremón enrampado y a un tío con unos andares que me resultan vagamente conocidos. 

"Ya la hemos j*dido". Bonita carta de presentación. Llevamos 25 kilómetros y el tío está como siempre, sonriendo. Bueno, como siempre no está, porque si lo estuviera, ya estaría en Eslida. Así que, molestias aparte, está como siempre. ¿He repetido siempre?. Tampoco es que nos dé para hablar mucho que cómo vas, que pim, que pam...porque yo, bellísima persona y mejor compañero, hago siempre (meeeec) lo mismo que veo a Vicen.

Eso es: intentar descolgarlo.

Igual no soy tan bellísima persona ni tan gran compañero, ahora que me fijo.

[Inciso]


Las vistas desde Penya Blanca creo que debían ser espectaculares.

[Fin inciso]

Así que coronamos Penya Blanca y ahí, a la derecha, está la senda que nos lleva a Cerro Gordo. Pero, oye, un momento...el recorrido nos manda a la izquierda. Hay cintas pero el recorrido nos lleva en la dirección contraria. Y el inicio de la bajada es muy técnica (en dos curvas ya echo de menos la bajada por pista). Y tiene mucha pendiente. Y sigue habiendo cintas...pero yo creo que por ahí no es...que estoy haciendo el recorrido de la UTES al contrario. Me paro. Y estoy a punto de volver sobre mis pasos. Viene uno detrás y le pregunto. El chaval, claro, flipa. En este preciso punto, acabo de desconectar de la carrera.

Todo se arreglará cuando veamos a uno subir por ahí y le pregunto si han pasado corredores. Todos los que van delante me responde. Vale, es por aquí. La senda sigue descendente y aparecemos en el avituallamiento de La Mosquera. Los compis de Sant Joan nos ofrecen su simpatía y una carrera que se celebrará el 24 de mayo. Ahí tengo la excusa de Reus. Pero eso, os digo lo que me han dicho. Ah, van 30,5 kilómetros. Quedan otros tantos.

También nos ofrecen avituallamiento, lo que les hace más majos. Reponemos, bebemos, viene Vicen, el setabense y unos poquitos más. Ha quedado claro que el proceso de desconexión ha venido acompañado de un momento de debilidad física. Bueno y de parar a echar un pis. 

Salimos de ahí y subimos por el Barranco de la Falaguera (hay que ver que cuando me documento, me documento). Aquí ya no hay moto ni bici ni patinete, aquí estoy yo y mis circunstancias subiendo por una senda que no tiene mucha complejidad y noto cosas raras. Un estómago cargado: igual la mezcla de pistachos, pasas, sales, agua y cocacola está haciendo mella lo que se traduce en ganas de dejar un recuerdo por ahí...pero no termina de salir. El Garmin marca un kilómetro de 17'. La cuesta no es para tanto. Estoy bordeando el ko.

Me pasan cuatro y ni intención de seguirles. 

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Sofía ya predijo cómo acabaría la subida a Cerro Gordo.

[Fin inciso]

Coronamos, sendeamos y subimos a Cerro Gordo por el rampón. Los cuatro ya son puntos minúsculos. Vicen viene por detrás y se va. Le digo que estoy más fuera que dentro y que haga marcha. Tras coronar de aquella manera el Cerro, nos tiramos para abajo a buscar Íbola y, tras eso, hay otros tres kilómetros de senda que nos llevarán a Ahín.

Vicen baja más reservón así que entrando en Ahín, me coge. También el setabense. Carrera larga: nos contamos nuestras penas. Entramos en el avituallamiento. Y pasa lo que pasa siempre: Yo abandono en el próximo avituallamiento que no puedo con mi alma, he gastado mucho de inicio, he corrido por encima de mis posibilidades, cualquier equipo te puede ganar, venimos a Eurovision a enriquecernos de la experiencia y seguir más es una tortura y no merece la pena...hasta que te ponen un plato de macarrones.

Cuando te ponen un plato de macarrones tras siete horas de tortura, ya te puede venir la Johansson que le dan por c*lo a los macarrones. Vamos a ser sinceros. Pero como no viene, pues eso, que te los comes en un santiamén y pasas a ver las cosas desde otro prisma y todo deja de ser tan negro. Es que camino de Cerro Gordo era negro oscuro. Luego, con los números en la mano, analizas: van 36 kilómetros. Faltan 27. Los millenials abuchean por estos datos que me acabo de inventar. Llevamos a Contador, Samuel Sánchez y otros 2800 positivos. Quedan 1200. Los millenials dicen que anda ya, que no se puede restar tan rápido sin móvil. Y nos quedan las subidas de Eslida y Artana. 

Por otra parte, dejamos de cargar cocacola porque a alguien tengo que echarle la culpa del malestar estomacal previo y no va a ser a la tableta de chocolate que me arreé en la víspera, claro.

Resumiendo los pensamientos macarroniles: no vamos a llegar de los primeros, pero es factible acabar. Además, contaremos con otra ayuda inesperada: el calcáneo derecho, el que duele más, decide que no va a ahogar, que solo va a apretar, o sea que dolerá menos. A saber lo mal que me vería el ijoepú.

Cosa que te replanteas cuando, saliendo de Ahín, te plantan el rampón ese de hormigón. Bueno, lo haces y menos desnivel que queda. Vicen está hablando con Anna cosa que aprovecho para coger unos metros. Tras este primer repecho, tramo de sendero y pista. Aquí es Vicen quien arranca la moto. No levanta ni polvo. Juraría que lleva la de Márquez. Ya no le veo. Y pongo de mi parte, que un kilómetro me sale a 5'10''. Lo que veo, en cambio, es Eslida tras otro descenso de pista.

Avituallamiento. Ahí está Anna. Me dice que M ha hecho podio en la de 17. Ahora sí que me puedo retirar. M en un podio. Ya lo he visto todo en el deporte. Comemos, bebemos y recargamos. Salgo antes que Vicen y me evito el momento ese de cuelga tú, no tú, no cuelga tú, a la de tres colgamos los dos...Atravesamos Eslida que, por cierto, tiene alguna que otra cuesta en su casco urbano y nos encontramos con una senda que es un sube-baja. Yo sigo viendo esto bien...hay que llegar a 4000 positivos. Vamos por los 3300. Y si te vas quitando 3, 5, 8...pues todo va restando. Incluso el número de geles, que pasa de tres a dos.

Salimos a una carretera y a la subida propiamente empezamos a disfrutarla. Estamos subiendo el Coll Roig y, la pendiente, es salvable. Seguimos descontando metros. Además, mentamente preparado para, cuando llegas a ese punto en el que crees que bajas y haces un barrido en busca de las cintas y éstas están a tu izquierda, por esa senda tan empinada. Por cierto, me giro...ahí está Vicen. 

Coronamos por fin (este tramo coincide con la Volta al Terme de Fondeguilla en sentido contrario) y empezamos a bajar. Bajada principalmente por pista. Hola Vicen. Adiós Vicen. No le duro ni media recta. Ya no le veo. Van casi 50 kilómetros. El objetivo sigue siendo el mismo: llegar de cualquier manera...pero llegar. Pista, senda, escaleras, avituallamiento de Artana. Anna, Vicen en una silla y otra vez a comer y beber. Vuelvo a la Coca Cola para este último tramo. 

Cuelga tú, no tú, no, tú primero...me vuelvo a evitar esta fase y salgo a buscar la última subida. El ritmo de zancada no es especialmente plástico. En efecto, da vergüenza ajena. Pero bueno, quedan 11 kilómetros, así que todo lo que se trote aminora el tiempo pendiente de tortura. De verdad, en un ultra, quien no se consuela es porque no quiere. De esta última subida no tenía recuerdos previos, así que, cuando veo que el primer tramo es una senda no muy complicada tampoco nos disgustamos especialmente. Lo complicado viene luego. Pasamos a un gel ya. Y lo duro es que vuelve a pasar lo del collado anterior: llega un punto que crees que bajas y la senda esta vez va a la derecha...y es complicadita. Mi traducción de complicadita me lo chiva Strava: 167 de desnivel en casi 700 metros. Este cálculo, patrocinado por Cofidis, nos da un inapreciable 25%. Lo bueno...que van 56 kilómetros. Ya solo nos quedará subir a esas antenas que se ven ahí delante.

Lo malo, que para subir esas antenas hay que bajar antes. Lo de los 4000 de desnivel ya se empieza a superar con cierta holgura. Igual el Garmin exagera la altura. Jamás lo habría imaginado con un dueño como yo, oye...pero eso, nos vamos a subir la última. Y una vez subida, un tramo de llaneo para empezar, por fin, la bajada. Ya se ve Vall d'Uxó. Bajamos Penyalba, son 59 los kilómetros, empezamos con un tramo de pista y luego senda.

La verdad que ya estoy un pelín hasta la p*lla de correr. Pero no por la bajada en sí (si ya nos quejamos por las bajadas es para hacérnoslo mirar) si no porque sé a dónde conduce este tramo...al odiado barranco. Además, hay un riachuelillo por ahí que vas haciendo equilibrismo para llegar seco a meta. Estos tramos en los que una carrera se convierte en una gyncana no me van, la verdad. Hasta que llegamos a un tramo en el que el humilde riachuelillo se ha convertido en un estanque con su embarcadero y todo. Y aquí no hay otra que mojarse. Agua hasta los tobillos.

Es ideal si tienes plantillas atravesar un charco. Se convierten en chicle. Se deforman. Si trotas, se echan hacia delante. Si subes, hacia atrás. Odio este barranco. Salimos del barranco. Adiós p*to barranco. Sí, vale, nos vemos el año que viene, claro. Un beso. Nos encaminamos a los últimos 500 metros. Es una causa de estrés bastante fuerte el mirar atrás y ver que viene uno. Te obliga a correr. A correr y a intentar cargártelo psicológicamente. Si te ve correr igual para. Me da igual. Ya que me he puesto, llego a meta. Oye: y llego de verdad.

11 horas y 19 minutos. Hay borbones que trabajan menos en todo el año. Medalla de las que te dejan el cuello echado hacia delante y me preguntan qué tal ha ido. Me pongo a llorar cuando hablo del barranco y de su lago. Por lo demás, les felicito. No me queda otra. Han hecho un trabajo estupendo.

Los corredores necesitamos carreras. Pero las carreras necesitan a gente que la saquen adelante y cosas de estas no debe ser fácil.

Para acabar: una Coca Cola, a lavarse un poco y unas palabritas con Sonia. Ha hecho segunda en el UTES (palabras mayores...que son siete horas de noche) aunque se ha perdido alguna que otra vez. De todos modos, el objetivo es otro y de aquí (trofeo aparte) hay que llevarse sensaciones.

Y las que me llevo yo son las de unos veinte kilómetros bestiales (desde Fondeguilla hasta Penya Blanca), diez kilómetros de ko mental (pensar que estoy haciendo el recorrido de la UTES al revés no se le ha ocurrido a un guionista de Netflix en la vida) y 27 de aquí hemos venido a jugar...y a intentar que no se nos haga de noche.

Por lo demás, este es el perfil


En cuanto al TES en sí, carrera totalmente recomendada pasando por algunas de las cimas más conocidas de la Sierra de Espadán (si quieres hacer más te vas al UTES eh...que el cambio de La Mosquera a mí me ha dejado de aquella manera) con avituallamientos apañados -el de Aín y sus macarrones es de matrícula-, gente muy maja en los mismos, recorrido bien marcado. De la bolsa no puedo decir nada porque la he dejado en el coche que ayer solo me podía subir a mí mismo y au pero, atendiendo a la experiencia, seguro que es algo que nos vendrá genial.

Y no se te olvide entrar de los últimos en la cueva :)

Y eso...siento el tocho.


domingo, 23 de febrero de 2020

Hoy hacemos el ridículo...en Moixent (otra vez)

"Si a las siete estás en el coche, entonces puedes llegar a las ocho a Moixent y disfrutar con más entusiasmo los cinco o seis grados que pueda hacer allí para que así la piel se te queda tersa y firme"...como la de un oso polar.

La verdad que el plan no tenía fisuras. La primera parte estaba hecha, que era la de inscribirnos al trail que se celebraba hoy, 23 de febrero, en Moixent. La segunda parte requería de un despertador y de la dudosa capacidad de hacerle caso un domingo. La tercera, la de la rasca matutina, dijo Moixent que ya se encargaban ellos.

Llegamos, aparcamos, vimos a Javi Muñoz, a Francisco, tres pingüinos con rebequita, a Javi, a Yolanda, a Manolo, a Mar y a uno que iba sin papeles. Ya le llevaré tabaco a la cárcel. Encima que me deja tirado en el UltraPirineu, deja deja. En fin, eso, que los enumero para no parecer tan antisocial y tal. Aunque la mona se vista de seda...




IInqui li mini si visti di sidi...Cogimos dorsal, buscamos un wc ecológico -ejem-, vemos el cambio de los últimos 300 metros con repecho incorporado y al coche. Correremos con térmica, camiseta y manguitos. No recuerdo donde vi yo un look parecido...


Nada que no caigo.

A las 9 se daba la salida. Nos encaminamos a una tercera o cuarta fila. Tenemos experiencia en Moixent. ¿Eso qué quiere decir? Que hay que salir rápido para evitar pillar tapón. Que sí, que en los tapones se conoce a gente guay (verdad JM??), pero que eso, que vamos a intentar correr o, en su defecto, sentir qué se siente al ser tú el que crea el tapón.


Por cierto, Ester Simó nos trae esta actualización de Dónde Está Wally...¿te atreves o prefieres seguir leyendo?

Volvemos al lío.

Eso. 9.00. Pum. Asfalto. Salida. Cada día falta menos para llevarme un móvil con la cabeza. Este estuvo cerca. Gastamos tres turbo de los tres que tenía a la salida para llegar en una posición relativamente cómoda al primer repecho. En Moixent haces 500 metros de asfalto casi llanos y ya estás en la senda. Se inicia, por tanto, el tramo de postureo: importantísimo no desentonar. Si el de delante corre, tú corres. Si para,  aprietas el puño y gritas viva para tus adentros. Si se tira por un barranco, miras si hay cintas y te tiras detrás. Si no las hay, pues no está de mal que le preguntes qué tal está o algo así.

Tras algo más de dos kilómetros y medio, aparece la pista y desaparece el postureo. También se celebra interiormente. El no corretear en llano es lo que tiene, que no puedes seguir ni al tato, así que uno va como más despreocupado. La pista vuelve a coger pendiente al desviarnos a la izquierda y aquí, como los otros años pillaba tapón, este tramo se hacía trotando. Este, pues al revés...fabulosa idea la de salir a tope, ahg, me noto, ahg, como mucho más ahg preparado para seguir subiahgendo.

La pista da a una senda y nos encaminamos hacia la antena. Dicen. Este año ni la vi. Y Moixent, desde esa zona tan privilegiada, tampoco. Sigo echando a faltar señales que digan: para y mira, que no vas a ganar. Tramito de cresteo, senda y salida a pista. Me pilla una minimarabunta.

Aquí aparecen ahora un par de kilómetros pisteros descendentes. La minimarabunta se va. Otra vez a descolgarme. Por una parte viene bien, porque vas a tu ritmo y por otra, pues como tampoco puedes hacer mucho más, te aguantas y sigues. Lo de entrenar, obviamente, se rechaza por mayoría. Por cierto, la primera hora con nueve kilómetros y 500 positivos hechos. Creo que ni la selección de halterofilia de la Alemania Oriental sacaba estos números.

Y, de paso, foto que me llevo con zancada de campeón olímpico. O segundo.


Hay fotos de gente buscando caracoles con mayor sensación de velocidad...soy consciente.

Nos encaminamos a la bajada técnica, con sus saltitos y sus cuerdecitas. Nuevamente, sin tapón. Es lo que tiene ir solo. Es una razón de peso, la verdad. Y si viene alguien por detrás, me aparto y que pase. Al no haber cámaras no hay testimonio gráfico de mi enésimo descenso horrible. Y van...unos cuantos.

Pista, asfalto, rampón, pista, avituallamiento. Dos cosas teníamos claras: salir rápido y parar en los avituallamientos a beber y comer algo...y lo que surja, ya puestos. Que se van dos minutos, se van dos minutos. Más te dejarás si petas. Así que, en el primer avituallamiento, parada escrupulosa. Salimos rodando de ahí. De rodar. Creo que no hay que tomárselo tan al pie de la letra. Damos la vuelta al embalse/pantano/charco/océano y nos encaminamos a la segunda subida.

Tiene su pendiente, no vamos a negarlo, pero lo más duro está al principio. Menudo consuelo. De todos modos, da algo de moral el ir cogiendo a alguno que otro...por cierto, por detrás viene la primera fémina. Y estoy preparado para cumplir mi misión. Sí, esa de "tú tira que ya hago yo tapón". Sin jadear en exceso e intentando que resulte comprensible. Ahí es nada. 

Crestearemos  un poquito y bajaremos por senda. Por cierto, toda la carrera con sol, lo que hace que el lado sur, las sendas estén secas y sea un gustazo bajar por ellas. Vamos, para mí, que no haya riesgo de estrellarme ya lo asocio a gustazo bajar por ellas. Paladar fino fino no es que tenga, la verdad. Senda, pista, ánimos, más pista, kilómetro 15. Ya casi estamos. Más pista. Me coge la primera. Le cuento brevemente lo que queda. Le digo lo del tapón.


Ah, en el 14, Ester Simó me saca dando la sensación de no poder con mi alma...100% de coincidencia  con la realidad.

Resulta curioso que, para comentarle lo restante, uso la primera persona del plural: "subimos y nos queda eso, luego bajamos, blablabla..." obviamente, el matiz va luego. Ahí está el avituallamiento. Y es que uso la primera persona del plural pero tú sigues, que yo me quedo ahí. Plátano, isotónico...como si fuera una boda. Encaramos la tercera subida. La primera rampa es interesante. Si miras arriba, ves a la primera allá arriba. Que va, es mentira, ves un punto blanco. Yo creo que gana. Hago el tapón. Y empiezo mi programa de sucesos. 

La subida tiene pendiente (lógico). Bastante. Pasos cortos y mirada al suelo. En una de estas, me da por levantar la cabeza (algo muy loable salvo que estés en Corea del Norte). Algo la para. Una rama. Esto ya lo he vivido. En este caso, la rama no se hace astillas ni brota sangre. Algo es algo. Mientras me toco la cabeza para comprobar daños y ver lo torpe que soy, noto en el brazo algo acompañado de un zumbido. Hay algo que me pica, lo aparto con un poco de autoayuda y oratoria cuidada (me evito denuncias antianiamalistas, de paso) pero, pese a ello, el aguijón me lo ha dejado de recuerdo.

Por cierto, esta vertiente es nueva. Le han quitado un tramo trotable que ha sido cambiado por senda entre árboles pero la parte bonita, la que vas pegado a una pared de piedra, haces un giro de 180º y vuelves por encima por el mismo sitio sigue ahí. Obviamente, ni nos molestamos en ver los paisajes. Lamentable. Solo nos fijamos en que, por donde hemos subido, no se vea al siguiente.

Cuando por fin se sube...llegamos al tramo que siempre se me olvida que está ahí. El cresteo último...no será más de un kilómetro pero es muy complicado coger ritmo...y más con la palicilla previa. A la primera ni se le ve, así que muy muy enfadada por haberle omitido esto no creo que lo esté. Tras este subebaja, iniciamos el descenso. Ojo, en la parte norte...con lo que hay tramos resbaladizos por la humedad. Luego un poco de pista, asfalto, giro a la izquierda, más pista. Más pendiente. Se camina. Más pendiente aún. Pues se camina más lentamente. Arreglado. Por cierto, parece que bajaremos de tres horas.

Queda subir a la Torre Mora y el pueblo se ve ahí...o sea, no queda mucho. Volvemos a bajar. Avituallamiento. Queda poco pero rellenamos. Bebemos. Último kilómetro. Seguimos bajando. Quedan dos encerronas. Atravesamos la carretera. Se inicia la subida a la Torre Mora. Se inicia la subida a la p*ta Torre Mora. De buen rollo. También de buen rollo es el conato de calambre en la pantorrilla. Se hará andando. Todo. Vamos, como si hubiera alguna posibilidad de haberlo hecho trotando (risas). Llegamos arriba.

Bajamos. Escalera de hormigón con peldaños pequeñitos. Se baja de dos en dos o se bajar por la senda contigua. Vamos bajando, bajando. Entramos en el pueblo. Escalones de hormigón. Ostras, no, humed...ploc!!! Hostiaca fina. Caigo con el hombro derecho en una curva a izquierdas de espaldas. O esa sensación me da. Creo que soy incapaz de volverlo a repetir. Clavícula bien, hombro bien, cualquier huesecillo de por ahí, bien también. No hay dolor de la muerte, así que no hay nada roto. Si acaso el escalón, no sé si está preparado para eso...


Ay, no...ésta es de la semana pasada!! Qué bonito es esto de coger confianza, oye.


Y esta es justo antes de estrellarme...ahí, tan inocente pensando que, tras 20 kilómetros de pista y sendas saliendo ileso...así llegaría a meta. Ja!

Volvemos al lío. Entramos en Moixent tras dejar las escaleras. Última encerrona. Son cien metros de rampa. Con trotar 10 imagino que bastará. Me parecen demasiados. No puedo con mi alma. No hay dolor de hombro. Me consuelo con eso. Venga, que no queda nada. Ya lo sé. Lo único que pasa es que no puedo. Se corona. Se baja. Ploc, ploc, ploc...qué es eso ahora??...no puede ser!!, se me cae la llave del coche por un agujero del bolsillo del pantalón.

Bonita última hora. Recapitulamos: cabezazo a una rama, picotazo de insecto, porrazo y se me cae la llave del coche. Afortunadamente quedan cien metros. Hay una curva a derecha en la que puedo derrapar y estrellarme contra el edificio o puede salir un monstruo de una alcantarilla y engullirme. No veo más posibilidades de riesgo real. Más que nada porque lo de los monos lanzando piñas suele ser más propio de cuando estás coronando alguna subida...cerca de meta no tienen ningún sentido.

Misteriosamente, llegamos ilesos en poco más de 2h42', en el puesto 42 de la general lo cual, oye, a mí me parece que está bastante bien. Hemos bajado cerca de 25' respecto a 2019, lo cual es un mordisco inapreciable para ir sin las superfly ésas.



Un poco de Cocacola, unas palabritas con JaviMuñoz, con Francisco y al coche que hay que descansar, que el sábado que viene haremos el ridículo de otra manera en La Vall.

Por cierto, aquí dejo el perfil:

Muy llano, como puedes ver.

La carrera, pues qué decir de ella. Me ha encantado. Son tres subidas y el regalo de la (p*ta) Torre Mora con bajadas de todo tipo: muy técnicas, sendas o pista; en cuanto a las subidas, pues de todo tipo también: trotables, caminables o de arrastrarse directamente (por eso merece la pena llegar a la última con algo de reserva)...avituallamientos más que correctos y bien colocados, buen clima y dicen que la paella de meta estaba muy buena.

Ya no veo tan mal pasar frío a las ocho de la mañana, qué curioso, ¿no?

domingo, 9 de febrero de 2020

Hoy hacemos el ridículo en...Tavernes de la Valldigna

Bueno, la verdad es que hice más el ridículo cuando me enteré que había un espectáculo de Dani Rovira el 29, 30 y 31 de marzo en Valencia y pensé que sería un buen regalo de cumple para mi cuñado. "No os preocupéis, me encargo yo". Planazo. Darme cuenta que las fechas eran para 2019 ya no me pareció tan acierto...Despistes, oye.

Así que, fruto de la vergüenza vivida, no sabía dónde meterme...y pensé que Tavernes sería un buen sitio. Quedaban 20 dorsales. Ahora 19. Inscritos. Domingo. 9 de febrero. 8:30. Despertador a las 6:30. No es triste. Triste es lo de pillar las entradas para el año de antes. Con el Delorean averiado. Triste también es estar despierto antes que sonara el despertador. 

Llegamos de noche a Tavernes. Aparcamos cerca de la salida. Por la noche todos los gatos son pardos. Y las plazas de aparcamiento...también. En efecto, plaza de minusválido. No, no hagas chiste. M*erda. Tarde. Te odio un poco más. Deja de reírte por lo menos. 

Nueva plaza de aparcamiento. Un poco más alejada. Alzira 3, ponía. Pateo a por el dorsal. Dorsal. Hola M. Pateo al coche. Una cosa está clara: no se permiten errores. Si algo nos dejamos en el coche, no volveremos a por ello. Y mucho menos por la camiseta térmica...que esa nos la dejamos en casa. Ouch. 

Con los pezones para picar hielo nos plantamos en la salida. Allí estaban M y Vicen. Vicen está exactamente igual. M, también. A mí me afectó lo de la "Operación Palo"...lo de la báscula, lo de las tres cifras, lo del mensaje ése de subir de uno en uno o reviento -asco de pesos modernos, oye-, lo de dejar de comprar los packs de 9 flanes del Mercapower...pero vamos, podemos decir que estamos igual. El tiempo no pasa por nosotros. Nos deja machacados pero no pasa.


Y ahí estábamos, departiendo amigablemente en la salida. Incluso les conté el motivo de cómo se apunta uno al Ultrapirineu. Top secret. Bueno, vale, por dos rones te lo cuento. Ay, me lío. Volvamos a la salida.  No hemos encontrado fotos pero sí vimos que alguien hizo un carboncillo rápido. M, al fondo, con gafas. Es que si no, no ve, por eso las lleva, claro. 8.35. Pum. Salida. En Betandwin ni se pagaba que M saldría zigzagueando hasta que no hubiera adelantado al 70% del pelotón por ambos lados. 

Tramo urbano. Acierto: salidas del sprint y la larga independientes. Eso le quita a M ochenta zigzagueos. Primer kilómetro urbano con alguna cuesta. Luego tramo pistero a los pies de la montaña. Como la carrera ya va medio estirada y M tiene que correr recto -lo cual siempre le ha trastocado el ritmo a peor, para qué engañarnos- no es de extrañar que les coja y, amigablemente, les diga que se aparten, que hacen tapón 😬😬. Soy un tío sincero, qué le voy a hacer.

Y sí, he puesto un p*to emoji en una crónica. Si la RAE acepta almóndiga o tovalla, yo pongo emojis. 

Para nuestros adentros, lo que deseamos realmente es que la pista desaparezca y aparezca la subida en sí, la que nos permita andar -y coger aire-. Y, tras poco más de dos kilómetros, ahí está. La clave, en mi caso, va a estar en no mirar a la izquierda (como si fuera Casado) porque la senda no es que sea una senda propiamente con lo que hay a ese lado es un, imagino, ligero desnivel. 

Tiene su porcentaje, en algunos tramos podremos tratar pero esta primera subida la estamos haciendo a un nivel un poco desproporcionado para lo que entrenamos. Cierto, nada. La carrera son 22 kilómetros con 1200 positivos. Y es que eso de no mirar a la izquierda porque me cago y no mirar atrás porque vería a M no va a traer nada bueno. Y menos aún cuando este tramo técnico de la subida y pase a tener porcentajes más tendidos y, por tanto, trotables. Menuda petada me espera.

Al primer avituallamiento no le hicimos ni caso. Leve descenso y nuevamente para arriba por una senda de monte típico de esta zona. Piedras afiladas que hacen que no levantemos la vista del suelo. Creo que solo vi una cruz de las tres, de verdad. Y es una pena, no por la Cruz, si no porque las vistas del Mediterráneo (oh) mezclado con esa leve niebla matinal (oh) merecía algo más que ahg ahg ahg, corre que te pilla, ahg ahg.

Tras seis kilómetros estábamos casi a 500 metros de altitud. Tras una bajada técnica a veces y corredora en otros tramos, volvíamos a estar en la pista inicial. Va a ser curioso que, en ese tramo, nos juntemos unos diez o doce. Yo soy uno y M no -jiji, bien-. Vamos por el kilómetro 9 y nos encontramos otro avituallamiento. Ahí paramos, rellenamos, pastillita de sales, plátano y al lío. 

Rampón de hormigón, bajada y nueva subida. Los segundos que nos hemos dejado en el avituallamiento los recuperamos en este ascenso. Buena idea, por cierto, la de coger los pistachos&pasas. Caen unos pocos. Nueva bajada sin complejidad -hay que ser torpe para caerse ahí, ejem- y salimos a un tramo de pista. Volvemos a ser unos diez. Y este tramo de pista se prolonga unos dos kilómetros. Es, obviamente, el tramo más bluff del recorrido. Pero es que necesitamos estos tramos bluff para poder llegar a esos cortafuegos que te quiten el aire.

Cambiamos la zancada. Cuando nos encontramos un cortafuegos así y no vamos a ganar la carrera (esto es importante, porque si vas a ganarla, tienes que hacerlo a muerte...ah, se siente) se cambia la zancada a pasitos pequeñitos, se levanta la vista de vez en cuando para ver por dónde se va y se mira al suelo. No tiene mucho sentido quedarte mirando lo que falta porque te dan ganas de morirte básicamente, ni mirar a la gente por detrás...porque verías a M trotando y te desanimarías. Así que eso, siempre al suelo. 

Y como no hay ningún cortafuegos eterno -igual fueron 300 metros y ha sido más largo el párrafo que la propia subida-, apareció la senda. Ascendente. Seguíamos trotando. Ahí me pasó la primera fémina. "No te preocupes, ya hago yo tapón". Y ahí sí, se fraguó su victoria. El hecho que se fuera como un tiro por si las moscas, también hay que considerarlo como causante de su éxito.

Los siguientes dos kilómetros fueron una senda bastante corredora y ya te digo que lo era, porque mientras trotaba feliz, me pasarían unos 4 o 5. Y entonces llegó la última subida. Y me volvió a tocar atarme el cordón. Dos carreras, dos cordones desatados. Buen motivo para volver al velcro. Y había carteles majos. Yo les habría puesto un "se te va a hacer de noche" y un "no llegas ni de coña". Buen momento, eso sí, para tomar todo lo que nos quedaba. De una tacada. Todos los pistachos&pasas para dentro. En una subida asfixiante. Sin poder respirar. La boca llena. Menuda idea de bomberotorero. Bien planteada pero fatalmente ejecutada. 

No veas como agradecí los dos voluntarios con el agua. Se deshizo la bola. Volví a respirar. Pequeñas victorias. Y desaparecieron los porcentajes imposibles. Volvían las sendas trotables. Habíamos pasado el kilómetro 17...quedaba bajar y algo más. Ese algo más se hizo como se pudo. Aparecimos en el último avituallamiento -pasamos de largo nuevamente- y empezamos la bajada. Deseaba yo que ésta fuera el descenso del kilómetro 6. En su lugar era la primera subida, pero sin el tramo más técnico. Una sucesión de zetas con menos desnivel del que parecía subiendo que hizo que ese tramo fuera especialmente agobiante.

Vicen, en meta, le encontró una definición gráfica inmejorable:


Así que bajamos, bajamos por una senda con algo de desnivel pero con los ripios puestos a conciencia hasta que salimos a una pista, de ahí a un repecho (otro cartel de "aquí has petado y lo sabes" tampoco habría ido desencaminado) luego nuevamente a la pista inicial -y la del kilómetro 9- y oyendo la voz del speaker. Eso es muy cruel, por cierto. Otro cartel de "sabemos que es cruel, así que tira toda la calle ésta pa'bajo" y, por arte de magia, aparece la meta.

Llegamos en poco menos de tres horas. M llega medio bloque de anuncios de LaSexta después y Vicen va y llega sonriendo a meta. Lo que decíamos, que había cosas que no cambiaban.

Y que no cambien.

Departimos coloquialmente unos minutos sentados en el suelo alternando ratos de conversación medianamente interesante con quejidos provocados por rampas en cualquier músculo que puedas imaginar. Ese no, degenerad@. Cuando, por fin, con ayuda de grúas Alapont, conseguimos levantarnos, decidimos que lo mejor era irse.

Y más cuando me quedaban aún dos horas para llegar hasta el coche.

Por cierto, el recorrido era éste


En cuanto a la carrera en sí, decir que está bastante bien organizada -quizás un poco de cola a la hora de recoger el dorsal-, con un recorrido impresionante -una pena no haberse parado a contemplar las vistas como se merecen-, con cuatro avituallamientos más el extra de la última subida, con una bolsa apañada (no he visto lo que lleva, la verdad 😅😅)  y, como siempre, con una cantidad y calidad de voluntarios que hacen que recuerdes estas carreras con alegría. Y con dolor de piernas. Y porque subimos como inconscientes. Y ya.

Bueno...y porque gané a M :)

sábado, 25 de enero de 2020

Hoy hacemos el ridículo en...Llaurí

Sábado. Periferia sur de Valencia. 25 de enero de 2020. Faltan siete meses para mi cumple. Por si quieres ahorrar. Una Bianchi. No pido más. Me voy por las ramas, caca. 18:42. Esta vez es el cuadríceps. La rampa hace que nuestro protagonista vuelva a apretar los dientes. Ha de controlar la fuerza para evitar que la rampa interactúe con otros músculos cercanos. Hay riesgo. Siempre lo hay. Nada te descarte que sea tan bruto que, para evitarla, me entre otra en la pantorrilla y esa es más complicada.

Lo sé de las 18:27. Y de las 17:42. Y de la siesta que no he podido echar. Nenaza. 

No he ido ni por helado al Mercapower. Ni a por flanes. La cosa, por tanto, es seria. Yo, afortunadamente, no. Pero el congelador sigue vacío (bueno, esto es mentira, pero te lo crees y en paz). Y el puesto de entrenador del Barça también, me da.

El parte de guerra tras la Volta a Peu a Llaurí por caminos no muy asfaltados ha tenido, por tanto unos efectos devastadores. Está lo que ha hecho Gloria en el Delta del Ebro y lo que Llaurí ha hecho en mis patitas. La cabeza, intacta.

Ya podía haber sido al revés. Ah, a veces leo tu mente.

Toda esta sarna con gusto (mentira) tuvo su origen en las cuatro gotas que cayeron el lunes. Cuatro gotas, cuatromilmillones de gotas, al final es lo mismo. Llegué empapado a casa, con el coche medio limpio, eso sí y, sin saber muy bien cómo, ya tenía lío para el sábado mañana. Nos íbamos a Llaurí.

Experiencia previa de hace dos años; recordaba una carrera apañadita, con una bajada más o menos técnica en el kilómetro 6-7, una subida por asfalto a Sant Sofí y un paso por una cantera. Todo eso, reunido en poco más de 18 kilómetros y con unos 1200 positivos. Del resto, pues lo recordaríamos sobre la marcha.

Y tras 20 días sin salir a correr/quejarme de mis talones. ¿Qué podía salir mal?

Pues, de inicio, el tiempo. Y es que creo que tendemos a infravalorar las carreras en enero. O hace frío, o llueve o humedad. "Pues hace dos años hizo sol..."

Piis hici dis iñis hici sil, piis hici dis iñis hici sil...

Bueno, pues hoy no. Hoy estaba nublado y, si mirabas a la montaña que teníamos que subir desde la zona de recogida de dorsales, parecía que estábamos en el campo base del Annapurna (cuando está nublado, claro, si hace sol, el ejemplo no sirve pa'na') y ahí estaba, majestuoso, el peñasco a asaltar con nubes bajas que hacían dudar a quien osara atreverse a blablabla



Blabla...en efecto, demostración gráfica de una imagen vale más que mil palabras (dos mil si eres Valdano).

Tras coger el dorsal, esta vez el 82, justamente mi número de la suerte, ir a buscar un campito para lalalala y poner fotos que no venían a cuento en cualquier red social nos dirigimos a la salida. Eramos un puñadito porque salíamos juntos los de la corta -que ya van bien- y la larga -que ya vamos bien-.

A las 9.30. Ah, sí, ya sé porqué me apunté, porque la salida era a una hora que podías enganchar con el after. Si es que aún existen, ay. En fin, eso, 9.30. Salida. Vuelta al pueblo para estirar la carrera. No sé porqué le llaman estirar la carrera si realmente es un tramo de asfalto que solo sirve para que me pasen todos. Todos y todas. Todas. Todas y todos. Eso, que si estabas esta mañana a las 9.30 en Llaurí con un dorsal fijo que me has pasado. Y si no, es que has salido muy atrás. Otro día colócate mejor. No, Maradona, tú no.


Ale, entretente buscando a Wally (gracias a Cronorunner por la foto).

En fin eso. 9.30 salida. Vuelta por el pueblo. 9:34'36". Hago mi récord del kilómetro. Y la gente está allá, superarallá y mucho más lejos. Y llevamos un kilómetro. Qué bestias!!. 

Rápidamente, una novedad, tras tirar recto los de la sprint, nosotros bajaremos y nos desviaremos por un camino que conducirá a la senda de la tubería. O p*ta senda de la tubería, como también se conoce coloquialmente. Caracterizada por algo que nos olíamos: hay humedad y las piedras están resbaladizas. En cambio, los tramos de tierra han absorbido bien el agua. Algo es algo.


[Alejandro Lostado nos saca así de bien en este primer falso llano de la carrera]

De momento, nos defendemos bien. Para no hacerlo. Llevamos poco más de dos kilómetros y los talones, molestan pero en su nivel. Por cierto, su nivel quiere decir que me dejarán cojeando una semana ;p. Pero pasamos la senda ésta, luego subimos un par de rampones de pista y vamos al encuentro de la prueba sprint...y es que a la altura de los tres kilómetros, confluimos en la misma senda de subida. Es quizá la única pega del trail (lo de que no pueda con mis wevos no es achacable a ellos, claro): el que al coincidir en horario, la subida del kilómetro tres se puede convertir en una romería.

Es que la senda es estrechita y hay tramos trotables donde subimos caminando. Y hay tramos de subir andando que subimos andando, claro. Pues haber corrido más!!...también.

Bueno, pues ya sé que no gano. Otro chafón para mi maltrecha moral. Así que vamos a limitar a divertirnos. En un par de kilómetros, cuando coronemos...cambiaremos el objetivo. Y es que, tras cuatro kilómetros y medio, coronamos. Y algo que saben mucho los amigos del Huesca es que todo lo que sube, baja. Y el objetivo aquí no va a ser divertirse...la cosa aquí cambia a llegar abajo intacto. Aquí no hay piedra ni tierra que absorba el agua. Lo que nos encontramos es una mezcla de fango, barro y algo viscoso que hace que bajemos como en un tobogán o como podamos, mejor dicho.

Por tanto, a nadie le extrañará que en este tramo me pasen diez de una tirada y otros tres o cuatro mientras estaba en el avituallamiento arreándome la primera pastillita de sales. Volvemos al lío. Perdón. Volvemos al río y seguimos. Ahora el fango da lugar a agua que baja tranquila por la senda. Senda que baja y siguen los del sprint. Nosotros, los inconscientes, a la derecha, a subir. O a subebajear. Nuevamente con ojo, hay tramos que hay que usar manos para asegurar donde pisamos. Ni que decir tiene que si bajara arriesgando dando botes, al segundo llegaría abajo...pero abajo del valle. Así que mejor asegurar...por aquí ya hemos cogido a algunos y pasa lo que tiene que pasar: en los tramos de bajada se me van y en los tramos de subida, pues se recupera.

Ahora, por fin, llega una bajada larga. Con larga me refiero a un kilómetro. Que sí, para algunas cosas es bastante larga pero bueno, ese es otro tema en el que no voy a entrar. Porque pierdo. En fin, eso, que bajamos por una senda que no está muy peligrosa por las lluvias pero tiene su pendiente y sus saltitos. Por tanto, tranquilidad.

Entre los tramos de tranquilidad bajando, los de tranquilidad subiendo, los de tranquilidad porque esto es asfalto y los de tranquilidad porque no me quiero matar nos plantamos en el kilómetro siete ya. Llevamos un poco más de una hora y por delante nos encontramos una subida que como la vea el Guillén ése, te acaba ahí una etapa de 300 kilómetros llanas en un repechón de la muerte como es San Sofi.

El tramo del Strava marca que son 0,98 kilómetros asfaltados al 15%. Ahí es nada. Lo que me recuerda que hay que subirse el Garbí por Segart, ufffff. En algunos tramos trotaremos. En otros, en cambio, no. Pues aquí no hay nadie que te frene!!!...

Arriba de San Sofi, avituallamiento, el isotónico lo veo en jarra así que lo sustituimos por CocaCola y seguimos. Nuevamente senda fangobarroviscosa pero con menos pendiente. Más corrible. ¿Lo malo?, meto el pie pero bien en algunos charcos y eso lo paga la plantilla que se achiclea. Es decir, en los tramos ascendentes se queda en su posición normal y en los tramos descendentes se va echando hacia delante. Incómodo, vamos.

Después, el terreno cambia a tierra absorbedora y se puede correr. Además, los repechos no son tan duros con lo que, siguiendo los preceptos del postureo, algunos de los de la corta a los que pasamos, pueden llegar a pensar que no soy tan paquete como parecía en el tramo urbano del inicio.

Los de la corta se van a la derecha y nosotros nos vamos a la izquierda, a hacer el bucle que nos tienen preparado en la cantera. Se puede resumir en subida de la muerte, llano, bajada de la muerte por pista con plantillas echándose hacia delante, avituallamiento del que pasamos de largo, subida que te deja ko, llano trotable, rampón de cantera que suben las Komatsu -y tengo mis dudas-, otro rampón y bajada (con lo de las plantillas blablabla). Con qué gracia nos ventilamos dos kilómetros. En un simple parrafito.

En el avituallamiento del 13 tampoco paramos. En la subida de la cantera veía a unos cuantos por delante y me haría ilusión cogerlos. También me haría ilusión que me tocara la lotería. Y lo de la Bianchi. Sobretodo lo de la Bianchi eh eh eh. Así que eso, como quedan poco más de cuatro kilómetros -el último es de asfalto de bajada- vamos a ponerlo todo para pillarles. O intentarlo.

Los últimos kilómetros son pequeños subebajas excepto el segundo repecho que, para variar, tenía una tubería. Nota mental: en Llaurí, todo lo que suba junto a una tubería...dosifica. Ahí conseguimos coger a uno y llegar a otros dos. Que igual subiendo irían justillos pero bajar...ya no les vi. Y se me soltó un cordón.

Y me acerqué en el siguiente repecho. Y llegó otra bajada. Y dejé de verlos. Y corrimos en una senda llana junto a una tubería. Y, claro, me cagué. Nada de arriesgar. Y había un repecho. Y lo iba a subir andando. Y...maldición. Hay foto.


Palabra que yo quería subir eso andando. Alejandro Lostado obliga a lo contrario. Seguimos a ese ritmo ramplón hasta que salgo de plano.

Y salimos al asfalto. Y ahí pensé en apretar. Y ahí el gemelo izquierdo (ostras, cuánto tiempo hace que no salían en las crónicas) empezó a decir que también había venido y llegamos en modo reserva en poco más de dos horas y media.


Buena mañana la pasada hoy en Llaurí, la verdad. La carrera está bien organizada, tiene su dureza, tiene sus vistas, tiene sus subidas de todo tipo, tiene sus bajadas de todo tipo, hasta cuatro avituallamientos, la bolsa está apañada y le he pillado el gustillo a los calambres, que te dejan entretenido para todo el fin de semana si los dosificas bien.

Por lo demás, podéis ver el perfil llano de la carrerita de marras:


Y eso, que nos vemos en la próxima que será en algún bar, va.

domingo, 9 de junio de 2019

Hoy hacemos el ridículo en...Javalambre: Perimetrón

El teléfono sonó:

- Hola, ¿joselillo el paquete?

- Hola. Sí, soy yo, dígame.

- Le llamamos de Salomon, nos han llegado noticias que quedó en una flamante vigésima posición en el Trail Moriscos y queríamos hacerle una oferta de patrocinio.

- ¿De verdad?, vaya, no me lo esperaba...voy a contárselo a mi madre y a todo el mundo que conozco. Vale, ya lo he hecho. Pero, ¿de verdad?, no es broma ni nada parecido, ¿eh?

- Pues claro, inútil. Somos de blogger. Escribe algo o te cerramos la página. Corto y cierro.

En fin, que tocó sobrellevar esta amenaza, mantener la compostura, decirle a Javi que es el alcireño más majo que conozco (incluso de toda La Ribera si me apuras) y blablabla. Total, que sin saber muy bien cómo estábamos inscritos en el Perimetrón. ¿Que qué es? Pues te lo resumo muy fácil: es una pequeña Volta a Peu que se hace en Javalambre, de unos 41 kilómetros y unos 4000 metros positivos. Los datos son fríos así que si lo traducimos a un lenguaje más coloquial, podemos definir al Perimetrón como una auténtica burrada.

Como hemos dicho, el Perimetrón es en Javalambre. Es importante este dato saberlo y no hacer como alguien que conozco que reservó en Mora pensando que la carrera era en Valdelinares. En efecto, me di cuenta en plena autovía, cuando marcaban las salidas de las estaciones de esquí. Había confundido anteriormente Turís con Tous, a las hermanas Olsen, a Casado con un político pero Javalambre con Valdelinares...uffff, esto creo que lo superaba todo. 

De todos modos, la cosa no fue tan grave...peor fue lo de Liverpool, ya que en el hotel dijeron que esa carretera llevaba directo, que en unos 40 minutos estaba en Javalambre. Así que, tranquilidad...si la cagamos, será por otra cosa.

Afortunadamente, solo me confundí de lugar de salida. Por lo demás, sabía que la carrera era en sábado y a las 7.00, así que la sensación tan placentera de oír el despertador a las 4:45 mejor me la ahorro.

Pasaban unos minutos de las seis y ya estábamos allí. Mientras cogíamos el dorsal una cosa se percibía: los 25/30 grados del día anterior en Valencia...como que no los íbamos a tener por aquí. Mucho viento y algo de rasca (termómetro a siete grados), así que fuimos con algo que se llama chaqueta y que habíamos olvidado cuál era su utilidad. 


Igual he exagerado un poco con la recreación gráfica...

Bueno, eso, que son las siete y nos vamos directos a la salida, que si no esto se hará muy largo. [Spoiler: se hace largo. El Perimetrón creo que tiene esa virtud]. Frente a nosotros, la primera subida. Hay una pista de esquí a la derecha, otra a la izquierda...así que nosotros iremos rectos. Por todo el medio. Habrá 75 metros de falso llano y directitos, de cabeza al infierno.

Siete. Salida. Pum. La gente sale corriendo. ¿Muchach@s, pero no veis lo que hay delante?. C*br#n*s...me toca correr a mí también. Agh. Agh. Pero de los últimos, sin demostraciones. Primero una rampa con mucha pendiente. La gente sale enfurecida, como si esa fuera la última subida. La tierra está suelta. No es problema. Clavan los bastones, se impulsan con vehemencia, algunos se resbalan pero con gran empeño recuperan la posición y continúan con el ascenso. Y yo pensando para mis adentros que después de eso, todavía quedarán unos 3980 metros de desnivel. Y positivos. Tras este primer ascenso, cogemos la senda entre el bosque. Empiezo a entender porqué la gente iba tan rápida de inicio. Taponaco. 

Mirar hacia atrás y ver a menos de veinte personas. Mirar hacia delante y ver que no se mueve esto. Tener dudas de si estás en Javalambre o subiendo el Everest. Vale. La fila se mueve. Y no hay víctimas. Y está todo bastante limpio. No hay duda, seguimos en Javalambre. 

Y ya nos vamos haciendo una idea de lo que nos vamos a encontrar. No solo cuestas, si no que las sendas -como tales- no existen y habrá mucho tramo de campo a través. Para lo cual, habrá que fijarse en las marcas o, lo más cómodo, seguir al de delante. El tramo inicial es muy chocante, luego la senda se suaviza ligeramente (a lo mejor pasamos de un 40% a un 25%...bueno, hazte a la idea cómo ha de ser la cosa para que firmes un desnivel del 25%), lo que unido a que vamos al final del todo permite que empecemos a recuperar algunas posiciones.

Palabritas con Javi, palabritas con Isaac, buenos pensamientos para los que suben en el telesilla y, por fin, coronamos. Llevamos un kilómetro. Y 25 minutos...imagino que el Garmin me habrá dicho varias veces eso tan motivante de "Muévete". Buen marketing. El próximo será Suunto. 

Volvemos a la carrera. Tras coronar este primer peñasco sin importancia, nos encontramos que llevamos más de 300 metros en un kilómetro. Vamos, que si subiéramos esto unas trece veces y bajáramos por la pista otras tantas, nos saldría la madre de todos los Perimetrones pero no voy a dar ideas...que aquí hemos venido a correr, no a torturarnos para futuras ediciones.

Empezamos a bajar y palabritas con Marcel. Se agradece la bajada aunque el tendón ya sabemos que va a dar la lata. Pista, senda, campo...los kilómetros van pasando. Ya van cinco. No te acostumbres...otra subida. Palabritas con Laura. Ahí empieza a verse un problema añadido: una nube bastante baja viene del Este pero bueno, como tampoco tenemos mucha idea de por dónde va el recorrido...igual no nos afecta.

Otra bajada. Antes dijimos palabritas con Laura, ¿no?. Ahora más que palabritas son consejos de aprecia tu vida. En el punto inicial de esa polvareda, se ve una trenza...parece que lo tiene dominado. Qué mala es la envidia :)

Estamos ya por el kilómetro siete y empieza otra subida interesante. En principio de senda, que nos permite seguir recuperando posiciones y luego, tras una mínima bajada, de piedra con algún tramo de trepada. Por cierto, se disipa la duda. La nube nos la comemos enterita. Nos quita el sol, sí, pero nos añade una niebla que, unido al viento, le da un toque ligeramente gélido al tema. Ni que estuviéramos a 2000 metros.

Por cierto, lo decimos siempre porque es verdad: los voluntarios son la parte más importante de una carrera y no hay palabras para agradecerles su labor pero lo de ayer, ahí arriba, en esas condiciones, es para hacerles un monumento. 

Por nuestra parte, el cortavientos, tras unas fases de quita y pon...se convierte en prenda indispensable y, como mucho, en modo superosado, lo más que haremos es bajar un par de dedos la cremallera. Lo que es increíble es que, en una carrera en pleno junio, esté echando de menos los guantes. Bienvenidos a Javalambre, jeje.

Tras este primer avituallamiento -en realidad es el segundo, pero es que en el primero no paró nadie y me sentía mal si lo hacía-, llega una fase rompepiernas. Se alternan subidas con llanos pero no muy duros. De todos modos, hay que andar muy atentos porque con la niebla y la ausencia de sendas, pues hay que ver en cada señal donde está la siguiente. Pero, pese a la climatología, se sigue el recorrido sin problemas.


Afortunadamente, el recorrido estaba bien marcado.

Seguimos con los subebaja hasta que, en el kilómetro 13, hay una bajada algo ya más larga a la que le sigue una subida con algo de pendiente. Las sensaciones están siendo bastante buenas...y mejores serán cuando en este tramo, de una tacada, ganemos unas diez o doce posiciones. Por cierto...la niebla está ya desapareciendo y, con ella, el cortavientos. Otro avituallamiento, el del ventisquero, y seguimos.

Van 15 kilómetros. El objetivo inicial eran las diez horas. Desconociendo la carrera, pensábamos que quince minutos por kilómetro era demasiado...pero con los números que estamos haciendo, vemos próximo el acercarnos a las ocho horas, pues la media se empieza a acercar a los doce minutos. De todos modos, no nos volvemos locos y seguimos igual: subidas caminando y en las bajadas/llanos, se trota. La verdad es que tampoco tenemos piernas para mucho más, así que parece una táctica acertada. La verdad es que el terreno tampoco permite mucho más, así que no hay otra.

Y si pensaba en trotar en las subidas, me van a demostrar que no es muy acertado cuando, camino del avituallamiento del 18, me pasan dos al trote en un repecho. Al rato uno se pone a andar y le cogemos (oeoe) y otro se queja de rampas. Yo al ser humano no le entiendo, la verdad. 

Pasamos de largo del avituallamiento de Gravera y nos viene una interesante bajada por senda con mucha pendiente pero que se agarra bien. Empezamos a notarnos realmente solos porque no se ve a nadie por delante y al de las rampas ni está ni se le espera, la verdad. Qué bonita bajada, qué rápida, qué agradable esa sensación de estar tan rodeado de naturaleza...pues ahora todos esos calificativos, a la inversa, que la subida inmediatamente posterior (unos 170 metros a subir en 600 metros) te deja así de clavado.


[Y aquí pongo una imagen de Sagunto porque si no, solo hay letras y es un poco bluuffff]

De todos modos, las sensaciones siguen siendo buenas y seguimos cogiendo gente. Incluso cogeremos a Manuel que hace dos semanas estaba por Cazorla y hoy, mira, pues por aquí. Coronamos y bajamos nuevamente. Avituallamiento de Fuente Alonso. Algo más de 21 kilómetros y cuatro horas. Los números, por primera vez, cuadran para bajar de las ocho horas. Subidón.

Pero, para subidón, el que nos encontraremos en el 23. Otra vez salen unos 200 metros a subir en 600. Pero engañan, porque la primera parte es más tendida y la última parte hace sacar temores que el subconsciente había conseguido esconder. En efecto, hablamos del "Mono de Nogueruelas".

Ahora te aguantas y te explico de qué va. En el trail de Nogueruelas (carrerón...hay que conseguir que se vuelva a hacer porque es eso, otro carrerón) la subida a Peña Calva (bueno, y muchas más) consideré que se marcaba de una forma especial: ponían un plátano en la cima y a un mono le daban un puñado de cintas. Al mono le dejaban en la parte baja y su trabajo consistía en ir dejando cintas por la subida aunque tuviera pendientes inescalables, de este modo, el recorrido acababa marcado y el mono se comía su platanico la mar de contento.

Pues eso, que esta subida se ve entera desde abajo y ves que la parte final coge algo de pendiente, así que vas subiendo con pasos pequeños hasta que con esos pasos no avanzas, entonces lo siguiente es subir a cuatro patas...pero es que te resbalas. Y, claro, te cagas de miedo. No porque no puedas subir, porque si te resbalas y te caes no paras hasta que llegas abajo del todo y es un palo. Porque estás hecho una m*erda y tienes que subir otra vez 200 metros en 600 sabiendo que lo más duro está al final.

Afortunadamente, conseguimos superar el obstáculo en forma de "es todo bajada pero hay una subida"...que nos dijeron en el avituallamiento previo. En fin. Después pasa lo que siempre pasa: que no vas un carajo. Siempre que hay una subida de cuatro patas, la respiración se desboca de tal manera que me quedo en situación de ko técnico hasta tres o cuatro días después. 

La bajada posterior a Camarena no ayuda a recuperar. Vamos justillos. Como cambia el cuento con una subida. 25 Kilómetros ya. Aparte de los geles, las sales, los pistachos...comemos en el avituallamiento. Hay arroz incluso, pero me parece excesivo. Son las doce, hace ya sol y caminamos por las calles de Camarena como aquel que sabe que ahí, en ese bonito pueblo, no se va a comprar una casa. Salimos del casco urbano y bajada por pista. Empiezas a fijarte por donde irá la siguiente subida...

Ahora todo son pensamientos negativos. Pero seguimos bajando. Y alrededor solo hay montañas. Vamos al matadero. O, peor aún, vamos directitos al Purgatorio. Dijimos anteriormente que las subidas a cuatro patas no las terminábamos de asimilar, ¿no?...pues toma, dos tazas. 214 metros en medio kilómetro. Van 27 kilómetros y llegan los kilómetros de 20 minutos. El sueño de las ocho horas se queda en eso, en sueño. El Purgatorio se suaviza, le sigue un tramo de bajada que, para que engañarnos, casi ni me acuerdo de cómo era. Total, da igual, porque viene otra subida...que nos tienen que salir los 4000 y llevamos cerca de 2500. 

Pero de lo que sí que tengo vagos recuerdos era de otro par de kilómetros para subir 400 metros. Y arriba del todo estaba el avituallamiento de San Pablo. Pero esa senda entre el bosque, esos pasitos pequeñitos, esa sensación de no puedo más y esa estúpida pregunta de qué es lo que queda...y te digan la verdad. Es que desde ahí las vistas son una pasada. Vas con la cara desencajada pero se ve dónde has aparcado. Y, joer...el camino hasta allí no es llano. Van 30 kilómetros. Ahora un falso llano y aquí empiezo a pensar que no corro hasta meta. Me da lo mismo hacer diez horas, once o doce...me he enfadado y no respiro.

Pero llega una bajada de senda sencilla, así que se me pasa rápido el enfado y nos ponemos a trotar. Los kilómetros salen a siete...pero siete es menos que veinte, así que nos vale para seguir. Podemos mantener un trote continuo, excepto en los contados repechos y, claro está, en la entrada nuevamente a Camarena que, como es menester, entramos por la parte baja del pueblo. Conclusión: en Camarena solo hay cuestas.

Volvemos al avituallamiento. Vuelve a aparecer Manuel por ahí. Él se hace un plato de arroz y se lo come hasta que salga del pueblo. A mí me da algo de envidia, pero sigo erre que erre con mis pistachos, mis sales, mis geles y los plátanos. Y beber mucho. Todo sin alcohol. Es el kilómetro 34. Vuelvo a cometer el error de preguntar qué queda, porque hemos rebasado los 3100 y no veo que en esos seis/siete kilómetros podamos llegar a los 4000.

Y, según lo que oigo, parece que sí, que llegaremos. Salimos de Camarena y, novedad, subimos. Inocentemente espero que todo sea subida y, dentro de lo que cabe, sea más tendida. Mejor subir 700 metros en 5 kilómetros que en tres. Así que cada tramo de bajada es una punzada en cualquier sitio porque el corazón no lo siento...Decíamos que empezábamos subiendo, trantran...delante hay un grupo de tres. Van hablando...yo voy haciendo la goma. Comiendo, bebiendo...algo no me cuadra cuando llegamos a los 1600 metros de altitud. Van 37 kilómetros.

Oh, no...una bajada. Y con cartel de cuidado. ¿Qué significa eso?...que en apenas un 1,3 kilómetros, volvemos a estar en los 1350 metros. Esto está siendo demasiado cruel. Toca llegar a nivel 1700...que es la altura del aparcamiento y luego el tramo del bonustrack...que, ya puestos, yo volvía a poner la primera subida (risas malévolas).

Así que nos volvemos a encontrar otros 1700 metros de subida...(eso lo sé ahora), la primera parte es un ascenso como si fuera de escalones...bastante asequible, además ayuda que tras varios kilómetros queriéndome morir cuesta arriba, volvemos a encontrarnos bien y recuperamos algunas posiciones. El problema está (siempre lo hay) cuando la pendiente se vuelve a extremar. Y, con ella, la postura tan elegante de subir a cuatro patas con todo lo que ello conlleva. Miras hacia arriba y ves la marca de las sendas y las cintas naranjas...solo quieres que llegue el momento en el que éstas dejen de verse...querrá decir que ahí la pendiente se suaviza.

Y si se suaviza es buen lugar para poner un avituallamiento. Y para volver a preguntar lo que queda. En 600 metros subes 200. Bueno...el principio tiene un aire al cortafuegos...subiendo por unos postes que igual eran telesillas pero oye, que ni se me ocurrió levantar la mirada. Pasos cortos y oír al speaker contar las alegrías de los que llegan mientras tú...bueno, mientras a ti parece que te queda menos. Si es de este estilo, en un rato lo finiquitamos. ¿Dónde firmo que todo el ascenso sea así?...en ningún lado, porque la senda de los postes vira a la derecha y vuelve a coger más pendiente. La fatiga ya empieza a causar mella (ya no aguanto 39 kilómetros con 3800 positivos como antes) e, incluso, hay un par de momentos que paro a tomar aire. Pasos pequeños, haciendo zetas, comiendo, bebiendo...segunda fase de no puedo con mi alma (la primera duró solo diez kilómetros) y sabiendo que se acaba ahí arriba...bueno, o eso dicen. Solo falta saber cuánto queda para ahí arriba.

Pues donde está puerto el punto de control parece que se acaba la subida. Ahora toca llanear un poco y tirarse para abajo. Ahí Manuel pasa como una gacelilla. Mi intento de seguirle se limitan a una mirada y a un "venga, corre"...que yo ya me quedo tranquilamente.

Tampoco es que hayan decidido poner la bajada más sencilla para el final...pero vamos, tampoco vamos a hacer muchas demostraciones...así que nos limitamos a no caernos mientras oímos al speaker cada vez más y más cerca. A estas alturas me parece un reclamo coj*nudo, la verdad.

También vemos que estaremos por debajo de las nueve horas que, para ser la carrera que es, no está tampoco muy mal. El primero no me sacó ni tres horas...aunque una me la sacó en el primer kilómetro.

En resumen, buena carrera la celebrada en Javalambre. Recorrido muy montañero, técnico pero sin tramos especialmente peligrosos (no hubo riesgo vital ni cuerdas ni cosas así...que era algo que también me daba algo de palo), bien marcada, buena bolsa, avituallamientos correctos y a una distancia adecuada...y, claro está, con unos voluntarios que hicieron que nos sintiéramos como en casa...siempre que cambies tu sofá por 4000 metros positivos de desnivel, claro que, ahora mismo, no tengo tan claro si lo haría otra vez ;p

Imagino que en unos meses...igual la opinión varía.

O haré la corta como el Belmin y Alex...y tan contentos.

Ah, el perfil es éste:


Y sí...hay cuatro mil positivos

domingo, 17 de marzo de 2019

Hoy hacemos el ridículo en...Daroca!!

Valencia, tercera semana de marzo: fiesta grande, fallas, pasacalles, petardos, buñuelos, petardos, bombas, alguna que otra calle cortada, más petardos, más bombas. "Google, búscame algo". No, tapones para los oídos no. Y protectores de estómago tampoco. Algo para cansarse y no oír absolutamente nada, desconectar, vamos.

Daroca, situada a 270 kilómetros. Parece que no llegará la onda expansiva de los petardos...aunque tengo mis dudas que los que tiraban el miércoles -día del largo, 4 kilómetros- en el río no fueran captados por algún sismógrafo como algo más serio...En fin, eso, decíamos que apareció Daroca como opción. Situada al sur de Zaragoza, el olor a fritanga parecía descartado y el del orín en la puerta de la Lonja creo que solo llega hasta la huerta...así que era un valor seguro. Nos vamos pues al Trail Murallas de Daroca.

Tres distancias para elegir: 13, 21 y el maratón...de 49 kilómetros. Miedo me da el día que organicen un ultra...que igual lo hacen de 200 y se quedan tan tranquilos. Haremos noche allí. Un acierto. Acierto porque, tras recoger el dorsal, daremos una vueltecilla por un lugar del que, murallas aparte, tiene sus cosillas de ver como, por ejemplo, iglesias románicas y un camino que lleva directo a Nueva Zelanda sin dar toda la vuelta.



Al día siguiente, el despertador sonó a las...no, no sonó, estábamos despiertos antes. A quien le diga que, un domingo, estábamos en pie a las 6:30 sin despertador...en fin, mira, mejor no lo contamos por ahí y evitamos juicios que no conducen a nada bueno. Como era pronto, pareció un buen momento para indagar acerca de dónde era la salida -que nunca está de más- así que, tras dejar trastos en el coche nos fuimos a la Plaza de España, bueno, más concretamente, al rincón de la Plaza donde daba el sol. Seis graditos marcaba. Zaragoza, invierno, 8 de la mañana...pues a ver si va a ser lo normal.

"Para que haya primeros, tiene que haber últimos". ¿Mande?. Ah, sí, simplemente que la carrera muy concurrida no está. Apenas 39 inscritos. Por un parte es bueno: si acabamos, nos plantamos de los 40 primeros y Mikel no me echa. Por otra, es malo: si te despistas, eres el último y no escribes la crónica. Espera...eso tendría que ser bueno!!!

A nadie le sorprenderá, por otra parte, que si hay poca gente en la salida, en la foto, salga con el cabolo mirando al suelo...concentración le llaman. Ja.



Se dio la salida puntual a las 8.30. Sin petardo ni traca (oeoeo, lloro). Primeros metros urbanos con la gracia del caso histórico de Daroca, esto es, nada de asfalto. Sobretodo tramos adoquinados. La carrera tiene 1600 positivos (parece poco para 49 kilómetros, la verdad) pero, tras este primer kilómetro a alguno empiezan a parecerle demasiados. Como no es novedad, en este tramo inicial, no pasáremos a nadie y muy pronto aplicaremos esa regla de "no correr en el 1 lo que andarás en el 21"(...y todos los demás, je). Ah...y me duele todo.

Los primeros kilómetros son muy corredores, lo cual a mis tendones les viene de lujo. A cada zancada, recibimos un mensaje de alegría. Pasamos la primera subidilla, el primer avituallamiento y enfilamos el kilómetro 9 por debajo de la hora.

[Inciso,

Club de Montaña Daroca, antes del primer avituallamiento, me saca tal que así.


En el avituallamiento reconozco que estaba más quieto.

Fin inciso]

Y después del nueve, viene el diez. Que está pegado en un pino en el principio de la primera subida seria, con pendiente. Aparece el primer kilómetro por encima de 10' y empieza a soplar el viento. Llegamos al punto en el que nos separamos de los de la media. Por cierto, salían 30 minutos después y no nos han cogido. Por poco no, por muy poco. En cuanto empezamos a subir el repechaco los que hacemos la larga, se oye que a unos les mandan hacia la derecha. 

Repecho y bajada hacia Manchones. Avituallamiento. Misteriosamente este es más largo que el primero. La subida posterior empieza a ser seria también...el primer tramo tiene cierto aire a las subidas terroríficas de Nogueruelas y el segundo es un cortafuegos recto que tira para allí arriba. Confirmado, qué envidia dan los de la media.

La gracia, eso sí, de toda la carrera es que el punto más bajo está sobre los 740 metros sobre el nivel del mar y el más alto no llega a los mil. ¿Qué quiere decir esto? Pues que las subidas no pueden tener más de 250 positivos. Salvo que seas de la Logse, que entonces te puede dar la medida que quieras. ¿Qué más quiere decir? Pues que no haremos el ridículo en un ascenso más de media hora porque no da tiempo, básicamente. Aunque si nos empeñamos, nada se descarta.

Del avituallamiento del kilómetro 20, siguiendo la progresión, es normal que no me quisiera ir. Pero es que las molestias en los tramos pisteros son una auténtica j*dienda. Además, para añadir más gracia, toca parar a quitarse una espina. A tomar una cerveza mira, a eso no pararé. Asco de vida, tete.

Con más pena que gloria fueron pasando los kilómetros (exactamente todos), intentando dejarnos caer en las bajadas y subiendo lo más dignamente que podemos los repechos. Obviamente, la posibilidad del abandono está ahí...pero es que luego te sientes mal y piensas que, total, para 25 kilómetros que quedaban. 

Como tampoco hice mucho por dar pena a los voluntarios que controlaban el desvío de los de la de 49 y los de la media, pues eso, seguimos por el camino largo que también llevaba a Daroca, de hecho, en el kilómetro 28 está el cuarto avituallamiento. Llevamos casi media hora de ventaja sobre el tiempo de corte. 

Pasamos por debajo de la carretera a buscar la segunda parte de la carrera. Primero por un tramo de pista. Uffff, insoportable. Correr seguido es un suplicio. No sé si es pena exactamente lo que doy pero es curioso que pasamos ante un chalet o fábrica (tampoco es que me fijara mucho) y el perro ni me ladró.

Pero es que, tras salir de la pista, lo siguiente era atravesar un polígono -reconozco que es la primera vez que atravieso uno en una carrera de montaña-. Más llano. Más preguntas de los voluntarios "¿Estás bien?"...obviamente, no les conté lo del perro. 

Tras este tramo llano, llegó por fin la subida. Con mi tramo de vertiguito incluido. Una especie de presa de esas que hay en los barrancos para controlar el agua (lo digo así, como si fuera un experto en la materia y luego a lo mejor es para que no se reproduzca el ciempiés), que tendría unos tres metros de ancho, vamos, que cabe perfectamente un camión...pues el nene por el medio, con cuidado de evitar que salten los sensores de movimiento, parece, todo despacito, bajando el centro de gravedad en fin...lo peor no es eso, lo peor es que si no lo hubiera cruzado, habría salido al mismo sitio, ays. 

En fin, seguimos subiendo y aquí de referencia tenemos al de delante. Lo único que él sí puede correr. Tras coronar este primer ascenso del segundo bucle nos damos cuenta de una cosa: Daroca está a tomar por saco. Ufff. Y, oye, lo peor, por aquí ni rastro de muralla ni nada.



Tras el ascenso, vino otro tramo de corretear. Alternamos, obvio, con andar en una relación calculada bajo varios factores a considerar como son la presión, la velocidad del viento y la cantidad de sudoración. En efecto, troto y, cuando no puedo, ando. 

Un voluntario le gana la apuesta a su compañero de control. "Me juego mil pavos a que les digo que ahora hay una bajada y luego el avituallamiento y se lo creen". Pues eso, que ganó la apuesta...porque la bajada era bajada porque se bajaba pero había que estar más pendientes de las señales que del sendero -inexistente a veces-...de ahí que hasta dos veces aterrizara en este tramo. Torpe. 

Una vez abajo, cogemos una pista de la que se ve la Z que hace en la montaña y confías en que arriba esté el avituallamiento. En plena paja mental, las marcas nos desvían a la izquierda. Merdé, subiremos al mismo punto pero por aquí...o sea, más pendiente. Y ahora sí, llegamos al avituallamiento.

Me preguntan que qué quiero y les pido la silla. Mal. Llevaban furgoneta. Debí pedir la llave. En fin, agradable conversación y seguimos. A nuestros pies aparece la cárcel de Daroca. Viendo la que llevamos encima ...y lo que nos queda, hay momentos que llego a envidiar a los presos. 

Y llegamos a Nombrevilla por la entrada más fea que existe, la verdad, menos mal que enseguida salimos a una de las calles. Vamos camino del 39 y ya hemos pasado las cinco horas. La siguiente subida es por pista, así que la solventamos medio dignamente...a continuación, una bajada por sendero muy visual pues se ve los diferentes puntos por los que se va. También, si te va lo heavy, se ve, a la derecha una pista que sube de un modo que te quita el hipo. También se ve, además, puntitos andando por ahí. La cagamos, pues.

De todos modos, al ser pistera, la subida no es tan dolorosa como otras. Obviamente, nos olvidamos de correr y simplemente nos centramos en caminar y caminar hasta que esto se acabe. Y se acaba. Y hay avituallamiento. Recargamos y bajamos.

[Inciso

Club de Montaña de Daroca me saca de la mejor forma posible, teniendo en cuenta que la carrera la empecé afeitado y con el pelo rapado al dos...


Gracias por las fotos...seguimos.

Fin inciso]

La vista me juega malas pasadas. Y es que el perfil indica un repecho tras este descenso. Así que, bajando, me da por levantar la mirada y ahí se ve por dónde se va. Es que, en el primer metro se me va a escapar hasta un "c*br%nes"...por cierto, ahí delante se ve a un par. Una pena que esté en el estado que presento y no pueda darles caza...

Porque a quien le digas que te cuesta hacer 200 metros seguidos trotando y, desde que ves a estos dos, te pones a correr como si no hubiera mañana...pues oye, no se lo cree. Tramo de pista, tramo de bajada técnico, túnel largo (igual tendría 400/500 metros y con ojo de no darnos con la cabeza en el techo...además de la rasca que hacía ahí), tramo de barranco siguiente...todo trotando. Si hasta en el último avituallamiento seguimos de largo!!. Picao. 

Avituallamiento que coincidía con el del 28, así que la bajada que se hizo en ese momento, aquí la hicimos en sentido opuesto. Y pendiente opuesta. En fin, da igual. Escalones. Gente animando. Murallas. Senda. Escalones. Daroca. Adoquín. Giro a la izquierda y meta. En algo menos de 6h30'.

Muerto no, lo siguiente. Y eso que solo eran 1600 positivos en 49 kilómetros


Y bueno, sensaciones penosas propias aparte, reconocer que la carrera está bastante apañada: salida y meta en el mismo centro, bien marcada aunque algunas cintas no se veían con claridad, avituallamientos más que correctos, labor impagable de los voluntarios (incluso del de "bajada y avituallamiento") y carrera dura para lo que son +1600 positivos en esta distancia (y más viniendo de Algimia, donde eran 1500 en 25 kilómetros)...en fin, que retirado estoy mejor :)

Pero eso, que me lo he pasado muy bien...aunque también me he cansado mucho, ay.