martes, 1 de mayo de 2018

Sagunteando: otro castillo bonito!!

Y es que el conocimiento siempre ha sido una virtud muy valorada en cualquier sociedad. Es la base del progreso, es el sustento de las futuras decisiones que acarreen mejor calidad de vida, bienestar y cosas así. Es, por tanto, lógico que, acabando Favara con las piernas para cambiar -esto es, ligeramente, cargadas-, el conocimiento imperará y, ante la posibilidad de ir en menos de dos días a Sagunto, a darnos otra vuelta por el monte, decidiera que sí, que vale, que había que apuntarse de cabeza. Corre, rápido, ya. Merda: inscrito.

Y aún hay gente que no engloba esto como peligro de internet.

En fin, que a las ocho estábamos ya listos para empezar, pero al resto le venía un poco mal. Cosas de poner la salida a las nueve, imagino. Así que nos dimos un garbeo por el casco histórico de Sagunto. Merece la pena. Las cuestas que llevan a disfrutarlo...no lo sé, pero es lo que hay. Sagunto está casi al nivel del mar y les dio por poner el Teatro ahí, a mitad de camino del Castillo. Y el Castillo, como toca, lo pusieron arriba. 

Así que eso, paseamos un ratillo, husmeamos un poquito todo por fuera y llegamos a una conclusión: los primeros metros de la carrera tienen algo de tela. Asfalto también, pero tela tienen un rato. 

En fin, como último apunte cultural, os añado la foto de la primera luz que pusieron los romanos en Hispania. Lo del nacimiento de Endesum lo veremos otro día que si no nos vamos por los cerros de Úbeda y eso, que no toca, que estamos en Sagunto y falta media hora.


Han habido lugares tenebrosos y lúgubres en los que se han cargado al fiambre del episodio de CSI de turno. Y después está el baño del bar al que fui. Y no digo más, lo dejo todo a tu imaginación.

Camino de las 8:45 nos vamos a la salida. Unas palabras con Kike, otras con Javi Muñoz y, en breve, al mogollón. Se da la salida a las nueve. Patapum pa'rriba. Es increíble que llevemos unos 300 metros, levantes la mirada y ya veas gente en la carretera del Castillo. Ya están arriba y la gente preocupándose de no ser los primeros en andar. Eso sí, este primer repecho lo pasaremos con nota (es mi blog y las notas las pongo yo, por si había alguna duda): no andamos. 

Unas senditas, unas escaleritas, callejeamos por asfalto para buscar la salida y nos encaminamos, ahora por un tramo llano de asfalto, hacia la ermita de San Cristòfol con todo lo que ello implica, esto es, que me pasarán todos en este tramo. Cosa obvia. Se sube la ermita con su bonita rampa de cemento que invita a andar. Aceptamos la invitación. Primera bajada por senda y más tramo llano.

Ahora es una pista paralela a unos campos. Seguimos con el mismo modo de actuar: ir a la marcheta y quien pase, pues nada, que pase. Ya le cogeremos. O no. Por fin, tras cuatro kilómetros y pico, nos encontramos con la primera senda ascendente. Se puede correr algo y también se puede andar. Así que, recordando algo que nos salió medio aceptable en Favara el domingo, cogemos a un grupito para cerrarlo. Prisas fuera. 

Que luego viniera más gente de atrás, llegáramos a un tramo asfaltado y saliera solo del avituallamiento indica, simplemente, que el plan no estaba del todo muy bien implementado. Hemos pasado el kilómetro 6 y estamos en unos números bastante sorprendentes para lo paquete que es uno: la carrera es bastante corredora pero nos movemos por unos promedios de siete minutos el kilómetro. Eso sí, ha de empeorar porque, aunque no se alcanzará una cota tan alta como el domingo (la máxima estará sobre los 370 metros -Strava dixit-) y estamos en la fase intermedia, esto es, una sucesión de subebaja que nos llevará hasta el quince...que ahí será casi todo baja. 

Y hubo subidas de todo tipo, que si senda con pendiente, senda trotable, pista trotable, pista caminable y las bajadas, lo mismo, algún tramo técnico, otros con densa vegetación o ramas bajas. Lo sorprendente no era la variación de terrenos, lo que me descolocaba era la facilidad con la que íbamos cogiendo gente. En efecto, la tocada de h*evos de los tramos llanos debió ser interesante.

Y eso, entre subida, bajada, subida, bajada, subida a la Cruz (siempre que hay una Cruz cerca, se sube), bajada de la Cruz, tramo de barranco, regados con múltiples avituallamientos nos plantamos en el momento que dejamos de coger gente. Que más o menos coincidió con el avituallamiento del 16. De ahí a meta el perfil, salvo un par de repechos insignificantes (sí, esos que cuando estás metido en ellos los subes a cuatro patas de lo insignificantes que son), picaba hacia abajo. Lo que se le olvidó indicar al perfil fue el tramo de barranco...supersupercorredor. 

¿Sabes cuándo vas por una carretera de montaña y dices..."uy, cuánta gravilla!!"?. Pues no tienes ni idea de verdad de lo que es gravilla. No es mi fuerte exagerar, lo sabe todo el mundo, pero creo que ese par de kilómetros de gravilla se tienen que ver desde el espacio. En fin, como todo en esta vida se acaba. Y cuando se acaba la gravilla, ya lo dice el dicho, viene un paso subterráneo de poco más de un metro para hacerte ver que lo de la gravilla no era tan malo.

Ahora, lo que da miedo, es lo que viene después para pensar que lo del túnel de un metro es molón. En efecto, otro kilómetro y pico de pista. Llanto, sin gravilla, sin sombra de ningún tipo. En estos tramos seguimos padeciendo, tampoco es novedad. Cogemos ritmete, porque lo que es gente va a ser que no. Ahora ya solo me falta saber qué es lo que tiene que venir para que este tramo de pista nos parezca molón. 

Es para mí un honor presentarles la última subida al Castillo.

La verdad, estábamos deseándola. ¿Qué prefieres? ¿Conocer a la Johansson o subir al Castillo? "Subir al Castillo, subir al Castillo"...donde va a parar. La única pega es que estás ahí abajo y el Castillo está ahí arriba, pero bueno, es lo que hay. Además, como dijimos anteriormente, es un Castillo que está bien puesto, bien colocado. Sagunto está abajo y el Castillo está arriba. Y cerca.

Que vienen a invadirte...pues nada, subes dos rampas y ya estás a salvo en el Castillo. Y es que es eso, el Castillo tiene unos accesos que ni los del nuevo (o viejo) Mestalla: una pista ancha desde Sagunto y un tramo con sendero por la parte trasera (tiene dos puertas). Lo más en castillos de ese siglo, oiga. ¿Que parece que se van los invasores porque les has quitado la clave del WiFi al abandonar la villa? pues como estás ahí al lado, los ves huir y la gente se vuelve a sus casas. ¿Que mientras vuelven a sus casas los invasores dan la vuelta y vuelven a reinvadir?...pues nada, les pegas un grito y se vuelven a subir. 

Eso, en el Castillo de La Vall es sencillamente impensable.

En fin, volvemos a la carrera tras esta breve disertación histórica -nunca viene mal un poco de cultura-. Decíamos que estábamos subiendo el Castillo (creo que es la primera vez que lo nombramos) y tampoco es para tanto, el problema es toda la tralla previa y venir de media hora de correr: llegamos a la primera rampa y la andamos. Después, pese a todo, se podrá correr algunos tramos y es que, en algo menos de un kilómetro, se ascenderá unos cien metros de desnivel tan solo. 

Después, el centinela del castillo nos espera junto a la entrada (vamos, el de la Seguridad Privada), rodamos un poquito por ahí -a la izquierda, bonitas vistas de Sagunto-, bajamos por un tramo de adoquín, aparecemos en la otra entrada (que hace las veces de salida) y nada, para bajo, a disfrutar los últimos metros con el objetivo de bajar de las tres horas y...oye, lo conseguimos. Sonido de fanfarrias. Palabritas con Kike y asaltamos el puesto de minizumos.

Y, después de no sé cuánto tiempo, se volvió a conseguir el doble premio; a saber: quedar de los 100 primeros y a menos de una hora del que gana. Así que tendremos las líneas abiertas para los nuevos patrocinadores.

En cuanto a la carrera: la carrera es entretenida, tiene sus tramos llanos pero es que ha de tenerlos ya que la única forma de enlazar el Castillo con la zona de monte es ésa; está bien organizada, bien marcada, entrega de dorsales rápida, bolsa aceptable, céntrica, numerosos avituallamientos y mucho voluntario indicando/animando...y sigo recordando que los voluntarios son, sin duda, lo mejor de cada carrera. Además, pasamos por el Castillo.

A lo mejor, la única pega es el aparcamiento pero es lo que tiene salir del mismo centro de una ciudad como Sagunto. Carrera, por tanto, plenamente recomendable.

Ah, y el perfil del animalejo:

Nos vemos en Almenara :)

domingo, 29 de abril de 2018

Trail dels Senglars: Va a ser que Favara tampoco es llano...

¿Has tenido un muñeco mío de vudú estos dos meses y creías que no funcionaba? Puessss, sí, eso, no funciona lo más mínimo. Así que hiciste bien en dejarlo en aquel cajón. No hace falta que lo vuelvas a sacar. Nunca. En la vida. No funciona. 

La cosa se quedó hace dos meses en Corbera, ahí, cuando tocaba subir al Cavall Bernat por el tramo de trepada, a alguien le dio miedo. Bueno, vertiguito más bien. Miedo es lo que se pasa cuando empatizas con una pobre chiquilla en Pamplona. Ahí sí, te cagas viv@. Así que lo mío fue vertiguito. Había un tramo de usar manos, pero es que ni siquiera llegué a él. No sé, no me apetecía quedarme ahí bloqueado...habrá más carreras, pensé. Hasta luego, altímetre, hasta luego.

Y las hubo, la siguiente fue Xàtiva. La de los 1700 positivos. No llegué al segundo kilómetro. Un pinchazo en el gemelo. Como me había inscrito al Maratón del Montseny a la siguiente semana, fuimos previsores. A casa, a Óscar y a la punción seca. Luego el rollo ése de las velas, apretar los ojos muy fuerte y que saliera lo que tuviera que salir. Adiós Xativa, adiós. 

Y salió. Salió de todo. Por cualquier obertura de mi cuerpo salían cosas: gastroenteritis de las buenas. De las de "si no tienes inconveniente, pasas un día en el hospital". Y yo, bueno, como me estoy muriendo, mejor me quedo, sí. Bonito día de alimentarte con sueros (ñam ñam), una taza de consomé y un zumo de niño de piña (yo es que todo lo que sea menos de dos litros pues como que le bajo un poco de categoría...). Adiós Montseny, adiós.


Justo antes de darme el alta, me quitaron los goteros y estaba feliz, como se ve en esa recreación. Vamos, que no es real.


A la otra semana estaba Onda. Ahí, como homenaje a Márquez por sus mundiales. O por demostrar cómo es Rossi de verdad, da igual. Total, que nos dieron el alta, el domingo lo reposamos sin buñuelos -emoticono que echa humo por la nariz- y el lunes  (San Yo) salimos a trotar. De regalo...un pinchazo en el gemelo. No me gustan los regalos por los santos por cosas así, no hay duda.

Otra punción seca. Adiós Onda, adiós.

Holi bici, hola. 

Al tiempo, probamos a correr nuevamente. Ni rastro de los pinchazos en los gemelos. Ole. Vuelve la molestia de Xativa. Caca. No era ni sóleos ni gemelos...era más profundo: el músculo de los tensores/flexores de los dedos del pie. Tres semanas de reposo. 

Holi bici, hola...otra vez.

"En tres semanas, pruebas con dos series de 8 minutos al trote"...Pero, claro, me lié con las fechas. No sabía si la primera semana era entera, natural o semidesnatada. Así que, debido a un grupo de WhatsApp que echaba humo por carreras en Fondeguilla y Alcudia de Veo, salimos a calicantear un rato. Sin pretensiones. Sin ganas de exprimirnos. Solo para ver si nos dolía...y como la prueba salió bien, misteriosamente, aparec...¿el trabajo de fin de Master de la Cifuentes?...no, eso no...aparecí como inscrito en el Trail dels Senglars, en Favara, como quien no quiere la cosa. 21 kilometrillos con 1200 positivos. No está mal para empezar, viendo que nos hemos equivocado y tal...

Así que, tras recoger el dorsal, ver los baños dos veces y darnos cuenta que Favara está cerca del mar pero llana, llana...oye, no es. Más tarde, esa teoría se terminaría de confirmar. A las nueve se dio la salida. Salimos atrás. La táctica será una de las que mejores resultados dan en este país. En efecto, no hacer nada...ver pasar los kilómetros y, en base a las sensaciones, seguir con esa táctica defensiva o hacerla más amarrategui. Vamos, a mi lado, el Irureta ése era una especie de impulsor del tikitaka.

Pues eso, se dio la salida. Primer kilómetro de asfalto. Los primeros 500 metros (ligeramente descendentes) salen a 5'. Los segundos 500 metros, fruto del ahogo y que ya es ligeramente ascendente, pues hace que la media suba a casi 5'20''. Sube la media, el corazón, los pulmones...estos últimos a una altura como mínimo de la boca, ahí, todos apretadicos.

El asfalto da lugar a la tierra, sigue siendo pista pero ya pica más para arriba. Evitamos con gran gallardía ser el primero que se ponga a andar. Y el segundo. Y el tercero. Y ya no te sé decir mucho más...la pista es trotable pero tampoco vamos a hacer demostraciones de las que nos arrepintamos más adelante como, por ejemplo, dentro de 500 metros, cuando desvíen a los del 10k a la derecha y a nosotros nos enseñen la primera senda de la carrera. Que también podría ser la primera senda con piolet de la carrera, todo sea dicho.

Una de las cosas que nos vendrá bien todo el recorrido es que, al ser de senda tan técnica, es complicado adelantar salvo que pidas paso. Cosa que, ni por asomo, vamos a hacer en el kilómetro 3, ni en el 6...ni parecido, no te vayas a creer. Pero digo que nos resulta positivo porque en todas las subidas iremos cerrando un grupo. O sea, que hay alguien delante que va menos (lo celebramos, que esto es una carrera :p) y hace que subamos relativamente tranquilos, sin ir al máximo de pulsaciones ni cosas así. En estos tramos, por ejemplo, los órganos anteriormente mentados, van recuperando sus posiciones. Bueno, al páncreas le cuesta algo más, pero paciencia...

Tras esta primera subida fuerte, llega un tramo de asfalto. Prudencia. Cuesta bajo, hasta la m*erda corre. Eso se sigue confirmando...pero el sóleo derecho se carga ligeramente. Así que, para favorecer su recuperación, en cuanto nos encontramos esa rampa de asfalto, hacemos lo normal...seguir corriendo porque de los de delante, ninguno anda. Y, claro, así no se puede.

El asfalto desaparece y da lugar nuevamente a la senda. Estamos ante uno de los kilómetros más largos de la carrera: subida pronunciada y bajada técnica. Que la bajada es bajada porque vas para bajo (esto te lo puede explicar muy bien el Málaga), pero que corredora, oye, como que no. Eso sí, me estoy dando cuenta de una cosa: la carrera es espectacular. Y el freno del soleo me está haciendo disfrutarla aún más.

Por fin, el tramo técnico desaparece y podemos correr en una senda que nos lleva al primer avituallam...perdón, que nos lleva al parking del Chocolate. Hacía tiempo que no escuchaba nada de Vivaldi en los puestos de avituallamiento. Pues nada, seguiré esperando. Conforme llegamos, tengo dudas de si queremos un poco de isotónico o un ron cola y empezar bien. Al final, impera la cordura (el ron era marca blanca) y tiramos de isotónico y algo de plátano.


Angel MGalán, me saca todo arregladito camino de la disco...

A la salida del parking del Bananas, un tramo de pista algo corredora nos quita las tonterías de seguir bailando (te juro que hubo un momento que busqué pasta para el cuño, que yo quería volver) y, lo mismo que al principio, pica para arriba y es corredora...pero vamos a parar algún tramillo a andar, no se vaya a pensar la gente que soy un top y la liemos. 

La pista va dejando lugar a la senda y la senda deja lugar al segundo tramo de piolet opcional: 150 metros de desnivel en 600 metros. Eso sí, nuevamente, insertado en medio de un grupo. Empezamos a coger altura, nos movemos por los 400 sobre el nivel del mar y esto nos permite empezar a disfrutar de vistas. Yo sigo pasándomelo genial. Cuando, por fin se suaviza un poco todo, volvemos a alternar tramos de trote y andar hasta que aparecemos en la pista que nos lleva al segundo avituallamiento. La vamos a correr toda (ovación) pero seremos incapaces de seguir a los que nos pasen. Paciencia, queda mucha carrera.

Rellenamos botella, otro trozo de plátano. Aquí no hay música así que salgo corriendo de ahí. Lo normal, vamos. Llevamos nueve kilómetros. Hay que alcanzar el puntal de Massalarí a finales del 13 y, hasta entonces, quedan unos 200 positivos. Así que en estos tramos alternaremos el correr con el trote. Aquí la carrera ya está un pelín más fragmentada con lo que ahora mando yo. Es decir, paso a ser yo el que elige cuando quiero correr y cuando andar. El sóleo no está molestando mucho, así que podemos empezar a pasar a corredores sueltos. Por otra parte, parece que hace algo de aire. Ah, y no se nos tiene que olvidar mirar a la derecha de vez en cuando: las vistas son, sencillamente, espectaculares. Y eso que no me gusta la playa...

Se conquista el Massalarí. Este tramo de cresteo es lo mejor de la carrera. Es corredor (hasta que no puedes, obvio), pero puede resumir perfectamente la esencia del correr por montaña: esa mezcla entre esfuerzo y naturaleza que hace que las mayorías de tus sentidos disfruten. Obviamente, eliminamos el del tacto (porque darte una leche contra el suelo no mola) y el del gusto (porque comerte una piedra tampoco es muy chuli, que se diga). 

Tras Massalarí, cae Germanells y el Pic de la Mola; éste es el techo de la carrera así que ahora toca bajar. La primera bajada es la de más pendiente de esta segunda parte, así que, al vernos nuevamente cerrando un grupo, aprovecharemos para recuperar y ver si empezamos a cambiar la táctica o sacamos un central más. Afortunadamente, nos soltaremos un poquito. Por cierto, me resulta curioso encontrarme el Ouet ahí delante...y me alegrará más ver que la senda que cogemos va a la derecha y lo evitamos. Ahora sí, tramo descendente (con algún tramito interesante) y algún que otro repecho en el que, dentro de lo que cabe, corremos incluso algo.

En el kilómetro 16 nos encontramos el tercer avituallamiento. Plátano, isotónico, agua, naranja, cazalla...en efecto, ¿qué pinta ahí el agua?. Mejor seguimos que no me fío de mí. Tras estos tramos de bajada, ahora estamos a poco más de 100 metros sobre el nivel del mar, con lo que nos queda, por delante, unos kilómetros que, con tendencia descendente, incluyen alguna que otra rampa que hace que nos acordemos del kilómetro en el que se encuentre. También, hay que reseñar que estamos a cinco kilómetros de meta...vamos, que se podrá aguantar. 

Y un jamón. La cuesta del 17 nos devuelve a los 200 metros. Luego, eso sí, una bajada y otro repecho y otra minibajada y otro rampón y otra bajada y activamos el modo "safety car" para afrontar otra minirrampa y ahí se ve ya Favara y una última bajada con algo de pendiente y asfalto y un túnel y Favara y un giro de 90º y otro giro de 90º y meta. 

2horas 68 minutos y algo. Sin patas de palo y muy contento. A ver si eso de correr hasta explotar ha resultado ser una táctica errónea hasta hoy...no sé, ya lo pensaremos, porque corriendo hasta explotar llego a una hora del primero y hoy también lo hemos hecho.

De la carrera, todo lo que diga se va a quedar corto. Me ha encantado. Es un auténtico carrerón. Tiene de todo: subidas duras, bajadas técnicas, tramos de pista, subidas trotables, tres ambientes de discoteca, vistas espectaculares, vistas flipantes, voluntarios de categoría, bolsa del corredor con su camiseta, su tacita y sus planos para volver a hacer las rutas...joer, es que la única pega es que solo había cazalla en el último :). Totalmente recomendable. Vamos, que yo vuelvo.

Bueno...si no sacan el muñeco del cajón, claro.

Ah, este es el perfil del animalico

 Y confirmado, Favara, llana, llana...no es

domingo, 25 de febrero de 2018

Trail de Moixent: siete años ya...

¿Qué paso hace siete años?

Va, rápido, contesta, contesta.

Vale, eso no. Lo de que tenías menos lesiones musculares sí, te lo compro. Eso también pasaba. Te entiendo.

Lo que pasó hace siete años fue que, entre las múltiples donaciones a carreras, ésta fue la que más alegría me ha dado. Y me dará. 27 de febrero de 2011. Torrevieja. No sé qué leches hago inscrito en una Media Maratón de asfalto, pero ahí estamos. Y mi cuñado...también. Y mi hermana, en modo Manolo el del Bombo pero sin ser Manolo -mejor- de siete meses. 

Era viernes. 25 de febrero. Ni que decir tiene que ambos estábamos en los mejores momentos de forma de nuestra vida atlética. Igual ahí también teníamos sobrepeso...pero era todo músculo. Seguro. O músculo y fibra. Vamos, que ese día teníamos ya la táctica clara: "Guillermo, tú me lanzas el primer kilómetro a 2'58'' y luego ya hago yo el resto para bajar de la hora". Supersencillo. Superaccesible en ese momento. 

Pero mi hermana, apasionada y fascinada por nuestros humildes objetivos hizo una pequeña modificación. Rompió aguas. Y nos fuimos de hospital. Y primero vino Tomás. Y luego vino Sofía. Y Torrevieja se quedó ahí, aparcada. Luego vino nuestro declive físico. Pequeños daños colaterales.

Años después, Sofía me hizo este dibujo y como mola, pues lo pongo.


En cambio, Tomás es más de Fifa pero es un rollo jugar porque se le desmayan los jugadores y me expulsan por hacer teatro, oh.

Y, bueno, ya sabes lo que pasa cuando la introducción a una carrera es tan extensa. En efecto, que ésta es otro rotundo fracaso así que...vamos al lío.

Domingo con despertador a las 6.30. De momento nos aseguramos el sueño. El termómetro no pasa de cinco grados en todo el trayecto. Frío y sueño. Le sumamos la bursitis y ya tenemos un combo la mar de interesante. No sé qué puede faltar..."atropella a ese gilip*llas". Ah, sí, faltaban las palabras de recibimiento de Manoli. No sé si prefiero un recibimiento suyo o de los ultras del Athletic, la verdad ;p

A la línea de salida. Un hola a Yola, otro a Javi y al mogollón. Tres, dos, uno. Pum. Salida. Tramo inicial de asfalto para engañarnos, para hacernos creer que Moixent es llano. Giro a la derecha. Moixent no es llano. Rampita de cemento y, por fin, senda. No da tiempo a estirar mucho la carrera pero tampoco se montan grandes tapones y, dentro de lo que cabe, la senda es trotable.

De hecho, aunque tampoco te lo creas, el tapón no lo hago yo pero eso no es óbice para que una voz con acento del sur me pida salir en la crónica. Entre jadeo y ahogo, tan solo me salen tres palabras: cinco, mil y euros. Es un honor presentarles a Jose María (@Flecharondenya). Su locuacidad y conversación se enfrentan a mis monosílabos agonísticos. De hecho, es un detalle que no me mandara a la m*erda, sin más. Se agradece su ofrecimientos de jueves tarde y le cuento lo del jueves noche pasado en Calicanto, donde iba tan ricamente con mi frontal y me crucé con tres en una senda. Joer, qué susto. Sí, señores, esta semana he salido dos veces a entrenar (12 kms en total). Estamos que lo rompemos.


Que sí, que es verdad lo del jueves.

Volvemos a Moixent. Recalculando. Tras este primer ascenso, nos encontramos un avituallamiento. Ahí, JM me deja tirado y me cambia por lo que hubiera en la mesa (ahora es cuando pillo la indirecta, porque solo había agua...vaya) y yo me quedo disfrutando de un tramo de pista ligeramente ascendente pero que todos los demás corren y, claro...pues eso. ¿Que qué pasaría si se tiraran por un puente?...afortunadamente, a la izquierda volvemos a coger senda.

Esta senda tiene algo ya más de pendiente, así que no es extraño que este kilómetro se nos vaya por encima de los diez minutos. Muy bucólico esos tramos con escarcha. Afortunadamente, el frío que hacía a las ocho (chocante eso de ver pingüinos acercarse a la lumbre) va desapareciendo progresivamente...Eso sí, en este tramo lo que hay que hacer es mirar a la izquierda. Allí abajo, eso tan pequeño es Moixent. Bueno...tampoco es tan pequeño pero ya hemos salvado cuatrocientos metros de desnivel.

Y una senda de bajada algo técnica y un poco de senda y algún repecho intercalado y una subida más. Después, otro tramo favorable (llevamos una hora ya de carrera con más de ocho kilómetros -casi casi en los tiempos de 2011-) y allí, abajo, pero ahora a la izquierda, se vislumbra un pequeño lago. Bueno, pues mira, un apunte cultural para la crónica. Está demasiado bajo, parece.

Pero nada está demasiado bajo si en un kilómetro bajas 230 metros. Tan solo has de poner cuerdas y cuerdas para que no nos despeñemos y voilá...el lago pasa a ser el Embalse del Bosquet de Moixent y pasas a estar a ese nivel. La bajada es técnica, sí, pero para nada peligrosa. Y para que yo la vea así...ha de tener más parecido a una autovía que a una senda.

En ese embalse hay un avituallamiento, ahí ya cogeremos plátano y llenamos isotónico. Va 1h20', estamos en el kilómetro 11,5 y aguantamos medio dignos. Queda un poco menos de la mitad y, según el perfil, un par de subidas duras y unos repechos finales. Repechos dice.

También esta Vicent J. Gandia Adria que lo hace lo mejor que puede y me saca de esta guisa...



Tras dar la vuelta al embalse encaramos, por tanto, el primero de esos ascensos. Empieza a pegar el calor. Analizando a posteriori (porque lo de ver los perfiles antes oye, en eso seguimos igual) la cuesta no llega al kilómetro, eso sí, con otros casi 200 positivos, lo que sería dos calicantos de la vida pero con una salvedad, lo más duro está al principio. Resumiendo: subimos al trantran porque más rápido no podemos. Un tramito de cresteo, una senda de bajada de piedra algo suelta que pasa a pista y en el kilómetro 13,8, con gente animando, giras a la derecha.

Importante, muy importante lo que te voy a decir si vas a correr el año que viene. NO mires la montaña que quedará a tu derecha. Bueno, lo harás. Pero no mires fijamente arriba del todo. Esos puntos de colores llamativos  son luciérnagas autóctonas, para nada son corredores. Por si acaso, como estarás en un tramo de pista...sigue trotando.

Y sigue y sigue...porque se puede trotar (si tienes una bursitis y no entrenas en llano igual te cuesta más, pero tú ponte un ritmete y olvídate del resto...que seguro que entrenan más) y cuanto más trotes, antes llegas al avituallamiento del 16. Y ahí comes como un marranico porque te queda la subida esa dura del perfil...pero también te quedan solo seis kilómetros. No será tan dura, ¿no?.

Sí, la respuesta es sí. Con la tontería vuelven a ser otros 250 positivos en poco más de un kilómetro. Eso sí, espectaculares para los sentidos...bueno, menos para el del gusto, que tampoco es plan de ponerte a comer piedras o tierra, que luego se te queda la boca pastosa. La táctica de pasos pequeños y no parar es la más apropiada, sin duda. Olvidarnos del reloj y esos 18 minutos que marcará este kilómetro. Recoger a alguno que vaya peor que tú y a la marcha. Una vez arriba, nos pondremos a crestear, con lo que a ese kilómetro se le sumará otro de doce pero es lo que tienen los cresteos tras dos horas de tralla...que pasan factura.

Eso sí, los paisajes...espectaculares. Si miras a la derecha, ahí abajo, el giro del 13,8. En efecto, lo de las luciérnagas era falso. En fin...ah, si miras hacia la izquierda...intuyes Moixent. Y la meta. Faltan dos repechos, pero antes hay que bajar. Y bajamos. Y ya nos plantamos en el 19 y aquí se deja de bajar y se llanea. Y ese llano, tras girar a la izquierda, se convierte en el primero de los repechos, de pista...pero con pendiente. Y con calor. Es lo que pasa cuando te llevas a las carreras las térmicas que te gustan...que luego te da palo tirarlas. Así que nada, salvaremos esto cansado y achicharrado. Volvemos a bajar.

Y aquí hay poco a la imaginación. No hace falta que te preguntes por dónde está ese último repecho. Frente a nosotros se encuentra la Torre de Coloms (es que esta crónica me la he preparado un poco) y, como es de esperar, está ahí arriba, a solo trescientos metros y son solo 50 de desnivel pero...aquí es cuando ya aparece todo lo malo. En una subida tan ridícula se me va a hacer casi de noche..."estás enganchado??" me preguntarán..."no, voy así de mal"

Escalerillas de bajada y más escalerillas y más escalerillas y saltamos un canalillo (de agua, mente sucia) y cogemos la carretera y entramos al pueblo y, al ritmo de despacito, en la parte ésa de pasito a pasito hacemos la entrada en meta más acompasada con la música que se recuerde.

Y, bueno, en el plano personal, vamos mejorando poco a poco pero seguimos sin entrar de los 100 primeros (106 esta vez) ni estar a menos de una hora del primero pero bueno, todo se andará, que en eso nos defendemos medianamente.

La carrerita tenía alguna que otra cuesta...


Pero, resumiendo, la carrera está muy bien. No solo por los 1250 positivos en 22 kilómetros ni por los paisajes que, la verdad, tampoco es que los terminemos de disfrutar del todo...pero tiene todo: mucha senda, avituallamientos correctos...y hasta gazpacho en meta había, bien marcada, mucho voluntario, bolsa, su repecho de la muerte al final, precio aceptable y a tres cuartos de hora de Valencia...para llegar rápido a los posibles cumples que pudieras tener :)

Así que se puede volver sin temor a equivocarse.

domingo, 11 de febrero de 2018

Quiero mi castillo inaccesible: hoy toca Vall d'Uxó

La semana no empezó lo que se dice bien; en el reconocimiento médico de la empresa, la báscula -pésimamente calibrada, todo sea dicho- se fue a los cien kilos. También hay que reconocer que iba con calzado de seguridad y sudadera y...y los bolsillos llenos de tornillos, eso...y...y sí, también llevaba dos mancuernas. Vaya, no sé ni porqué me preocupo, pues.

Entonces nada, no dije nada. La semana pasó cándidamente hasta que me pasó factura ese comentario puesto en un grupo de WhatsApp, así, como inocentemente: "voy a ValldUxó" a correr la segunda prueba de la Liga de la Federación. Eso fue hace dos semanas. Pasaron los días. Y el tema no volvió a salir. Ya tenía la excusa preparada en plan de no estoy preparado, no eres tú soy yo y cosas así. Esa excusa nunca la llegué a utilizar. El viernes llegó un correo de mychip: estaba inscrito. 

Tampoco sé el motivo por el que preocuparse. Total: 25 kilómetros y 1500 positivos son unos números que cualquiera sin entrenar puede hacer cerca de las cuatro horas (demostrado empíricamente) así que...al lío. Ay.

Domingo. Despertador. 6:40. Mecagoentó. No hay más comentarios. O tacos. Paterna. 7.45. Recogemos a Luciano. 7.47 me equivoco de salida. Luciano corre mucho pero es un copiloto pésimo. Burjassot es muy bonito a estas horas. 8.20. Vall d'Uxó. A por el dorsal. Y la licencia. Me la da Miquel. Con él estaba Àngel (Amics del Terme). Tras años y años tramitando la licencia con ellos...por fin le pongo cara. Muchas gracias por todo. Dorsal. 104. Mi número preferido.

Coche. Cambiarse. Salida. Y parece que nos hemos juntado unos pocos CXM. El hecho que Yola se fuera a la otra punta de la pista para sacarnos a todos...así lo indica.


La colocación es una parte importante en las carreras. Y en las de montaña, más aún. Así que no nos equivocaremos lo más mínimo en salir en la penúltima fila. Y dejarle a Eduardo, cortésmente, que disfrute de la última. Con él haremos los primeros metros. Sí, esos metros en los que cogeré un bidón del suelo y como nadie lo pedía, lo tiraré a la izquierda. 

Sí, ese bidón que veinte metros más adelante viene Mar a por él. Lo de Tierra trágame se queda corto. Así que, cuando me adelantan nuevamente, silbaré mirando al otro lado como si la cosa no fuera conmigo. 

Un primer kilómetro llano se traduce en unos flamantes 5'20''. Ni que decir tiene que todos mis compis se han ido por delante. Cosas de la colocación, claramente. Pero, bueno, por lo menos no soy el último (flamenca, flamenca). ¿Y de los veinte últimos? Ay, sigamos, va...no desvariemos.

El tramo del barranco nos llevará los primeros dos kilómetros. Nos ponemos en modo gps y recalculamos. 1500 positivos en 23 kilómetros. Jojojo. Yola me saca en modo preocupado por la que me viene encima.


Por fin, el barranco da lugar a la primera subida de la jornada en la que se salvarán 400 metros en poco más de tres kilómetros. No sé, ahora que lo pienso, el tramo del  barranco es un pelín monótono pero ya no lo veo tan mal...tarde. Primero la subida es senda y luego cogemos un tramo de pista incluso con algo de hormigón. Algún tramo trotaremos y el resto, pues se andará. En ese tramo Juan me explica más o menos cómo es la carrera, la Herrera me desestabiliza con el tema del cordón pero yo, con tanta pista, no me lo estoy pasando muy bien. El hecho que me ahogue en las subidas, circunstancial, como siempre.

Tras el primer avituallamiento (4,5...la distancia y la nota, que era solo agua ;p) la pista da lugar a la senda y un primer tramo de en dónde me he metido. Faltaba una pancarta que indicara Bienvenido a Vall d'Uxó. El desnivel aumenta considerablemente, no para subir a cuatro patas pero sí para que se te quiten las ganas de correr. Pasos cortos y a no mirar arriba. Porque este tramo de cresteo es una sucesión de subida empinada, tramo llano, subida empinada y ver a donde tienes que subir, oye, desmoraliza. Mejor mirar el mar. Bueno, no. Mejor mirar el suelo. 

Engancharemos con la parte final de la primera subida de Fondeguilla. Y con la primera bajada. Y ahí, cogeremos a Kris, con su nueva categoría. Y ella va con su nueva categoría y nosotros no podemos con nuestra alma. Y segundo avituallamiento. Y Kris se va. Y Juan se va. Antes de irse me dirá que "si adelantas a Kris, caes". Lástima no haberle preguntado los números de la primitiva en el momento. Y ahora soy yo el que no puede con su alma. Saldrán dos kilómetros de bajada por pista. En uno de ellos, el Garmin emite un sonido raro y en la pantalla sale un "dónde vas loco??". En efecto, ha marcado un kilómetro por debajo de 5' y saltan las alarmas. Se entiende, por tanto, que en la primera hora caigan ya siete kilómetros.

De todos modos, la inercia adquirida en estos dos kilómetros de bajada nos da exactamente para subir trotando las dos primeras zancadas del muro que nos han puesto en el ocho. Otros doscientos metros de desnivel en poco más de un kilómetro. Lo más duro...al principio y, a diferencia de la primera subida, en ningún momento voy con sensación de poder coger algo de ritmo. Simplemente soy una sucesión de pasos inconexos sin seguir a nadie, porque cada vez están más lejos. Una vez coronado, otro avituallamiento y probamos los potingues de isotónico de sobre. Que sea lo que tenga que ser...

Y después, otro tramo de pista ascendente. Y después una bajada de senda zigzagueante. Y después otro avituallamiento. Y después pista. Y pista. Y pista. Y estoy en Vall d'Uxó y me siento algo decepcionado. Van ya 700 positivos y la carrera es muy corredora. En el trece, dejamos de bajar y empezamos a subir. Un poco de senda y luego nuevamente pista. Puffff. Y luego hormigón. Repufff. 

- Hola, soy el Espíritu de las Carreras Jodidas por ValldUxó, pero me puedes llamar ECJV,  ¿has dicho Repufff?...tío repipi.

- Sí, he dicho repufff, porque esta carrera, con la montaña que hay por aquí...no sé, tiene mucha pista, ¿no?

- No sé, cuentámelo tú, que la estás corriendo. Bueno...si a eso se le puede llamar correr.

- Ah, es verdad, pues sí, tiene mucha pista.

- Vale, pues ahora te vas a cagar.

- Sí, bueno, de eso justamente no me quejo.

- Y estás gordo.

- Recuérdame que a la próxima piense qué mal está la Schiffer. 

Y desapareció. Y me quedé pensativo. ¿Qué habría querido decir?.

Pues básicamente, lo que quería decir es que había que subir a un castillo. Al Castillo de Vall d'Uxó. Castillo que, desde hoy, sé que existe. Y el camino que llevaba a él, en efecto, no era por una cómoda pista, no. Era por una senda que tenía un aire a la subida de la Cruz de Santo Espíritu pero el triple de larga y con menos fuerzas que cuando la subes. El resultado, como puedes imaginar, catastrófico.

Se van a suceder, desde ese fatídico 13, seis kilómetros en los que nos vamos a ir por encima de los diez minutos el kilómetro. Los dos primeros, claro, los de esa subida al castillo. 

Y aquí iniciamos un tema nuevo porque el de la carrera ya no tiene arreglo. Así que, al lío. El Castillo de Vall d'Uxó. Como observaréis en la imagen, no tiene ningún camino accesible para que suban carros, carretas o el DeLorian. ¿Cómo se construyó eso? Porque las pirámides, vale, tienen tela pero las piedras las podías llevar hasta la misma base. ¿Pero ahí?...¿lo subieron todo por esa senda? ¿o por la de bajada? 


Subir el cemento, la pastera, las piedras, el agua, las puertas...porque ya que haces un castillo, pues lo querrás con puertas, que si no entra corriente y es un asco. Y con marcos en las ventanas. Y una mesa, por lo menos, para escribir que vienen los malos o algo. Y menos mal que no se había inventado el fútbol, porque imagina subir ahí unas porterías para los ratos muertos.

Por no contar la utilidad del castillo en sí. Porque este castillo sí está bien puesto. Por lo visto, hace unos cuantos siglos se llevaba mucho eso de, si tenías una montaña alta cerca, pues poner uno para observar si venían los malos y, en dicho caso, pues encerrar ahí a la población para que no les pasara nada malo. 

Pero claro, esa es otra. Estás en el castillo y ves que vienen los malos por el mar. El pringado que esté de guardia -que será de ett, fijo- controlando le toca escribir en la mesa -que para eso está-, bajar, avisar y subir. Vamos, que se lo cargan fijo. Como a media población, vamos, "ahí va a subir la madre del topo"

Y lo mismo que pensarán los malos, de cajón. Se encontrarían una ciudad aseadita, con sitio donde poner, en un futuro -unos diez siglos- una pista de atletismo y todo y con la población de ésta, asustada, ahí arriba, sin darles mucho la lata.

Esto de reescribir la historia se me da genial.

Vamos a volver a la carrera. En el 14 iba muerto, en el 15 también. Y el 16, 17, 18...en el 19, además, me pasa la Herrera. Con lo cual pienso seriamente la retirada. Ahí conectamos, tras ese avituallamiento, con el tramo final del TES. ¿Dije que me pasó la Herrera?. Pues no, me dejó tirado como una colilla. No pasa nada, a partir de ahora le evitaré y en paz.

Del kilómetro 21 a meta tan solo hay senda descendente y tramo de barranco. Nuevamente patético. No andamos pues, mira, porque quería llegar cuanto antes. Ufff. Al final, llegamos a meta y Yola, una crack, porque en ninguna foto me sacó movido -no te rías, que te veo venir-, me inmortalizó para la posteridad, oh.


Apretón de manos con Juan y a tirarse en el césped, que está muy bien. Y, nuevamente, una parte complicada, la de cambiar con arte de postura para que no se notaran los calambres. Ay, esto del postureo es la perdición.

Y, bueno, este es el perfil. Intentaremos, en la próxima carrera, echarle un vistazo antes.

En cuanto al resumen de la carrera: bien marcada, con subidas espectaculares -con algo de suerte, no sueño con el castillo- aunque la primera mitad me pareció excesivamente pistera. Avituallamientos numerosos y, en fin, un reencuentro con la Liga (en la última reventé una rama de un olivo centenario con todo el cabolo -no sé de dónde viene el nombre de esto-) para olvidar. 

Afortunadamente, la gente se habrá quedado con los CXM que corren que se las pelan y yo habré pasado un poquillo más inadvertido.

sábado, 27 de enero de 2018

Asimilando el finiquito. Hoy: Llaurí

Y acabamos Puzol. Y nos acercamos al doctor Plaza. Nos diagnosticó: bursitis y calcificación retroaquílea. Vamos, que la mutación a superhéroe sigue su ritmo. Más o menos estuve así:



En fin. Díez días de reposo. Donación al Valle Trail incluida. Decíamos que díez días de reposo. Vacío legal. Corrimos el día 13. Llaurí es el 26. Por misterios de la informática...aparecemos inscritos.

Las crónicas son muy repetitivas. Antes de cualquier carrera ya es norma habitual que el Madrid pierda. Esta vez se veía venir: Fuenlabrada, Numancia, Leganés...la parte difícil del cuadro. Así nadie puede ganar una Copa. Inhumano. En fin. Eso. Que el despertador suena a las siete. Esta vez un sábado. A las 8.30 ya estamos allí. 

Me encuentro con Jose y Manuel. Nos va la marcha. El motivo para venir aquí es que, en 18 kilómetros, nos vamos a encontrar 1300 Remigios (nueva unidad de medida). Y se ve. Tan solo girando la vista, nos encontramos unos peñascos la mar de interesantes...

Y vamos a la salida. Con cero entrenamiento en estas dos semanas mi colocación en esa ubicación se puede considerar cuanto menos arriesgada. Eso sí, lo de los peñascos...se ve que no era exageración.



Como decíamos, esa ubicación nos permite escuchar las indicaciones previas: "los de larga seguís al de la bici roja". Y le vemos. Lo único que puede pasar es que, una vez dada la salida, pues no le veamos más. Y eso es lo que pasó.

Pequeña vuelta por Llaurí para alargar la carrera. Salimos las dos distancias juntas. Así que, pese a marcar un primer kilómetro en unos estratosféricos 4'47'', nadie se sorprenderá que me pase hasta el apuntador. Y yo esperando una carrera lenta.

Lenta fue. Pero solo la mía. Llevábamos dos kilómetros de asfalto y ya hiperventilaba. Afortunadamente, la zona corredora desapareció y cogimos senda y, en breve, pendiente. Pero ahí tampoco cogíamos ritmo. Solo aire. Y cada vez más. 

Ese primer contacto con las subidas, donde salvamos casi 100 Remigios en poco más de 400 metros nos ayudó a comprender dónde estábamos y que, salir de esto, iba a ser complicado. Y más aún cuando, tras un leve llano, nos enfrentamos a otros 200 metros al 25%. Hasta para Cofidis es abusivo. Y menos mal que era pista. 

Si coger ritmo era complicado, entonces volvimos a una senda y se nos añadieron los corredores de la corta. Y como justamente no eran los más rápidos, pues los tapones que originaban nos venía bien para: primero, recuperar el aire; segundo, disfrutar de las vistas y, tercero, incluso correr en algunos tramos. 

Pero tampoco mucho, no te vayas a creer. Estamos llegando al punto más alto del recorrido (+-450 metros) y Alejandro (ALV) nos saca medianamente presentables.


Y veníamos de ahí abajo (bueno, eso es Corbera...Llaurí está tres kilómetros más hacia mi culo). Como decíamos, coronábamos el punto más alto, nos queríamos morir pero no mucho, ya que quedaban unos ochocientos de desnivel por delante y empezamos a bajar. Aquí sentimos algo de alivio, porque la montaña es todavía más alta. Pero el alivio se olvida pronto. La bajada es bastante técnica: mucho desnivel, saltos, piedras...complicado también coger ritmo. 

Me empiezo a dar cuenta que "imposible coger ritmo" es válido en cualquier párrafo de esta o de cualquier otra carrera. 

Pero eso, que la bajada era peligrosilla a veces. Del avituallamiento pasamos y, ahí delante, se hacía la separación corta-larga. En efecto, ya no podré culparles de los tapones. Ahora los haré yo. Maldición. "Volved, volved, os quiero"...tarde.

Seguimos bajando-llaneando-repecheando hasta que un barranco húmedo con piedras resbaladizas nos llevó a un muro de medio metro, luego a unas escaleras, luego a un tramo de cuerda...dios mío, estábamos en una Eternal Running!!. 

Peor. Salimos a una carretera flanqueada por chalets. Si te gusta la bici no te compres un chalet en Sant Sofi. Este es el mejor consejo que te puedo dar. Prácticamente este kilómetro asfaltado se hizo andando. A mínimos tramos se trotaba, pero esas pendientes continuas del 14/15% invitaban a tomárselo con tranquilidad. Vamos, imposible coger ritmo, ¿sabes?

Avituallamiento. Coca Cola y plátano. Lo que recomiendan los nutricionistas, vamos. Y al lío. Ahora una senda para correr algo, yuhu!!. Otra cosa no, pero exceptuando el kilómetro vertical éste de Sant Sofi y el posterior de la cantera, la carrera es muy de senderos. Complicado adelantar. Bueno, y más en mi situación, ja!.

Un tramito trotable nos llevará al kilómetro 10 donde nos encontraremos una cantera. Intentamos hacernos una idea del recorrido, porque hay gente subiendo una senda (ésa es impepinable que va ahora, porque la tengo delante) pero luego, ahí gente por ahí arriba, otros que vienen, otros que bajan...Y me parecían complicados los problemas de trenes. 

Mientras buscamos la solución, el primer repechaco nos lo ventilamos. Después, llaneamos y, salvando un par de cuestas más, nos volvemos a encontrar los famosos 200 metros al 25%...pero esta vez de bajada. Aquí nos quejamos menos. Pero a esos 200, se le añaden otros 200 y otros 200...resumiendo: estamos bajando un huevo. Afortunadamente giraremos a la derecha, porque me parecío ver una flecha que indicaba, cogiendo la izquierda, Núcleo de la tierra: 2,5 kilómetros. 

Y tras esta bajada tan pronunciada, esta subida tendida despertó sensaciones olvidadas como la del dolor de piernas que te cagas, qué co*o haces aquí y cosas así. De momento, entró calor, así que manguitos fuera. Más calores entraron con la primera rampa que había en la cantera. Y con la segunda...ni te cuento. 

Aquí, exactamente aquí, se podía haber terminado la carrera. Bueno, y si hubiera sido tras la primera vuelta por Llaurí tampoco habría hecho ascos. Pero ahora iban 13 kilómetros, comíamos algo en un avituallamiento y, según el dorsal, nos quedaban algunas bromitas escondidas. Bueno, no tan escondidas. Estaban en todos los kilómetros. Con especial atención a la subida del 15. 

Hemos pasado de hacer carreras largas, más largas, la ostia de largas...a temer a la subida del 15 (que fue lamentable) en una carrera de 18. Patrocinadores, venid, venid. Pues sí. Y también me dio canguelo la del 16 (dramática), pavor el repecho del 16,5 y vergüenza ajena el del 17,1. Hasta el último repecho tenía trampa: fotografía. Que sí, que eran un metro de desnivel pero el postureo hace que no lo haga como lo desearía...andando. Ahí, Alejandro preguntará por Miquel (CXM) y yo le responderé que estaba...preparando el finiquito.



Después, por fin, apareció el asfalto y en modo safety car llegamos a meta. 2h48'. En una flamante posición 86. La posición 86 es muy importante en las carreras, así que estoy muy orgulloso de no haberme quedado por ahí tirado porque...ufffff, mucha tralla. El nombre de la modalidad, por tanto, muy acertado.

Voy a poner el perfil para ver si consigo algo de solidaridad y a ti también te habría costado coger ritmo en algún lado, no te digo en todo, que en todo es bastante difícil (eso sí que es un mérito, ahora que caigo):


En cuanto al análisis de la carrera: bien marcada, buenos avituallamientos, mejores voluntarios, terreno para todos los gustos, con bajadas muy técnicas, subidas escarpadas y vistas maravillosas del Golfo de Valencia (pon aquí el nombre de ese amigo tuyo que sale tanto). ¿Lo mejor?...que nos hemos encontrado una zona de entrenamiento a media hora de casa :)

Una pena que vaya a promover en el change.org ése el que cierren la cantera de Llaurí, o, por lo menos, que se carguen los caminos de arriba, que ahí ya no van a coger piedras seguro. 

La única pega, por ponerle alguna...el que los de la distancia sprint no compartan el mismo recorrido y salgan 45 minutos más tarde (para evitar que los primeros cojan a los últimos en la primera subida).

Por cierto, ya van llegando muestras de solidaridad acerca de la dureza del recorrido.

Julio considera que exagero mucho porque solo había una subida y todo lo demás bajada, salvo los dos repechos finales, que a esos no les afecta el descenso.


Y visto así, razón no le falta.




domingo, 14 de enero de 2018

Picaio Trail: Porque Picadillo Trail no queda comercial...

Y este año nos pusimos pronto el primer dorsal. Y también nos pusimos nueva camiseta. Y, además, nos pusimos muy pronto el despertador (joer, las 6.30 en un p*to domingo). Y el Madrid perdió. Bueno, esto no es novedoso.

La cita hoy es en Puzol, en el Picaio Trail que, como su nombre indica...bueno, da igual, que como su desnivel positivo indica (+1350 en 23 kilómetros), fácil fácil no va a ser. Eso sí, veremos todas las posibles subidas al Picaio (exceptuando las pisteras) y las disfrutaremos en todo su esplendor.

Como decíamos, a las 6.30 sonó el despertador y poco antes de las ocho ya teníamos el dorsal. Es sabido que, cuando te cambias el coche, toda la m*erda que tenías, la guardas en bolsas y luego no la redistribuyes en el nuevo como estaba en el otro. Sí, sigue en las bolsas. Año nuevo, camiseta nueva, perrería antigua...que se le va a hacer. Resumiendo: no tengo imperdibles. 

Lo bueno de WhatsApp, Twitter y demás cosas sin traducción al castellano es que puedes movilizar a media sociedad para que te traiga unos imperdibles. Eso sí, pedírselos al coche de al lado no, que me da vergüenza.

Y el primero en aparecer fue Isaac. Con Lidia y Pablo. Y los imperdibles. Que se los cogió a una StacyMalibú o algo así porque creo que tan pequeños ya no los fabrican. Como ya tenían dorsal, se fueron a tomar un café. Y como donde caben tres, caben cuatro...para allá que fuimos. Un Aquarius gorroneado después (Isaac, invítales :)) fuimos ya a cambiarnos y tal.

De ahí, al tartán, que la salida era en la pista. Gente conocida: Eduardo preguntando por los M, Iván con más imperdibles :)...así que, foto con Isaac, y a prepararnos.



¿Os dais cuenta ahora de los pequeños que eran?

Mientras ellos se iban un pelín para atrás, yo me quedaba en tercera fila tarareando el "Give it up". El primer tramo era bastante corredor (asfalto) y como salíamos las dos carreras -había una de once- juntas, pues tampoco quería pillar mucho tapón. 

El plan era perfecto, pues. ¿Qué pudo fallar? Ah, sí, yo, que no entreno. Siempre se me olvida. Y no habíamos terminado de dar la vuelta a la pista y ya iba ahogado. Y en el tramo de asfalto iba ahogado. El primer kilómetro eso sí, lo hice lo más veloz que pude. Y la gente me pasaba a oleadas. Y entonces oí una voz familiar. Más que nada porque marcaba unos ritmos de respiración envidiables, acompañados de una dicción impropia de alguien que estaba corriendo. 

Yo, en cambio, jadeaba.

Ahí estaba Alfonso, que igual le tocan series, igual le toca subir mil veces la montaña ésa del río o igual le toca un dorsal en un sorteo. E iba así, como compungido. "Qué mal, me ha tocado esto en un sorteo y no estaba en mi programación...así que me voy como un tiro". Y tú te comes el polvo, le faltó añadir. 

El asfalto cogió un poco de pendiente. Si levantabas la vista, allí, arriba de la montaña, ya iban corriendo. Pero si llevamos dos kilómetros y nos saca ya media hora...Volvamos a lo nuestro, el asfalto da lugar a una pista rota y ya se empieza a caminar. Luego senda...y  tapón. 

Y aquí se me hincharon las pelotas. Porque en el monte, lo que prima es el respeto. Respeto al compañero (porque es eso, al fin y al cabo, un compañero) y, sobretodo, respeto al medio ambiente. Si vas corriendo y te encuentras a la gente parada en un tapón, so imbécil, no adelantes. Están parados porque el camino se estrecha y no se puede pasar tan fluidamente. Respeta la fila, joer, no es tan difícil. Pero, sobretodo, no atravieses el monte. Estás en un p*to parque natural. Y estás en la j*dida posición doscientas. ¿Tan difícil es esperar?. Cuando estás en tu casa y te estás c*gando y el baño está ocupado...¿te esperas?. Pues aquí igual. No es tan difícil. Y si no sabes entenderlo, pues dedícate a otra cosa porque esto es básico.

De verdad, fue irritante. Fueron quince o veinte. Pues quince o veinte que sobran. Y no hay excusas. Tú, a tu casa. O corre más en los dos kilómetros de asfalto que te ponen para extender el grupo o te esperas.

En fin, ya falta menos para extinguirnos.

Y como eso fue en el 2,5, pues quedaban poco más de 20. Prometo ser más breve. Porque si me extiendo igual, el Quijote se queda en el tamaño de una guía rápida.

Tras este tramo inicial de senda, un poquito de bajada pistera, una subidita entre naranjos y la primera subida seria. Es subida senderista porque no se puede correr (pendiente) y porque hay mucha gente. Pero es por lo primero, básicamente. Ahí, en mitad de los pedrolos estará Kike y me animará un poquito. Lo siento, ya me costaba levantar la mirada del suelo. Otro tramito de senda, unos poquitos escalones para reafirmar los glúteos (todo lo de antes no) y primer avituallamiento. 

Pese a ir con una botella de medio litro -el planteamiento de la carrera fue muy profesional, de verdad-, cogemos un trozo de plátano y seguimos. Leve bajada y bonita vista. Un cortafuegos. Y la gente por ahí. Pues nada, vamos. Al ponerse los cortafuegos en los primeros kilómetros, se suben andando y no hay gente sentada en piedras. Una vez arriba...se separan las carreras. Los de la de once a la derecha; los insensatos vamos a la izquierda. 

Andrés Núñez, que misteriosamente pasaba por ahí, me saca de esta guisa.



Bajamos un tramo de asfalto, una senda, un avituallamiento que no hacemos ni caso y a subir a Penyes de Guaita por el tramo de escalada. 

Aquí llegamos al tramo conocido. Eso no es óbice para que ese tramo de escalada -que solo lo subo en el GR y cagado- lo siga haciendo de modo patético. Subíamos uno detrás de otro, así que alguien me explique como, al terminarlo, los de delante estaban a 50 metros. Uno, que es muy malo. 

Pues ha sido sencilla la explicación.

Como decíamos, volvemos al tramo conocido. Ahora viene un tramo trotable y después una bajada por pista. Aquí conoceré a Coque, compañero de club. Y otro avituallamiento. Y otro trozo de plátano. Y otra subida. Esta la hicimos ayer, que me dio por salir por Santo Espíritu pero, como había batida de jabalí -tranquilos, salí ileso, gracias por preocuparos- pues hubo que ir por esta parte y aprovechando que estaba marcada...

Subimos tranquilos, andando, sabiendo que la parte dura estaba al final. Una vez la pasamos, fuimos a buscar una bajada que me dio miedo...si hubiera que subirla. O si estuviera mojada. Al final, ni una cosa ni la otra así que llegamos abajo y cogimos la senda que llevaba a Penyes de Guaita por el barranquillo. Soy bastante bueno poniendo nombres.

Aquí nos daremos cuenta que, llevamos diez kilómetros y no podemos mucho más. No es que sea la senda más trotable del mundo, pero cuesta ya coger ritmo. Y se sube tan a gusto andando que, claro...una vez arriba, al ver el CXM, preguntarán por el GR, si se volverá a hacer, que otros años por ahí vamos frescos recién empezados y hoy...pues hoy a duras penas respondo con monosílabos. Por cierto, se ve la marjal quemada la pasada semana. Ufffff.

Y bajaremos un tramito y cogeremos la pista que lleva al Picaio. Aquí Coque me coge y me cuenta no sé qué de 58 años y lo duro de la última subida. Se va. Lo único que pido es que no me lleve tanto tiempo subirla. La pista conecta con la carretera que sube al Picaio. Le llamamos carretera porque hay algún tramo asfaltado. 

¿Recordáis el avituallamiento de antes de Penyes de Guaita que ni paramos?. Pues ahora pararemos lo de éste y la parada de antes. Rellenamos la botella con el isotónico Acme, otro trozo de plátano y para abajo por senda. Van catorce kilómetros.

Y el quince llegó enseguida, porque la senda dio paso a una carretera asfaltada con su pendiente favorable. Y el dieciséis también. En este tramo no noto ningún tipo de dolor. No tengo inconveniente en que sea así hasta meta. Ninguno, oye. Entonces es cuando te encuentras un cartel con una subida de 1,7 kilómetros con un 12% de desnivel. Tampoco es mucho. Solo que el tramo que podría ser corrible son piedras sueltas y el tramo que no es corrible, pues eso...

Y por fin llegamos arriba. Tienen sentido del humor. Te marcan el fin del tramo de subida y luego sales a una carretera que sigue subiendo, entonces te desvías a la izquierda y la senda sigue subiendo. Y, cuando ya no puedes subir más, es porque están ahí las antenas (el Monte Picayo tiene unas antenas ahí arriba...imagino que las pusieron para celebrar que tenían carretera). Van 18.

Y Andrés le ha pillado la gracia al montecito y, agazapado, nos saca no muy mal :)



Bajamos. Estas sendas, como casi todas, son bastante técnicas: desnivel y piedra suelta. Hay que bajar con cuidado. Tras este mensaje de la DGT, levantamos la mirada y ahí delante se ve, imponente, la subida a la Tacha. Pero tampoco nos obsesionemos con ella, que antes nos encontraremos un conatillo de Tacha que te confirma los presagios: que se te va a hacer larga. 

Así que, tras este primer repecho, un poco de bajada -enganchando con el GR-, otro avituallamiento y, ahora sí, última subida. La subida es tan dura (y corta, afortunadamente) que no se pueden hacer diferencias. Vamos, que, con pasos cortos, te limitas a seguir al de delante y a no mirar atrás. Además, hay algo de ayuda, y es que a partir de la mitad te da el sol, con lo que lo más duro está al principio. Para llevar veinte kilómetros y estar reventado, esto es lo más parecido a un consuelo de m*erda que puede existir. 

Lo que hay que hacer es llegar al sonido de saxo que se oye. Ahí está, tocando el We are the Champions ahí arriba. Eso sí que tiene mérito. Con la rasca que hace y el chaval, con su saxo. Y Puzol está a un rato. Y, por medio, hay otra bajada técnica. Confirmado: tiene mérito. Tendría más mérito si tocara la batería pero yo creo que ya es pasarse...;)

Y bueno, eso, una última bajada técnica y otra vez al asfalto que nos llevará al polideportivo. Tiene delito que, tras casi 23 kilómetros, el único pensamiento al llegar al polideportivo sea el que no te hagan dar la vuelta a la pista, que me muero ahí mismo. Afortunadamente, las plegarias surtieron éxito y simplemente había que atravesarla, que la meta estaba en el centro. 

Al final, 3h7' o así. Por poco casi bajamos de los ocho minutos el kilómetro pero hoy me parece que el cuerpo no estaba para mucha fiesta. Así que dejamos un registro que, igual, podemos batir el año que viene.

Pero vamos, entre la velocidad y los campos electromagnéticos, nos cargamos el reloj del crono.


Y sí, los pantalones se me caían.

Unas palabritas con Coque y a esperar que venga Isaac y la tropa. 

La verdad que no llegaron con mala cara...



En cuanto a la carrera, ésta es más que aceptable. Hay que saber que nos metemos en +1350 en 23 kilómetros -y que hay tres que son casi llanos- con lo que sabes que dureza vas a tener para hartarte (palabra). El recorrido está muy bien marcado, bastante avituallamiento y, encima, por la Calderona, que es preciosa. Vamos, que es muy recomendable. Y, si tienes dudas, el bocadillo de meta a la brasa es para que estés salivando ahora. Enhorabuena a los organizadores y, sobretodo, a los voluntarios. Fantástico trabajo el suyo que estamos en invierno y hace fresquito para estar parados ahí, en medio de la montaña.

¿Cosas a mejorar?...pues, personalmente, lo único que veo mejorable es que la salida de las dos carreras se haga con una diferencia de tiempo y así los tapones no serán tan voluminosos (aunque existe el riesgo que los buenos de la segunda cacen a los menos buenos de la primera).


Ah, éste es el perfil 



Que, visto así, tampoco es para tanto :p


martes, 5 de diciembre de 2017

Garrote Trail: dibujando dinosaurios

Y no, el título no tiene nada que ver con la edad de C, de verdad. Luego lo intentaremos explicar. O lo que se pueda. 

Antes que nada, explicaremos que es eso del Garrote Trail. Es fácil. Una carrera por montaña de unos veinticinco kilómetros que, a cada edición, alterna la salida entre Higueras y Pavías; municipios castellonenses donde, si la moza del tiempo habla que llega un frente frío acompañado de viento, hará fresco. Y bastante. 

Y con fresco -y bastante- fuimos a Higueras. Y de ahí, a por el dorsal. Y de ahí, al coche. Y, en el coche, a analizar los pros y los contras de si merece la pena correr así. La balanza está congelada. Empezamos mal. Nos cambiamos.

Bueno, hay que entender cambiarse como quitarse ropa para ponerse más ropa, obviamente. 

Mientras tiemblo realizando esa operación, oigo una voz vagamente familiar. Vagamente porque no quiere correr. Que no tiene ganas. Vamos, lo normal que se oye en cualquier línea de salida. Así que asiento a lo que dice Alfonso aunque a quien hago caso de verdad es a Inma. Hombre, es normal...que ACS se va a cascar una sansilvestre de 42 kilómetros y, por tanto, es una mala influencia. Y encima corre más. 

Pero yo soy más alto*. 

[* esto lo puse en la crónica de Gata, pero como no la leyó ni yo, pues veo que puedo repetir gracias sin ningún tipo de remordimiento].

Y nos fuimos para la salida. Por allí andaba Ashaman, Eduardo, M y el keniata lento. Haciendo un esfuerzo, creo que no corría con tanta gente conocida desde que hacía carrera continua en 6º de egb, que conocía a díez o doce de clase. 

Y así, cerca de las nueve, preparados para la segunda glaciación, estábamos esperando a que dieran la salida.



El de las gafas del gorro feo podría ser M perfectamente porque cumple el perfil.

Total que dieron la salida con unos fuegos artificiales. Y poco nos faltó para pararnos ahí a calentarnos. Porque eran pequeñitos, que si no...En su lugar, los organizadores tuvieron a bien a darnos una vuelta por Higueras. Tres rampas de esas y ya nos sobraba todo (menos el gorro a M). Era, por otra parte, buen momento para que ACS cumpliera el corolario del principio de notengoganas; esto es, ya no se le vio hasta meta. Bueno, ni eso. Que no estaba ni el coche. Menos mal que robaron el suyo y no el mío, ufff. Que, además, lo tenía repostado hasta arriba. Ejem.

Volviendo a la carrera. Tenía que limpiar mi honor ante M y C después de lo de Montanejos así que no se me ocurrió otra cosa que salir disparado en las calles esas que iban para arriba, para abajo pero ninguna llana. A ese ataque tremebundo le siguió un tramo de amplia zancada en un breve tramo de pista, añadiendo el correr en los ascensos iniciales aunque la pendiente te invitara a no hacerlo. Todo eso con el único objetivo de dar el primer golpe en la mesa y asustar. Marcar distancias. Entonces, llegó el tapón. Y el "a ver si lavas la mochila". Joer, volvemos a empezar. Y encima tengo que lavarla de verdad.

Y ya estaba cansado. Normal. Y quedaban 23 kilómetros por delante. Y como estaba ALV fotografía, pues había que disimular y parecer que corríamos.


Pero después paramos a respirar. Normal. Esto del postureo no da más que disgustos. 

Y, después, vino un tramo de senda ascendente. Y trotamos y trotamos hasta que nos apeteció parar. Y cuando íbamos a hacerlo, entonces estaba Vicente Purificación con su cámara, para evitar que lo hiciéramos.


Y entre trote, foto, me ahogo, nos plantamos en el primer ascenso de verdad. Y ahí, a ratos, seguíamos trotando. Alguno se despistaba y le pasábamos. Por lo menos ya no oía voces conocidas. Ahora tan solo faltaba saber cuánto duraría el efecto éste de correr como si no hubiera mañana. 

Con solo decir que no sacamos la cámara para sacar una miserable foto movida ya lo digo todo. Y así, con la tontería, el primer ascenso serio ya lo teníamos hecho. Por encima de los mil metros estábamos . Y, claro, ahí hacía viento. Con lo que había que seguir corriendo para no perecer congelado. Cosas de la supervivencia. Y de la exageración.

Ni de coña hacía el frío del día anterior. Ni el de las ocho de la mañana. Y, ahora que íbamos camino de la primera hora, tampoco teníamos las piernas de una hora antes. Se acaba el efecto de la salida cañón. Cambiamos la táctica a una más defensiva. Hay que intentar llegar medio dignamente. Trotaremos lo que se pueda y lo que no, pues no. De hecho, en el peor de los casos, ya tendríamos la frase hecha: "todo se andará"

Coincidiendo con el primer bucle que nos vamos a encontrar, se oye de fondo un pisar elegante, ágil, economizando esfuerzos, acompañado de una respiración intensa pero controlada. En efecto, no pueden ser ni C ni M, lo cual da tranquilidad. Son los de la carrera de 14 kilómetros, que salían un cuarto de hora después...pues eso, que van con prisa. Y tal como vinieron, se fueron. Y eso que era bajada. 

Siguieron bajando y a nosotros nos desviaron. A recuperar lo descendido. Y eso hicimos. Poco se trotó. Para llevar poco más de diez kilómetros, estamos para el arrastre. Menos mal que los calcetines son de trail, si no se romperían en esta tesitura. Eso sí, las paradas en los avituallamientos, mínimas. Juraría que estuve más tiempo parado en la senda de mitad de carrera que comiendo. En fin, sigamos. A esa senda -un pelín complicada- le siguió un poco de pista y tanto bajar no es buena señal, así que se masca la tragedia. 

Hay que reconocer que lo bueno que tiene el recorrido saliendo de Higueras es que la subida más dura la haces la primera (cuando tienes más fuerzas. -Risas-). Las siguientes, como mucho, tendrán doscientos metros de desnivel positivo y...¿eso qué es?...pues un par de Calicantos*. Vamos, algo asumible con un poco de tranquilidad. Vamos, que no hay inconveniente en que la gente venga de atrás y se vaya mientras a uno no le saquen de punto.  

[*El Calicanto es una subida de cien metros de desnivel en poco más de cuatrocientos de longitud. Vamos, nada del otro mundo. Nada que no se pueda hacer en poco más de seis minutos]

Y si, con diez kilómetros, estábamos para el arrastre, con quince, entrando en Pavías ni te cuento. En este avituallamiento sí que se va a parar. Probaremos el isotónico de polvos que sabe a isotónico de polvos y seguimos. Ahora viene otro bucle. La senda es bastante corrible, pero como estamos en el diecisiete también es bastante caminable. Magia. Una bajada sencilla y nos encontramos nuevamente en Pavías. Van veinte kilómetros.

Queda nada: una subida y una bajada. Sería fácil si la subida no fuera de dos kilómetros. Pero mira, lo es. El tramo de pista es soportable/trotable pero en la senda, donde se subirá 1,3 calicantos, pues es solo soportable. Una vez arriba, un descenso relativamente cómodo nos conducirá a ver Higueras ahí abajo y ver como te vas desviando hacia la izquierda, cogiendo una senda algo rompepiernas (literal) hasta que, por fin, el descenso vertiginoso nos conduce a Pavías.

Y la mala suerte ha hecho que, en los días en los que se ha hecho viral el paso por la cresta ésa del Kilian haciendo cabriolas, Andrés Núñez me saque de esta guisa bajando a tumba abierta pero sin tumba.


Si te fijas mucho, levanto reguerillo de polvo de la velocidad que llevo, eh. Si ves que hay riesgo que te quedes bizco@, tampoco hace falta que fijes tanto, te lo crees y en paz.

Justo después, para terminar de rematar, nos pusieron unas bonitas escaleras ascendentes, otra rampita que aplaudieron a rabiar los cuadríceps, gemelos, sóleos y demás articulaciones -todos a la vez- y, después, por fin, una bajada hasta meta que, tras algo más de 2 horas y ochentaytres minutos, pues como que uno tenía ganas de verla.

M llegó un rato después y C llegó el lunes.

Y mi visión distorsionada de las cosas hace que, el track, me parezca un Tiranosaurio Rex -eso sí, en modalidad paralímpica- pero, esa misma visión, me hace recomendar esta carrera porque

a) no está masificada: solo pueden correr 400 en total.

b) de los 25 kilómetros, solo hay dos urbanos pero para comparar qué pueblo tiene las rampas más duras.

c) es que los otros 23 son por la Sierra de Espadán.

d) los avituallamientos son bastante sencillos: aquí se viene a correr, no a comer.

e) en el avituallamiento de meta, creo que es al revés: ahí se va a comer, no a correr.

f) la carretera de acceso es estrecha, pero no hay problema. A las ocho todos van para allá y a las dos todos van para acá.




Y sí, si yo tuviera que pintar un Tiranosaurio Rex...lo pintaría peor.