domingo, 14 de enero de 2018

Picaio Trail: Porque Picadillo Trail no queda comercial...

Y este año nos pusimos pronto el primer dorsal. Y también nos pusimos nueva camiseta. Y, además, nos pusimos muy pronto el despertador (joer, las 6.30 en un p*to domingo). Y el Madrid perdió. Bueno, esto no es novedoso.

La cita hoy es en Puzol, en el Picaio Trail que, como su nombre indica...bueno, da igual, que como su desnivel positivo indica (+1350 en 23 kilómetros), fácil fácil no va a ser. Eso sí, veremos todas las posibles subidas al Picaio (exceptuando las pisteras) y las disfrutaremos en todo su esplendor.

Como decíamos, a las 6.30 sonó el despertador y poco antes de las ocho ya teníamos el dorsal. Es sabido que, cuando te cambias el coche, toda la m*erda que tenías, la guardas en bolsas y luego no la redistribuyes en el nuevo como estaba en el otro. Sí, sigue en las bolsas. Año nuevo, camiseta nueva, perrería antigua...que se le va a hacer. Resumiendo: no tengo imperdibles. 

Lo bueno de WhatsApp, Twitter y demás cosas sin traducción al castellano es que puedes movilizar a media sociedad para que te traiga unos imperdibles. Eso sí, pedírselos al coche de al lado no, que me da vergüenza.

Y el primero en aparecer fue Isaac. Con Lidia y Pablo. Y los imperdibles. Que se los cogió a una StacyMalibú o algo así porque creo que tan pequeños ya no los fabrican. Como ya tenían dorsal, se fueron a tomar un café. Y como donde caben tres, caben cuatro...para allá que fuimos. Un Aquarius gorroneado después (Isaac, invítales :)) fuimos ya a cambiarnos y tal.

De ahí, al tartán, que la salida era en la pista. Gente conocida: Eduardo preguntando por los M, Iván con más imperdibles :)...así que, foto con Isaac, y a prepararnos.



¿Os dais cuenta ahora de los pequeños que eran?

Mientras ellos se iban un pelín para atrás, yo me quedaba en tercera fila tarareando el "Give it up". El primer tramo era bastante corredor (asfalto) y como salíamos las dos carreras -había una de once- juntas, pues tampoco quería pillar mucho tapón. 

El plan era perfecto, pues. ¿Qué pudo fallar? Ah, sí, yo, que no entreno. Siempre se me olvida. Y no habíamos terminado de dar la vuelta a la pista y ya iba ahogado. Y en el tramo de asfalto iba ahogado. El primer kilómetro eso sí, lo hice lo más veloz que pude. Y la gente me pasaba a oleadas. Y entonces oí una voz familiar. Más que nada porque marcaba unos ritmos de respiración envidiables, acompañados de una dicción impropia de alguien que estaba corriendo. 

Yo, en cambio, jadeaba.

Ahí estaba Alfonso, que igual le tocan series, igual le toca subir mil veces la montaña ésa del río o igual le toca un dorsal en un sorteo. E iba así, como compungido. "Qué mal, me ha tocado esto en un sorteo y no estaba en mi programación...así que me voy como un tiro". Y tú te comes el polvo, le faltó añadir. 

El asfalto cogió un poco de pendiente. Si levantabas la vista, allí, arriba de la montaña, ya iban corriendo. Pero si llevamos dos kilómetros y nos saca ya media hora...Volvamos a lo nuestro, el asfalto da lugar a una pista rota y ya se empieza a caminar. Luego senda...y  tapón. 

Y aquí se me hincharon las pelotas. Porque en el monte, lo que prima es el respeto. Respeto al compañero (porque es eso, al fin y al cabo, un compañero) y, sobretodo, respeto al medio ambiente. Si vas corriendo y te encuentras a la gente parada en un tapón, so imbécil, no adelantes. Están parados porque el camino se estrecha y no se puede pasar tan fluidamente. Respeta la fila, joer, no es tan difícil. Pero, sobretodo, no atravieses el monte. Estás en un p*to parque natural. Y estás en la j*dida posición doscientas. ¿Tan difícil es esperar?. Cuando estás en tu casa y te estás c*gando y el baño está ocupado...¿te esperas?. Pues aquí igual. No es tan difícil. Y si no sabes entenderlo, pues dedícate a otra cosa porque esto es básico.

De verdad, fue irritante. Fueron quince o veinte. Pues quince o veinte que sobran. Y no hay excusas. Tú, a tu casa. O corre más en los dos kilómetros de asfalto que te ponen para extender el grupo o te esperas.

En fin, ya falta menos para extinguirnos.

Y como eso fue en el 2,5, pues quedaban poco más de 20. Prometo ser más breve. Porque si me extiendo igual, el Quijote se queda en el tamaño de una guía rápida.

Tras este tramo inicial de senda, un poquito de bajada pistera, una subidita entre naranjos y la primera subida seria. Es subida senderista porque no se puede correr (pendiente) y porque hay mucha gente. Pero es por lo primero, básicamente. Ahí, en mitad de los pedrolos estará Kike y me animará un poquito. Lo siento, ya me costaba levantar la mirada del suelo. Otro tramito de senda, unos poquitos escalones para reafirmar los glúteos (todo lo de antes no) y primer avituallamiento. 

Pese a ir con una botella de medio litro -el planteamiento de la carrera fue muy profesional, de verdad-, cogemos un trozo de plátano y seguimos. Leve bajada y bonita vista. Un cortafuegos. Y la gente por ahí. Pues nada, vamos. Al ponerse los cortafuegos en los primeros kilómetros, se suben andando y no hay gente sentada en piedras. Una vez arriba...se separan las carreras. Los de la de once a la derecha; los insensatos vamos a la izquierda. 

Andrés Núñez, que misteriosamente pasaba por ahí, me saca de esta guisa.



Bajamos un tramo de asfalto, una senda, un avituallamiento que no hacemos ni caso y a subir a Penyes de Guaita por el tramo de escalada. 

Aquí llegamos al tramo conocido. Eso no es óbice para que ese tramo de escalada -que solo lo subo en el GR y cagado- lo siga haciendo de modo patético. Subíamos uno detrás de otro, así que alguien me explique como, al terminarlo, los de delante estaban a 50 metros. Uno, que es muy malo. 

Pues ha sido sencilla la explicación.

Como decíamos, volvemos al tramo conocido. Ahora viene un tramo trotable y después una bajada por pista. Aquí conoceré a Coque, compañero de club. Y otro avituallamiento. Y otro trozo de plátano. Y otra subida. Esta la hicimos ayer, que me dio por salir por Santo Espíritu pero, como había batida de jabalí -tranquilos, salí ileso, gracias por preocuparos- pues hubo que ir por esta parte y aprovechando que estaba marcada...

Subimos tranquilos, andando, sabiendo que la parte dura estaba al final. Una vez la pasamos, fuimos a buscar una bajada que me dio miedo...si hubiera que subirla. O si estuviera mojada. Al final, ni una cosa ni la otra así que llegamos abajo y cogimos la senda que llevaba a Penyes de Guaita por el barranquillo. Soy bastante bueno poniendo nombres.

Aquí nos daremos cuenta que, llevamos diez kilómetros y no podemos mucho más. No es que sea la senda más trotable del mundo, pero cuesta ya coger ritmo. Y se sube tan a gusto andando que, claro...una vez arriba, al ver el CXM, preguntarán por el GR, si se volverá a hacer, que otros años por ahí vamos frescos recién empezados y hoy...pues hoy a duras penas respondo con monosílabos. Por cierto, se ve la marjal quemada la pasada semana. Ufffff.

Y bajaremos un tramito y cogeremos la pista que lleva al Picaio. Aquí Coque me coge y me cuenta no sé qué de 58 años y lo duro de la última subida. Se va. Lo único que pido es que no me lleve tanto tiempo subirla. La pista conecta con la carretera que sube al Picaio. Le llamamos carretera porque hay algún tramo asfaltado. 

¿Recordáis el avituallamiento de antes de Penyes de Guaita que ni paramos?. Pues ahora pararemos lo de éste y la parada de antes. Rellenamos la botella con el isotónico Acme, otro trozo de plátano y para abajo por senda. Van catorce kilómetros.

Y el quince llegó enseguida, porque la senda dio paso a una carretera asfaltada con su pendiente favorable. Y el dieciséis también. En este tramo no noto ningún tipo de dolor. No tengo inconveniente en que sea así hasta meta. Ninguno, oye. Entonces es cuando te encuentras un cartel con una subida de 1,7 kilómetros con un 12% de desnivel. Tampoco es mucho. Solo que el tramo que podría ser corrible son piedras sueltas y el tramo que no es corrible, pues eso...

Y por fin llegamos arriba. Tienen sentido del humor. Te marcan el fin del tramo de subida y luego sales a una carretera que sigue subiendo, entonces te desvías a la izquierda y la senda sigue subiendo. Y, cuando ya no puedes subir más, es porque están ahí las antenas (el Monte Picayo tiene unas antenas ahí arriba...imagino que las pusieron para celebrar que tenían carretera). Van 18.

Y Andrés le ha pillado la gracia al montecito y, agazapado, nos saca no muy mal :)



Bajamos. Estas sendas, como casi todas, son bastante técnicas: desnivel y piedra suelta. Hay que bajar con cuidado. Tras este mensaje de la DGT, levantamos la mirada y ahí delante se ve, imponente, la subida a la Tacha. Pero tampoco nos obsesionemos con ella, que antes nos encontraremos un conatillo de Tacha que te confirma los presagios: que se te va a hacer larga. 

Así que, tras este primer repecho, un poco de bajada -enganchando con el GR-, otro avituallamiento y, ahora sí, última subida. La subida es tan dura (y corta, afortunadamente) que no se pueden hacer diferencias. Vamos, que, con pasos cortos, te limitas a seguir al de delante y a no mirar atrás. Además, hay algo de ayuda, y es que a partir de la mitad te da el sol, con lo que lo más duro está al principio. Para llevar veinte kilómetros y estar reventado, esto es lo más parecido a un consuelo de m*erda que puede existir. 

Lo que hay que hacer es llegar al sonido de saxo que se oye. Ahí está, tocando el We are the Champions ahí arriba. Eso sí que tiene mérito. Con la rasca que hace y el chaval, con su saxo. Y Puzol está a un rato. Y, por medio, hay otra bajada técnica. Confirmado: tiene mérito. Tendría más mérito si tocara la batería pero yo creo que ya es pasarse...;)

Y bueno, eso, una última bajada técnica y otra vez al asfalto que nos llevará al polideportivo. Tiene delito que, tras casi 23 kilómetros, el único pensamiento al llegar al polideportivo sea el que no te hagan dar la vuelta a la pista, que me muero ahí mismo. Afortunadamente, las plegarias surtieron éxito y simplemente había que atravesarla, que la meta estaba en el centro. 

Al final, 3h7' o así. Por poco casi bajamos de los ocho minutos el kilómetro pero hoy me parece que el cuerpo no estaba para mucha fiesta. Así que dejamos un registro que, igual, podemos batir el año que viene.

Pero vamos, entre la velocidad y los campos electromagnéticos, nos cargamos el reloj del crono.


Y sí, los pantalones se me caían.

Unas palabritas con Coque y a esperar que venga Isaac y la tropa. 

La verdad que no llegaron con mala cara...



En cuanto a la carrera, ésta es más que aceptable. Hay que saber que nos metemos en +1350 en 23 kilómetros -y que hay tres que son casi llanos- con lo que sabes que dureza vas a tener para hartarte (palabra). El recorrido está muy bien marcado, bastante avituallamiento y, encima, por la Calderona, que es preciosa. Vamos, que es muy recomendable. Y, si tienes dudas, el bocadillo de meta a la brasa es para que estés salivando ahora. Enhorabuena a los organizadores y, sobretodo, a los voluntarios. Fantástico trabajo el suyo que estamos en invierno y hace fresquito para estar parados ahí, en medio de la montaña.

¿Cosas a mejorar?...pues, personalmente, lo único que veo mejorable es que la salida de las dos carreras se haga con una diferencia de tiempo y así los tapones no serán tan voluminosos (aunque existe el riesgo que los buenos de la segunda cacen a los menos buenos de la primera).


Ah, éste es el perfil 



Que, visto así, tampoco es para tanto :p


martes, 5 de diciembre de 2017

Garrote Trail: dibujando dinosaurios

Y no, el título no tiene nada que ver con la edad de C, de verdad. Luego lo intentaremos explicar. O lo que se pueda. 

Antes que nada, explicaremos que es eso del Garrote Trail. Es fácil. Una carrera por montaña de unos veinticinco kilómetros que, a cada edición, alterna la salida entre Higueras y Pavías; municipios castellonenses donde, si la moza del tiempo habla que llega un frente frío acompañado de viento, hará fresco. Y bastante. 

Y con fresco -y bastante- fuimos a Higueras. Y de ahí, a por el dorsal. Y de ahí, al coche. Y, en el coche, a analizar los pros y los contras de si merece la pena correr así. La balanza está congelada. Empezamos mal. Nos cambiamos.

Bueno, hay que entender cambiarse como quitarse ropa para ponerse más ropa, obviamente. 

Mientras tiemblo realizando esa operación, oigo una voz vagamente familiar. Vagamente porque no quiere correr. Que no tiene ganas. Vamos, lo normal que se oye en cualquier línea de salida. Así que asiento a lo que dice Alfonso aunque a quien hago caso de verdad es a Inma. Hombre, es normal...que ACS se va a cascar una sansilvestre de 42 kilómetros y, por tanto, es una mala influencia. Y encima corre más. 

Pero yo soy más alto*. 

[* esto lo puse en la crónica de Gata, pero como no la leyó ni yo, pues veo que puedo repetir gracias sin ningún tipo de remordimiento].

Y nos fuimos para la salida. Por allí andaba Ashaman, Eduardo, M y el keniata lento. Haciendo un esfuerzo, creo que no corría con tanta gente conocida desde que hacía carrera continua en 6º de egb, que conocía a díez o doce de clase. 

Y así, cerca de las nueve, preparados para la segunda glaciación, estábamos esperando a que dieran la salida.



El de las gafas del gorro feo podría ser M perfectamente porque cumple el perfil.

Total que dieron la salida con unos fuegos artificiales. Y poco nos faltó para pararnos ahí a calentarnos. Porque eran pequeñitos, que si no...En su lugar, los organizadores tuvieron a bien a darnos una vuelta por Higueras. Tres rampas de esas y ya nos sobraba todo (menos el gorro a M). Era, por otra parte, buen momento para que ACS cumpliera el corolario del principio de notengoganas; esto es, ya no se le vio hasta meta. Bueno, ni eso. Que no estaba ni el coche. Menos mal que robaron el suyo y no el mío, ufff. Que, además, lo tenía repostado hasta arriba. Ejem.

Volviendo a la carrera. Tenía que limpiar mi honor ante M y C después de lo de Montanejos así que no se me ocurrió otra cosa que salir disparado en las calles esas que iban para arriba, para abajo pero ninguna llana. A ese ataque tremebundo le siguió un tramo de amplia zancada en un breve tramo de pista, añadiendo el correr en los ascensos iniciales aunque la pendiente te invitara a no hacerlo. Todo eso con el único objetivo de dar el primer golpe en la mesa y asustar. Marcar distancias. Entonces, llegó el tapón. Y el "a ver si lavas la mochila". Joer, volvemos a empezar. Y encima tengo que lavarla de verdad.

Y ya estaba cansado. Normal. Y quedaban 23 kilómetros por delante. Y como estaba ALV fotografía, pues había que disimular y parecer que corríamos.


Pero después paramos a respirar. Normal. Esto del postureo no da más que disgustos. 

Y, después, vino un tramo de senda ascendente. Y trotamos y trotamos hasta que nos apeteció parar. Y cuando íbamos a hacerlo, entonces estaba Vicente Purificación con su cámara, para evitar que lo hiciéramos.


Y entre trote, foto, me ahogo, nos plantamos en el primer ascenso de verdad. Y ahí, a ratos, seguíamos trotando. Alguno se despistaba y le pasábamos. Por lo menos ya no oía voces conocidas. Ahora tan solo faltaba saber cuánto duraría el efecto éste de correr como si no hubiera mañana. 

Con solo decir que no sacamos la cámara para sacar una miserable foto movida ya lo digo todo. Y así, con la tontería, el primer ascenso serio ya lo teníamos hecho. Por encima de los mil metros estábamos . Y, claro, ahí hacía viento. Con lo que había que seguir corriendo para no perecer congelado. Cosas de la supervivencia. Y de la exageración.

Ni de coña hacía el frío del día anterior. Ni el de las ocho de la mañana. Y, ahora que íbamos camino de la primera hora, tampoco teníamos las piernas de una hora antes. Se acaba el efecto de la salida cañón. Cambiamos la táctica a una más defensiva. Hay que intentar llegar medio dignamente. Trotaremos lo que se pueda y lo que no, pues no. De hecho, en el peor de los casos, ya tendríamos la frase hecha: "todo se andará"

Coincidiendo con el primer bucle que nos vamos a encontrar, se oye de fondo un pisar elegante, ágil, economizando esfuerzos, acompañado de una respiración intensa pero controlada. En efecto, no pueden ser ni C ni M, lo cual da tranquilidad. Son los de la carrera de 14 kilómetros, que salían un cuarto de hora después...pues eso, que van con prisa. Y tal como vinieron, se fueron. Y eso que era bajada. 

Siguieron bajando y a nosotros nos desviaron. A recuperar lo descendido. Y eso hicimos. Poco se trotó. Para llevar poco más de diez kilómetros, estamos para el arrastre. Menos mal que los calcetines son de trail, si no se romperían en esta tesitura. Eso sí, las paradas en los avituallamientos, mínimas. Juraría que estuve más tiempo parado en la senda de mitad de carrera que comiendo. En fin, sigamos. A esa senda -un pelín complicada- le siguió un poco de pista y tanto bajar no es buena señal, así que se masca la tragedia. 

Hay que reconocer que lo bueno que tiene el recorrido saliendo de Higueras es que la subida más dura la haces la primera (cuando tienes más fuerzas. -Risas-). Las siguientes, como mucho, tendrán doscientos metros de desnivel positivo y...¿eso qué es?...pues un par de Calicantos*. Vamos, algo asumible con un poco de tranquilidad. Vamos, que no hay inconveniente en que la gente venga de atrás y se vaya mientras a uno no le saquen de punto.  

[*El Calicanto es una subida de cien metros de desnivel en poco más de cuatrocientos de longitud. Vamos, nada del otro mundo. Nada que no se pueda hacer en poco más de seis minutos]

Y si, con diez kilómetros, estábamos para el arrastre, con quince, entrando en Pavías ni te cuento. En este avituallamiento sí que se va a parar. Probaremos el isotónico de polvos que sabe a isotónico de polvos y seguimos. Ahora viene otro bucle. La senda es bastante corrible, pero como estamos en el diecisiete también es bastante caminable. Magia. Una bajada sencilla y nos encontramos nuevamente en Pavías. Van veinte kilómetros.

Queda nada: una subida y una bajada. Sería fácil si la subida no fuera de dos kilómetros. Pero mira, lo es. El tramo de pista es soportable/trotable pero en la senda, donde se subirá 1,3 calicantos, pues es solo soportable. Una vez arriba, un descenso relativamente cómodo nos conducirá a ver Higueras ahí abajo y ver como te vas desviando hacia la izquierda, cogiendo una senda algo rompepiernas (literal) hasta que, por fin, el descenso vertiginoso nos conduce a Pavías.

Y la mala suerte ha hecho que, en los días en los que se ha hecho viral el paso por la cresta ésa del Kilian haciendo cabriolas, Andrés Núñez me saque de esta guisa bajando a tumba abierta pero sin tumba.


Si te fijas mucho, levanto reguerillo de polvo de la velocidad que llevo, eh. Si ves que hay riesgo que te quedes bizco@, tampoco hace falta que fijes tanto, te lo crees y en paz.

Justo después, para terminar de rematar, nos pusieron unas bonitas escaleras ascendentes, otra rampita que aplaudieron a rabiar los cuadríceps, gemelos, sóleos y demás articulaciones -todos a la vez- y, después, por fin, una bajada hasta meta que, tras algo más de 2 horas y ochentaytres minutos, pues como que uno tenía ganas de verla.

M llegó un rato después y C llegó el lunes.

Y mi visión distorsionada de las cosas hace que, el track, me parezca un Tiranosaurio Rex -eso sí, en modalidad paralímpica- pero, esa misma visión, me hace recomendar esta carrera porque

a) no está masificada: solo pueden correr 400 en total.

b) de los 25 kilómetros, solo hay dos urbanos pero para comparar qué pueblo tiene las rampas más duras.

c) es que los otros 23 son por la Sierra de Espadán.

d) los avituallamientos son bastante sencillos: aquí se viene a correr, no a comer.

e) en el avituallamiento de meta, creo que es al revés: ahí se va a comer, no a correr.

f) la carretera de acceso es estrecha, pero no hay problema. A las ocho todos van para allá y a las dos todos van para acá.




Y sí, si yo tuviera que pintar un Tiranosaurio Rex...lo pintaría peor.


miércoles, 29 de noviembre de 2017

Maratón de Montaña de la Marina Alta: doce años después...

"Cariño, me voy a por tabaco"...y volvimos doce años después. Nada, que no encontraba las llaves.

Gata de Gorgos. 3 de abril de 2005. Hacía sol. O por lo menos no era un día de perros. Pequeños recuerdos. Una cuesta de la muerte que se veía desde la autopista. Una interesante potada negra -ea, nadie dijo que todo fuera a ser bonito-. Un muchacho de aire jovial que te adelantaba con unas zapatillas de asfalto. La libretita en la que apunto las carreras indica que tardé poco más de cinco horas. Yo tampoco me lo creo. A lo mejor hice la mitad, no sé...

Gata de Gorgos. 27 de noviembre de 2017. Doce años después, las cosas apenas han cambiado. El Barça sigue siendo el mejor. Gata sigue siendo atravesada por una maldita nacional. Y no es que haga sol, es que no llueve desde aquella vez que llovió. Igual fue 2005 también. Ah, el muchacho de las zapatillas de asfalto ahora tiene unas de monte pero sigue corriendo como un tiro. Que si por debajo de las tres horas en Valencia. Que si en la víspera se hace un diezmil por debajo de 40. Que se queja un poco de piernas cargadas...nenaza. Incombustible Javi Muñoz.

Y en primera línea salió. Y en meta le vi. ¿Yo? hecho polvo. ¿Él? Pues como si no hubiera corrido. Y así podemos estar otros doce años más. O veinticuatro. 

Por lo menos soy más alto.

Fin del consuelo.

Inicio de la crónica. 

Tras la explosión sin vísceras de Montanejos, había ganas de monte y ya no te digo de acabar un poco más decentemente. Porque peor es complicado, obvio. Así que iniciamos una fase intensiva de entrenamiento. Esto es, salimos un par de horas los domingos y ya. Y con eso y una frase en el reglamento se nos hicieron los ojos chiribitas y para allá que nos apuntamos: ¿Cerveza gratis?, ¿escaleras mecánicas?, ¿cierran telecinco?...no, mejor que eso, la frase era "nueve horas y media de tiempo límite"

Igual me he pasado con las expectativas, pero un poco solo.

Menos mal que no puse lo de la Schiffer.

Apuntarse uno fuera de hora, conlleva el que te quedes sin camiseta. Lo asumimos. Así que, al recoger el dorsal, no habrá sorpresas. Ni bolsa. Dorsal e imperdibles. Y ya. A ver la zona de salida y meta.

Despertador a las seis. Un sueño que te c*gas. Literal. Jiji. De agradecer eso de dejar las llaves de la habitación y te permitan volver a la media hora. Lalala. Miradas al techo. Silbidos. Tres kilos menos.  Suspiros de alivio. Protocolo antigases creo que se activa unos minutos. Yo me voy a la salida que no sé de qué me hablan. 

91 inscritos. Javi Muñoz en primera línea. El menda, en tercera. Dan la salida y el primer kilómetro es hormigón por el paseo que bordea el barranco. Muy corrible. Las molestias del tendón siguen ahí. Me las quedo para siempre. Pero lo remarco. Hay que dar toques épicos a la historia. Y dramáticos también. Así que, las terribles molestias del tendón apenas le permiten trotar. Chapeau. Y, no solo eso, si no que salimos airosos de este primer tramo. En efecto, no vamos los últimos. Flamenca del whatsapp por tres.

Atravesamos el barranco y empezamos a subir. Una subida trotable pero con ese punto de pendiente que hace que trotes y te ahogues. Ese punto de pendiente que hace que, si trotas, no pillas a nadie. En cambio, si caminas,  entonces te pasan ocho. Sí. Y te pasan. El 10% del pelotón. Alternamos trotes y pateos hasta que llega el primer avituallamiento. Estamos en el tres y aquí la pendiente va a aumentar. Se deja de correr. Se dejan los chistes. Bienvenidos a Gata. 

Vamos cogiendo pendiente. Empieza la subida a Serrellars. No es bosque frondoso, lo que nos permite ver por dónde se sube. Ah, pues se llega alto. Ah, pues al primero no le pillo. Ni al segundo. Por si habían dudas. Pese a ser noventa en la salida, lo curioso es que estamos en un grupo de ocho subiendo y, por detrás, a unos metros se aproxima otro grupo igual de numeroso. De todos modos, no nos agobiamos...acabamos de empezar.

Y tras la primera subida, vino la primera bajada. Dejamos de ver Gata. Dejamos de ver la horrible montaña infestada de adosados. Tiene que ser la leche eso de contar que te has comprado un adosado en la montaña y estás rodeado de más gente que se ha comprado un adosado en la montaña. Envidiable. El promotor se tiene que estar riendo todavía. 

Volvamos al lío. Coronamos. Bajamos. Y, rápidamente, subimos otra vez. Rápidamente porque la subida vuelve de sopetón, no vayamos a creer cosas que no son...Por cierto, se produce la fusión de los dos grupos. Unos quince/dieciséis. Casi nada. Una sexta parte de los inscritos estamos ahí, juntitos, apretaditos. Nos estiraremos un poco en la bajada a la autopista. Un tramo ligeramente peligroso para la gente con algo de vértigo o simplemente cagada como el que escribe. 


Uno, dos, tres, cuatro...quince y dieciséis. No hay fotografía que inmortalice el pelotón, pero esto es lo más parecido.

Ya lo sé que hay solo quince :).

Y una vez abajo, segundo avituallamiento -que, al parar, hace que se vayan trece de golpe- y túnel bajo la autopista. ¿Recuerdas en 2005 con la subida aquella tras la autopista?...pues parece que es un principio básico de Gata: si bajas a la autopista, agárrate los machos, que la subida es de aupa. Y así será la subida al Tossal de Llecinta. Una pared inicial y luego algo más caminable/trotable. Hay que reconocer que la subida de hace doce años me dio más miedo que ésta. 

Y, otra vez, nos pusimos a bajar. Como un Alavés de la vida. Y esta bajada me sonaba. Esta vez sí. Descendíamos a la autopista nuevamente por donde subimos en 2005. Daba miedecito pero, no sé, la imaginaba mucho más terrible. Al final resultará que soy un poco exagerado y todo.

En esta bajada, volveremos a enganchar a un grupo de 6 o 7. Se acerca un tramo llano y puede venir bien. Otro avituallamiento. Hay jamón con jamonero. Y luego un barranco. No tiene casi piedras. Lo que hay que agradecer, aunque los agricultores de la zona discrepen algo, es que el terreno esté seco. El grupo va a su marcha y yo les sigo a unos metros. Entonces, se equivocan de camino. Jose va a su marcha y el grupo le sigue a unos metros. 

Y, de repente, abandonamos el barranco y enfilamos el tercer ascenso de la jornada: la Solana Lliber. En esta subida, lo duro es la parte inicial por el desnivel y por el tipo de terreno: la clásica senda de piedras afiladas que complican bastante el correr. Bueno, ya te imaginas, si la primera subida ya se hacía andando, vamos a andar ahora con exquisiteces de "como el terreno no es chachi, pues no se puede correr". Eso sí, superada esta primera parte, le seguirá un tramo ascendente corrible en algunos tramos. Por otra parte, el grupo de atrás, poco a poco, va dejando de oírse.

Tras quince kilómetros, por fin estamos solos. Si vas buscando tranquilidad y tu propio ritmo, verte embotellado en mitad de un grupo de quince pues igual no es la mejor opción. Ahora sí, se trota, camina...a tu gusto. Añade, además, otro avituallamiento con plátanos partidos en transversal. Como la Diana comiéndose los ratoncitos en V. Si has nacido en los noventa, ni te molestes en intentar entenderlo.

Y empieza lo serio. Empieza la subida al Tossal Gran. Esta a subida, a diferencia de la anterior, tiene tres tramos bastante diferenciados: uno duro al principio, luego menos duro, después otra vez duro y, ya, para acabar, el de hacer eses. Media hora de bicharraco para subir algo más de cuatrocientos positivos. Y, pese a que parezca lo contrario, subimos a buen ritmo, cogiendo alguno que otro. Ya estamos en el kilómetro 20 y hemos superado las tres horas de carrera. 


Y lo celebramos posando. Las vistas lo merecen. Ahí detrás, el peñón de Ifach. Enfrente mismo, el Castell d'Aixa. Tiene truco.

Y claro que tiene truco. Bajamos y nos encontramos a un voluntario. De la montaña de enfrente, bajan corredores. No hace falta tener convalidado tercero de CSI para saber que por ahí bajamos. Lo único que necesitamos saber es en qué momento empezamos a subir. De momento, la senda baja. Y baja. Y baja. Y nos alejamos del peñasco. Y la senda se convierte en asfalto. Y seguimos bajando. Y el montañón pasa a verse inmenso. Y tú, ahí abajo, diminuto del todo.

Por si acaso...seguimos bajando. Y llegamos a un avituallamiento. Y no tiene Coca Cola. Rompo a llorar. Se sube por ahí. Ah, pues algo de pendiente sí que tiene este tramo inicial. Pasos pequeños y cogerse a las ramas. No incrustárselas en la cabeza. Nos ha llevado unos años, pero ya hemos aprendido. Superado este tramo inicial, un tramito llano y, otra vez, a subir. Mucha pendiente y luego se suaviza algo. Arriba, nuevamente, vistas espectaculares. El Castillo...pues con no muchas puertas o ventanas, entra demasiado el aire.



Y la bajada hasta el voluntario es algo técnica. Podemos decir que este bucle nos ha llevado unos 45 minutos. Vamos camino de los 26 y estamos un poco por encima de las cuatro horas. El objetivo, por cierto, es intentar bajar de las 7 horas. Una media de diez minutos el kilómetro. De momento, por poco, lo cumplimos. 

A continuación, un tramo descendente con algún tramo complicado y otro avituallamiento. Y ahora llega la fase con más miedo de la carrera. Y es que, hasta este momento, en todas las subidas intuías por dónde iba el camino. Pero, en ésta, el último ascenso serio, el de la Lloma Gran, simplemente ves que la senda se adentra pero no sabes si has de subir la montaña de la derecha, que da miedo o la de la izquierda, que da pánico. 

Una personita por ahí, la primera fémina por allí...vale, subimos la montaña de la derecha. De hecho, una vez la senda abandona la espesa vegetación, en dos minutos se acaba el ascenso. A continuación, un tramo de falso llano en la que correremos más por amor propio que por fuerzas. Bueno, no, trotamos para acabar antes, ni más ni menos, pero lo otro quedaba más del rollo esfuerzo y superación. En fin, nos juntaremos un grupito de tres y parece que mi ritmo cansino les va bien. 

Otro avituallamiento y, en el 32, cogeremos la parte más fea de la carrera. En todos los sitios pasa, es muy normal. Por ejemplo, el Mapoma. ¿Qué tiene de feo el Mapoma?...¿El paso por el Bernabéu, quizás?. Silencio. Silencio tenso. Cambiemos de tema. Volvamos a la carrera. Al kilómetro 32. A esa senda que le llamamos senda por no llamarle campo a través. Casi dos kilómetros de piedras, césped, piedra y césped, saltos... Esa senda hace buena a las piedras del barranco.

¿Piedras del barranco?. Diablo invocado. Merda. 

Cuando acabamos ese tramo, aparecemos nuevamente en el barranco. Con sus piedras. Sus tomateras. Sí, las hay, palabra. Su avituallamiento. Aquí, uno del terceto ve que está fuerte (eso ya lo sabía dos montañas atrás, pero bueno...) y hace marcha. Los otros dos nos quedamos a salvar los muebles. Justo antes de la senda del 32, ya empezaba a aparecer el cansancio. Correr en llano, ufff, insufrible.

Y la pequeña subida del 36, por pista, muy cómoda. Alternaremos el andar con el trotar. Le ofrezco que haga marcha, que me deje tranquilo. Estoy en modo M. O sea, no puedo con los wevos. El chaval, muy amable, dice que no, que agradece el ritmo en la bajada previa y que le da lo mismo tres minutos más o menos. Pues nada. Tendré que esprintarle...

Por fin reconocemos el camino. Esa senda que empezamos a descender es la senda por la que subimos al principio. No pueden quedar más de tres kilómetros. Dos. Nuevamente bajamos al barranco. Eso implica que hay que subir para salir de él. Y una vez sales estás en el tramo homigonado. Y de ahí a meta hay un kilómetro. Y unas escaleras. Y una nueva oferta de abandono. Por fin me hace caso. Se va. No me gusta hacer de lastre/freno/olasdoscosas.

El reloj lo paramos un poquito por encima de las seis horas y media. Doy la enhorabuena a los dos compis del terceto. Unas palabritas con Javi y a descansar un rato. Qué bien sienta una silla después de esto, no me había dado cuenta. Que luego tardes más en levantarte que lo que has estado por los montes es otro tema que trataremos en otra ocasión.

Este es el perfil.

Y de la carrera, pues qué decir. Me gustan todas. Y las carreras también. Y esta...pues también. Muy bien de avituallamientos, de voluntarios, de recorrido (espectacular). Lo único que no me ha gustado ha sido el tramo del 32/33. 

Es de estas carreras en las que te preguntas qué más necesita para ser un carrerón y, salvo unas pocas cintas más en los tramos de barranco, no se me ocurre nada. Ah, sí, un par de personas en Aixa...para que me hagan una foto molona, que luego mi madre no se cree que he subido allí arriba :).

Que me den Gata y me quiten Valencia :)


domingo, 5 de noviembre de 2017

Trail de Montanejos: Hola Anabel!!

Y el viernes 27 Anabel vino y dijo hola. Lo hizo bien. Así, para empezar, tenía ya los dos días de descanso del finde. Por aquel entonces, ya estábamos inscritos para La Vuelta al Charco de Montanejos pero, ahora, además, cabía la posibilidad de recibir una invitación para el bautizo express de la chiquilla para el sábado 4 y, lamentablemente, no poder acudir a la cita.

El lunes miré el buzón y nada. El martes, lo mismo. Así llegamos al jueves donde apareció, por arte de magia, una carta que no era del banco, ni de Hacienda, ni de un un magnate ugandés que me regalaba sus minas de oro y diamantes a cambio de no sé qué...no, la carta sospechosa que vino fue esta...


Todo dulzura, todo amor...pero ni rastro de una citación para el sábado para cualquier cosa. De todos modos, muy orgulloso de ostentar mi liderazgo mundial en la categoría de "tío de sobrinas molonas". Por otra parte, señores, creo que nos toca ir a Montanejos.

Y eso. Tocho va.

¿Truco o trato?, ¿sigue o cierra?. Tan solo adelantar que los acontecimientos que se desarrollarán a continuación no tienen nada que envidiar a cualquier película de terror en la que estés pensando. O actuación de Leticia Sabater, que creo que entran en la misma categoría.

Y el viernes noche aparecimos en Montanejos. Me di cuenta que C no quería que cenara con ellos. Me da igual. Él tampoco me cae bien. Problema resuelto.

Desayuno, vaselina, pomada, coger dorsal, ver a Óscar, felicitar a Óscar, dejar a Óscar que ayude a los verdecitos a que esté todo preparado, coche, vaguear, salir del coche, cargar el ponchino (daban lluvia -ja-), ir a la salida. E ir por propia voluntad, por delante 55 kilómetros, a la salida. Lo normal sería que alguien te cogiera por los pies y te arrastrara allí y tú, intentándolo evitar, dejaras marcas de tus uñitas en todas las esquinas y las paredes...pero no, somos así, vamos a hacer una carrera de 55 queriéndola hacer.

Incluso, cuando te encuentras con tus semejantes, sonríes. Y hasta saludas. Y a algún amiguete de Segorbe que solo hará de los veinte primeros. Un paquete, vamos. Impresionante Julio. 

Y me metí superrápido al corral. Y, entonces, el resto de mis gatos, aparecieron girando la esquina. Es lo que tiene cuando se alojan en el quinto c*ño. En efecto, su balcón daba a la plaza. 

Así que nos dio tiempo para hacernos la foto de salida. 


Si quieres dejar de leer, te adelanto acontecimientos: menos la fuente y la niña, todos llegaron por delante. Sí, hasta el anticenas de C, puahg.

Así que esperamos a que dieran la salida. Por nuestra colocación en la misma, nos hicimos a la idea que lo que ocurrió en 2016, eso de "S, no esperes a C, que tienes ahí a la tercera" no iba a pasar. Solo teníamos las vallas detrás.

Y se dio la salida. A Vicen nos dio para verle como tomaba la primera curva. Y ya. El resto salimos ahí, tranquilamente. M se fue a su marcha. C y S se quedaron disfrutando de ir los últimos y yo, pues haciendo palmas: estos tres kilómetros iniciales tan llanos y corredores es lo que más le mola a mi tendón. Ah, también al gemelo. Se suma a la fiesta. Óscar, mientras tanto, sigue enseñando fotos de Anabel.

Entonces llegó la primera rampa y la carrera se convirtió en una marcha senderista. "Haber corrido más en el llano". Pues eso. Y la primera bajada, se convirtió en una bajada senderista. "Haber subido más rápido". Pues eso. Luego un tramo de pista y primer avituallamiento. Llevamos ya una hora. Cansado no voy mucho. Los entrenes me aseguran que puedo llegar medio decentemente al quince. Y los dolores, pues no van a más. Así que rellenamos el agua y seguimos...

Bajada de senda y, a lo lejos, se oye un grupo de batucada con sus tambores. Vale. Somos nosotros al pasar por un puente de madera. Seguimos bajando hasta que dejamos de hacerlo. Merda. Nos acercamos a "El Chorro". Hoy chorrillo. Apenas nos mojamos. 



Ni que estuviéramos en sequía. Ah, vale, que los informativos solo hablan de Cataluña. Bueno, eso, seguimos. Volvemos a subir. Primero un tramo asfaltado. Una vez corones, ahí, a la izquierda, se desvían los del 15K. Tentador no, lo siguiente. Ea, a la derecha. Lloros. Tierra. Rampón. Presa. Asfalto. Llano. Mi tendón. Más lloros. Llevamos 11 kilómetros. Una quinta parte. No es reconfortante, la verdad. 

Dejamos el asfalto, la pista y cogemos la senda. Iremos rodeando durante un par de kilómetros el Embalse de Arenoso. Un subebaja bastante corrible hasta que, de repente, te alejas un poquito, atraviesas un campo y te encuentras una rampa a la derecha que te hace ver rápidamente que eso...pues no es corrible. Pero es solo una rampa. Después un falso llano y luego ya, sí, la cosa se vuelve a poner seria. En unos dos kilómetros y medio se salvarán casi 300 metros. No es mucho, ya, pero eso, hablamos del kilómetro 16. Fuera, fuerísima de mi zona de confort. 

Pese a todo, subiremos a un ritmo no muy malo. Incluso, en la parte más alta, donde las vistas del embalse son sencillamente espectaculares, nos engancharemos a un grupo para volver a quejarme de lo de la marcha senderista. De los cinco minutos que me tiraré en el avituallamiento no, de eso no diré nada. 


Esa sensación de estar rodeado de montañas y mirar hasta donde la vista alcance y, ahora sí, darte cuenta que tu coche está aparcado detrás de la última cumbre, esa sensación es sencillamente inenarrable.

Tras el avituallamiento, vendrá un tramo de subida bastante trotable donde recuperamos parte del cuarto de hora que nos hemos dejado devorando lo que había por ahí. Tras coronar, entramos en el tramo más insulso de la carrera, cuatro kilómetros de pista ligeramente descendente en los que el tendón, bueno, eso, que está ahí. 

Afortunadamente, se pasa rápido. Volvemos a coger senda...y volvemos a coger tapón. Nos aseguramos llegar a La Monzona decentemente. El avituallamiento aquí es líquido. Y el siguiente está cuatro kilómetros así que...seguimos sin parar. Este tramo es otro continuo subebaja pero con un primer repecho en el que vamos a darnos cuenta de una cosa: no estamos bien.

Pero no de la cabeza, eso ya es irremediable, si no físicamente. Correr es costoso y empiezo a notar las piernas bastante cansadas. Van 27 kilómetros y casi cuatro horas. A Óscar le queda el 34% de batería tan solo. En los tramos llanos me apetece andarlos y los ascendentes, gatearlos. ¿Y si lo dejamos en Puebla de Arenoso con 30 kilómetros dignos y en paz?. Por delante, 25 kilómetros con subidas ahí, allí y a la Maimona.

Mira a  Froome: ¿cuántos años ha ido a la Vuelta y no la ha ganado?...pues yo lo mismo con Montanejos, ya la acabaré algún año y en paz...Es más, que Froome tampoco ha venido a Montanejos, igual tampoco acaba...

Y cuando crees que nada puede ir peor, te das cuenta que te equivocas. Oyes una voz familiar. Oyes a C. Te paras. Miras al cielo. Extiendes los brazos con las palmas hacia arriba: Señor, ¿por qué a mí?.

Me cuenta que S ha sido conservadora (y lista) y que él se ha puesto a correr y tal y cual. Yo le miro atentamente, haciéndole pensar que le escucho pero realmente pienso cómo leches lo ha hecho para no pillar tapones.

Le digo que estoy para todo menos para correr así que...sigue. C se está yendo para delante. Involución completada. Más bajo no puedo caer. Bueno, sí. Puedo tropezarme y caer al embalse, pero me refiero metafóricamente. 

Llegamos a Puebla de Arenoso. Ahí está M esperando. He tenido que ser terrible en una vida anterior, confirmado. No solo eso. Kike Moret hace de speaker y pone el Despacito. No tengo ni idea de cómo torturarán en Guantanamo, pero muy diferente a esto no puede ser.

Por otra parte se confirma que, en los avituallamientos, la Coca Cola es Zero. Que sí, que a mi madre le va muy bien para quitar los chicles de las camisetas pero a mí no me va. En carrera menos. Me parece loable lo de preocuparse por nuestra salud y el tema del azúcar...pero se están ofreciendo chucherías en los mismos avituallamientos. Ni Cocacola ni Aquarius. Esto, junto a la compañía, es la única pega que le encontraré a la carrera. 


Tengo que aguantarles 25 kilómetros y no puedo ni con los huevos. 

Esta frase es de M, de siempre...¿por qué la estoy pronunciando yo?. Es más, 25 kilómetros y los dos primeros hay que salvar otros 300 metros de desnivel. 

Así que, al lío. La subida fue una fiesta, claro. Así que vamos a saltarnos esa media hora. No nos sentamos en ninguna piedra y tampoco vimos a un Megane. Una vez arriba, C, poseído. Se fue. Y yo me quedé con M. O M se quedó conmigo.

Nuestros trotes en los tramos trotables eran cercanos a inexistentes. Tan solo lo hacíamos si la senda era realmente descendente. Era lógico, por tanto, que Ricky viniera desde atrás, viéramos que estaba bien tras su elegante aterrizaje y le diéramos permiso para ir a por C.

Poco a poco llegamos a Los Calpes. Otro poco de agua y a buscar El Morrón. Kilómetro 36. En breve nos ponemos otra vez a subir y, viendo como la gente venía, nos superaba y desaparecía en la lejanía empezamos a hacer cálculos: si C se ha ido en el 33 y quedan 22, si nos saca dos minutos por kilómetro que, a este ritmo es bastante posible porque lo estamos haciendo todo andando...nos saca tres cuartos de hora.

Vamos, como si hubiera puesto urnas. La reacción fue instantánea, aprobamos con carácter de urgencia la "Operación Maquillaje" que consistía no solo en intentar cazar a C, si no, en la medida de lo posible, reducir la distancia a su mínima expresión (es decir, que en vez de 45 minutos, sean 42 ya es un avance)...vamos, que habrá que trotar algo.

De momento, como el tema era serio, lo primero que hicimos fue parar a mear.

Y luego, sí, trotamos. El resto de la subida a El Morrón, por pista, se hizo bastante decentemente (vamos, que no nos pasaron más de diez...más). Avituallamos arriba y nos tiramos para bajo. En esta bajada, hace dos años, un pinchazo en el gemelo me tiró por tierra la carrera. Este año, la venganza fue allí. 

Bajando, fuimos cogiendo gente. Si es que, cuando ponemos en marcha una Operación, le ponemos todo el empeño. Así que, bajando y adelantando, M se quedó ligeramente cortado. Como solo quedaban 12 kilómetros por delante...se me olvidó parar. Yo creo que es Alzheimer y me preocupa, eh.

Y seguimos, seguimos, recuperando posiciones y sensaciones. También vi como Ricky paraba a mear. Fabulosa sensación, sí. Joer. Pues eso, ahí seguíamos y los kilómetros pasaban. Solo quedaba enfrentarnos a la Maimona...poco a poco.

Pero, mientras se seguía en ese tramo rompepiernas, en un giro a la derecha...zas, vacío. Creía que me  quedaría sin fuerzas subiendo la Maimona, pero no 300 metros antes de llegar. Así que, imaginad como fue. Sobretodo ese primer tramo inicial por senda. Y encima se puso a llover. Lo pensaba y lo pienso, me merecía que lloviera y todo lo malo que pudiera pasar en ese preciso momento. 

[interrupción lector]

- "Oye, perdona, que si dices que te mereces que te lloviera...también se mojaría M"

- "Daños colaterales".

[Fin...retomamos crónica]

¿Cómo se puede hacer para pegar dos petadas en 15 kilómetros?...ven, que yo te explico...

Tras ese tramo de senda, le siguió uno de pista. Duro, pero caminable, pero la sensación de ko técnico era irremediable. Y luego, un avituallamiento.  Y vinieron Ricky y M. Y se fueron por delante. Y Ricky se fue. Y M se esperó. Estás que yo le esperaría...Me puso al día de los 312 mensajes del grupo de Whatsapp. Que Vicen había llegado dejando un surco en la senda de la velocidad...pero C todavía no. Si C no llegaba, los tres cuartos de hora no iban a caer porque ya habíamos acabado la subida y nos quedaba el tramo del cambio de nivel (en los carteles marcaba unos 200 metros de barranco...genial la sugerencia de caerse a la derecha) y luego la bajada a meta.

M*erda, a las 15:41 llegaba C. Yo ya no puedo, los tramos ligeramente ascendentes ni se contemplan,  ni con los tramos llanos. Los primeros tres metros de la inercia tras la bajada sí, pero ya. M me dice que ya estamos, que el pueblo está ahí. Ah, vale, entonces así sí. El ritmo es lamentable a la entrada del mismo. La gente no sabe si animarnos u ofrecernos una silla. La silla, malditos :p.

Giro a la derecha, paso de peatones, más bajada, 150 metros, giro a la izquierda, 50 metros. Meta. 8 horas y diez minutos o así. Le he fastidiado a M bajar de ocho horas. Ea, una lástima. Eso le pasa por esperarme.

Qué buenos somos, hemos perdido solo 35' con C. Distancia perfectamente recuperable en la próxima  volta a peu que hagamos.


De hecho, esta imagen, de la salida, demuestra que ya firmábamos entonces el perder esa minucia de tiempo.

También puedes darte cuenta, que en estos piques nunca metemos a Vicen o al chico este de Segorbe que vuelan bajo.

Estoy tan cansado que voy a poner frases sueltas y au.

Y también voy a poner el perfil, para que veáis que fue de verdad:


Y había bocadillo en meta. Y bebidas carbonatadas con azúcar. Y un portal muy majo en la plaza para degustarlo todo. 

Y ver venir a C con sus chanclas de Sablemón con calcetines. Correrá mucho y pasará de mí en las cenas, pero bueno, se le disculpa si tiene ese gusto para combinar prendas. 

La carrera está muy bien marcada, precio normal, el trato al corredor es exquisito (porque se nota cuando los que están detrás son corredores), voluntarios en los avituallamientos muy dispuestos a ayudar, las vistas son espectaculares. ¿Que le ponga un pero? Si acaso la falta de Aquarius o CocaCola pero vamos es como si te viene la Johansson y la pega que le encuentras es que el flequillo no lo tiene bien cortado.

¿Y lo de los kilómetros llanos? Yo ya voy sabiendo que hay 2400 metros en 55 kilómetros...que es bastante corredora.

Agradecer a M que se haya quedado y a C que se haya ido. Toma ya. (seis bailarinas flamencas)


martes, 12 de septiembre de 2017

Desafío Urbión: el de la Laguna Negra!!

Inicio de la crónica:

Viernes: trabajo. Sábado: ir a Covaleda, ver la Vuelta, ver el briefing, cenar. Domingo: correr Desafío Urbión y volver a Valencia. Lunes: despedido por dormirme/cojear/soñar con hayas...o todo junto.

Fin de la crónica.

Ya te has quedado con lo importante pero, si te parece, desarrollamos un poquito más los puntos excepto el del viernes y el del lunes, si podemos elegir. 

El sábado, en Valencia, soplaba un interesante poniente. Un día genial para no hacer nada. Entonces, recibí un mensaje que me alarmó del hijo de la Tomasa.



Me faltó tiempo. Camino de Soria, el termómetro marcaba once grados y llovía como si hubieran plantado tres fallas de especial juntas. Coche limpio. Cristal limpio. Así que se podía ver la indicación de la N-234 (Burgos) perfectamente. Lógico, por tanto, que apareciéramos en la A-15 dirección Madrid. Gajes del oficio.

En Duruelos de la Sierra (centro de operaciones) nos instalamos a las cuatro. Cielo nuboso. Aire. Rasca. Obviamente, la ropa de invierno portada se concentraba en una chaquetilla birriosa. Volveré constipado.

¿Y qué vamos a hacer allí? Lo primero y básico: no hacer el ridículo. Complicado. Lo segundo: participar en el Desafío Urbión. Un nombre molón para una carrera de esa misma característica. 36 kilómetros y unos 2500 positivos. Punto a favor con respecto al año pasado: este año estoy. Punto en contra: a la entesitis/tendinitis le gusta más el monte que a mí y creo que quiere dar guerra.

Tras ver a Froome ganar de una p*ta vez la Vuelta, nos dirigimos a Covaleda a ver a Ernesto y a Vicen. Y luego al briefing. Importante la información dada pero me temo que a las aportaciones de Manuel Merillas no las hizo pensando en mí: habla que en la segunda subida ya habrá que ponerse a andar. Vamos que da por hecho que la primera, la de los siete kilómetros, se hará corriendo. Justo lo que pensaba...

Y de ahí nos fuimos a cenar. Y, por decoro, no diré nada acerca de Vicen y es que el que se fuera a Soria a pedir sepia...bueno, eso, que no digo nada. Ale, rapidito. Vamos a dormir.

Y a las siete sonó el despertador. Y a las 8.00 estábamos prestos y dispuestos para no salir. Leches, qué frío. A las 8:15, tras una serie de refunfuños estábamos prestos y dispuestos para no salir pero ahí, bastante monos frente al arco de meta. Nuestro objetivo, esta vez en serio, es llegar antes que lo desmonten.



Y a las 8:30, Merillas dio la salida. Y para que no se avergonzara de nosotros, el rato que nos podía ver, lo hicimos corriendo. Ahí es nada. Como la élite. El hecho que los 300 primeros metros fueran descendentes es irrelevante.

Lo fuerte es que, una vez ya puestos en la subida, que nos llevaría un rato -es lo que tienen 700 metros de desnivel, así, de inicio-, en algún rato trotaríamos. De todos modos, esa osadía merillera se traduce pronto en que me canso. Vamos, que troto, me canso, ando y me pasan los dos, recobro energía -o sea, que baja la pendiente-, troto, me canso, ando y me pasan los dos, hasta que a la tercera...desaparece el troto y solo queda el ando, ando, ando más lento...vamos, resumiendo, que en vez de contemplar el bosque de pinos tan fastuoso que estamos recorriendo, mi visión básica se limitará a esto.


Así que eso, a ver como duermes ahora. Lo siento. Debí avisar.

Tras un breve contacto con la civilización -cruzamos una carretera-, la senda seguía subiendo...así hasta el kilómetro seis. Ahí, la pareja se paró porque a Ernesto se le había enganchado algo...vamos, cosas de torpes. Y Vicen le ayudaba.

Mientras mis compañeros de batalla, mis amigüitos, mis compinches de aventura, mis iguales (aquí parece que os quiera vender un cupón) lidiaban con esa incontinencia, yo hice lo que se suele hacer en estos casos...echar a correr. 

Conseguimos coronar. Va poco más de una hora. Nos encontramos el primer avituallamiento, pero pasamos de largo. Hay que aprovechar que el tendón apenas molesta y que Pili&Mili van por detrás. A ver cuánto dura esto...De momento, aprovechamos la bajadita y el hecho que no haya dolor.

Por lo menos, hasta la Laguna del Hornillo. Así, si me dicen algo ya les podemos contestar, "ya, pero hasta la Laguna del Hornillo no hubo huevos". Algo es algo. Por cierto, bastante apañadita.


Tras esta primera laguna, toca subir al Mojón Alto. La falta de vegetación a estas alturas (coronaremos cerca de 2000 metros), permite que, en una visión rápida, se vea por donde hay que subir. También se ve, cerca de coronar (o, lo que es lo mismo, donde dejan de verse puntos de colores fluorescentes), un caballo. Eso es bueno. Se puede subir a cuatro patas.

Coronado el Mojón Alto, un descenso ligeramente empinado nos conduce a la Laguna Helada. El hecho que allí sople el viento como ...[pon aquí la exageración más bestia que se te ocurra, que seguro que se queda corta]...pues eso, hace que rapidito estemos en el avituallamiento.

Por cierto, el trabajo de los voluntarios es de quince sobre díez, pero el de la chica de la foto es para hacerle una reverencia. Los que pasamos por ahí sabemos que calor, calor...no pasó.


Así que, en el reparto de notas, un quince para todos y un diecisiete para ella.

Este avituallamiento lo disfrutamos un poco más. Pero nos damos cuenta de una cosa...y es que no hay isotónico/Coca Cola. Bueno, mejor dicho, no lo veo. Yo esperaba ahí mis botellitas y no estaban. Así que llenamos todo con agua, comemos algo y nos tiramos para abajo, pero antes posaremos con el palo para selfies tan guapo que me encontré allí.


Las condiciones climatológicas...pues un poco cambiantes. Un frío del carajo a primera hora (hasta cuatro grajos vimos andando), durante la primera subida momentos de calor (manguitos fuera), frío (manguitos dentro), un poco de chispeo, luego un poco de niebla...pero íbamos avisados: en la charla comentaron que, en el Urbión, el sábado, nevó.

Toma ya. Por cierto estamos sobre las dos horas y seguimos bajando hacia la joya de la carrera. A mano izquierda, aparece, por fin, la Laguna Negra. Nada, no hay calificativo que describa lo que ven nuestros ojos (aparte de las piedras de la senda, de cajón). Fascinante es poco. Asombroso, también. Una p*ta pasada, igual queda algo poligonero...pero vamos, es algo que no hay que dejar de ver.


Si os fijáis, detrás del tipazo del muchacho de la foto -bueno, de lo poco que deja ver el comeflanesdelasp*lotas-, se ve de lo que hablo...a que es impresionante!!!.

Y seguimos bajando. Y sigue un tramo bastante técnico que nos llevará a rodar unos metros junto a la misma Laguna. Esa porción de agua tan impresionante, ahora estamos rodando junto a ella...¿sabes lo que eso significa?. Sí, ¿verdad?...en efecto, toca subir. 

Vamos por los doce kilómetros y pico y empezamos a ascender el Zurraquín. Aquí ya empieza a pesar la alegría con la que estamos intentando no esperar a Vicen y Ernesto, vamos, que estoy cansado. La pendiente, además, no ayuda, la verdad. Este ascenso se puede dividir en dos partes, un primer kilómetro en el que subirás unos 240 positivos, terminados con un tramo rectilíneo en los que ponen una cuerda para terminar de desmoralizar. Por cierto, 18' de kilómetro, je. Y una segunda parte de unos setecientos metros en los que apenas subes otros cien positivos que el Merillas se los hará a 4'20'' pero yo...oye, no.

Eso sí, el Zurraquín se conquista y aquí los voluntarios nos hablan de las bondades del cortavientos o lo que sea que abrigue porque el aire vuelve a soplar con fuerza. Así que con él iremos un tramo. Bajaremos -casi nada, inapreciable- y empezaremos a subir nuevamente. Aquí las cosas no van bien por dos motivos: a la altura de la Laguna Larga noto que no puedo trotar -y es un tramo que invita a algo más que andar- y noto el estómago cerrado. Caquita. Llevamos tres horitas y la niebla baja.

Y ahí, se ve el Pico Urbión. ¡Qué va!, no se ve nada. La niebla se torna más espesa por momentos pero se puede ver a unos metros. Mira (risas) el lado bueno: no se ve lo que queda. Pasas por debajo de una roca, rodeas esa piedra, sigues esa marca, evitas un pedrolo y, magia, aparece un avituallamiento. Eso quiere decir que has coronado el pico más emblemático de la carrera y las vistas son...ya les vale!! Esto lo hacen para que volvamos, no hay duda :)

Para llevar 18 kilómetros y tres horas y media, la cara no es de esforzarse mucho vaguete.


Por cierto, tras una sucesión de kilómetros de 11', 18', 12', 11', 13'...ya me voy haciendo a la idea que una media por debajo de los 10 el kilómetro, como que tampoco. Ea, depresión al canto.

Mientras enjuago las lágrimas por saber que mi tiempo va a ser el que me merezco y no el que soñaba (igual entrenar más podría ayudar a conseguirlo, quién sabe) en el sucedáneo de isotónico que ofrecen en los avituallamientos al que, por cierto, le encuentro un ligero sabor a mazapán (atención, empresas de alimentación, tomen nota de este hueco de mercado), comienza la bajada. Aquí nos desharemos de la niebla -bien!!- y del cortavientos -bien!!-. Es más, sale el sol. 

Y cuando sale el sol, te empiezas a notar cómodo en la bajada y empiezas a pasar corredores con cierta plasticidad pasa lo que pasa siempre, que te desvían a la derecha y esa zancada elegante, marcando los ritmos de pisada, con las pulsaciones adecuadas bueno, eso, que todo eso se va a freír gárgaras. Que te aparecen los recuerdos del "mono de Nogueruelas" y la liamos.

[El "mono de Nogueruelas" es un ser mitológico que, en el Trail de Nogueruelas, les ayuda a marcar el recorrido. Es una carrera, cuyas ascensiones se caracterizan por una fuerte pendiente y por no tener una senda clara y, por tanto, a la hora de marcar el recorrido, van a la parte más baja del ascenso, cogen a un mono y le dan veinte cintas de marcaje (la especie da igual, con que no se coma las cintas es suficiente) y le sueltan.

Para conseguir su premio -generalmente un plátano en la cima- el mono ha de dejar las cintas de tal forma que no se las lleve el viento: las ata a un árbol, las pisa con piedras, las clava con un piolet en un tramo de pared lisa...lo que él considere.

Días después, el sábado de esa semana, los corredores del Trail han de coronar las montañas siguiendo esas cintas colocadas a modos de orientación]

Y esto a qué viene, pues a que a la altura del kilómetro 20 -más o menos coincidiendo en el tiempo con la llegada a meta del primero (ahí es nada!!)- nos encontraremos una pared de no más de 300 metros para salvar un centenar de metros positivos. Ojito a las zetas, pues, que nos marcamos en esta parte. 

Sé que subíamos por ahí...¿al final quién nos esperaba?. Esto lo dejo a tu opinión...


Tras subir esa pared y saber que ya no ganamos aunque lo queramos mucho mucho mucho, seguimos con un par de kilómetros de bajada para encontrarnos el cuarto avituallamiento y, a continuación, una nueva subida. Esta es bastante tendida. Así que estos dos kilómetros caen en poco más de 25 minutos. Estamos a punto de entrar en la fase de restar kilómetros. Nos acercamos al kilómetro 24 y sus cuatro kilómetros principalmente descendentes, ya que siempre hay algún repecho que se escapa. 

Pero en vez de cuatro son cinco y el avituallamiento lo tenemos en el 29. Más agua de mazapán, más plátano y un poco de sinceridad. Queda El Hayedo. ¿Es tan duro?. Le pregunto a una chica del control -que sí, que también le podía haber preguntado a ese hombre de anchas espaldas y barba espesa perooooo...es que ella estaba más cerca-. "Es largo pero duro", dice.

"Vale, levántate de esa silla, que me quedo."

De pequeño fue el coco, luego el hombre del saco, después los programas del corazón, luego vino Messi para los madridistas...siempre ha habido alguien que te generaba terror. En esta ocasión, ese ente tenía una forma distinta: era un frondoso bosque de hayas (o haigas -que me lo veo venir con las sucesivas evoluciones del diccionario-). Señores, tengo el honor de presentarles a...[música de El Canto De El Loco...o sea, terrorífica]: El Hayedo.

Así, a ojo, 1,8 kilómetros con 326 positivos. Afortunadamente, son bastante constantes. Tan solo habrá tres tramos especialmente duros. En uno de ellos, además, hay una cuerda que juraría que tenía forma de soga...cosas de la mente. Y arriba hay un avituallamiento.

Pero como tenemos bebida y quedan cinco kilómetros principalmente de bajada, pasamos de largo. Y bajamos. Y bajamos. Y pasan a quedar cuatro y tres. Y hay más y más voluntarios. Somos 222 inscritos y tengo dudas que el ratio sea inferior a 1. Y cada uno de ellos te anima. Y te hacen poner buena cara donde te pondrías a andar gustosamente. Y de tres a dos. Y luego uno. Y luego medio. ¿Y te acuerdas de ese tramo asfaltado del principio?. ¿Ese que bajaste como si no hubiera mañana?...pues ahora súbelo, listo :)

Y lo subimos. Chocamos alguna mano a niños que hay por ahí..."mamá, el de la cara desencajada que parece que le va a dar un patatús me ha chocado la mano"...y nos acercamos a meta. A ese arco tan original al que precede un pasillo humano que te aplaude. Y, claro, no podemos menos que devolverles el aplauso. Y, por fin, nos olvidamos de relojes y de tiempos.

Toca, por fin, tomarse una CocaCola y arrearse unos torreznos. Ole. Al poco viene Vicen. Vale, no paré en el último avituallamiento porque intuía que venía disparado. Y así venía. En el Urbión el mozo no pilló niebla. Ja. Le pilla un radar y le cruje. Inconsciente, ay. Un par de Mundiales de Fútbol después, entró Ernesto. 

Ah, el perfil...visto así, tampoco es para tanto:



Pues el resumen es que solo éramos de la partida 222 corredores (el tope son 350). El precio era normal, la bolsa del corredor más que aceptable, el recorrido es lo más espectacular que he visto en una carrera de montaña: la Laguna Negra es una maravilla natural que merece ser visitada; pero tanto ella como su entorno: inmensos bosques de pino o hayas que hacen que el recuerdo en la retina perdure bastante tiempo.

Pero lo mejor, como tantas y tantas veces, son los voluntarios: son muchísimos, repartidos por todo el recorrido. Pasando frío y penurias en el Zurraquín, en la Laguna Helada (que si le cambian el nombre a la Laguna y La Voluntaria Helada como homenaje tampoco pasaría nada), en la niebla de Urbión...y encima, sacándote una sonrisa, unas palabras de ánimo...cosas que se agradecen mucho. Y es algo que pienso mucho: Nosotros, sin vosotros, no somos nada.

Y como el tendón me ha dejado correr -no me lo esperaba lo más mínimo vistos los antecedentes-, yo cumpliré mi parte del pacto y toca tomarse unas semanas de descanso. Haremos bici y seguiremos comiendo flanes. Ea, es sacrificada esta vida, qué se le va a hacer...