domingo, 2 de julio de 2017

Bronchales: agua!!

Y cualquiera diría que, por el módico precio de 0 euros, le estamos haciendo propaganda subliminal a cierto producto mineral de cierta cadena hacendada de supermercados.

Pues a lo mejor sí, vete tú a saber pero, vamos, que me da un poco lo mismo. Si lo quisiera hacer, hablaría de sus polos de horchata y las panacotas de gordo ésas...por las que la cajera de turno me pregunta que cuántos hijos tengo a mi cargo y yo le tengo que contestar que compro tanto porque abastezco a un colegio.

Y me quedo tan tranquilo.

Y sin hueco en el congelador. 

Pero bueno, todo esto no venía a cuento. Novedad también. Hoy se celebraba el Trail de Bronchales. Y como nos apuntamos de subidón (fue tras Berga, lo cual tiene todo el sentido del mundo), resultó que el sitio más cercano para alojarse (el raso lo descartamos) estaba a 30 kilómetros. Y Teruel a 60. Allí establecimos el centro logístico.

Allí recogimos el centro logístico a las p*tas 5:20 de la mañana. Fuera marcaba 6 grados. Dentro marcaba sueño. Mucho.

En Bronchales, una hora más tarde, el M guay vio el termómetro del coche y dijo que mejor me iba yo solo a por el dorsal.


Y fui. Y volví. Y, a la vuelta, unos colaboradores decían "Ay!!, cuando viene la mañana, cómo se nota!!!". Y esa fue el mensaje de ánimo definitivo para meterme en el coche y no salir hasta las 7.10.

Abrimos la puerta, sacamos la patita, la volvimos a meter y vimos que no tenía ninguna capa de escarcha, rocio o similares, así que nos preparamos. Será rápido todo. Mucho. La cámara tiene una raya (Maradona ya está llamando) de batería. La cámara se queda. Maradona se desilusiona. 

Pues vamos a la salida, a ver al bueno de Vicen. La semana pasada se fueron a hacer la Carros de Foc. Lo único que le pedí a C, M y S fue que lo trajeran cansado. Y un poco de nieve. 5:55 ha hecho. Ni una cosa ni la otra. 

Mientras estamos esperando, Hanna nos inmortaliza. Mayayo también.


Dijimos que nos preparamos muy rápido...¿no?. En efecto, nos falta el chip. Subimos corriendo a por él. Y ahí ya nos damos cuenta de una cosa: el tendón duele. Bueno, ha dolido siempre. La cosa está en que el dolor remita con el paso de los kilómetros. Emoción, intriga...de momento, el chip está. 

Y nosotros en la salida. Son las 7.30. Pum. Salimos. Vuelta al pueblo. Pasando cerca de la churrería. Abierta. Es una tentación. Pasamos de largo. Mejor seguimos a todos que van dirección al monte por esa pista. El tendón molesta. Bueno, entra en lo normal...y más si es por pista o asfalto. Vicen se va. Senda a la derecha, subimos.

Si había una senda como tal, la hemos convertido en una pista. Demasiados corredores, creo. Juraría, que, por momentos, podemos estar subiendo cuatro en paralelo. En fin. Coronamos. Bajamos. Sigue habiendo mucha gente. En el tramo de senda tengo la sensación de estar mordiendo polvo. Y volvemos a subir otra. Aquí ya podemos corretear un poco. Solo al principio, hasta que se acabe la inercia, claro. Vamos camino de los cinco primeros kilómetros.

Bajamos, pasamos junto a un avituallamiento y nos acercamos a la parte que más miedo da de la carrera. En efecto: la parte llana. Y es que nos vienen ahora diez kilómetros muy corribles, llanos, picando un poco hacia abajo o hacia arriba donde deseamos que empiecen a aparecer las típicas molestias que salen en cualquier parte de la pierna y hace que la molestia del tendón sea superada y siga, pero no se note tanto.

Adelantamos que no se va a producir. Cada zancada va acompañada de un "ay" interno. Se le añade el terreno irregular. Con lo que a veces el ay se agudiza. Hay cintas que marcan el recorrido pero no una senda propiamente, si acaso la hierba chafada de los tropecientos que me preceden. Tropecientos tres. Luego tropecientos seis, diez...no somos capaces de seguir a nadie y se empiezan a intercalar tramos a pateo para relajar molestias.

Nada. El único consuelo es el llegar al tramo duro, a volver a enfrentarnos a subidas y bajadas que ahí se sufre bastante menos...pero es que falta taaaaaaanto. Y en el kilómetro doce y medio, cuando faltarían menos de cinco para llegar a la carrera en sí, ahí digo que ya. Que ya no corro más. Que no estoy disfrutando absolutamente nada. Que me meto las manos en los bolsillos y ahí se acaba todo.

La verdad que viendo el perfil, me quedo con el tramo de los kilómetros 2 a 5 y el resto lo considero de sufrimiento extremo. A lo mejor, el resto, piensa lo contrario ;p

Pues nada, a buscar carreras con cuestas de cabras, que las corredoras no son para mí :)

Porque la otra alternativa: la de recuperarnos...ésa la vamos a descartar porque ya paramos y no se notó ninguna mejoría. O, bueno, ya veremos...



lunes, 5 de junio de 2017

Trail de Berga: El ponchino que ganó a Salomon

Y vimos lo de los 3300 positivos (casi los mismos que saqué en toda la EGB en milquinientas vidas). Y ubicamos Berga en el mapa. Y nos apuntamos. Y reservamos hotel. E hicimos tres salidas de nueve kilómetros la semana previa y ya vimos que estábamos listos. Sobrados. Bueno, mi madre añadió cordura con la famosa coletilla "veo que has ido andando" tras enviarle el recorrido del segundo día. A ver, que la intención no era ganar...eso ya ha quedado claro.

Y como daban agua para el finde, poco faltó para que en Tarragona diéramos la vuelta (llovía mil) y luego en Manresa (llovía dosmil) pero, por fin, a primera hora de la tarde, aparecimos en Berga. Ni una gota. Y ni un metro llano, tampoco. Bueno sí, unos cuantos, en la zona donde daban los dorsales. "Chubasquero obligatorio", dicen. Perfecto, no hay problema. El chubasquero está en el armario, debajo del todo, hecho un ovillo. A 340 kilómetros. A veintipico euros de peaje (un poco menos si no te equivocas de enlace de Lleida para coger...hay que ser inút...digo, uno que se despista, jiji).

Como la opción de volver la descartamos, pasamos al plan b. Buscar una tienda de deportes en Berga. La hay. Y buscar un chubasquero. Salomon, muy ligero. Solo vale 200 euros. Tirado. Bale costó más. Y Neymar, je. Entonces pasamos al plan b2 (que es como el b pero con la salvedad que nos permita llegar a fin de mes). Buscamos un bazar en Berga. También lo hay. Y de un chino. Veamos. Lo que buscamos está ahí. Ante mis ojos. Un poncho garrulo de un euro. Bale costó más. Y Neymar, je. Pero con esto y con el cortavientos encima más un poco de labia, se podrá conseguir que cuente como material obligatorio. Y como soy un excelso literato, de un poncho y un chino, nos sale el ponchino.

Abreviando soy la ost*a.

Superamos la lluvia, superamos el tema chubasquero, la Juve nos tuerce un poco la noche y lo que ya fastidia el tema motivación precarreril es despertarse a las 5:15. ¿Es necesario?. Bueno, chico, la carrera es a las siete, así que...y es que venir a Berga y no correr es como, no sé, ser un fiscal anticorrupción y tener una sociedad en Panamá, por ejemplo.

A las 6.45 estamos listos en el único tramo llano de Berga. A las 7.00 la salida. Tan solo 160 inscritos a la carrerita. 42 kilómetros por delante. La cuarta fila está bien. Salimos. Asfalto. Me pasa hasta uno que pasaba por ahí. No quiero ni mirar atrás. Cogemos una calle que ya se dirige a la montaña. ¿Es grave que quiera caminar ya?. 9 horas dan de plazo...malos augurios.

Al asfalto le sustituyó el cemento y, a éste, la senda. Empieza el trail de Berga. En algunos tramos se puede correr. La única pega es que, los que van por delante, se alejan más...el consuelo, que los que vayan detrás les costará un poco más cogerme. De momento, el pronóstico meteorológico lo cumplen: sale el sol. Y el pronóstico atlético también lo cumplo: más cerca del final que de la mitad.

Estamos subiendo La Figuerassa. Es la primera de las subidas con una particularidad y es que, en menos de cinco kilómetros, te plantarás ya en cerca de los 800 metros positivos y en la primera hora. Otra podría ser que, en algunos momentos, se recomienda el uso de frontal (vegetación frondosa no, lo siguiente).

Albert Garrido me saca este fotón con Berga de Fondo. Sé hacer el arquero mejor pero es que si no tapaba el pueblo, ejem...

[Spoiler: con el brazo izquierdo pretendía reflejar el desnivel de la subida del kilómetro 20...visionario que es uno]





Y, ahora que me doy cuenta, tampoco llegué con tanta hambre, porque mira que dejé cosas en la mesa...En fin, sigamos. Por cierto, van cinco kilómetros y dos avituallamientos.

Tras una bajada en la que me acuerdo, por orden, de la tendinitis, de la periostitis, de Kurosawa y de las molestias de la rodilla (ésta es nueva, de hará un mes aproximadamente), se consigue rodar con un mínimo de estilo atlético porque hay que aprovechar cada tramo llano/descenso para ganar tiempo al reloj, que el horario límite es yendo a poco más de 12 minutos el kilómetro (5 km/hora). Y en los primeros cinco ya me fui a la hora y cuatro minutos.

En el Santuari de Corbera (k 6,3), nos encontramos el tercer avituallamiento y el inicio de la segunda subida. Así, como dato, cuando llevemos siete kilómetros y medio, andaremos sobre la  hora y media (12' clavados)...y mil positivos. Y un poquito más adelante, en La Font de Tagast, en apenas 8 kilómetros, nos encontraremos el cuarto avituallamiento. De momento, seguimos acumulando desnivel positivo, evitando la lluvia y posando metiendo estómago, que tiene bastante mérito, la verdad.


Esta subida es la que más me gustó. No era sencilla pero te permitía levantar la mirada más allá de los 45º que te hacen ver la senda y el espectáculo era fascinante. Es lo que tiene moverte a los 1500-1800 metros, que está todo como un poco más puro. Alguna gotilla cae. De momento, ponchino sigue en el banquillo.

Volvemos a la carrera y rapidito que, tras coronar, nos vamos a por el quinto avituallamiento. Para llegar a él solo hay que bajar por los postes del telesilla de la estación de Rasos de Peguera. Van doce kilómetros, llevamos 1500 positivos y casi 2h20. Seguimos igual, esto es, trotar lo que se pueda bajando/llaneando (ojito con las piedras resbaladizas) y las subidas, pues a la marcheta. Hoy, por fin, el perfil del dorsal ayuda.

Con la experiencia de Nogueruelas, la bajada posterior no tenía mucha complicación; tan solo había que ir de cinta a cinta por un prado sin senda marcada. Lo único que había que evitar eran los cables de las vallas. En efecto, en uno como en el que me enganché. A eso le sigue un tramo de pista trotable y más lluvia. ¿Te imaginas que tienen razón los del tiempo?. Solo pido, por favor, que no.

La tercera subida nos iba a llevar cerca de los 2250 de altitud. Teniendo en cuenta que nos movíamos en los 1600 se olía la presencia del pepinaco. Y, como estaba aburrido, me dio por fijarme en el dorsal que antes del 20 ya teníamos que estar arriba. Y que, a partir del 16 (sexto avituallamiento), el perfil, como que subía así bastante recto para arriba. De todos modos, para asegurar que la dirección del matadero era la correcta, pregunté a los voluntarios..."se sube un collado y a mano derecha".

Y menos mal que dijo un collado, porque llega a decir que se sube el K2 y luego a mano derecha y tampoco habría dicho una gran mentira. La traducción es que, en poco más de 2,2 kilómetros se salvarán (bueno, no se salvará nadie, vamos a morir todos!!) 650 metros de desnivel. Al principio con una senda que simplemente te quita la respiración y las ganas de mirar arriba, la verdad. Después, esa senda da paso a una subida a cuatro patas por un tramo de piedra en el que agradeces que no haya llovido mucho porque eso, resbaladizo...telita. Y ya, para acabar, pues otro tramo de cuatro patas para salvar el último bloque de piedra. También añado una cosa, para que un cagado como yo lo haga sin ponerse a llorar, rezar, redactar el testamento con un martillo y escarpe (chubasquero no, pero a veces cargo con unas cosas que mejor no te lo explico)...pues eso, que es un tramo técnico sin más.

Cresteo, cruz, refugio Ensija, 2400 positivos, cuatro horas, 20 kilómetros y toca bajar...


Tenemos nubes altas, nubes bajas y un tramo de bajada con unos primeros metros...entretenidos. Es que califico así las bajadas sin senda, evitando neveros en las que, además, se salvan 300 metros de desnivel en un kilómetro. Después, eso sí, la bajada se vuelve más humana, con su sendero y sus piedras resbaladizas con las que tanto ojo había que tener...y que no lo tuve. Nada grave. Se agradece que, en un párrafo, nos ventilemos cuatro kilómetros y nos dé hasta para ir al baño.

Nos plantamos en el séptimo avituallamiento, van casi 25 kilómetros y toca la última subida dura. Que, al final, no va a ser para tanto, porque la subida dura se puede resumir en un kilómetro duro. Eso sí, un kilómetro Cofidis...al 30%. Pero antes de llegar a ese kilómetro (casi 21 minutos de kilómetro) se puso a llover fuerte y como no había nadie alrededor que me pudiera filmar -la vegetación, además, era bastante espesa con lo que el riesgo de ser cazado por un paparazzi, ya de por sí ínfimo, pasaba a ínfimo++) saqué al ponchino de su ostracismo y me lo puse.


Igual el azul era un poco más intenso...

Afortunadamente, la lluvia amainó pero justo después que un arbusto me dejara el trasto al 50% de su efectividad así que se hizo una bola y a la mochila. Ahora sí, ya se podía disfrutar de esa subidita sin nada que nos achicharrara...solo la propia senda. Un bloque de anuncios de la Sexta más tarde, ya habíamos coronado. 27 kilómetros en casi 5horas y cuarto. Bajar de las siete horas iba a ser complicado. Bueno, imposible. Que quedaba alguna que otra cuesta, empezaba también a estar algo cansado y porque, en los avituallamientos, comía y posaba. Y, oye, así no se puede...



Tras el avituallamiento del 28, giro a la izquierda...y a subir una pista. Al principio, se sube zigzagueando hasta que vemos que no es para tanto, así que nos limitamos a subir a pasitos cortos (iba a darlos largos, pero no me apetecía, ejem) y a acabarla en cuanto ya no quede más...que no puede ser mucho. 

Y así fue. Después, tramos de senda, pista...todo bastante corrible hasta un momento en que las sendas pasan de estar secas y pasan a ser una trampa resbaladiza. No quiero imaginar esta carrera con lluvia. En una de éstas, un compañero y su desgracia (un hueso roto) nos hace confirmar lo que veíamos: que no hay que arriesgar lo más mínimo.

Y bajando, bajando como un Osasuna de la vida, nos plantamos en el repecho del 38. Aquí, ilusionados con que todo estaba hecho y resuelto y ahí estaba, escondido en el perfil, un ligero repunte hacia arriba. Un repunte en forma de escalones. Esos escalones que, en el cinco, los haces corriendo pero, a estas alturas, un piolet no te vendría mal. En fin, los superamos. Luego otros pocos más. Luego escalones con tablones de subida. Escalones con tablones de bajada. Santuario de Queralt. Escalones prefabricados para turistas. Yo creo que la sección del Ikea no puede ser muy diferente...ni tener mucho más surtido.

Berga está ahí abajo. Hay un parking de coches al pie del Santuario. También hay una senda que empieza con setentaycincomil escalones que sale a mano derecha. Por ahí va el recorrido. Los cien mil escalones dan lugar a empedrado tipo vía romana. Lo que vulgarmente se conoce como salir de Guatemala y entrar en Guatepeor. El único consuelo, quiero creer, es que los kilómetros van descontando.

Luego asfalto, luego senda, luego gente de Protección Civil en los cruces. Kilómetro 40. Luego bajada de asfalto. De hormigón. De escalones en hormigón. De no sé qué. Kilómetro 41. Aplausos, ánimos. ¿Dónde está el Paseo de la Industria?...o sea, la meta. Ahí, bajando esas escaleras. Oye, pues es verdad. 7horas 11 minutos.

Una medalla de finisher de madera que no me cabe en el cabolo. Unos tragos de Kas (Existe ;p) y, mientras estamos sentados recuperando el aire, buscar motivos para no volver el año que viene. Nada, no hay ninguno.

Carrera para volver, está claro, aunque me tiene intrigado el que el número de inscritos sea tan bajo. En fin, ellos se lo pierden. Auténtica carrera de montaña, de ésas en las que solo pasas por un pueblo que, curiosamente, es la salida y la meta. Carrera dura, porque es dura. Siempre hay alguien que la gana en poco más de cuatro horas y media...pero la carrera es dura. Es bonita. Los paisajes son espectaculares. La subida a la Cruz del kilómetro 20 también. Los voluntarios son una pasada. Los voluntarios son siempre lo mejor de la carrera...y aquí, también. Además te hacen fotos metiendo estómago, esto no se paga con dinero. Ni se publicaría, claro. Trece avituallamientos durante la prueba. Toma ya. Te ponen nubes y un poco de lluvia para refrescar. Con sol sales moreno de ahí. Negro de la subida del 20.

El perfil es bonito...no da miedo


















domingo, 26 de marzo de 2017

Trail de Nogueruelas: el de la sudadera cuca

La verdad que, durante la semana la previa, la única preocupación que teníamos era el tiempo que haría. En esos siete días, los pronósticos para Nogueruelas oscilaban entre lluvia, lluvia torrencial, sol con viento, nublado, frío, sol, frío de c*jones...resumiendo, nada que no quepa en 16 macutos. Al final, el viernes ya se atrevieron a pronosticar algo de lluvia leve por la tarde acompañado de una temperatura máxima de ocho grados. Solo que ese mismo viernes daban mucha lluvia y temperatura muy muy baja...¿capítulo de Narcos?

Aunque, como imaginarás, la preocupación no era tal pues iba a ser el mismo viernes a las 21.00 cuando empezaríamos a preparar los trastos. Y a las 21.15 vimos que Nogueruelas estaba algo más lejos y que tocaría levantarse a las 3:30. Buena hora. Poco tráfico. Buenísima hora, sí.

Y a las 5:20 estábamos en Nogueruelas. Y a las 5:25, en el bar. Ahí estaban Vicen, C y S. Bueno, perdón, rectifico, Vicen, C y el 33% de las chicas inscritas. Esperemos que el otro 66% no esté tan motivada como la nuestra, porque si no...ufff.

Tras el café y robar un cartel -llevarnos una mesa, oye, nos parecía exagerado-, nos fuimos a cambiar. Como bolsa del corredor, nos dieron una sudadera pero, como aparcamos en una zona con poca luz y, básicamente, porque íbamos con el tiempo pelado, no hicimos ni pase de modelos ni nada. Vamos, que si la pareja quiere cambiar la talla lo tendrán que dejar para cuando acaben.

Y, visto lo visto, sufrido lo sufrido, cuando llegues a meta a Nogueruelas, lo que menos te va a preocupar es la talla de la sudadera, créeme.

Una vez listos, nos dirigimos a la salida. Bueno y S a por agua. Ya se iba despertando, algo es algo. Vicen me deja los palos un momento para ponerse guapo para las fotos y pienso en no devolvérselos. Ahí estuvo uno de mis fallos, claramente. Decíamos que íbamos a la salida, plenamente concentrados en la carrera, nada más que en la carrera, porque vamos superconcentrados pero C ve un coche con escarcha y yo un pájaro...total, que las primeras palabras que oímos al speaker fueron cinco, cuatro, tres, dos, uno...



Así que esta es la foto más parecida que encontramos de la salida. No sé qué hace M ahí vestido de Capitán América, pero bueno...

Los primeros metros son por el casco urbano de Nogueruelas, flanqueados por antorchas. Afortunadamente, el frío que hace es bastante soportable y no hace falta que nos llevemos una. Lo que es de delito es el olor que sale del horno. Por lo menos es en tramo de bajada, pero eso está en subida y nos paramos ahí todos. Y si no todos, por lo menos cuatro que yo me sé...

Salimos del pueblo, evitamos un charco, subimos por pista, cogemos la senda y la escarcha pasa a ser nieve. Y apenas llevamos un kilómetro. Hace un par de años, cuando lo dejamos en el siete, no vimos nada de nieve. Hoy nos la encontramos nada más salir...pues nada, vamos a pensar en un paisaje muy bucólico y que no sea todo así. O sí, no sé. La verdad que, cuando te quedan 68 kilómetros por delante, hay cosas que mejor no pensar.

Nos quedamos un rato, pensando porqué en la pista la nieve no cuaja y sobre la vegetación sí. Luego nos daremos cuenta que sobre las boñigas también se queda, nada, solo por un poco de información cultural. La teoría del quitanieves gana enteros. Hablando de quitar, ese café inicial igual...así que en el desvío del cinco, yo seguiré recto unos veinte metros a disfrutar de las vistas.



La verdad que el ángulo está muy logrado. Cinco minutos después, tras poner la fotito en dos grupos de wasap y en el tuíter, volvemos al lío. Y del lío volvemos al sitio de marras que nos hemos dejado los guantes. El móvil no se olvida, eso no, mira.

Sigue estando todo muy blanco. Aparecemos en el tramo corrible donde abandonamos hace dos años. Ponemos pues, la música de ElHombreYLaTierra que esto es nuevo. Faltan 63.

Un rato después, Vicen está liberándose de la pesada carga del café. No le espero. Me coge. Un poco más tarde, cogemos a la segunda clasificada y a la segunda pareja mixta. Resumiremos en S y C. La chica va desganada. Se le nota. Se pone a correr y nos deja tirados. Está en ese "modo Sobrarbe" que le gusta tanto a C.

Desvío a la derecha. Se acaba el jijijaja de Nogueruelas. Estamos en el 12. Empieza el trail. Toma rampón. Aquí de las cintas no nos vamos a preocupar mucho. Está todo muy nevado, por tanto, lo único que hay que hacer es seguir las pisadas. O hacer alguna trazada nueva, ampliando el giro para reducir la pendiente. De todos modos, hay tramos que empezamos a subir con mucha elegancia a cuatro patas. Bajamos, avituallamos y, mientras esperamos, nos hacemos una foto con el coche de Protección Civil.


En vistas que no venían, seguimos la marcha. Aprendimos de Vall d'Uxó que hay que comer en todos los avituallamientos, beber y, si tienen prensa, sentarse y leerla si es necesario. En cambio, lo que sí tienen es el perfil hasta el siguiente avituallamiento -lo bueno de Nogueruelas es que el primero está en el 13, pero la distancia entre los demás, nunca será superior a los nueve kilómetros-...en este caso, lo que hay por medio es una subida a La Nevera. Mira por donde, hoy el nombre le queda bastante bien.

Este tramo está muy nevado también. Es curioso el sonido de la nieve al pisarla. O infrecuente. También son curiosas las cosas que piensas cuando ves un tramo en el que hay que subir con una cuerda para salvar un par de metros de desnivel y ver que eres un absoluto inútil en estos menesteres. ¿Y todavía hay un tercio de las chicas de la carrera que quiere que vaya a escalar?, ¿para qué?, ¿para quedarme atascado en el primer ripio?...tras pasar ese tramo y romper una rama con la cabeza (y no sería la única). Pero sin ver cuerdas, sigues pensando lo de la nieve. Y mirando arriba. Y viendo...o mejor, no viendo el cielo. Todavía queda subida, entonces. Entonces, un voluntario -increíble su trabajo hoy, como en todos sitios son lo mejor de la carrera-, te dice que ahora va la subida a La Nevera, que es duro. Pues menudos falsos llanos se gastan en estas zonas...

Empezamos a bajar. Tras una leve caída en la que el teléfono sale indemne, que es lo verdaderamente importante, empezamos a desentendernos de las piedras que no estén cubiertas por nieve...porque están heladas. Otra bajadita más, en la que Camilo Nevot no nos saca del todo mal, y, por arte de magia, aquí se acabó la pasta para paisajes bucólicos de la Diputación de Aragón. Es decir, desaparece la nieve.




Y desaparece la nieve, pero tras una leve mirada por la pista a nuestra izquierda se vislumbra un cortafuegos. Y cuando la senda se desvía a la izquierda, bajas, te ves en un barranco y el desvío ahora pasa a la derecha. El cortafuegos dejas de vislumbrarlo. Lo disfrutas. Exacto, lo subes a cuatro patas. 

Y nos plantamos en el segundo avituallamiento. Va una veintena de kilómetros. Y, a partir de ahora, seremos más breves. Extenderse más es complicado. En este tramo creo que pasaremos a 8 o 9. Es el tramo que más me gustó de la carrera porque, básicamente, era el que mejor estaba. De cajón, vamos. También va a ser el único tramo con una subida, digamos, tendida. Así que, como lo que vende aquí, es hablar de penurias, por arte de magia nos plantamos en el tercer avituallamiento, ya van 30 kilómetros. Solo quedan 40. 

Se ve todo verde. Se ve una pista ahí abajo. Pues vamos a bajar. Cincuenta metros, un par de ciervos cruzan la pista. Menos mal que solo lo he visto yo. Lo llega a ver algún organizador, mete cuatro cintas y nos toca bajar por ahí. 

Luego cogeremos la pista, y una senda para evitar un riachuelo. Muy corrible todo aunque se empiezan a notar los efectos esos que notas cuando llevas treinta kilómetros por el monte. No sé si me explico. De todos modos, la pista se torna ascendiente, un cartel nos desvía a la derecha y lo que se ve me cuesta describirlo con palabras.

Empiezan los kilómetros de quince minutos. Empieza la sucesión de rampones increíbles con porcentajes de dos cifras que ninguna bajará del 22%. Y la que tiene el 22 es porque tiene descansos que le hace bajar el porcentaje. Así que, sin más dilación, les presentamos la primera gran p*tada que hay que superar: un cortafuegos que, en la página de la carrera, hablaba de un 50% de pendiente media. Da igual, hay que subirlo haciendo eses para rebajar la pendiente a un comodísimo 36, 38 o 40, añadiendo, además, la subvención de la Diputación. Está nevado.


Aquí también está Nevado.

Pues eso, volvemos a subir a cuatro patas pero es un recurso que se debe ir eliminando porque se empieza a cargar bastante el antebrazo y no sabría cómo explicar una rampa ahí, la verdad. Así que eso, a cuatro patas, agonizando, heladito...el cuatro patas requiere que la mano se meta en la nieve. Por no decir que se meta en la nieve y luego te claves la zarza o la piedra de rigor que, oh, no sé ni siquiera cómo estoy escribiendo del dolor.

En fin, que pasamos el cortafuegos de los c*jones -me ha salido natural, lo siento-, y vamos a buscar el siguiente avituallamiento, que ya va siendo hora. Insisto, los voluntarios son lo mejor de la carrera, pero también son crueles, ahí estamos nosotros con nuestros Aquarius, plátano...y ellos ahí, preparando las brasas. A cambio, nos llegan a ofrecer incluso cerveza. No es lo mismo, el mal ya está hecho.

Ahora seguiremos bajando. Nogueruelas desde la subida al cortafuegos se convertirá en un diente de sierra que...bueno, ojalá fueran así los dientes de sierra. Ahora toca un tramo descendente con alguna cuesta en pista y nos vamos a buscar Cerro Antona. A éste le ponían un 22% así que eso es un Calicanto de la vida. Haremos pasos cortos y a la marcha. Van cuarenta kilómetros pero, muscularmente, vamos medianamente enteros. En La Vall, hace un mes, por ejemplo, éramos un saco de calambres.

Cerro Antona son dos tramos duros con un tramo intermedio para recuperar (que igual tiene un 10%, pero bueno). En el segundo, volvemos a recuperar las subidas en zeta para reducir la pendiente porque sigue quedando treinta kilómetros, más que nada.

En el avituallamiento estará Paco Calabuig, al que vi brevemente antes del 3, 2, 1 de la salida, todo cuadraba, las sendas de Paco, las famosas PSP, pero esas PSP no son nada comparadas con las de hoy. Ni con las que quedan. Me dirá que él no tiene nada que ver con el recorrido de hoy. Solo me queda decirle que me dan más miedo sus secuaces que él mismo...Por cierto, hay macarrones. El estómago tampoco es que los acepte muy bien, así que medio plato ridículo y al lío.

Otro poco de pista, podemos correr. Eso es bueno. A ver, no nos acercamos a la plasticidad de Gebrselassie -la velocidad por descontado- pero en los tramos llanos, descendentes, nos defendemos. Así que, tras subir el Alto de la Cervera, podremos seguir haciéndolo en un tramo descendente y digo tramo y no senda porque aquí el recorrido pasa a estar marcado por cintas y lo que hay que hacer es ir llegando de cinta a cinta. En las bajadas vale pero en las subidas, ay en las subidas...

A partir de aquí, las subidas van a seguir idéntico patrón: patapum pa'rriba, esto es, coger una elevación y sortearla a la brava, sin senda, siguiendo las cintas que están puestos cada cuatro árboles o la distancia que la cabra viera bien dejarla. El primer patapum (descontados ya el cortafuego y Cerro Antona) es El Royal. Que, además, viene tras un tramo descendente. La carretera que sube a Linares se queda ahí abajo. Ya te lo he dicho todo.

Bajamos, avituallamiento. Ya van 50. Que nos deparará el recorrido. 4,5 hasta el siguiente avituallamiento. Una subida por medio: Peña Calva. Trote. Seguimos trotando. Desvío a la izquierda.  Patapum. Peña Calva, 44%. Fin del trote, obvio. Ante nuestros ojos, una subida, unas cintas y montaña bastante despejada. Las cintas aquí las pusieron en helicóptero. Pasos cortos, haciendo zetas y evitando los tramos de mucha piedra suelta. Le pones un par de monos que te tiren cocos y creo que tienes un videojuego en potencia. Ale, ahí dejo la idea, que yo tengo bastante con lo mío. Coronamos. "Vas el 23". Joe, ahora ya no puedo abandonar. Aquí, por otra parte, el promedio ya empieza a ser superior a los 10 minutos kilómetro. Paquete.

Bajas, siguiente avituallamiento. Ahora un bucle de poco más de tres kilómetros para volver al mismo avituallamiento. No me j*das, un bucle ahora. Patapum. Cabezo de las Cruces -segundo pico más alto de Castellón-, un huevo %.  Viene el 24, adiós patrocinadores. Bajas. Te saltas el avituallamiento que hay que intentar salvar la posición. Ir por el 22 también, pero vamos a lo factible.

Bajas otra vez. Patapum. Loma del Mosquito, siguelascintasjaja %. Ya empezamos a estar un poquito hartos. Echo de menos las subidas normales. El consuelo es que es el 60 ya. Y que, en el perfil, solo queda la subida a Nogueruelas. Así que nos ponemos a correr hasta que soy el 24. El chico va como un tiro. Toso del polvo que levanta. 

Otro avituallamiento. Llevamos un rato descontando ya no kilómetros, si no hectómetros. Así que, cualquier zancada, resta. Además, queda un repecho aún...donde dije repecho has de entender repetición de blasfemas, tacos y quéco*ohagoyoaquí unos 25 minutos. El único consuelo es que el perfil del dorsal no es del todo correcto ya que los últimos dos kilómetros serán llanos y no ascendentes. De hecho, me alegra mucho ver mi coche. Lo que no me alegra tanto es que a, apenas cincuenta metros, hay una rampa de cemento muy chula para entrar a Nogueruelas. Lo que no me gusta nada es que ahí hay una cinta.

Chico, llegamos. 11 horas y 42 minutos después, hemos vuelto al mismo sitio. Con una ligera sensación de cansancio, la verdad, pero bastante mejor que en La Vall y eso que esta me ha parecido mucho más dura.



Conclusiones:

- Lo mejor de la carrera son siempre los voluntarios. Y en un gélido día como éste, ni te cuento. De once sus palabras de ánimo, preocupaciones, descripción del recorrido...Muchas gracias, de verdad :)

- Carrera muy bien marcada, teniendo en cuenta la inexistencia de sendas en una parte importante, tener que marcar uno de cada tres árboles tiene un mérito que hay que destacar.

- El recorrido es espectacular; con la subvención de la nieve, ni te cuento. La frondosidad de los bosques hacía que te preocuparas únicamente en buscar las cintas y no fueras consciente de hasta dónde tenías que subir...excepto en Peña Calva y el cortafuegos.

- ¿Volver?, no sé, ayer decía que no porque tanto patapum me ha cansado más de coco que de físico, hoy ya lo veo de otra manera así que, si todo sigue su normalidad, el martes empezaremos a pensar en qué fecha se hará la edición del año que viene (26 de marzo?)

- A ver quién tiene huevos a releer esto por si hay alguna errata, ufff







domingo, 26 de febrero de 2017

Trail Espadán: el de la chaqueta cuca

Porque cuando uno vuelve a Vall d'Uxó le vienen algunos recuerdos borrosos: una senda estrecha (claro, imbécil, si no sería una pista!!), una curva a izquierdas, una piedra en mitad del camino, una rama de un olivo centenario que, a consecuencia del golpe se quedaría hecha astillas -si es que quedó algo-, una brecha en la cabeza, un esparadrapo para que se rían de mí en el trabajo, un nombre para un blog...en resumen, recuerdos.

Así que este será buen día para volver a ponernos un dorsal por la zona en una prueba que se amolda bastante bien a nuestras condiciones de rodador. En efecto, hablamos de los 60 kilómetros con sus 3800 metros de desnivel que, al final no serían para tanto, porque nos quedaríamos en 59'18 y 3700. Publicidad engañosa. Trail Espadán le llaman. TES le abrevian. Si hubiera sido velocista entonces me habría apuntado a la hermana mayor, de los 100 kilómetros. De cajón.

Lo que no es engañoso es la hilera de luces parpadeantes que marcan la primera subida de la carrera. De todos modos, apenas son las cinco. No adelantemos acontecimientos. Ni personas. A esa hora, Vicen y M llevan tres horas de guardia en el parking de las Cuevas de San Jose. Son de los pocos que han decidido aparcar su coche en la zona de coches. Manías.

Voy a por el dorsal y vuelvo con una chaqueta que ya quisiera para posar el mismísimo Zoolander. Ni rastro de mi embarazo de tres meses. No me la quitaré nunca.

Para los que no tienen idea de lo que hablo, os he facilitado las cosas: he puesto chaqueta en google y ha salido esto.



Bueno, nos desviamos del tema. Estoy pensando en correr con la chaqueta. Mientras me miró como me queda en todos los espejos, aparecen C y S. Les acompaño. A ellos no les queda tan bien. Riéndome interiormente nos vamos al coche. Y de ahí a casa. Fin del TES.

Si hubiera sido así, habría sido c*jonudo, la verdad. Lástima que, media hora más tarde, nos dirigiéramos nuevamente, ya pertrechados para la ocasión, hacia las Cuevas de San nombreguay. Esta vez para, si no nos abrimos la cabeza (novedad) en los primeros 30 metros, correr un rato.

Y un rato será lo que corramos, porque 200 metros de salir de la cueva enfilamos el ligero repecho de las luces. Que al final del todo tengas dudas de si está San Pedro tomando notas es irrelevante, pero eso va muy pa'rriba. Me acuerdo de Rafa y las Cascadia. Sí, esas zapatillas que no he ido a recoger. Estoy corriendo con unas japonesas que son un fraude. Pokotako le llaman. Y ayer llovió. Señores, me resbalo subiendo.

Pero los resbalones-falta de agarre subiendo no tienen nada que ver con el padecimiento que voy a disfrutar bajando. Y se va a ver en la bajada de Pipa. Creo que bajaba a tres fotogramas por segundo. Resultado: en la primera hora creo que, a duras penas, pasamos de los cuatro kilómetros. Excelente promedio.

Y llegamos a la carretera que va de La Vall hacia Fondeguilla. Me suena. Aquí, en la Volta al Terme, nos hacen un subir por un muro de la leche. Te imaginas que...en efecto, cruzamos la carretera y los de Protección Civil nos marcan la senda a subir. Me suena. Sí. Vaya si me suena. Me sigo resbalando subiendo. Lo triste es que no es por la velocidad. Otra de remember. Menuda leche me metí ahí arriba con una piedra mojada que pensaba que me quedaba sin clavícula. Todo excelentes recuerdos. Por lo menos sale el sol.

Y ahora bajamos hacia Fondeguilla. Bajo a dos fotogramas. "Vamos Jalt". Esa voz me suena. Es el tipo que estaba en el coche desde las cuatro de la tarde. Se va. "Cuidado con la curva". Como en quince metros me ha sacado treinta, pues nada, tendré cuidado con todas porque no sé a cuál se refiere. Aparece, por fin, el primer avituallamiento. Van diez kilómetros y andamos cerca de las dos horas y cuarto. Un promedio de casi catorce minutos el kilómetro. Ahí es nada. Haciendo cálculos, igual el martes llego.

No es por tanto difícil que los chicos de Esport Natura no me saquen movido en la foto. Gracias.



Volvemos al lío. Estábamos en Fondeguilla y...el que llega es Vicen. Sonriendo. Nada nuevo bajo el sol, la verdad. Mi sociabilidad hace el resto, así que les dejo y me voy a buscar Chóvar. El terreno se seca. Por fin podemos empezar a trotar un poco en las subidas. Pero tampoco mucho, no nos vayamos a pasar. Cuando llega la senda seguiremos a un grupo de seis y a ir cogiendo altura. Hasta los 800 metros subiremos. Después, cuando se puede trotar un poquillo, lo haremos y enfilaremos la bajada para buscar el siguiente avituallamiento. De paso, ahí estará Isa...Le digo que me ha pillado M. Y en sus ojos se percibe la pena propia de alguien que te quiere decir que te dediques a otra cosa (damas, parchís...) pero que no le salen las palabras. Avituallamos y nos damos cuenta que el isotónico es una cosa con un sabor distinta al isotónico. Obviamente, porque hay que dar de comer a las empresas que lo fabrican para disolver pero a mí me parece una mierdapincháenunpalo.

Creo que ya van cuatro horas, ahora toca buscar Ahín. Lo único bueno de verdad, aparte que el terreno se ha secado, es que ahora ya vamos solos, con lo que no te vas a cebar en intentar pillar al de delante ni te vas a agobiar porque lo pueda hacer el de atrás (que, si lo hace, oye, felicidades). Esta subida va a ser larga. Una primera parte en la que ves el puerto de Eslida y luego, tras un tramo pistero descendente, se ven allí, a lo lejos una especie de hormiguitas con colores chillones que se dirigen, a ver cómo lo diría técnicamente...sí, eso...que se dirigen pa'allá. Pa'allá arriba, matizo.

Y cuando llegas allí, que es cuando has coronado la primera parte del pepino, ves en el perfil que hay un cresteo que se va a traducir en dolor. Y más cuando las hormiguitas las ves subiendo la loma de enfrente y, entre nosotros, hay una bajada. Así dos veces. Lo bueno es que ya hemos superado la mitad de la carrera (que es justo el momento en el que podemos cambiarle el nombre por marcha de supervivencia y tampoco sería algo tan descabellado), lo malo...lo malo está por llegar.

Pero, de momento, bajamos y llegamos al Puerto de Almedíjar. Bajando. Esto es como lo de la marcha esa de LaTitánica, que llegabas a Xodos en bajada lo cual lo considerabas ajeno a toda lógica porque todos los caminos que llegan allí son de subida. Pues aquí, lo mismo. Avituallamiento sorpresa, senda y a buscar Ahín. 

Y lo encontramos tras dejarme dos kilos por el camino. Silbidos mientras miras al cielo. 

Y ahí vuelve a estar Isa. Me dice que los demás llevan buena cara. Así que comemos un poquito y enfilamos hacia Eslida. Este tramo es sencillo, algún leve repecho. Bueno, perdón, que vamos camino de los 40 (en todos los sentidos) así que alguna cuesta infernal pero casi todo descendente. 

Y en Eslida nos hacen control de material, comemos otro algo y, siguiendo con la ruta turística, toca ir a Artana. Aquí ya nos volvemos a ceñir al perfil: un repecho (o sea, cuesta infernal) y un montañusco (sin traducción coloquial) y luego bajada.

El objetivo, simplemente, es coronar porque de ahí es todo bajada. Sencillo. Para alcanzarlo, subiremos andando, sin alardes y cruzaremos los dedos cuando, al ver el cartel de Coll Roig 10' 0,36 km se acabe ahí. Controlaremos la euforia todo lo que podamos porque, al llegar al citado lugar la senda de la izquierda es descendente, pero ahí no hay ninguna cinta indicadora. Al revés, si sigues girando la vista hacia la izquierda (evitando una torsión de la niña del exorcista, a poder ser) podrás ver las cintas. Sí. Y siguen para arriba. Y con más pendiente. Van cuarenta kilómetros y los cuadríceps empiezan a quejarse.

Después, una bajada a Artana por pista muy corredora para los que tengan piernas. Aquí ya empezamos a correr un tramo y caminar otro. Vamos justos, qué se le va a hacer...

El avituallamiento de Artana es una condena por algo que hicimos mal en una vida anterior, está claro. Ahí está, con sus escaleras. Sumaremos un par de metros más de desnivel, no hay otra.

Y de Artana nos iremos a La Vall aumentando la colección de nombres míticos en los que la patada ha sido épica no, lo siguiente. Tras El Reventón, en Peñalara'11 o la Peña Pastor en el Maratón de Alcudia de Veo llega el infierno de Artana, porque la p*tacuestadelosc*jonesdeArtana queda poco comercial, la verdad.

Rampa Puntal, le llaman en Strava. De momento, ahí dejo un dato...


Soy el p*to último :)

Una sensación de malestar, acompañado de falta de fuerzas (obvio), por momentos ganas, no saber cuánto queda de ascenso (aunque me habían dicho que estaría por los 600)...vamos, porque es un sitio difícil para un rescate, pero que si lo sé, me siento y dejo pasar ahí las horas. En fin...obviamente no hay fotos, pero os podéis hacer una idea con lo mal que lo pasamos ayer en ese momento con otro que estos días también lo debe estar pasando muy j*dido



Pobrecito. 

Igual hemos exagerado, es verdad, yo no lo debí pasar tan mal.

Y cuando por fin se acabó (y tentado hemos estado de ponerlo en mayúsculas, sonando el aleluya de fondo), se trotó como se pudo, porque con un cuadro de pájara, calambres, agotamiento físico nivel futbolista que entra en el minuto 73...poco más había para hacer la verdad. Para animar a Alejandro, este tío estaba con el UTES, 8 horas de fango y a ir descontando kilómetros de senda, senda, barranco, parking y...c*ño, M, ¿qué haces aquí?. Aportar cordura. La que a mí me faltó en Eslida.

Resumiendo, once horas y media después de empezar, llegábamos a meta.

Un poquito más tarde, llegaba el resto del comando con S pillando pisapapeles.

Que igual lo he exagerado todo un poquito porque, viendo el perfil, oye, tampoco era para tanto...


Conclusiones:

A nivel de la carrera: 

+ La única pega que le vi al recorrido era la primera subida, acabábamos de salir y hubo tapón y más cuando en los tramos que había que utilizar las manos.

+ Avituallamientos correctos aunque lo del isotónico de sobre...para mí no es, no lo soporto. Así que voy a justificar mi pésimo resultado por eso e, igual, Aquarius me lo agradece patrocinándome. O igual no, vete tú  a saber.

+ Voluntarios: son lo mejor de la carrera, como siempre.

+ Diseñador de la chaqueta talla L: ahí ahí al nivel de los voluntarios pero quizás una décima por debajo.

A nivel personal: 

+ Con entrenes de veinte kilómetros puedes hacer dignamente una maratón. Meterte en estos fregaos con esa base es algo arriesgado. De hecho, lo duro ha sido la cuesta del cuarenta y la del cincuenta. ¿Casualidad?

+ Estaría bien ir con zapatillas con tacos al monte.

+ ¿Repetirías el TES?...ayer decía que no. Hoy ya no lo tengo tan claro. Según si dan un jersey a juego...

Por cierto, he puesto jersey en google y...










domingo, 25 de septiembre de 2016

Volta a Peu a Bellús: la de 39

Y allá por mayo, ya acabamos de modo poco potable -novedad- la carrerita de San Antonio de Requena así que, en un alarde de inteligencia, prudencia y demás virtudes relacionadas, nos apuntamos la semana siguiente a Teresa de Cofrentes (uno de esos pueblos que parecen sacados de los programas que los oyentes piden una cancioncita para dedicar). Y allí, la cosa no fue muy bien, el modo poco potable se convirtió en dolor y ese dolor implicó un descanso ligeramente largo. Vamos, que toda la fama por el hecho de quedar de los quince primeros -complicado cuando solo corren cincuenta, la verdad- quedó en un segundo plano.

Y, mientras tanto, hicimos una donación al ultra de Jaca. Y dieron una camiseta hecha en Paterna. Globalización le llaman. Y eso, lentamente planeamos el regreso. Un fisio, otro fisio, un médico, que si corrientes, que si masaje, que si riesgo de infiltración, que si ondas de choque...y entre pitos y flautas, pasó el verano, posé todo buenorro en Beixalís...



Y, como decía, empezamos a trotar tímidamente por el río, con dolor, y por el monte, con no tanto. Y hace dos semanas cayeron diez kilometrines. Asombroso porque el Garmin me felicitó y todo "nuevo récord" decía...entre eso y los mensajes de correc*ño no sé si fue una compra acertada, la verdad. Y, eso, la semana pasada cayeron trece. Y la molestia parecía controlada. Y el martes dimos otra vuelta de tuerca...cuatro por el río. Y otros cuatro el miércoles. Y el jueves, tiramos todo por el balcón...cinco cayeron. Los del Sporting creo que no se ríen.

Así que con ese sobreentrenamiento, o rozándolo, tuvimos a bien apuntarnos al Special One Trail de Bellús. No entiendo el de...pon un of y así luego podemos ir a quejarnos que es que se está perdiendo la influencia de las lenguas oficiales...En fin, que le llamen como quieran. Para allá que fuimos.

Y, como hacen los cánones, o los descerebrados...a las doce y media estábamos por el Carmen. Le echamos conocimiento y cerramos pronto. Más que nada para evitar que coincidiera la hora de llegada con la que debía sonar el despertador. No, que va, eso era el siglo pasado. Sonaba el p*to móvil. Menos para llamar...para lo que sea. A las 4:40 sonó.

No es necesario hacer esa reflexión tan manida de ...pagas, madrugas, te vas a tomar por saco, te cansas y vuelves...¿voluntariamente?. A todo que sí. Total, unos minutos pasadas las cinco, nos íbamos a buscar este pueblecito de La Costera (The Costera) que estaba pasado Xativa. Y este matiz hay que indicarlo porque llegar a Xativa es fácil. Buscar la N-420 también. Pero cuando a ésta le cambian el nombre y pasa a ser una CV...total, que cogemos el móvil para llam...digo, para poner el gps. 

A una carretera de montaña nos guió. Oscuridad, curvas, quitamiedos de hormigón, arcén inexistente...ha llegado a su destino. El mierdas ha dicho ha llegado a su destino y estamos a mitad de la nada más oscura que existe, con su quitamiedo que no lo moverás a pulso, ya te digo. Kilómetro y pico más abajo llegaríamos a Bellús. Pequeña población a la que daremos dos vueltas antes de encontrar la zona de salida/meta. En la carrera, posteriormente, no daremos ni una.

Así que a las seis estábamos allí. Menudo tocho se avecina, lo sé. Coincidí con Óscar, un chaval bastante majo de Alzira que no sé si merece la bronca que le esperará a llegar a casa pero, bueno, lo dejaremos en que era buen chaval. Cogimos la bolsa. Su camiseta, su agua, su revistita y su caldo Aneto con el que pensaba alimentar a los cuatro sobrinos pero que...una vez visto, creo que igual me los llevo al McDonalds y santas pascuas.



Como detalle anecdótico, la alcaldesa de Bellús estaba ahí, la primera, dando dorsales. Y es curioso, es que la imagen que tengo de alcaldesas es...diametralmente opuesta. 

A las siete la alcaldesa había dado ya todos los dorsales y ahora dio la salida. Porque iba de calle...si no, se pone a correr la tía sobrada. Pues eso, que salimos a las siete. Como Bellús tiene farolas, pues se veía. Cuando dejó de tenerlas. No se veía. Usamos el frontal. Tampoco mucho, unos veinte minutos por asfalto y pista principalmente. Te quedas pensando si no merecerá la pena retrasar la salida media hora para no cargar con ese peso adicional -que no es que nos vaya a desviar la columna o machacar vértebras- y hacerla toda diurna. The Special Trail Of Bellus looking all time. La leche, vamos.

Y, como decíamos, la primera parte era pistera/asfaltera en casi su totalidad. Y si desaparecía la pista, daba lugar a un barranco lleno de pedrolos que ya nos indicaban que los tendones no se lo iban a pasar del todo bien. Y más cuando esos primeros ocho/nueve kilómetros fueron totalmente corribles. Por fin llegó el décimo kilómetro y aparecieron las primeras cuestas. Y, si llegamos a saber que eran tantas, casi que mejor habernos quedado dando vueltas al barranco que tampoco se estaba tan mal, oye. Que ahí estaba el primer avituallamiento...en el que ni paramos.

Y, bueno, que la primera subida era corrible -o no pareció tan dura-, así que la hicimos andando. Y llegamos arriba bastante enteros. Y había una cruz. Y otro avituallamiento. Y los chavales que allí estaban, estaban mejor. Sofá y cazalla tenían. Supera. Así que bajamos por pista, luego senda. De momento los tendones daban tregua. Ya nos hemos ventilado la primera subida. El kilómetro trece cae en hora y media. Tenemos el primer tercio. El único de ayer fue sin alcohol. Mejor ni comentarlo.

Y la entrada en el segundo tercio fue descendente. Pero enseguida volvió a ser ascendente. Y esa subida también era corredora. Luego la hicimos andando. Primero zona de senda y luego pista. Llegamos arriba bastante bien en base a como nos presentábamos en la salida, obvio. El tramo de pista, sin embargo, tiene mucha piedra (no estoy pidiendo una carrera de montaña subiendo al Oronet, eh) y los tendones...bueno, lo disfrutan. 

A estas alturas de la carrera ya empezamos a darnos cuenta de una cosa. En el perfil que nos han puesto en el dorsal...de momento los avituallamientos ya no cuadran. Más grave será cuando, llegando al mismo, me dé simplemente por llenar los bidones y no beber nada allí. Y justo empezar la tercera subida. Y esta, a diferencia de las anteriores, no era corrible, así que hazte una idea -si has llegado hasta aquí- de cómo la subimos. Se puede explicar ese kilómetro en un cuarto de hora porque se subían 170 metros...vale, no cuela. Se coronó.  Bueno, no, que todavía quedaba un cresteo. Se cresteó y, ahora sí, se bajó. Y aquí se suponía que estaba el siguiente avituallamiento. Pues va a ser que no. Subiremos por una senda en paralelo a la carretera por la que llegamos cinco hora antes y ahí sí, un kilómetro después, un kilómetro reventado después, apareció el avituallamiento. No recuerdo si dejamos algo para los que venían luego.

Y se siguió subiendo. Y después se bajó. Y aquí ya la bajada empezó a ser infernal por el tema tendinoso. Encima, tenía su miga. Por aquí pasaron los tres primeros de la carrera de 27. Y tal como pasaron, se fueron. Y se queda uno pensando que con 27 igual la cosa habría estado bien. Habríamos penado menos tiempo. Habríamos salido más tarde. Habríamos estado menos tiempo por ese terreno en el que las piedras salen de la tierra actuando como cuchillos sobre los piececitos de quien lo narra, así, con una lágrima cayendo de paso.

A estas alturas, los problemas de la ubicación de los avituallamientos pasaba a un segundo lugar. Ahora lo que no cuadraba, directamente, era el perfil. Encontrarte un cartel de kilómetro 30 a 160 metros sobre el nivel del mar cuando el perfil indicaba más cerca de los cuatrocientos...pues ayuda, en el momento que nos encontramos, camino de la quinta hora a preguntarte qué mierd*s pasa aquí. Por un momento, no sabes si queda una subida, si está será dura, si no lo será...porque, además, nos acercamos al desnivel acumulado que se indicaba -1500-. Las dudas se disipan pronto, queda una subida. Y ahí se ve. Hay que ir ahí. Y ahí, es ahí...arriba. La única senda que se ve el final...la última. Por cierto, a las doce el último domingo de septiembre, hace calor en Bellús. Y ahí, más. Se sube, no sé cómo...pero se sube. Otro avituallamiento. 

Según el perfil, tras ese avituallamiento se sube nada y se baja. Dos kilómetros más tarde, ya ando en modo mec*goentodoloquesemenea. Los tendones no van, molestan, las subidas se perpetúan, las bajadas son inexistentes y, cuando las hay, pues volvemos al tema de la metáfora. Cansado, dolorido y desencantado con el perfil. ¿Qué más puede pasar?

Pues puede pasar que la senda salga a una vía de tren. Que el recorrido vaya unos metros por las traviesas del tren. Ríete del paso a nivel de la París Roubaix...c*ño, que aquí vamos por las mismas vías. El desnivel ya anda por los +1600 o +1700...y llega el momento nometoqueslohuevos...me estás diciendo que vamos por las vías del tren en dirección a un túnel -para darle un toque más...- la senda sale a la izquierda y tenemos que coger una senda a la derecha que va a salvar el túnel (por arriba) para coger la senda de la izquierda.

Pues eso que lo haga quién quiera, yo me voy para la izquierda. Otra bajada y ahí me castiga el karma. Ahora resulta que hay un río que hay que salvar por un paso de, unos cuatro metros de longitud -tres zancadas- y medio metro de ancho. Sin nada para agarrarse. Me viene a la mente el tablón de Botamarges, que tampoco lo hice.

Pasa, han pasado todos, dicen.

Mecagonlaeche, pero no os dais cuenta que hay gente que pasar por ahí se puede cagar. Me dices que existe eso y no me apunto. Lo siento, no me fío de mi equilibrio, de mi torpeza...llámalo como quieras y que no, que por ahí no paso. Ale, a buscar alternativa. Vuelvo sobre mis pasos, aparece una senda a la izquierda...atravieso milquinientos cañales de ésos y salgo al río. J*der, aquí es más ancho. Otra vez a volver. Y me tiro para arriba, a subir a donde estaban las vías. Ahí había unos de Protección Civil...que me cuenten por donde han ido.

Me recomiendan seguir las vías, pasar el túnel. Si no fuera porque lo he escrito, me veo saliendo en la crónica de sucesos. Paso el túnel. Ahí sí corro, mira tú por dónde. Por tema de física, si dos cuerpos van en direcciones opuestas a diferente velocidad, los dos se hacen daño. Pues eso, que el tren no me haga migas a mí solo :). Volvamos, decían de coger una senda a la izquierda. Como no me dan distancia salgo en la primera. Bajadita y veo que coge dirección hacia la izquierda bastante peligrosa...j*der, j^der, j*der...al mismo p*to paso. Ahí ya me bajo al río, tampoco cubre tanto...la única pega es que irás con las zapatillas mojadas. Los voluntarios me dicen que ellos son solo voluntarios (un díez por ellos, faltaría más) y yo les expongo la queja...que no es tan complicado, hay dos pilares a ambos extremos...que se ponga una cuerda, una cadena o algo.

Sigo siendo el mismo cagao que casi se queda enganchado a una piedra en el Paso de Claveles, que se le va a hacer...

De aquí a meta, a un par de kilómetros sigo maldiciendo todo. El tren, el perfil que no se ajusta, la m*erda del paso ése, el +1500 que no existe, un perfil en el dorsal del que no te fías,  todo eso aliñado con un par de tendones a juego. Así que la entrada de meta no es que esté en el anuario de entradas emotivas, la verdad.



Bueno, dando esta vuelta sí que salieron los 39 kilometrines.

A ver...ahora analizo: nada, que no me esperen más. Los voluntarios de diez, tanto en los avituallamientos como en meta; el recorrido con mucha vegetación pero muy diferente...un primer cuarto muy corredor, una parte intermedia selectiva y un final de fiesta duro por el terreno, la temperatura y el cansancio; el precio...normal.

Pero como me hago mayor, pues me hago más carca y eso...no compensa levantarse a las 4:30.

Por cierto, si le das la vuelta a esto, gano.


Y si no se la das, pues no. 


domingo, 24 de abril de 2016

Trail de Requena: la que salimos como aviones...

…más que nada porque la salida era en el Aerodrómo de El Rebollar. Para más señas, a unos doscientos metros del toro de Osborne.

Esos doscientos metros que coinciden con el final de la carrera y, misteriosamente, se hacen eternos.

Haremos un breve resumen porque, corremos menos carreras pero todas tienen el mismo patrón. A saber:

A las 6:40 de un domingo suena un despertador. Si ya te cuesta la noche de antes ponerlo a esa hora, no te quiero contar el despertarte.

Llegas una hora antes a la salida, te dan el dorsal, la bolsa -con botella de vino, camiseta, calcetines…bastante buena es el resumen- y te encuentras con que a las 8:30 estás en el coche pensando qué haces. Pues habrá que correr. La labor de concentración continúa en la zona de salida diez minutos sentado en una silla. Estrés a la máxima potencia. Fijo que en esos diez minutos, Dámaso se podría afeitar. Sigamos.

Podía haber estado veinte, porque la salida no se dio a las nueve, si no un poco más tarde para esperar a los que no han venido con tanto tiempo. No sé yo si en la CSP me esperaron a que perdiera la bolsa, pero bueno, no importa. Me quedo viendo los coches clásicos que pasan cerca de los huevos del toro que domina el paisaje. Me gusta un Delta. En meta, lo cambiaré por un Seat 124.

Si el toro domina el paisaje es porque no quieres mirar a la izquierda, que es donde están las cuestas que hay que subir. Mucha vegetación. Sombra…bien!!. Hace un día muy soleado y no es plan de achicharrarse tan pronto.

Tras dos semanas saliendo al río a hacer unos 20 minutejos (bueno, algún día hemos llegado a 27, toma ya!!) a cinco de media, los dos primeros kilómetros llanos no nos asustan. Me asusta la velocidad a la que los hagamos. Motivo para el pavor: llevo un dorsal. Que el dorsal no cubra la totalidad de mi abdominal generado a base de flanes o yogures griego no es el mayor de mis problemas. Lo es el hacer estos kilómetros a 4'30''.

Ahora enumeraré unas consecuencias derivadas de este problema, pero antes pondré una foto que no tiene nada que ver, pero me apetece. Hala.



Retomamos el tema. Decíamos que movernos a unos ritmos que son superiores a los que uno se suele mover en una carrera de montaña tienen una serie de consecuencias:

a) inútil!!, después del tramo llano viene la subida, así que si adelantas a mucha gente para ir para delante, la posibilidad que la gente que hay delante para a andar en esa primera subida es más reducida y te toca subirla casi agonizando para no hacer tú el tapón.

b) manitas!!, te toca coger una brida y enganchar el corazón para que no se te salga por la boca. Y recuerda que plástica la aprobabas porque tu hermano te hacía los…uy, perdón, mi carrera política a la m*erda.

Ah, no, que estamos en España. Bueno, eso, que tu hermano te hacía los trabajos de plástica, pretecnología…hasta los recortables de los Kellogs. Con lo que se puede sustituir por inútil nuevamente.

c) gordo!!, si te hacen foto, no podrás colgarla.

El hecho que esa subida se haga, se jadee, la camiseta no dé de sí por esa especie de respiración más propia de un elefante que de un humano y tal, adquiere una relevancia cuando vemos que se está produciendo en el kilómetro tres!!!

Al inicio del kilómetro tres, matizo. Te quedan veinte. Hala, disfrútalos.

La bajada no la hago especialmente mal. No adelanto, no me adelantan, no me caigo, no me como una rama…ni paro en el avituallamiento. Empieza la subida. Salimos de la zona de confort.

Salir de la zona de confort no porque sea subida, si no porque la última vez que corrí más de seis kilómetros era hace casi un mes. Terreno inhóspito. Sonido de "elhombreylatierra".

En los tramos de subida se andará. A veces se trotará. El tendón me molesta desde la salida. Los gemelos/sóleos de ambas piernas se van turnando cumpliendo la condición necesaria que, a cada zancada, tenga un mínimo de dos dolores. Buena idea de enganchar el cuore con la brida, porque si no serían tres y ya es un rollo. En las bajadas se trota medianamente bien.

Isabel Escudero plasma en esta foto esta táctica tan compleja.



El segundo avituallamiento está en el diez y es el único en el que se para. Aquarius, plátano y al lío. Mismo plan. Subida andando o trotando con la única salvedad que, conforme pasan los kilómetros, las piernas cada vez se asemejan más a unos palos. No por ningún tipo de operación bikini, si no por el combo gemelos agarrotados + tendones inmóviles. La carrera se estabiliza. Mi pulso no. Los que están por delante están a tomar por saco. Los que están por detrás no preocupan…a no ser que petemos.

"Micrófono de Plan". En el pasado trail de Sobrarbe -el del tongo en el concurso de relatos- se producía un efecto desalentador: oías al speaker y andabas -a esas alturas no corría ni dios- y dejabas de oírlo. Esto pasará aquí también. Notas como la carrera coge dirección Requena cuando el comentarista está ahí, cruzando la calle. Cosas del kilómetro 16 o 17 o 18, no sé…pero acabando.

"Bucle del infierno": del recorrido se ha hablado poco, dos kilómetros de pista llanos iniciales y luego un subebaja sin subidas especialmente duras -a no ser que hagas ese tramo inicial a muerte y luego…pues eso-, bastante corrible -ya si entrenas tiene que ser la leche- hasta que llegas a un bucle, pasado el 19 en el que la subida es dolorosa (curiosa sensación ésa de notar los gemelitos a punto de romperse en cualquier momento) y la bajada es todavía peor. A esa bajada peor le sigue otro tramo de senda ascendente. Ah, aquí y ahora es el tramo en el que petamos. Quedan dos…y volvemos a coger dirección Requena. Sudores fríos.

Los que están por detrás, como decía, no preocupaban. Más que nada porque venían, se les cedía el paso y se iban. Y pasaban a estar delante. Y a tomar por saco en cuestión de segundos. Afortunadamente sólo lo harán tres o cuatro. Más no podían porque la participación no superaba los 150 inscritos y porque sólo quedaban dos kilómetros.

Nota mental y recordatorio para próximas ediciones: El repecho del 19 es duro. El del 20 más y lo que lleva a meta más aún. 

Conclusión egoísta, individual o cristianaronalda: He llegado a meta con ganas de quitarme el chip y sentarme. Y de tirar un penalti. Bueno, lo primero no, pero tenía que hacerlo…así que quedar el trigésimosegundo es lo máximo a lo que se podía aspirar y se ha conseguido. Ay, qué cansancio tú.

Nuevamente Isabel Escudero me saca en meta ante la atenta mirada de Arbeloa y un colega suyo.



Conclusión general de la carrera: Muy buena carrera la organizada en El Rebollar. 22'5 kms de pista y senderos con nada de asfalto. Y si lo ha habido no me acuerdo. Cinco avituallamientos -aunque el primero es prescindible, creo-, buena bolsa y recorrido más que aceptable en términos de deleitarse con la vista -bueno…eso creo, que tampoco es que haya visto mucho-. Recomendada!!
Ah, éste es el perfilucho.



Enguera, Xativa y Requena…¿te imaginas que las mejores carreras no son las más masificadas?