domingo, 9 de junio de 2019

Hoy hacemos el ridículo en...Javalambre: Perimetrón

El teléfono sonó:

- Hola, ¿joselillo el paquete?

- Hola. Sí, soy yo, dígame.

- Le llamamos de Salomon, nos han llegado noticias que quedó en una flamante vigésima posición en el Trail Moriscos y queríamos hacerle una oferta de patrocinio.

- ¿De verdad?, vaya, no me lo esperaba...voy a contárselo a mi madre y a todo el mundo que conozco. Vale, ya lo he hecho. Pero, ¿de verdad?, no es broma ni nada parecido, ¿eh?

- Pues claro, inútil. Somos de blogger. Escribe algo o te cerramos la página. Corto y cierro.

En fin, que tocó sobrellevar esta amenaza, mantener la compostura, decirle a Javi que es el alcireño más majo que conozco (incluso de toda La Ribera si me apuras) y blablabla. Total, que sin saber muy bien cómo estábamos inscritos en el Perimetrón. ¿Que qué es? Pues te lo resumo muy fácil: es una pequeña Volta a Peu que se hace en Javalambre, de unos 41 kilómetros y unos 4000 metros positivos. Los datos son fríos así que si lo traducimos a un lenguaje más coloquial, podemos definir al Perimetrón como una auténtica burrada.

Como hemos dicho, el Perimetrón es en Javalambre. Es importante este dato saberlo y no hacer como alguien que conozco que reservó en Mora pensando que la carrera era en Valdelinares. En efecto, me di cuenta en plena autovía, cuando marcaban las salidas de las estaciones de esquí. Había confundido anteriormente Turís con Tous, a las hermanas Olsen, a Casado con un político pero Javalambre con Valdelinares...uffff, esto creo que lo superaba todo. 

De todos modos, la cosa no fue tan grave...peor fue lo de Liverpool, ya que en el hotel dijeron que esa carretera llevaba directo, que en unos 40 minutos estaba en Javalambre. Así que, tranquilidad...si la cagamos, será por otra cosa.

Afortunadamente, solo me confundí de lugar de salida. Por lo demás, sabía que la carrera era en sábado y a las 7.00, así que la sensación tan placentera de oír el despertador a las 4:45 mejor me la ahorro.

Pasaban unos minutos de las seis y ya estábamos allí. Mientras cogíamos el dorsal una cosa se percibía: los 25/30 grados del día anterior en Valencia...como que no los íbamos a tener por aquí. Mucho viento y algo de rasca (termómetro a siete grados), así que fuimos con algo que se llama chaqueta y que habíamos olvidado cuál era su utilidad. 


Igual he exagerado un poco con la recreación gráfica...

Bueno, eso, que son las siete y nos vamos directos a la salida, que si no esto se hará muy largo. [Spoiler: se hace largo. El Perimetrón creo que tiene esa virtud]. Frente a nosotros, la primera subida. Hay una pista de esquí a la derecha, otra a la izquierda...así que nosotros iremos rectos. Por todo el medio. Habrá 75 metros de falso llano y directitos, de cabeza al infierno.

Siete. Salida. Pum. La gente sale corriendo. ¿Muchach@s, pero no veis lo que hay delante?. C*br#n*s...me toca correr a mí también. Agh. Agh. Pero de los últimos, sin demostraciones. Primero una rampa con mucha pendiente. La gente sale enfurecida, como si esa fuera la última subida. La tierra está suelta. No es problema. Clavan los bastones, se impulsan con vehemencia, algunos se resbalan pero con gran empeño recuperan la posición y continúan con el ascenso. Y yo pensando para mis adentros que después de eso, todavía quedarán unos 3980 metros de desnivel. Y positivos. Tras este primer ascenso, cogemos la senda entre el bosque. Empiezo a entender porqué la gente iba tan rápida de inicio. Taponaco. 

Mirar hacia atrás y ver a menos de veinte personas. Mirar hacia delante y ver que no se mueve esto. Tener dudas de si estás en Javalambre o subiendo el Everest. Vale. La fila se mueve. Y no hay víctimas. Y está todo bastante limpio. No hay duda, seguimos en Javalambre. 

Y ya nos vamos haciendo una idea de lo que nos vamos a encontrar. No solo cuestas, si no que las sendas -como tales- no existen y habrá mucho tramo de campo a través. Para lo cual, habrá que fijarse en las marcas o, lo más cómodo, seguir al de delante. El tramo inicial es muy chocante, luego la senda se suaviza ligeramente (a lo mejor pasamos de un 40% a un 25%...bueno, hazte a la idea cómo ha de ser la cosa para que firmes un desnivel del 25%), lo que unido a que vamos al final del todo permite que empecemos a recuperar algunas posiciones.

Palabritas con Javi, palabritas con Isaac, buenos pensamientos para los que suben en el telesilla y, por fin, coronamos. Llevamos un kilómetro. Y 25 minutos...imagino que el Garmin me habrá dicho varias veces eso tan motivante de "Muévete". Buen marketing. El próximo será Suunto. 

Volvemos a la carrera. Tras coronar este primer peñasco sin importancia, nos encontramos que llevamos más de 300 metros en un kilómetro. Vamos, que si subiéramos esto unas trece veces y bajáramos por la pista otras tantas, nos saldría la madre de todos los Perimetrones pero no voy a dar ideas...que aquí hemos venido a correr, no a torturarnos para futuras ediciones.

Empezamos a bajar y palabritas con Marcel. Se agradece la bajada aunque el tendón ya sabemos que va a dar la lata. Pista, senda, campo...los kilómetros van pasando. Ya van cinco. No te acostumbres...otra subida. Palabritas con Laura. Ahí empieza a verse un problema añadido: una nube bastante baja viene del Este pero bueno, como tampoco tenemos mucha idea de por dónde va el recorrido...igual no nos afecta.

Otra bajada. Antes dijimos palabritas con Laura, ¿no?. Ahora más que palabritas son consejos de aprecia tu vida. En el punto inicial de esa polvareda, se ve una trenza...parece que lo tiene dominado. Qué mala es la envidia :)

Estamos ya por el kilómetro siete y empieza otra subida interesante. En principio de senda, que nos permite seguir recuperando posiciones y luego, tras una mínima bajada, de piedra con algún tramo de trepada. Por cierto, se disipa la duda. La nube nos la comemos enterita. Nos quita el sol, sí, pero nos añade una niebla que, unido al viento, le da un toque ligeramente gélido al tema. Ni que estuviéramos a 2000 metros.

Por cierto, lo decimos siempre porque es verdad: los voluntarios son la parte más importante de una carrera y no hay palabras para agradecerles su labor pero lo de ayer, ahí arriba, en esas condiciones, es para hacerles un monumento. 

Por nuestra parte, el cortavientos, tras unas fases de quita y pon...se convierte en prenda indispensable y, como mucho, en modo superosado, lo más que haremos es bajar un par de dedos la cremallera. Lo que es increíble es que, en una carrera en pleno junio, esté echando de menos los guantes. Bienvenidos a Javalambre, jeje.

Tras este primer avituallamiento -en realidad es el segundo, pero es que en el primero no paró nadie y me sentía mal si lo hacía-, llega una fase rompepiernas. Se alternan subidas con llanos pero no muy duros. De todos modos, hay que andar muy atentos porque con la niebla y la ausencia de sendas, pues hay que ver en cada señal donde está la siguiente. Pero, pese a la climatología, se sigue el recorrido sin problemas.


Afortunadamente, el recorrido estaba bien marcado.

Seguimos con los subebaja hasta que, en el kilómetro 13, hay una bajada algo ya más larga a la que le sigue una subida con algo de pendiente. Las sensaciones están siendo bastante buenas...y mejores serán cuando en este tramo, de una tacada, ganemos unas diez o doce posiciones. Por cierto...la niebla está ya desapareciendo y, con ella, el cortavientos. Otro avituallamiento, el del ventisquero, y seguimos.

Van 15 kilómetros. El objetivo inicial eran las diez horas. Desconociendo la carrera, pensábamos que quince minutos por kilómetro era demasiado...pero con los números que estamos haciendo, vemos próximo el acercarnos a las ocho horas, pues la media se empieza a acercar a los doce minutos. De todos modos, no nos volvemos locos y seguimos igual: subidas caminando y en las bajadas/llanos, se trota. La verdad es que tampoco tenemos piernas para mucho más, así que parece una táctica acertada. La verdad es que el terreno tampoco permite mucho más, así que no hay otra.

Y si pensaba en trotar en las subidas, me van a demostrar que no es muy acertado cuando, camino del avituallamiento del 18, me pasan dos al trote en un repecho. Al rato uno se pone a andar y le cogemos (oeoe) y otro se queja de rampas. Yo al ser humano no le entiendo, la verdad. 

Pasamos de largo del avituallamiento de Gravera y nos viene una interesante bajada por senda con mucha pendiente pero que se agarra bien. Empezamos a notarnos realmente solos porque no se ve a nadie por delante y al de las rampas ni está ni se le espera, la verdad. Qué bonita bajada, qué rápida, qué agradable esa sensación de estar tan rodeado de naturaleza...pues ahora todos esos calificativos, a la inversa, que la subida inmediatamente posterior (unos 170 metros a subir en 600 metros) te deja así de clavado.


[Y aquí pongo una imagen de Sagunto porque si no, solo hay letras y es un poco bluuffff]

De todos modos, las sensaciones siguen siendo buenas y seguimos cogiendo gente. Incluso cogeremos a Manuel que hace dos semanas estaba por Cazorla y hoy, mira, pues por aquí. Coronamos y bajamos nuevamente. Avituallamiento de Fuente Alonso. Algo más de 21 kilómetros y cuatro horas. Los números, por primera vez, cuadran para bajar de las ocho horas. Subidón.

Pero, para subidón, el que nos encontraremos en el 23. Otra vez salen unos 200 metros a subir en 600. Pero engañan, porque la primera parte es más tendida y la última parte hace sacar temores que el subconsciente había conseguido esconder. En efecto, hablamos del "Mono de Nogueruelas".

Ahora te aguantas y te explico de qué va. En el trail de Nogueruelas (carrerón...hay que conseguir que se vuelva a hacer porque es eso, otro carrerón) la subida a Peña Calva (bueno, y muchas más) consideré que se marcaba de una forma especial: ponían un plátano en la cima y a un mono le daban un puñado de cintas. Al mono le dejaban en la parte baja y su trabajo consistía en ir dejando cintas por la subida aunque tuviera pendientes inescalables, de este modo, el recorrido acababa marcado y el mono se comía su platanico la mar de contento.

Pues eso, que esta subida se ve entera desde abajo y ves que la parte final coge algo de pendiente, así que vas subiendo con pasos pequeños hasta que con esos pasos no avanzas, entonces lo siguiente es subir a cuatro patas...pero es que te resbalas. Y, claro, te cagas de miedo. No porque no puedas subir, porque si te resbalas y te caes no paras hasta que llegas abajo del todo y es un palo. Porque estás hecho una m*erda y tienes que subir otra vez 200 metros en 600 sabiendo que lo más duro está al final.

Afortunadamente, conseguimos superar el obstáculo en forma de "es todo bajada pero hay una subida"...que nos dijeron en el avituallamiento previo. En fin. Después pasa lo que siempre pasa: que no vas un carajo. Siempre que hay una subida de cuatro patas, la respiración se desboca de tal manera que me quedo en situación de ko técnico hasta tres o cuatro días después. 

La bajada posterior a Camarena no ayuda a recuperar. Vamos justillos. Como cambia el cuento con una subida. 25 Kilómetros ya. Aparte de los geles, las sales, los pistachos...comemos en el avituallamiento. Hay arroz incluso, pero me parece excesivo. Son las doce, hace ya sol y caminamos por las calles de Camarena como aquel que sabe que ahí, en ese bonito pueblo, no se va a comprar una casa. Salimos del casco urbano y bajada por pista. Empiezas a fijarte por donde irá la siguiente subida...

Ahora todo son pensamientos negativos. Pero seguimos bajando. Y alrededor solo hay montañas. Vamos al matadero. O, peor aún, vamos directitos al Purgatorio. Dijimos anteriormente que las subidas a cuatro patas no las terminábamos de asimilar, ¿no?...pues toma, dos tazas. 214 metros en medio kilómetro. Van 27 kilómetros y llegan los kilómetros de 20 minutos. El sueño de las ocho horas se queda en eso, en sueño. El Purgatorio se suaviza, le sigue un tramo de bajada que, para que engañarnos, casi ni me acuerdo de cómo era. Total, da igual, porque viene otra subida...que nos tienen que salir los 4000 y llevamos cerca de 2500. 

Pero de lo que sí que tengo vagos recuerdos era de otro par de kilómetros para subir 400 metros. Y arriba del todo estaba el avituallamiento de San Pablo. Pero esa senda entre el bosque, esos pasitos pequeñitos, esa sensación de no puedo más y esa estúpida pregunta de qué es lo que queda...y te digan la verdad. Es que desde ahí las vistas son una pasada. Vas con la cara desencajada pero se ve dónde has aparcado. Y, joer...el camino hasta allí no es llano. Van 30 kilómetros. Ahora un falso llano y aquí empiezo a pensar que no corro hasta meta. Me da lo mismo hacer diez horas, once o doce...me he enfadado y no respiro.

Pero llega una bajada de senda sencilla, así que se me pasa rápido el enfado y nos ponemos a trotar. Los kilómetros salen a siete...pero siete es menos que veinte, así que nos vale para seguir. Podemos mantener un trote continuo, excepto en los contados repechos y, claro está, en la entrada nuevamente a Camarena que, como es menester, entramos por la parte baja del pueblo. Conclusión: en Camarena solo hay cuestas.

Volvemos al avituallamiento. Vuelve a aparecer Manuel por ahí. Él se hace un plato de arroz y se lo come hasta que salga del pueblo. A mí me da algo de envidia, pero sigo erre que erre con mis pistachos, mis sales, mis geles y los plátanos. Y beber mucho. Todo sin alcohol. Es el kilómetro 34. Vuelvo a cometer el error de preguntar qué queda, porque hemos rebasado los 3100 y no veo que en esos seis/siete kilómetros podamos llegar a los 4000.

Y, según lo que oigo, parece que sí, que llegaremos. Salimos de Camarena y, novedad, subimos. Inocentemente espero que todo sea subida y, dentro de lo que cabe, sea más tendida. Mejor subir 700 metros en 5 kilómetros que en tres. Así que cada tramo de bajada es una punzada en cualquier sitio porque el corazón no lo siento...Decíamos que empezábamos subiendo, trantran...delante hay un grupo de tres. Van hablando...yo voy haciendo la goma. Comiendo, bebiendo...algo no me cuadra cuando llegamos a los 1600 metros de altitud. Van 37 kilómetros.

Oh, no...una bajada. Y con cartel de cuidado. ¿Qué significa eso?...que en apenas un 1,3 kilómetros, volvemos a estar en los 1350 metros. Esto está siendo demasiado cruel. Toca llegar a nivel 1700...que es la altura del aparcamiento y luego el tramo del bonustrack...que, ya puestos, yo volvía a poner la primera subida (risas malévolas).

Así que nos volvemos a encontrar otros 1700 metros de subida...(eso lo sé ahora), la primera parte es un ascenso como si fuera de escalones...bastante asequible, además ayuda que tras varios kilómetros queriéndome morir cuesta arriba, volvemos a encontrarnos bien y recuperamos algunas posiciones. El problema está (siempre lo hay) cuando la pendiente se vuelve a extremar. Y, con ella, la postura tan elegante de subir a cuatro patas con todo lo que ello conlleva. Miras hacia arriba y ves la marca de las sendas y las cintas naranjas...solo quieres que llegue el momento en el que éstas dejen de verse...querrá decir que ahí la pendiente se suaviza.

Y si se suaviza es buen lugar para poner un avituallamiento. Y para volver a preguntar lo que queda. En 600 metros subes 200. Bueno...el principio tiene un aire al cortafuegos...subiendo por unos postes que igual eran telesillas pero oye, que ni se me ocurrió levantar la mirada. Pasos cortos y oír al speaker contar las alegrías de los que llegan mientras tú...bueno, mientras a ti parece que te queda menos. Si es de este estilo, en un rato lo finiquitamos. ¿Dónde firmo que todo el ascenso sea así?...en ningún lado, porque la senda de los postes vira a la derecha y vuelve a coger más pendiente. La fatiga ya empieza a causar mella (ya no aguanto 39 kilómetros con 3800 positivos como antes) e, incluso, hay un par de momentos que paro a tomar aire. Pasos pequeños, haciendo zetas, comiendo, bebiendo...segunda fase de no puedo con mi alma (la primera duró solo diez kilómetros) y sabiendo que se acaba ahí arriba...bueno, o eso dicen. Solo falta saber cuánto queda para ahí arriba.

Pues donde está puerto el punto de control parece que se acaba la subida. Ahora toca llanear un poco y tirarse para abajo. Ahí Manuel pasa como una gacelilla. Mi intento de seguirle se limitan a una mirada y a un "venga, corre"...que yo ya me quedo tranquilamente.

Tampoco es que hayan decidido poner la bajada más sencilla para el final...pero vamos, tampoco vamos a hacer muchas demostraciones...así que nos limitamos a no caernos mientras oímos al speaker cada vez más y más cerca. A estas alturas me parece un reclamo coj*nudo, la verdad.

También vemos que estaremos por debajo de las nueve horas que, para ser la carrera que es, no está tampoco muy mal. El primero no me sacó ni tres horas...aunque una me la sacó en el primer kilómetro.

En resumen, buena carrera la celebrada en Javalambre. Recorrido muy montañero, técnico pero sin tramos especialmente peligrosos (no hubo riesgo vital ni cuerdas ni cosas así...que era algo que también me daba algo de palo), bien marcada, buena bolsa, avituallamientos correctos y a una distancia adecuada...y, claro está, con unos voluntarios que hicieron que nos sintiéramos como en casa...siempre que cambies tu sofá por 4000 metros positivos de desnivel, claro que, ahora mismo, no tengo tan claro si lo haría otra vez ;p

Imagino que en unos meses...igual la opinión varía.

O haré la corta como el Belmin y Alex...y tan contentos.

Ah, el perfil es éste:


Y sí...hay cuatro mil positivos

3 comentarios:

  1. ... A pesar de todo, algo me dice que prefieres subir a cuatro patas que en telesilla, jejej

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  2. Que bien me lo paso leyendo tus crónicas.

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